El Castigo: Una técnica de modificación de conducta en la infancia

 

Por: Dr Eduardo R. Hernández González.

Pediatra y Terapeuta de la Conducta Infantil.

 

  El Castigo en sentido técnico se refiere sólo a la operación empírica (presentación o retiro de eventos) que reduce la frecuencia de aparición de una respuesta, y no siempre comprende dolor físico. (Kazdin, 1971) Sin duda, los eventos dolorosos (como las tundas) pueden no disminuir las respuestas para las que se diseñaron como castigo, sino más bien aumentar la frecuencia de aparición de las respuestas a castigar, así como también provocar la aparición de otras respuestas disruptivas. De manera que el Castigo es un procedimiento de modificación de conductas.

Desde hace muchos años, y desde la perspectiva cognitivo-conductual, no está indicado el castigo físico como método de modificación de conductas en los niños, y este criterio es compartido por el autor, para quien el castigo físico por una parte representa un irrespeto absoluto a los derechos humanos y sobre todo de los niños, y por otra ha demostrado hasta el cansancio que no tiene poder para corregir conductas disruptivas en los niños.

Sin embargo, para propósitos del tema, se tocarán todos los tipos de castigo que existen en la literatura psicológica.

Tipos de castigo.

En la modificación conductual se han desarrollado muchas formas de castigo con base en si se presentan eventos aversivos, se retiran eventos positivos, o se requiere esfuerzo o trabajo por parte del sujeto después de la ejecución de determinada conducta.

Presentación de eventos aversivos:

Después que se ha realizado una respuesta, puede aplicarse un evento aversivo como una tunda o una reprimenda. Existen dos tipos de eventos aversivos: estímulos aversivos primarios y secundarios (o condicionados). Los eventos aversivos primarios lo son de manera inherente, por ejemplo, un choque eléctrico, ataque físico intenso, luces brillantes y ruidos fuertes son estímulos aversivos primarios y sus propiedades aversivas no son aprendidas. Los estímulos aversivos secundarios o condicionados, adquieren sus propiedades aversivas al apareárseles (relacionárseles) con otros eventos aversivos como dolor físico o pérdida de privilegios.

Los estímulos aversivos secundarios incluyen gestos, cabeceos, fruncimiento de ceño y boletas de tránsito.

1. Afirmaciones verbales:

Las afirmaciones verbales en forma de reprimendas, advertencias, desaprobación, decir no, y las amenazas, suelen emplearse en las interacciones cotidianas entre maestro y alumno, padre e hijo y entre hermanos, esposos, amigos y enemigos. De manera ocasional, las afirmaciones verbales se han utilizado para suprimir conducta en investigación aplicada, por ejemplo, las reprimendas y las afirmaciones de desaprobación se han aplicado en escenarios de salón de clases para reducir el juego durante las lecciones, estar fuera de su lugar, hablar sin permiso y otras conductas desorganizantes. (Hall y col, 1971)

La manera en que se hacen las afirmaciones verbales puede afectar su efectividad, por ejemplo, en aplicaciones de salón de clases, las reprimendas son más efectivas para suprimir la conducta infantil cuando se acompañan por una mirada directa y se le sujeta.

El castigo verbal tiene probabilidad de perder su efectividad con el tiempo, por ejemplo, en ocasiones se han empleado amenazas para suprimir conductas, cuando éstas indican que seguirá alguna otra consecuencia aversiva, se tornan eventos aversivos condicionados ya sea que la conducta se ejecute o no. Cuando las amenazas son vanas (no respaldadas por la consecuencia amenazada) tienden a perder su efecto con rapidez. (Kazdin, 1971)

2. Choque eléctrico:

El choque eléctrico es otro evento aversivo que puede presentarse después de la conducta, se emplea rara vez, sólo se ha restringido a personas involucradas en conductas peligrosas para sí mismos o para los demás, y que no han respondido a otros procedimientos. Cuando se utiliza el choque eléctrico en esas situaciones extraordinarias, por lo común se hace brevemente en un dedo o el brazo, produciendo una rápida y notable supresión de la conducta. En la actualidad no se usa, en parte debido a que su uso hace surgir tópicos éticos y legales pero también porque se hallan disponibles otras alternativas menos objetables pero efectivas.

Retiro de consecuencias positivas

El castigo a menudo toma la forma de retiro de eventos positivos en lugar de presentación de estímulos aversivos posteriores a la conducta. Los ejemplos familiares comprenden pérdida de privilegios, dinero, o al permiso de conducir después de la conducta. Los eventos valorados de manera positiva y que incluso pueden actuar como reforzadores positivos, son retirados como una forma de penalización. Las dos técnicas principales son el tiempo fuera de reforzamiento y el costo de respuesta.

1. Tiempo fuera de reforzamiento:

El tiempo fuera se refiere al retiro de todos los reforzadores positivos durante un período determinado. Durante el intervalo de tiempo fuera, el sujeto no tiene acceso a los reforzadores positivos que se encuentran disponibles normalmente en el escenario. Por ejemplo, en una clase puede aislarse a un niño de los demás durante 10 minutos; en este tiempo, no tendrá acceso a interactuar con sus compañeros, actividades, privilegios, ni otros reforzadores que por lo común se hallan disponibles.

