Ventajas de los campamentos de verano

Con la llegada del verano, muchos son los padres y madres que se plantean qué hacer con sus hijos una vez finalizada la etapa escolar correspondiente. Campamentos de verano, actividades extraescolares o campus urbanos son solo algunas de las propuestas más comunes. Afrontamos tres meses de vacaciones en los que el reloj vital de los niños no se para y, por lo tanto, es fundamental que sigan aprendiendo, jugando y disfrutando de su tiempo libre.

Educación formal vs no formal

Pero, comencemos desde el principio, diferenciando la educación formal de la no formal. Hablamos de educación formal cuando nos referimos a aquella que responde al currículo establecido por el Estado y se transmite en instituciones reconocidas, ya sean escuelas infantiles, colegios o institutos.

Se trata del ámbito educativo que tiene carácter intencionado, planificado y reglado en base a la ley actual de educación, en este caso la LOMCE (Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad de la Enseñanza).

Es interesante también definir el concepto de educación informal, entendida como aquel proceso mediante el cual adquirimos conocimientos, capacidades y actitudes a través de las experiencias diarias y del contacto con un medio concreto, generalmente la familia o los amigos. No está de más saber que es un proceso que dura toda la vida.

Cuando hablamos de educación no formal nos referimos a todas aquellas actividades de aprendizaje que se enmarcan fuera del horario escolar. No hace tanto, en la década de los 70, comenzó a crecer en España el germen de la educación no formal. Uno de los primeros que habló sobre las principales diferentes entre ambas fue el autor norteamericano Philip H. Coombs, quién en su obra 'La crisis mundial de la educación' (1967) categorizó la educación según sus objetivos, prácticas pedagógicas y los espacios físicos en los que se desarrollan.

Por lo tanto, cuando hablamos de educación no formal nos referimos a todas intervenciones educativas que, sin ser de carácter obligatorio y reglado, se imparten en contextos con intencionalidad educativa y bajo una planificación de las experiencias de enseñanza y aprendizaje. Encontramos en este abanico las actividades deportivas, ludotecas, actividades extraescolares o los campamentos y escuelas de verano. No obstante, que se realicen fuera del currículo escolar no significa que dichas actividades no hayan sido planificadas, programadas o estudiadas hasta el más mínimo detalle.

Ventajas de la educación no formal

Pero, ¿qué beneficios aportan este tipo de actividades a niños y jóvenes? La oferta es cada vez más amplia y especializada. Además de ser una experiencia gratificante, es una oportunidad perfecta para mejorar sus habilidades sociales y el aprendizaje de una serie de valores que marcarán su desarrollo personal.

Desde los clásicos campamentos multiaventura a campus deportivos, musicales, teatrales o de idiomas, donde además de divertirse, los niños continúan el aprendizaje de una segunda lengua. Como no todos son iguales, los expertos recomiendan tomarse un tiempo a la hora de elegir el campamento adecuado para cada niño en función de su edad y de las actividades que le gustan. A continuación, una serie de ventajas que te pueden ayudar a clarificar ideas.

  • Independencia y autonomía. Tanto autonomía como independencia son dos de las cualidades que se esperan en la vida diaria de todo adulto y que poco o nada se trabajan en las etapas previas. Gracias a este tipo de campamentos, conseguiremos que los menores alcancen un mayor grado de autonomía e independencia, pues tendrán que aprender a realizar diferentes actividades de su vida cotidiana (aseo personal, cuidado de sus pertenecías, etc.) sin la ayuda de sus progenitores pero bajo la supervisión de los monitores de los propios campamentos.
  • Autoestima. Muy relacionado con el apartado anterior, el crecimiento interior y la satisfacción que otorga alcanzar objetivos individualmente permite reforzar el autoestima de los menores, entendido como una valoración generalmente positiva de uno mismo.
  • Habilidades sociales y de comunicación. Más allá del crecimiento personal que implica la participación en un campamento de verano, éste permitirá a su vez la socialización del niño en un nuevo entorno fuera de su zona de confort. Además, reforzará valores como el compañerismo, la amistad o la sinceridad, todos ellos en un clima lúdico, de juego y diversión.
  • Tolerancia y trabajo en equipo. Convivir en un entorno diferente al familiar puede llevar en algunos casos a que los menores vivan un periodo de nostalgia y tristeza, generalmente durante los primeros días del campamento y en las edades más tempranas. No obstante, una vez superado el bache inicial, esta convivencia entre iguales es una ocasión perfecta para reforzar el valor de la tolerancia, pues deberán aprender a escuchar diferentes opiniones y respetarlas. Asimismo, las actividades grupales e intercambios favorecerán el incremento del sentimiento de grupo y de compañerismo, tan importancia en la etapa de infantil y pre adolescencia.