Los hijos y las mentiras

 

Autor: Mtro. Andrés Gómez Espinosa

En la convivencia con los hijos una de las experiencias que mayor perturbación suscita es enterarse de que el hijo o hija ha mentido. Las reacciones de los progenitores ante este hecho suelen ser diversas, algunas de ellas son:

  1. Se puede recurrir a un castigo que en el discurso se manifiesta como una lección, pese a que el factor emocional envuelve el terreno cognitivo llegando a incluir elementos de venganza, que nada tienen que ver con el supuesto objetivo de aprendizaje.
  2. La sensación de haber traicionado la verdad instalada en el vínculo puede conducir al ocultamiento de que se trata del hijo y no de amistades, socios, familiares, parejas, vecinos, compañeros de trabajo, de la vida escolar, etc. En tanto que se le cobra, al hijo, cuando miente, deudas de otras experiencias, las respuestas no corresponden a la edad y desconfiguran la imagen que de él se ha construido.
  3. Constituirse en agencia de investigación acerca del origen de la mentira; no obstante que el hijo acepte que mintió, padres y madres se empeñan en conocer el trasfondo del acto falso. Su motivación indagadora los puede dirigir a establecer conexiones, vislumbrar escenarios y formular hipótesis de forma que se concentren más en la raíz lógica de la mentira y no en el trastocamiento de la relación ni en el impacto sobre el desarrollo del hijo.
  4. Conformar un tribunal que transita de la averiguación previa al procesamiento de la presunta responsabilidad. Generalmente no existen muchas posibilidades de diferenciar el acto de mentir  del daño estructural o secundario. La actitud enjuiciadora predomina ante cualquier otro factor.
  5. Acudir con un especialista para que apoye en la enmienda moral del sujeto mentiroso, con la visión de que el mentir no tiene relación alguna con el resto de la familia, lo que difícilmente se mantendrá en la medida de las exploraciones.

Los hijos y las mentiras

Las mentiras son temas cruciales de la vida familiar. Imagínese lo complicado y penoso que sería si nunca pudiéramos confiar en lo que la gente nos dice. Resultaría imposible si tuviéramos que comprobar y verificar todo lo que nos cuentan. (Ekman, 1998: 18)

Motivos para mentir en la infancia

Dado que hay múltiples maneras de mentir, también son numerosas las razones. Además de no ser común que se analice la mentira que a menudo aparece en forma sorpresiva, lo que provoca que las reacciones se conduzcan en el carril de la conducta emocional, reservando a la racionalidad un papel nada protagónico; se tiene la costumbre de mezclar situaciones revolviendo los conceptos, como es el caso de esconder y mentir o dañar y ocultar, lo cual más allá de su claridad tiende a ocupar el sitio del motivo de mentir. Cada acción mentirosa tiene su propia especificidad como fuente; sin embargo, sí hay cierta recurrencia en los menores cuando se lleva a cabo, como se muestra en la siguiente lista que detona la mentira:

  1. Evitar ser castigado.
  2. Obtener algo que no se podría conseguir de otra manera.
  3. Proteger a los amigos de problemas.
  4. Protegerse a uno mismo o a otra persona de algún daño.
  5. Ganarse la admiración o el interés de otro.
  6. Evitar crear una situación social embarazosa.
  7. Evitar la vergüenza.
  8. Mantener la intimidad.
  9. Demostrar el propio poder sobre una autoridad. (Ekman, op. Cit. 50)

Empero, el brote de una mentira no es un fenómeno desconectado de entornos, atmósferas afectivas y esquemas de relaciones humanas, pese que al tener conocimiento de la mentira “el sujeto mentiroso” es desconocido en la representación moral de quienes lo miran.

Los hijos y las mentiras

En este sentido, la observación de la mentira tiene que constituir un ejercicio intelectual que demanda sobre todo la preservación del control de las emociones, aunque regularmente sea abrupta la aparición del hecho falseado. Los estudios orientados a la comprensión de la mentira infantil apuntan  hacia tres aspectos: inteligencia, inadaptación y personalidad. Al establecer nexos entre la frecuencia a mentir y la inteligencia, surge el dato en que los menores que cuentan con coeficientes intelectuales más altos en promedio, mienten menos que aquellos cuyos coeficientes son inferiores, lo cual genera todo tipo de análisis, en los que se concluye que la dotación alta de inteligencia favorece el cumplimiento del orden, haciendo innecesaria la alteración de la “verdad” en un mundo que les resulta sencillo y que le recompensa su apego a las normas. La inadaptación es un aspecto notable, ya que el mentir comúnmente refleja estados de inconformidad con el medio. La personalidad relacionada con la mentira representa la convergencia de diferentes factores condensados en tres grupos: físicos, culturales y psicológicos. El mentir se puede diferenciar como un acto esporádico o estructural. La personalidad se asume en una elaboración de imágenes en donde socialmente se espera un modelo concreto de existencia, misma que se convierte en la actuación al gusto de los demás, generando un terreno fértil para la mentira.

