El hijo perfeccionista: claves para detectar y prevenir este problema

Algunos alumnos sacan un 8 en matemáticas y enseñan la nota con orgullo a sus padres, mientras que otros sacan un 9 en el mismo examen y se sienten culpables y decepcionados. La diferencia está en la percepción del mismo número: ¿es suficiente sacar un notable alto? Los niños perfeccionistas creerán que no lo es.

¿Cómo son los niños perfeccionistas?

Llorarán y darán golpes si están coloreando y sin querer utilizan el lápiz de color donde no deben. Son extremadamente exigentes consigo mismos, se proponen objetivos prácticamente imposibles de alcanzar, y si el resultado es muy bueno pero no perfecto cogerán una rabieta.

Debido a sus inseguridades prefieren realizar siempre las mismas actividades, las que saben que les salen bien, antes de probar algo nuevo por miedo a que vaya mal. Su búsqueda por la perfección les produce ansiedad. Son muy sensibles a lo que piensan los demás sobre ellos, y no consideran que hacer algo muy bien sea suficiente. Piensan que debería ser perfecto.

Natalia Fuenzalida Coloma, Psicóloga Clínica Infanto Juvenil, recomienda enseñar el valor de la diversidad y de ser diferentes, y a respetar estas diferencias que todos, por ser seres humanos, tenemos. Ser diferente es algo bueno, no malo, y si aprendiésemos esta lección dejaríamos de esperar demasiado de nosotros mismos y de desear ser igual o mejor que nuestro compañero.

Es bueno querer ser un poco mejor cada día, y todas las personas deberían ponerse como objetivo aprender de sus errores y ser mejor de lo que fueron, pues todos somos seres humanos y cometemos errores que, de hecho, suceden para que aprendamos de ellos. Todos tenemos miedos, manías y dificultades que podemos superar poco a poco.

El problema, según Fuenzalida, es que los niños perfeccionistas no disfrutan lo suficiente de sus logros. “Siempre buscarán alcanzar la mejor nota, el premio al mejor deportista, el físico más atractivo”, comenta. “La ansiedad por querer ser más y mejor no va a permitir el disfrute del presente, y toda la energía estará puesta en el futuro, en lo que se puede llegar a ser, [en vez de valorar] lo que se es”.

“Los niños que se exigen mucho a sí mismos, la mayoría de las veces, guardan miedos y profundas inseguridades”, advierte. “La aprobación que obtienen de los demás y de sí mismos va a rigidizar aún más su convicción de querer más, y vendrá a “tapar” el empobrecido yo que se esconde detrás de sus tempranos éxitos”.

¿Los padres pueden, sin querer, fomentar el perfeccionismo en sus hijos?

Fuenzalida considera que los padres pueden estar cometiendo varios errores que sin querer llevan a los hijos a tener rasgos perfeccionistas. “Los mensajes que les entregamos a nuestros niños son, muchas veces, expectativas que nosotros mismos en nuestra vida tenemos y [que] no hemos podido cumplir, o que creemos son importantes para el niño, cuando realmente no es así”, nos comenta.

Fuenzalida considera que los niños, desde que son pequeños, aprenden qué es importante para ellos según lo que aprenden de sus padres, sin pensar que tal vez lo que desean sus padres para ellos no sea realmente lo que les garantice la felicidad.

Los niños perfeccionistas intentan agradar a sus padres, y mensajes que reciben tales como eres el alumno más inteligente de la clase, a pesar de ser positivos, pueden hacerles daño.

Los comentarios de los padres no son los únicos que pueden fomentar el perfeccionismo. Fuenzalida advierte que las expectativas que nuestra propia cultura tiene de los niños les enseña cómo deben ser y actuar, y pueden llevar a los niños a competir entre ellos.

¿Los profesores pueden, sin querer, fomentar el perfeccionismo en sus alumnos?

“Los profesores son figuras significativas en el desarrollo emocional de los niños y no sólo entregan conocimientos, sino que también muestran pautas de comportamientos [y] valores que los niños captan fácilmente”, comenta Fuenzalida a Psicología online.

Los resultados académicos pueden fomentar la competencia. “En mi opinión, el sistema educacional en general fomenta este sentimiento de insatisfacción por lo logrado”, nos advierte. “Desde pequeños, los niños de 4 ó 5 años deben [tomar] pruebas de admisión y someterse a pruebas estandarizadas que no permiten equivocaciones, y que no permiten aprender de los errores, sino todo lo contrario: evitarlos a toda costa”.

“La forma de evitar que los niños aprendan estas conductas de sus profesores está en concebir al niño como el niño que es y no por lo que sabe, no sabe o puede llegar a saber”, aconseja. “Cuando los niños se sienten valorados por lo que son, más allá de sus aprendizajes escolares, se sienten con la confianza de que lo que están haciendo lo hacen bien, y cometan el error que cometan seguirán siendo queridos y valorados”.

¿Qué debe hacer un padre si nota que su hijo es perfeccionista?

“Si un padre nota estos rasgos en su hijo, es fundamental [demostrar] su aceptación y amor incondicional por lo que el niño es, y no por lo que hace o deja de hacer”, nos aconseja Fuenzalida.

“Para un niño será difícil reconocer que esto está ocurriendo en él. Es más, no hay conciencia de que esto sucede. Y tampoco es necesario que se lo hagamos saber. Lo principal que podemos hacer es darle espacio a sus miedos, a sus inseguridades y a sus derrotas. Si evitamos hablar de lo que causa pena, rabia o frustración no estaremos ayudando a integrar estas emociones en el niño, y el niño hará todo lo que esté a su alcance para evitarlas. La clave está en la integración, en ayudar al niño a mostrarle los matices de la vida, a aceptarlos, y a aceptarnos a nosotros mismos con nuestras diferencias y [con nuestros] maravillosos errores”.