Al Arbolito Desde Pequeñito

“Tener hijos no lo convierte a uno en padre, del mismo
modo en que tener un piano no lo vuelve pianista ”

(Michael Levine)

Educación , ¿qué es eso? ¿Qué puedo hacer para que mi hijo me quiera?

Es consabido el hecho de que un alto número de adolescentes caen a diario en el mundo de la droga y/o la criminalidad, arrastrando con ello la felicidad de su familia y amigos y, ni que decir cabe, que la suya propia. A menudo escuchamos frases como: “ Ese niño no tiene educación”, “Pobrecillos sus padres lo que les ha caído”,… Pero, ¿realmente sabemos qué esconde l a oscura cara que lleva a un adolescente a actuar de manera violenta? La respuesta es muy sencilla: NO.

El crecimiento de un niño es como una senda llena de piedras en la que nosotros sembraremos a su alrededor las semillas de pequeños árboles frutales que cuidaremos a diario si queremos que cuando crezcan lo hagan sanos y no s den grandes frutos y hermosas flores. Al hacer esta comparación, mi pretensión no ha sido otra que aludir a los aspectos que intervienen en el desarrollo de los infantes . E l camino de nuestro hijo es un proceso minucioso que empieza en el preciso momento en el que tomamos la firme decisión de ser papás y “sembrar las semillas”. A partir de ese día, nuestra tarea para con los hijos será permanente y nuestro compromiso , altrui sta, de manera que toda nuestra atención queda en manos de esa frágil y delicada persona pequeña que engrandece nuestro corazón con una simple sonrisa. Sin embargo, el “arbolito” va creciendo y trazando su propio sendero en el que podemos estar invitados a participar o ser despreciados al acercarnos. Esto va a depender de un cúmulo de sensaciones que el pequeño habrá empezado a notar desde su concepción , percibiendo el ambiente que rodea su crecimiento como una constelación de aspectos afectuosos, o en sentido opuesto, hostiles. La captación de unos elementos u otros es el fruto del tipo de cimientos que construyen la educación, y para que éstos sean sólidos, han de tener su origen en la atención, el respeto y el afecto de todos los miembros que con forman una familia.

Cuando nuestro hijo llega a cierta edad, su estado emocional se desequilibra y su prioridad principal se convierte en la búsqueda continua del placer de experimentar nuevas sensaciones y el hecho de “ser mayor”, dejando en entredicho la autoridad de sus protectores y la exposición de su crianza. Sin embargo, si los cimientos de su camino son firmes y el aire que lo rodea amable, su fuerza no se desmoronará y sus criadores siempre serán para él, un elemento i rreemplazable en su viaje por la vida. Con todo, soy sensata al pensar en las numerosas dificultades que lleva implícito el concepto de educación , por lo que en estas pocas líneas intentaré recoger algunas de las pautas de conducta instructivas más relevantes para el desarrollo íntegro del pequeño.

En primer lugar, manifiesto la importancia que tiene que el apoyo y la comunicación dentro de las prácticas familiares se muestren de manera explícita y el niño percate que sus inquietudes son entendidas y sus necesidades, atendidas. Para este primer aspecto intervienen una serie de características relacionadas con la expresión de amor por parte de los padres; la motivación para participar en casa; una comunicación clara y bidireccional y empatía en la relación padres- hijos.

Por otro lado, ha de existir un sistema de normas y disciplina que proporcione responsabilidad y control. Este punto se crearía con la negociación entre padres e hijos de las reglas a cumplir, que a su vez han de ser claras y coherentes; un hogar organizado en el que se definirá el rol de cada uno de los miembros de la familia y sus correspondientes responsabilidades; la supervisión moderada del niño y la utilización de refuerzos para las conductas deseadas y de castigos para aquellas otras que queramos extinguir.

Por último, se hace indiscutible pensar que el peso de la responsabilidad en el enigmático mundo del proceso enseñanza- aprendizaje, recae en el ámbito familiar. No obstante, el niño a lo largo de su vida va creando vínculos en l os diferentes contextos sociales como son la escuela, la comunidad de vecinos, el barrio, los amigos, etc., y para que recojamos los frutos de una sociedad respetuosa y amable, hemos de trabajar conjuntamente todos los miembros de la comunidad educativa - familia, profesores, psicopedagogos, pedagogos,…- ; ya que esto no es sólo tarea de unos pocos padres.