¿Tiene tu hijo déficit de atención con hiperactividad?

Si tu hijo saca malas notas y se distrae mucho en clase, podría estar pasando por una etapa rebelde o podría tener déficit de atención con hiperactividad (TDAH). Muchos niños 'movidos' son diagnosticados erróneamente, mientras que muchos otros que tienen este trastorno son calificados como 'vagos'.

6 claves sobre el TDAH

# 1. Hiperactividad, impulsividad y falta de atención

Cuando el profesor comenta a los padres que su hijo, que está sacando notas bajas, se distrae demasiado en clase, solamente está indicando dos de las señales clave para ser diagnosticado con este trastorno.

Sara Tarrés Corominas, psicóloga infantil con Máster en Dificultades del Aprendizaje, señala que los tres síntomas necesarios para recibir este diagnóstico son falta de atención, hiperactividad e impulsividad.

El niño tendrá déficit de atención, o inatención, cuando tiene problemas de concentración y atención. Le costará prestar atención a los detalles específicos, y difícilmente podrá mantener la atención durante mucho tiempo.

Pero no es el único síntoma principal, pues el niño con TDAH también presenta hiperactividad. Tarrés comenta que “el niño manifiesta un nivel de actividad superior al que cabría esperar en relación a su edad”.

El tercer síntoma es la impulsividad, pues pierde el control de sus conductas, emociones y pensamientos, tal y como nos explica Tarrés.

# 2. Un niño muy movido no tiene por qué tener TDAH

“Todos los niños durante los primeros años son por lo general muy movidos, inatentos e impulsivos y por tanto potencialmente etiquetables como hiperactivos pero hay una diferencia sustancial entre el niño con TDAH y el niño sencillamente movido y activo”, explica Tarrés. “La gran diferencia es que cuando un niño presenta este trastorno, [el TDAH] le produce un gran desajuste en su vida, interfiriendo en muchas áreas de su funcionamiento normal y pudiendo generar importantes problemas en su desarrollo”.

La psicóloga infantil ha comentado a Psicología online que el trastorno “causa una disminución del rendimiento académico, un retraso en aprendizajes básicos como lectura, escritura y cálculo, dificultades en las relaciones sociales y en la adaptación social, problemas de autoestima, retraso en habilidades y hábitos de autonomía personal y, como consecuencia, serios problemas de convivencia y desajustes emocionales”.

Un niño despistado, con problemas de atención y con tendencia a distraerse fácilmente puede tener TDAH, pero será necesario analizar todos los síntomas. “[Los niños con TDAH] parecen estar en su mundo, [son] olvidadizos y frecuentemente pierden sus cosas. Además, son impulsivos, inquietos e impacientes, se mueven mucho, sobre todo las manos y los pies y tienen grandes dificultades para mantenerse sentados. A todo esto debemos sumarle una gran verborrea, es decir son niños que por lo general suelen hablar mucho, interrumpen conversaciones y contestan antes de que terminemos de preguntarle. Evidentemente esto les genera grandes problemas familiares, escolares y sociales”.

# 3. Como poco en dos ambientes diferentes, y antes de cumplir los 7 años

“Muchos padres pueden ver en esta descripción a uno de sus hijos”, comenta Tarrés, “pero tenemos que tener muy en cuenta que el niño ha de presentar estos síntomas como mínimo en dos ambientes diferentes (como el familiar, escolar o social) y antes de los 7 años (el nuevo DSM V lo sitúa antes de los 12 años), pudiendo cambiar sus manifestaciones desde la infancia hasta la edad adulta”.

# 4. Si te preocupa, consulta con un especialista

No todos los padres que sospechan que su hijo tiene TDAH aciertan, pero si no consultan con un especialista seguirán teniendo la duda y, como resultado, los problemas de aprendizaje persistirán.

“Yo siempre recomiendo lo mismo: siempre que algo te preocupe, no dudes en consultar”, explica Tarrés. “Si ves algo en el comportamiento de tu hijo que como padre te inquieta, háblalo enseguida con el tutor del niño y con el pediatra. Coméntalo sin dudar. Nosotros estamos aquí para esto, para ayudar a ver hasta qué punto es algo que forma parte del desarrollo normal o por el contrario se trata de algo a tener en cuenta y observar con más detalle”.

Siempre es importante prestar atención a los detalles que pueden indicar que el niño tiene este trastorno. Si es muy movido, si tropieza o suele tener accidentes, si pierde objetos como libros o material escolar, si parece que no nos escucha cuando le hablamos, si sus compañeros de clase le rechazan y no le invitan a sus fiestas de cumpleaños debido a que 'molesta', y si su rendimiento académico está muy por debajo de lo esperado, podría tener TDAH.

# 5. Recuerda que hoy en día se diagnostica con demasiada facilidad el TDAH

“Creo que durante los últimos años hemos vivido sobrediagnosticando a muchos niños, niños a los que se les ha etiquetando con demasiada facilidad por ser sencillamente niños movidos e inquietos. Sí, creo que hemos sobrediagnosticado”, reconoce la psicóloga infantil, “pero también es cierto que otros tantos niños se quedan sin diagnosticar y se les sigue llamando gandules, vagos, torpes, malos, tontos, quedando al margen del sistema escolar y como consecuencia [llevados] directamente al fracaso no solo académico y profesional sino también personal... Así que debemos ser muy cuidadosos con la detección, diagnóstico y tratamiento de nuestros niños”.

# 6. El tratamiento ideal para un niño con TDAH es el multimodal

Si un psiquiatra, pediatra, psicólogo clínico, neuropediatra o neurólogo diagnostica al niño con este trastorno, será importante encontrar el tratamiento más adecuado. Este tratamiento dependerá de sus necesidades, de su edad, sexo, contexto familiar y social, y del grado de afectación del trastorno en el desarrollo personal, familiar, social y académico del niño.

Tarrés explica que “el tratamiento más eficaz es el multimodal, es decir, aquel en el que se combinan de forma complementaria y coordinada diferentes tipos de tratamiento, tanto en el ámbito familiar como en el educativo: farmacológico, psicológico y psicopedagógico. Es fundamental que estén involucrados y coordinados los diferentes especialistas (pediatras, psicólogos y profesores) y todas las personas del contexto del niño, [pero] fundamentalmente los padres”.