El tiempo fuera ha sido muy efectivo para modificar diversas conductas, incluyendo el discurso psicótico, accidentes al ir al baño, succionarse el pulgar, y conducta autoestimulante y autopunitiva. (Hobbs y Forehand, 1977).

Las ventajas obvias del tiempo fuera son la duración relativamente breve y la ausencia de dolor.

2. Costo de respuesta:

El costo de respuesta se refiere a la pérdida de un reforzador positivo. Requiere una penalización de alguna clase, por lo general en forma de multa. Los ejemplos del costo de respuesta en la vida diaria adulta comprenden multas por violaciones de tránsito, cargo por “mora”, cargo por cheques que “rebotan” etc; en la vida diaria infantil comprenden quedarse sin ver la televisión, sin jugar, sin usar el ordenador debido al no cumplimiento de normas establecidas. Así mismo en el ámbito escolar incluye la pérdida del receso, paseos y otras actividades extracurriculares.

Consecuencias punitivas basadas en el esfuerzo

Como consecuencia para la conducta indeseable puede pedírsele a un sujeto que participe en respuestas que implican trabajo o esfuerzo. Esto es distinto de presentarle un estímulo aversivo (por ejemplo, reprimenda) o retirarle un evento positivo (por ejemplo, costo de respuesta), aquí se le pide que se involucre en conducta aversiva.

Sobrecorreción:

Con la sobrecorrección, la penalización por participar en una conducta no deseada es llevar a cabo algunas otras conductas en la situación dada, pueden distinguirse dos componentes de la sobrecorrección: el primero denominado restitución, que consiste en corregir los defectos ambientales de la conducta inapropiada. Así, si un niño tira comida en la mesa del comedor, se le pedirá limpiarla completamente. El segundo componente, llamado práctica positiva, consiste en practicar de manera repetitiva la conducta adecuada, por ejemplo, se le pedirá al niño colocar la comida en su plato de modo adecuado varias veces en hilera y quizá también servir la comida a otros. Estas respuestas son algunas de las formas “correctas” de servir y manejar alimentos en la mesa.
La restitución y la práctica positiva en ocasiones se combinan y otras se emplean solas, dependiendo de las conductas a suprimirse.

La sobrecorrección sola o en combinación con otros procedimientos ha modificado una variedad de conductas como accidentes en el control de esfínteres, actos agresivos, conductas autoestimulantes, berrinches, morderse las uñas y modales en la mesa. (Foxx y Bechtel, 1983). Los resultados de unos cuantos minutos de entrenamiento correctivo después de la conducta deseada han conducido a efectos terapéuticos rápidos y duraderos.

El procedimiento preciso de castigo seleccionado en cualquier instancia puede estar determinado por varias consideraciones, a saber, la gravedad de la conducta, el peligro para el sujeto y los demás, la facilidad de poner en práctica el procedimiento en un escenario en particular, y el entrenamiento necesario de la(s) persona(s) que aplican el proceso de modificación conductual.

Sea cualquiera el castigo a utilizar, se deben seguir una serie de reglas o principios para que sea efectivo (Moles, 1994), éstas son:

  1. Debe informarse al sujeto cual o cuales van a ser específicamente las conductas a castigarse.
  2. Debe igualmente informársele de cual será el castigo a la conducta en cuestión.
  3. Una vez cumplidos los puntos anteriores, se ofrecerá el castigo en la primera oportunidad que el sujeto emita la conducta y cada vez que lo haga. Esto implica que se debe castigar siempre y no a veces.
  4. El castigo debe ser contingente a la conducta, y por lo tanto al igual que el reforzamiento debe tener una latencia corta. Es decir la aplicación del castigo debe ser lo más próximo posible (en tiempo) a la emisión de la conducta en cuestión.
  5. El castigo debe ser siempre de la misma intensidad y no depender del estado emocional de quién lo aplica.
  6. Al igual que con los refuerzos no se debe generalizar el castigo, debe ser de forma individual y dependiendo de las características de cada sujeto.

Los especialistas en las técnicas de modificación de conductas se han preocupado por el mal uso y abuso que se hace del castigo, ya que esto favorece problemas en niños y adolescentes. Por ejemplo, las familias de niños que se desvían del patrón tienden a utilizar castigo más estricto y frecuente que las familias de niños que se desenvuelven bien en la vida cotidiana (Kazdin, 1987). El castigo más frecuente no se asocia con mejor conducta, en verdad, tanto el castigo físico como verbal (reprimendas) pueden incrementar las propias conductas (desobediencia, agresión) que los padres, maestros y otras personas desean suprimir. Por desgracia el viejo adagio “dispense la vara y eche a perder al niño”, todavía tiene muchos adeptos, esto es desafortunado porque también podría sostenerse una sentencia opuesta, “use la vara y eche a perder al niño”