La totalidad de la vida social es una actuación en la que todos interpretamos los papeles que se esperan de nosotros

Erving Goffman

El punto relevante, por consecuencia, no es la mentira en sí misma y aislada de la dinámica social, pues estar con otros prescinde de condicionarse al empleo absoluto de la verdad; sino al cumplimiento de normas que regulan la coexistencia.

Jean Piaget (1896-1980), en sus afanes por comprender cómo se construye el conocimiento en los seres humanos avizoró que el desarrollo de la inteligencia adopta rutas hermanadas con el desarrollo moral, siendo así que los pequeños esbozan trazos rudimentarios de la modificación de la realidad a la par que son capaces de intercambiar mensajes precisos con su entorno, que es a su vez un grado de complejidad cognitiva; no obstante, el cumplimiento conceptual de la mentira es posible, si y sólo si, el sujeto tiene la certeza de estar trasgrediendo una disposición, por lo que no debe perderse de vista que al mentir se elige un sendero alterno al convenido, lo que coloca al sujeto que miente en un sitio de certeza para él, con  una ración elemental para intuir los alcances de sus actos. En esta perspectiva, sí hay un incremento en el uso de la mentira en los niños cuando se van haciendo mayores, sin reserva del manejo que pueda hacer de sus emociones, mismas que tienen participación en formato de culpa, miedo y alegría.

Los rasgos a manera de habilidades para mentir en un niño requieren de lo siguiente: empatía; uso del lenguaje adecuado; control emocional; velocidad de pensamiento y lenguaje y capacidad de planeación. Revelándose que si bien la mentira frecuente tiende a provenir de coeficientes no siempre altos, sí es necesario un conjunto de capacidades que de manera articulada llevan la mentira a la tierra del éxito. El mentiroso común basa su continuidad en el logro, sus mentiras son mayoritariamente bienaventuradas.

La mentira exitosa en el niño le llega a conceder un margen de fuerza, poder y autonomía (Ekman, op. Cit. 122).

Lawrence Kohlberg (1927- 1987), discípulo de Piaget continuó las exploraciones sobre el desarrollo moral y sistematizando un proceso cronológico:

Etapas Edad Qué es lo correcto Razones para ser bueno
0 4 Conseguir lo que quiero.
Lo que yo quiero es lo justo.
Conseguir recompensas y evitar castigos.
1 5-6 Hacer lo que te dicen.
Lo que te dicen los adultos.
No meterse en problemas.
2 6-8 Hacer a los demás exactamente lo que ellos te hacen a ti. Qué obtengo yo de ello.
3 8-12 Vivir de acuerdo con las expectativas de los demás. Para que los demás piensen bien de mí y puedo yo pensar bien de mí mismo
4 12 + Cumplir con las obligaciones de la sociedad. Mantener unida la sociedad; ser un buen ciudadano.

Por supuesto que tal propuesta es susceptible de cuestionamientos, lo que no deja de ser una aportación para considerar que la falsedad o veracidad tienen que ver con el avance cognitivo y moral de los menores. Además de recordar a madres y padres que las ópticas son a menudo muy diferentes y que ello implica asignación de valores igualmente diversos.

Como se mencionó al principio, las reacciones ante la mentira no son únicas, se sujetan a particularidades y contextos que se conjugan con significados preexistentes. Ante esto no está de más presentar una breve tipología de las mentiras en los niños:

  • Mentiras piadosas
  • Mentiras sociales
  • Mentiras relacionadas con la autoridad
  • Mentiras a los progenitores / tutores
  • Mentiras a los profesores

Desde luego que no se desprenden de un carácter coloquial y quizá no es lo relevante, sino la actitud que se asuma cuando se encuentre ante alguna de ellas, máxime si se sabe que es imposible evitar las mentiras en los hijos. Que lejos de su cancelación definitiva se pueden generar circunstancias favorables como es la facilitación del diálogo, reglas con margen de flexibilidad y el aprecio mutuo. De igual manera, el manejo emocional en el adulto, cuidar la radicalización de las medidas; no se debe descartar el componente de negociación, aún en la experiencia de la mentira.

Cierto es que no debe privar la desconfianza en las relaciones humanas, aunque no es excesivo reorganizar las observaciones hacia los hijos, especialmente en puntos como: su entorno de amigos, el empleo del tiempo libre, sus experiencias de goce, el papel de los medios electrónicos en él, comportamiento y desempeño escolar, sus nociones de familia, emociones representativas, actitud ante las normas y sobre todo considerar que el abandono de la mentira se vincula con el temor a la desaprobación, necesitándose con enormidad la cautela y no injuriar.

Referencias

  • Bascou, J.R. (1978). El niño y la mentira. Verdades y embustes del niño y el adolescente. Barcelona: Herder.
  • Ekman, Paul (1999). Por qué mienten los niños. Cómo los padres pueden fomentar la sinceridad. Barcelona: Paidós.
  • Kohlberg, Lawrence (1992). Psicología del desarrollo moral. Bilbao: Desclée de Brouwer.
  • Piaget, Jean (1974). El juicio y el razonamiento en el niño. Estudios sobre la lógica del niño II. Buenos Aires: Guadalupe.
  • Sutter, Jean M. (1974). Los niños mentirosos. Barcelona: Planeta.