Castigar a los hijos, ¿sí o no?

Cuando un niño se comporta de manera inadecuada, los padres pueden recurrir al castigo para corregir su conducta. El niño comprenderá que al comportamiento inadecuado le seguirá un resultado que no desea, como por ejemplo quedarse sin ir al parque o sin ver la televisión. Comprenderá, entonces, que para poder jugar en los columpios o disfrutar de su serie favorita necesitará comportarse mejor.

Sin embargo, el castigo es solamente una de las muchas maneras de enseñar a los niños a comportarse bien. El problema de castigar una conducta inadecuada es que además de corregir el comportamiento del niño también tiene consecuencias inesperadas como, por ejemplo, el sentimiento de miedo o la decisión de ignorar a la persona que le está castigando.

El castigo debe enseñar

Carmen Marco Llana, directora y psicóloga del centro AprenderT que trabaja para prestar atención psicológica a niños, adolescentes y familiares y que aborda los aspectos emocionales, personales y de aprendizaje, destaca que un castigo siempre debería enseñar algo. El castigo físico no es el más apropiado para corregir una conducta pues, tal y como explica Marco, “sólo tiene el aprendizaje de que con violencia se solucionan las cosas”.

Consistente, proporcionado y consecuente

Si decidimos castigar, será importante castigar bien para conseguir el resultado deseado (mejorar la conducta del niño). Marco nos explica que “los castigos tienen que ser consistentes, proporcionados y consecuentes. Es decir, no puedes castigar durante una semana y luego acabar a los tres días. Tampoco podemos proponer un castigo de "un mes sin tele" por haber roto sólo un vaso. Y por último tiene que ser consecuente con las posibilidades tanto del niño como de los padres; es decir, si el niño no hace mucho caso a la consola no conseguiremos nada quitándosela, al igual que, volviendo al ejemplo de la televisión, si quitarla va a ser un impedimento para toda la familia, probablemente no cumpliremos el castigo”.

Si no le castigo, ¿cómo le enseño a comportarse bien?

1. Ofreciendo recompensas. Como alternativa al castigo existe la posibilidad de premiar al niño cuando se comporta bien. El padre podría recurrir al “tiempo fuera” cuando el hijo pegue a su hermana, pero al día siguiente también podría decirle que se siente muy orgulloso de él por haber ayudado a su hermana con los deberes.

La psicóloga Martina Morell destaca que la recompensa es mucho más útil que el castigo para modificar la conducta de los niños, y especifica algunos puntos clave sobre esta manera positiva de mejorar su comportamiento:

  • El padre puede recompensar regalando una experiencia o un objeto material. Podrá obsequiar un nuevo juguete o una bolsa de chucherías, pero también podrá premiar con un beso, una visita al parque de atracciones o un “muchas gracias”.
  • El padre puede convertir un castigo en una recompensa. Morell destaca que puede convertir el castigo de quedarse sin postre por no haber comido las judías, en la recompensa de darle el postre cuando se haya comido todas las judías.
  • Si el padre va a castigar, deberá hacerlo inmediatamente. El niño deberá ser capaz de encontrar la conexión entre el castigo que está recibiendo y la conducta inadecuada que ha adoptado. La única manera de hacerle ver esta conexión es castigando inmediatamente después de haber adoptado la conducta inadecuada.

2. Siendo un ejemplo a seguir. Si la madre le castiga de manera física y grita cada vez que el niño se niega a hacer los deberes, el niño aprenderá que es correcto ejercer la violencia y alzar la voz. Pero si explica de manera tranquila todos los beneficios de sacar buenas notas, y en vez de ver la televisión lee un libro o estudia la gramática inglesa mientras su hijo hace los ejercicios de matemáticas, le enseñará la importancia de ser responsable.

3. Previniendo la conducta inadecuada. Si prevenimos que el niño grite, no será necesario castigarle para enseñar que los gritos no son bienvenidos en casa. Para prevenir el comportamiento incorrecto es muy importante asegurarse de que el niño duerma durante suficientes horas y que coma bien, pues es mucho más difícil estar motivados para portarnos bien si tenemos hambre o sueño. 

4. Dando explicaciones breves y claras. El niño necesitará entender por qué debe terminar los deberes antes de jugar, pero una explicación muy larga no ayudará tanto. Deberemos ofrecer una explicación corta, como por ejemplo “no juegues ahora. Antes de jugar necesitarás terminar los deberes”. Deberemos empezar esta breve explicación con la conducta que queremos corregir y terminar con la conducta que queremos fomentar, pues los niños recuerdan más fácilmente la última parte de la frase. Es muy importante que los niños comprendan las normas de la casa y que todos los miembros de la casa respeten estas reglas. Además, los padres deberán mostrar empatía y tener en cuenta los sentimientos y deseos del niño. De esta manera entenderá que el diálogo es posible en casa y que cuando le preocupe algo podrá comentarlo abiertamente con sus padres, pues ellos tendrán en cuenta su opinión. Pero siempre serán los padres quienes tengan la última palabra.

5. Animando al niño a comportarse bien. Marco nos recomienda decir frases positivas como por ejemplo “hoy vas a ser el que más rápido coma”, y recordar sus cualidades positivas con frases motivadoras como, por ejemplo, "como pintas muy bien vas a saber recoger la habitación igual de bien".