Las convicciones de Erich Fromm

 

Capítulo 36 - Autoritarismo y humanismo religioso

Fromm se educó en el seno de una familia judía ortodoxa, tanto por la vía materna como paterna tuvo antepasados que habían sido rabinos, en su juventud dejó de creer en la existencia de Dios pero siempre se mantuvo fiel a esa educación de la infancia, es más, consideraba que todos los hombres necesitaban de una religión, pero entendida ésta como una concepción de la vida y del mundo, no necesariamente relacionada con una idea teísta.

Decía nuestro autor: “…entiendo por religión cualquier sistema de pensamiento y acción compartido por un grupo, que dé al individuo una orientación y un objeto de devoción”. También afirmaba que no existió cultura en el pasado y parece que no la habrá en el futuro que no tenga religión, en el amplio sentido de la palabra.(1) Aún aquellos individuos que afirman no profesar ninguna religión asumen valores que atribuyen al sentido común adoptando inconscientemente un sistema de orientación.

El ser humano por lo  tanto tiene esa necesidad de contar con un marco de referencia que le otorgue un sentido a la vida y un objeto de devoción que permita canalizar las energías en algo más que subsistir, esas son dos necesidades imperiosas a las que Fromm denominó de manera muy general religión en tanto sinónimo de un sistema de orientación y adhesión. En ese contexto la cuestión no pasa por definir si se debe tener una religión o no, sino sobre las virtudes o defectos de la que se elija conscientemente o no.(2)

Según el pensador alemán la tradición judeo-cristiana tenía una doble función, la de explicar la naturaleza y también la de impartir determinados principios morales que conformaran una ética que guiara la conducta de los creyentes. A medida que la ciencia fue avanzando y pudo explicar una mayor cantidad de fenómenos, la religión fue limitándose a establecer postulados morales que encuadraran el comportamiento humano.

No obstante cada vez se produce una mayor disociación entre los preceptos establecidos en los libros sagrados como la Biblia y el comportamiento cotidiano. Fromm lo explicaba: “En todo caso, es un hecho que la moral del cristianismo o del judaísmo es inconciliable con la moral del éxito, de la falta de escrúpulos, del lucro egoísta, del no brindarse, del no compartir”.

Los principios impuestos por el capitalismo donde es fundamental la competencia y la obtención de lucro entran en directa colisión con creencias como la superación de la avaricia y el amor al prójimo, donde el prójimo se ha convertido en un competidor y por lo tanto en merecedor de desconfianza.(3)

Fromm entendía que la enajenación del hombre actual es incompatible con los principios de la mayoría de las religiones por eso cabría esperar de pastores, rabinos y sacerdotes la condena del capitalismo, sin embargo no ocurre más allá de algún cuestionamiento aislado, en líneas generales casi todas las iglesias sostienen ideas conservadoras y emplean a la religión para mantener al hombre tranquilo y satisfecho en un régimen irreligioso. (4)

El cristianismo oficial no pudo relacionar el concepto de Dios con la experiencia cotidiana de las personas, así fue perdiendo adeptos que no pudieron conciliar la idea de Dios con todo el desarrollo científico alcanzado por el hombre. Aún una gran mayoría declara creer en Dios pero dicha creencia se encuentra desligada de su vida personal. No mueve a los creyentes a llevar una vida basada en los preceptos religiosos sino que Dios se ha convertido en un símbolo social que otorga cierta seguridad cuando la vida se muestra insegura, en definitiva Dios se convirtió en otro ídolo.

Fromm respetaba y exaltaba a aquellos religiosos que vivían de acuerdo a sus convicciones, señalaba entre ellos a Albert Schweitzer, el papa Juan Pablo XXIII, al que Fromm admiró, y al sacerdote brasilero Helder Cámara y a centenares de sacerdotes latinoamericanos para quienes la religión no se centraba en la teología, es decir no en la justa idea sobre Dios, sino en la vida activa basada en el amor, la justicia y la responsabilidad, no obstante decía que estos casos seguían siendo minoritarios. (5)

En la experiencia religiosa lo más significativo es el desarrollo óptimo de las capacidades de razón, amor, compasión y valor. Todas las realizaciones humanas están relacionadas con esos valores. Tener una actitud religiosa puede definirse como desprenderse del propio “yo”, es decir de las propias apetencias y temores, abandonar el deseo de aferrarse al “yo”, esa experiencia lleva a terminar con el narcisismo para estar abierto al mundo, así también es primordial renunciar a las tendencias destructivas impulsando la  capacidad de amar profundamente la vida.(6)

Fromm establecía una diferenciación entre la que llamaba religión autoritaria que es aquella que hace de la obediencia la principal virtud y que condena al hombre a la impotencia, de la que denominaba religión humanista que pone el acento en la fortaleza y la bondad del hombre, donde la virtud no se encuentra en la obediencia sino en la realización de los poderes humanos.(7)

Para entender el significado de las religiones autoritarias tomaba la definición de la palabra religión que adoptaba el Diccionario de Oxford, ahí se decía: “Religión es el reconocimiento, por parte del hombre, de un poder superior e invisible, que domina su destino, y al que debe obediencia, reverencia y veneración”.

En esta definición se destaca que existe un poder superior que se encuentra fuera del hombre y que lo domina, para completar la descripción se deja bien en claro que se le debe estricta obediencia, ni una palabra se dice sobre el amor y la justicia o sea que no se encuentran entre la cualidades de la deidad sino que se hace hincapié en el poder que ejerce sobre los humanos.

