Nuevo miembro en la familia y sus repercusiones en la pareja

Cuando iniciamos una relación de pareja solo pensamos en lo maravilloso que es, el tiempo que queremos compartir juntos, en los proyectos a realizar, en que podemos hacer para hacerle feliz… y poco a poco va formando parte de nuestra vida, hasta que se hace tan imprescindible que deseamos pasar “el resto de nuestra vida” con él o ella”. Así se inicia el noviazgo. “El enamoramiento es el encantamiento inicial, la idealización y la negación de los defectos del otro” (Azócar y Yanjarí, 2002).

Primera fase “luna de miel”, cuyas características principales son:

  • Atención selectiva hacia los aspectos positivos del otro.
  • Bajo nivel de responsabilidades y compromiso
  • Idealización del concepto de amor y hacia el futuro de la pareja.

Después de esta fase viene la consolidación de la pareja, en forma de matrimonio, convivencia en común o cualquier formación que estimen oportuna los enamorados. En esta etapa  ya empezamos a entrever los aspectos menos positivos del ser “amado”. Pueden comenzar las primeras desavenencias en cuanto a la repartición de las tareas domésticas, al tiempo que dedicamos a nuestras cosas personales, a problemas con la familia política…que no hacen más que bajarnos los pies al suelo y comenzar a aceptar que no todo era tan bonito cómo pensábamos en un principio, incluso descubrir que el amar lleva aparejado un sentimiento tan presumiblemente opuesto como sufrir. Esta etapa de solo dos miembros puede durar pocos o muchos años o incluso perpetuarse si atendemos a los recientes modelos familiares en los que por voluntad propia los miembros deciden no tener hijos. En el caso que decidan pasar de fase nos encontramos comúnmente con el nacimiento del primer hijo.

Tras los primeros instantes de intensa alegría por la noticia de “¡estamos embarazados!” llegan un montón de dudas y miedos por la responsabilidad que nos viene encima, por cuanto nos cambiará la vida, si estaremos dispuestos a abandonar el egocentrismo propio, cómo afectará a la pareja. Un cúmulo de preguntas aderezado por el descontrol hormonal hace una mezcla muy interesante, pero como todo, con fecha de inicio y de finalización. Todas estas dudas acaban con la llegada del niño al mundo, después del periodo de adaptación al nuevo ser y tras llegar a casa pueden dar comienzo los problemas. Gran parte dependerá del carácter del recién nacido, de la madurez previa de los padres, de las ayudas con la que cuentan, del estado físico o de salud de la madre…y un sinfín de factores adicionales. Lo que es seguro es que los problemas previos se acentuarán y llegarán muchos nuevos y dependiendo de la fortaleza de la pareja resistirá o no la fuerte envestida que supone la llegada de un hijo al mundo.

En resumen, la pareja tiene que atravesar ciertas etapas de crecimiento, enfrentándose a  períodos de crisis. Si el problema persiste una buena opción es acudir a terapia de pareja, siempre buscando un profesional cualificado, que nos ayudará a ver desde otra perspectiva nuestros problemas, tanto propios como en conjunto e intentará siempre que sea nuestra intención restaurar el vínculo afectivo que al principio nos unió y que posiblemente hayamos obviado.