Lo que nunca, y lo que siempre, deberías decir a tu hijo

Muchas veces, nuestras palabras y nuestra forma de expresarnos pueden tener efectos que ni deseamos ni esperamos. Queremos ser buenos padres y hacer todo lo posible por motivar a nuestros hijos a ser felices y a convertirse en las mejores personas que podrán ser. Para conseguirlo, sin embargo, necesitaremos prestar atención a la manera en la que hablamos en casa. Presentamos a continuación una lista de frases que siempre deberíamos decir a nuestros hijos, y una lista de frases a evitar.

Lo que nunca deberíamos decir

1. Eres....

Cuando pronuncias determinadas palabras después de este verbo, lo más seguro es que estés cometiendo un error. Decir a un hijo que es demasiado perezoso porque los sábados y domingos nunca madruga, por ejemplo, o que es demasiado desorganizado porque nunca tiene ganas de colocar sus libros en la estantería y los lápices en el estuche, son ejemplos de frases que nunca deberíamos pronunciar en casa. Tal vez pienses que no estás cometiendo un error al decir a tu hijo que es demasiado cobarde y que sí debería animarse a montarse en una atracción que realmente no da tanto miedo como cree, pero llamar a alguien de esta manera tiene efectos más negativos de los que puedas imaginar (aunque no lo hagamos con mala intención).

2. Eres … que ….

Da igual qué palabras utilices para completar la frase. “Eres más inteligente que Susana” motivará al niño a competir y a pensar que debe demostrar que es mejor que los demás. “Eres más lento que tu hermano cuando coméis” es otro ejemplo de frases que no deberemos tener en casa, pues comparar a los hijos con otras personas hace más daño de lo que pensamos. Las comparaciones nunca nos harán felices, salvo que sea una comparación entre la persona que somos en la actualidad y la persona que fuimos en el pasado. Nunca deberemos compararnos con los demás, y por este motivo es imprescindible que los padres eviten el error de comparar a sus hijos con el resto de sus compañeros o hermanos. Si hacemos estas comparaciones, pensarán que compararnos con los demás (y tratar de ser mejor) es un acierto.

3. Deja que te ayude.

Esta frase no parece negativa, pues los padres saben que ayudar a sus hijos es esencial. Si tiene dudas al hacer los deberes de matemáticas, es importante que alguien en casa pueda ayudarle. Sin embargo, el problema surge cuando ofrecemos ayuda sin que él lo pida. Solamente deberemos ayudarle cuando él nos pida ayuda, pues de esta manera le enseñaremos a ser independiente y a ser conscientes de que él mismo sabe desenvolverse.

Lo que siempre deberíamos decir

1. Te quiero.

Cuando los padres llegan tarde a casa después de trabajar, cuando siempre surge la discusión de qué hora es demasiado tardía para ir a dormir, cuando de lunes a viernes hay una rutina casi imposible de evitar y cuando los padres discuten entre ellos, los hermanos se niegan a compartir sus juguetes y hasta el perro parece enfadado, no hay nada más importante que detenerse durante un momento y valorar a las personas que tenemos en nuestra vida. Recordar a un ser querido que le queremos es, probablemente, el mejor regalo que le podrás hacer.

2. No te preocupes si no lo has conseguido, y vuelve a intentarlo.

Un error que cometen algunos padres es mostrarse orgullosos de sus hijos únicamente cuando vienen a casa con noticias sorprendentes. Un aprobado en matemáticas, por ejemplo, es una noticia perfecta pero en el caso de que el niño no haya conseguido la nota para la que tanto se ha esforzado ¿también deberíamos mostrarnos orgullosos? Por supuesto que sí. El niño deberá entender que, independientemente del resultado, siempre valoraremos el esfuerzo que pone en cada una de sus metas. Niños y adultos se esfuerzan por conseguir determinados objetivos, y alcanzarán algunas metas mientras que serán incapaces de lograr otras. Lo importante es levantarnos después de tropezar, ser optimistas y seguir intentándolo. Al valorar el esfuerzo que pone el niño en cada uno de sus objetivos le demostraremos que lo importante, sobre todo, es intentarlo con todas nuestras ganas.

3. Gracias.

Cuando el niño se esfuerza por recoger la mesa, estudiar todo lo posible y tener un detalle generoso con su hermano, es importante valorar todos estos gestos y demostrarle que somos conscientes de su esfuerzo y que lo agradecemos mucho.

4. Perdón.

Todos nos equivocamos y, sin querer, hacemos daño a los demás con este tipo de errores. Lo importante es reconocer nuestro error, pedir perdón e intentar evitarlo en un futuro. Él lo agradecerá mucho.