Condición Emocional del Niño Hospitalizado

A Isabella LaCaze condición emocional del niño hospitalizado

Observar la escena de un pequeño o pequeña en una cama de hospital no es una perspectiva que corresponda a la cotidianidad del mundo regular, es por ende, algo que la lógica no suele admitir como verdadero. Se espera que esa condición sea propia de otros momentos de la vida, principalmente del parto, de la vejez, incluso de un accidente, con el referente de que accidentarse hasta llegar al hospital es asunto de los adultos.

Cuando un adulto es atendido clínicamente tiene en la palabra un recurso de oportunidades para hacer más comprensible su circunstancia. Conocer y comprender de qué tratan los aspectos que integran su estado, es sin duda una vía para atenuar o resolver la adversidad de hallarse disminuido en la fortaleza de vivir el día a día. Hablar, escuchar preguntar, responder, leer y consultar en diferentes grados de complejidad no se encuentran en el mismo nivel de acceso para los niños que en los adultos. Independientemente de las capacidades comunicativas del paciente adulto, éste recibe un tipo de atención que coloca a los profesionales de la salud con más explicaciones hacia él, en comparación con las que recibe un niño. Después de todo, un infante aún “no comprende muchas cosas”, por lo que se actúa sobre el menor en gran medida a través de la interacción con los padres y, con el pequeño, de forma esporádica.

Las ideas y emociones de los niños afloran de manera sorprendente cuando se encuentra en las instalaciones de un hospital, máxime si las expresiones de los adultos, médicos y familiares, arrojan mensajes de angustia. Además del dolor o sensaciones negativas que experimente. Siendo común que deriven en desequilibrios cognitivos y emocionales en los niños, lo que de ninguna manera contribuye al mejoramiento de su bienestar físico. Los malestares emocionales más comunes en el niño en situación de hospital son:

  • Incomodidad de encontrarse en un medio ajeno al propio

  • Miedo del dolor provocado por la atención médica

  • Riesgo de no volver a casa nunca más

  • Desconfianza de permanecer con extraños y no con sus seres queridos

  • Disgusto, tristeza, de no contar con sus actividades regulares

  • Perder alguna parte de su cuerpo

  • Prolongar su dolor

  • Angustia de morir

  • Depresión reflejada en disminución significativa para realizar determinadas actividades

  • Estrés, tensión emocional que le dificultan continuar en el hospital

  • Alteración de su identidad

  • Etc.

Ante estas respuestas, es necesario llevar a cabo una organización en el tratamiento que facilite la emotividad benéfica en el menor, atendiendo puntualmente los desajustes que se suscitan en sus esquemas emocionales.

niño hospitalizado

  • Familiarizar lo más posible al menor con el entorno hospitalario. El personal que interviene debe ser identificado por su nombre. Mantener la menor rotación de este personal. Facilitar el acceso de elementos inofensivos del ambiente de origen: imágenes, objetos, amigos y familiares; construyendo una extensión de su vida hacia el hospital.

  • Elaborar vivencias de placer en el hospital. Se requiere generar circunstancias que hagan disfrutable la hospitalización, teniendo cuidado del manejo de expectativas, particularmente sobre la fecha de alta. Aunque parezca excesivo, se puede aspirar a que el menor goce la experiencia del hospital como para insistir en permanecer en él.

  • Se tiene que abordar cualquier tema con el menor de forma que favorezca la adaptación de éste al medio hospitalario, lo cual requiere la propia convicción de los padres. Asimismo, el estrés suele ser un factor que perjudica la estancia de los menores en el hospital. El estrés se presenta no sólo en los pequeños, también lo hace en familiares y personas cercanas, sin descartar que aparezca en el propio personal de la salud.

  • Es necesario ofrecer algunas de las técnicas de relajación que son viables para los infantes, especialmente las de carácter lúdico. De ser posible en colectivo, con miembros de la familia u otros niños. Con las técnicas los niños podrán diferenciar sus estados de ánimo, separando actitudes que dificultan su presencia en el hospital de las que la favorecen. Es relevante suscitar en ellos sensaciones e ideas de control, de logro y dominio de su conducta. Que descubra la fuerza que tiene para actuar en sus estados emocionales.

  • La verbalización de los miedos constituye un enorme detonante para desacelerar las tensiones que producen las imágenes más amenazantes, como pensar que el cuerpo pueda perder alguna porción. Se pueden implementar juegos que se integran por distintas piezas en analogía a armar y desarmar, con la prevalencia de sus características en busca de mejores condiciones. Así también, se sugiere realizar juegos de palabras en donde se lleven a cabo configuraciones de ideas que reconforten la presencia de mejores porvenires y de momentos inmediatos agradables.

  • La imaginación en el niño hospitalizado tiene un sitio especial. Cuenta con potenciales benévolos y de complicaciones por lo que se demanda su atención precisa, principalmente dirigidas a frenar las imágenes negativas, aquellas que advierten de situaciones catastróficas que desdibujan las fortalezas anímicas. Por el contrario, se incita a que elabore imágenes placenteras, en situaciones de tranquilidad que le lleven a sentirse a gusto.

Por último, la propuesta es construir ambientes hospitalarios más adaptables a las condiciones de los pacientes, en este caso de los niños, que tienen una percepción del mundo distante a los adultos, desde su tamaños, su desarrollo cognitivo y sus breves historias de vida. El sentir que si bien no es fácil de distinguir del pensar, tiene en el pequeño la gran adversidad para situar en palabras lo que está sintiendo, de ello es el terreno de las emociones, lo que representa una falsa disyuntiva ancestral entre los profesionales de la atención a la salud: ¿dolor o curación? La posición es obvia, ambas.

Por lo anterior, se debe impulsar una cultura hospitalaria que considere la dimensión emocional de los menores a través de la sensibilidad, los aprendizajes y la creación de vías que coloquen en la interlocución a los participantes: pacientes, familia, personal y autoridades de salud privada o pública.

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