Cómo evitar que un niño diga palabrotas

No las aprenden en sus libros de texto, pero sí en su entorno. Los niños pueden aprender palabrotas que dicen sus compañeros de clase, padres, tíos o amigos de sus padres, y el problema es que suelen repetir estas palabras que tanto molestan a sus padres.

“Nos guste o no, en algún momento u otro nuestros hijos nos van a soltar alguna palabrota que habrán oído en algún lugar, ya sea en casa, en el cole o en la calle”, nos recuerda Sara Tarrés Corominas, psicóloga infantil con Máster en Dificultades del Aprendizaje.

“Como buenos imitadores que son de todo lo que ven y oyen, nuestros hijos no dudarán en ponerlas en práctica para saber qué ocurre después. Ellos esperan una reacción -buena o mala- puesto que al principio no sabrán ni tan siquiera qué quieren decir cuando dicen cualquier palabrota”, señala Tarrés.

“Por eso es tan importante el modo que tengamos los padres de reaccionar ante las palabrotas de nuestros hijos, que vuelvo a repetir no saben qué significan. Según cómo actuemos, ya sea enfadándonos, riñéndoles o riéndonos podemos empeorar las cosas. Hay que recordar que es nuestra reacción lo que da el poder a la palabra que utilizan, no el significado, puesto que no lo entienden aún”, nos recuerda la psicóloga infantil.

¿Por qué dicen palabrotas?

“Los niños dicen palabrotas porque no dejan de ser palabras que se utilizan en el día a día, y las oyen en su entorno habitual”, señala la psicóloga infantil. Los niños aprenderán palabrotas en su propia casa, en clase o delante del televisor. 

“Durante la fase de aprendizaje del lenguaje oral, el niño aprende una gran cantidad de palabras cada día. Si nosotros los padres, en nuestras conversaciones habituales, usamos normalmente tacos o palabras soeces y/o insultamos al niño cuando hace algo mal, no deberíamos extrañarnos de que nuestro hijo diga palabrotas o nos insulte cuando se sienta enfadado con nosotros”, advierte Tarrés.

Como todos los padres pasan por la complicada situación de oír a su hijo decir una palabrota, es importante saber cómo reaccionar.

Lo que sí deberás hacer si tu hijo dice una palabrota

Si te encuentras ante esta situación, no le des importancia. Recuerda que no comprenden el significado de la palabrota y que solamente están imitando a otras personas. Cuando no le damos importancia a la palabra que están pronunciando, entienden que la palabrota no tiene ningún efecto en nosotros y que no nos hará enfadarnos ni reír. Es, por lo tanto, una palabra inútil para sus padres.

“Lo mejor que podemos hacer como padres ante las palabrotas que suelen decir nuestros pequeños es hacer como si nada. Oídos sordos cuando un niño de dos, tres o cuatro años nos suelta una de esas palabrotas suyas,” nos recomienda Tarrés.

Los niños suelen decir palabrotas a partir de los cinco años, y lo hacen como un juego más. Quieren descubrir cómo reaccionarán sus padres: si se enfadarán o si lograrán hacerles reír. Desean llamar la atención de sus padres. Sin embargo, si los padres no reaccionan y no prestan atención al hecho de que el niño haya dicho una palabrota, dejará de ser un juego porque dejará de ser divertido.

El niño sabe que las palabrotas están prohibidas, y por este motivo quiere utilizarlas. Pero si los padres actúan con toda la tranquilidad del mundo después de haber oído esa palabrota, el niño perderá la emoción de jugar con lo prohibido.

Si tu hijo dice palabrotas con mucha frecuencia, muéstrate orgullosa de él cada vez que reaccione ante una situación estresante sin pronunciar este tipo de palabras. Es importante premiar a los hijos cuando se portan bien, y podemos premiarles explicándoles que nos gusta que se hayan expresado con un vocabulario positivo y respetuoso.  

Lo que no deberás hacer si tu hijo dice una palabrota

“Si no queremos que diga palabras malsonantes debemos evitar utilizarlas en su presencia”, nos advierte. Si no queremos que añadan palabrotas a su vocabulario, los padres tampoco deberán pronunciarlas. Además, “cuando los niños crecen, más allá de los dos años, podremos explicarles por qué no deben utilizar este tipo de lenguaje”, añade.

El error más grave que pueden cometer los padres que se enfrentan a esta situación es enfadarse o reírse porque, tal y como nos indica Tarrés, esta reacción refuerza la conducta.

“Es un pez que se muerde la cola”, advierte la psicóloga infantil. “Lo mejor es evitar reaccionar ante ellas y no utilizarlas en casa”.

Reírnos es una de las peores reacciones que podemos tener cuando nuestros hijos sueltan una palabrota. “Si nos reímos seguirán diciéndola porque esperan de nosotros una carcajada o un momento chistoso”.

Pero tampoco deberemos enfadarnos, y este es uno de los errores más comunes entre los padres. “Si nos enfadamos y reñimos, la próxima vez que quieran poner a prueba los límites volverán a soltar la palabrota. En esta ocasión han descubierto el poder que tienen las palabras sobre nuestro estado de ánimo y nuestra conducta”, nos explica Tarrés.

“Si reaccionamos enfadándonos o dándoles demasiada importancia, lo que haremos es precisamente lo contrario de lo que pretendemos, es decir, que si queremos evitar que repita una y otra vez una palabrota no debemos reaccionar enérgicamente y mucho menos reírnos”, nos recuerda la psicóloga infantil.