La empatía con los hijos

Los seres humanos somos seres sociales y relacionales. ¿Qué significa esto?

Que seamos seres relacionales implica que necesitamos del entorno para sobrevivir y desarrollarnos.  Las necesidades más básicas las cubrimos con la comida, el aire y un abrigo. Y con respecto al calificativo de seres sociales, lo somos en cuanto que necesitamos de otro para existir y seguir creciendo.

De niños necesitamos a nuestros padres. Según Paul Goodman:

“Cuidar bien a un niño es dejarlo solo y estar cerca, significa proporcionarle seguridad, audiencia para las proezas, consuelo para las heridas, sugerencias y equipamiento material para el paso siguiente y respuestas cuando pregunta”.

Los estudios de R.Spitz, M. Seligman, y J. Bowlby, confirman de modo rotundo la importancia decisiva, que tiene el impacto relacional del niño con sus cuidadores principales en el desarrollo de su personalidad, así como en su posterior sustento en la vida adulta.

Según Alderfer hay tres tipos de necesidades básicas.

  1. Necesidades de existencia: Incluyen las exigencias materiales para la supervivencia: comida, bebida, abrigo…
  2. Necesidades de relación: son las necesidades de interacción  social positiva: Aceptación, afecto, reconocimiento social, integración en grupos.
  3. Necesidades de crecimiento: consideramos como tales a  las aspiraciones del desarrollo personal y el logro de metas importantes en relación con los propios valores.

En este artículo me centraré en “las necesidades de relación” y las encuadraré en las interacciones paterno-filiales.

Para poder identificar las necesidades de los hijos una de las claves es la EMPATÍA.

La empatía es la capacidad de ponerse en el lugar del otro, es el deseo de comprender su mundo íntimo.

Es importante para los padres, con el fin de ser “empático”, dejar a un lado todo lo que ha acontecido en tu día, y así poder estar plenamente en contacto con las  necesidades de sus hijos/as y ayudarlos en su proceso de crecimiento.

¿Cómo se expresa la empatía? ¿Cómo puedo ser empático?

  • Teniendo una escucha empática:
  • Observar atentamente el lenguaje no verbal del hijo: (Expresión facial, lágrimas,  pataletas, encoge los hombros, agacha la cabeza…)
  • Comprender  y estar atento a los contenidos de su mensaje verbal.
  • Mostrar comportamientos de atención y acogida: Estos se manifiestan a través de la postura y la distancia corporal, los gestos faciales, el temperamento…

Los hijos no perciben lo mismo cuando les hablas a su altura, observándolos atentamente, que cuando gritas con él, y menos cuando sin tener en cuenta lo que le está ocurriendo le mandas hacer algo en contra de su voluntad.

“Cuando un niño llora o grita, es porque su cuerpo o su corazón están sufriendo”

François D’olto

Y es obligación del adulto acompañarlo, esperando a que pase la tormenta para más tarde dialogar,  si tiene más de 3 años. Lo que significa no imponerse y respetar sus necesidades.

Escuchar de forma empática les ofrece un entorno seguro en el que poder manifestar también el dolor, el malestar, y aquellas emociones que acostumbramos a tachar de negativas.

Cuando encuentran aceptación, poco a poco entienden las emociones  como parte de la vida y de su crecimiento, pudiendo superarlas con el apoyo adecuado y creando las bases para su futura autoestima. Si no tenemos en cuenta su llanto o su negación, no estáis atendiendo su necesidad, sino la vuestra, (Por ejemplo, vuestra necesidad de que pare de llorar). Trasmitiéndole un mensaje erróneo sobre las emociones  y su capacidad de tomar decisiones. 

  • ¿Cómo podemos darles una respuesta empática?

Las principales claves de ello son: “LA COMPRENSIÓN Y EL RESPETO”. Mediante un tono de voz bajo y un ritmo pausado lograremos regular la emoción del niño/a que también se irá calmando. Con una mirada no invasiva, dulce y cariñosa.  También es importante la distancia corporal ya que  habrá momentos en que necesitará que estés cerca, e incluso que lo acaricies y en otros momentos que le des un espacio para patalear.

Esto, no significa dejarles hacer todo lo que quieran, sino como adultos, adoptar el compromiso de acompañarlos en su proceso, respetándolos y dándoles un espacio en el cual expresar su frustración, para más tarde poder ejercer una labor educativa desde el diálogo.

“Es necesario tomar vuestra labor como padres como un desafío, como una novedad de relación única donde la flexibilidad la dedicación y el saber cuidar son elementos claves”

Carmen Vázquez