En la medida que se considere que la deidad es omnipotente, al hombre se lo condena a la impotencia, sólo se hará acreedor a la gracia en la medida que se someta al poder absoluto, la teoría del calvinismo es un claro ejemplo de religión autoritaria.(8)

Los conceptos de Calvino respecto a la predestinación sosteniendo que la decisión que un hombre sea salvado o condenado se hace antes de su nacimiento sin que tenga posibilidad alguna de cambiar su destino está en contradicción directa con la idea del amor que Dios profesa por sus hijos. Lo que hay detrás de las creencias de Calvino y de otras ideas religiosas autoritarias es la prédica de la sumisión al poder y la ausencia de respeto hacia el individuo.(9)

Freud señaló al estudiar las motivaciones ocultas de las personas, que la fe en Dios tenía su razón en la indefensión de la existencia humana y el intento del hombre de resolver ese dilema mediante la creencia en un padre y una madre dispuestos a socorrerlo en los momentos más acuciantes.

Freud fue un crítico de la religión porque consideraba que la dependencia a un Dios era lo que antes había sido la dependencia a un padre y una madre que ayudan o castigan. La fe en Dios, según él, prolonga la dependencia infantil.(10)

El creador del psicoanálisis decía con respecto a la religión: “Los dioses siguen cumpliendo con su triple finalidad: deben exorcizar los terrores de la naturaleza, deben reconciliar a los hombres con la crueldad del destino, particularmente tal como se muestra en la muerte, y deben compensarlos por los padecimientos y privaciones que una vida civilizada en común ha impuesto sobre ellos”.

Continuaba diciendo Freud: “Tal como ya sabemos, la aterradora impresión del desamparo sentida en la infancia despertó la necesidad de protección –protección por medio del amor- que fue provista por el padre, y saber que este desamparo duraría toda la vida hizo necesario aferrarse a la existencia de un padre, pero esta vez un padre más poderoso. De allí que la benévola regla de la divina providencia alivie nuestro temor ante los peligros de la vida”. Consideraba que en la medida que el hombre ejerciera un mayor control sobre la naturaleza el concepto de Dios se volvería superfluo.(11)

La idea que la religión debe estar unida a la existencia de un Dios es fundamentalmente una creencia eurocentrista. El confucionismo, el taoísmo y el budismo son religiones que no contemplan la idea de un Dios.(12)

Fromm por su parte alertaba sobre el papel de aquellos a los que denominaba de manera amplia “sacerdotes”, les atribuía la función de administrar a quienes adhieren a una determinada idea, no se limitaba a utilizar la expresión en el plano religioso sino que la extendía al político o filosófico donde también existe gente que desempeña esa función.

Los “sacerdotes” utilizan las ideas para controlar a las personas, cuando consiguen anestesiarlos suficientemente declaran que no son capaces de mandarse por sí solos y por lo tanto sutilmente introducen la idea que deben ser los propios “sacerdotes” quienes deben dirigirlos, obviamente no todos actúan de esa manera pero sí lo hacen muchos de ellos.(13)

Casi desde el comienzo la Iglesia se adaptó al orden social que requería de la obediencia de los individuos para funcionar. La gente debía aprender a temer a la autoridad, se inducía a que el ciudadano internalizara el temor y se transformara la obediencia en una categoría moral y religiosa a través del pecado. La gente no sólo debe respetar la ley por miedo, sino que también es necesario que se sienta culpable si desobedece, pero la culpa puede superarse mediante el perdón que es la propia autoridad religiosa la encargada de otorgarlo, la condición es el arrepentimiento y la aceptación del castigo, es decir se lo perdona por medio de un mayor sometimiento a la autoridad.

La Iglesia y el Estado trabajaron juntos, porque el Estado necesitaba que existiera una ideología que equiparara la desobediencia al pecado y a la Iglesia le convenía contar con creyentes disciplinados por el Estado en la obediencia. Ambos aprovecharon la institución de la familia cuya finalidad es educar a los hijos en la obediencia ni bien mostraran voluntad propia que debía ser doblegada para prepararlos para su funcionamiento como ciudadanos.(14)

Uno de los cuestionamientos que Fromm efectuaba a las religiones en general y al cristianismo en particular era confortar al individuo prometiéndole una vida eterna en el más allá, de esa manera se establecía la negación de la muerte. Y precisamente por esa vida posterior a la muerte es que muchas veces nos olvidamos de vivir esta vida que nos ha tocado aquí y ahora. Pero que algo se reprima no implica que deje de existir pues aparece de distintas formas, el miedo a la muerte sigue existiendo y es lo que produce la anulación de otras experiencias. (15)

En la religión autoritaria Dios es el símbolo del poder y la fuerza, en tanto que en la religión secular autoritaria se sigue un principio similar vinculado con un líder, el Estado, el partido o la raza, que se convierten en objeto de veneración, como contrapartida la vida de los individuos se hace insignificante, esta religión autoritaria en cualquiera de sus vertientes predicará un ideal tan abstracto como distante que no tiene vinculación con la vida real. Por ideales como “la vida después de la muerte” o “el futuro de la humanidad” se sacrifica la vida y la felicidad de las personas.(16)

El tema del pecado alcanza en las religiones autoritarias formas aterradoras, las faltas cometidas sólo pueden ser perdonadas con más sumisión, se reacciona al propio sentimiento de culpa haciéndonos sentir más depravados o impotentes y de esa manera se logra que quedemos a merced de la autoridad y a esperar ansiosamente por la dispensa, obviamente todo este contexto está acompañado por un deliberado sistema donde impera el miedo.

En esta atmósfera el pecador queda en un estado de asco y odio hacia sí mismo, este sentimiento puede tener algún tipo de compensación cuando la propia religión puede perdonar pero paga el alivio de la culpa con mayor sometimiento hacia quienes tienen el privilegio de dispensar la absolución.(17)

Muchos de los que creen en Dios son adoradores de ídolos e incluso los hay quienes carecen de fe, en tanto que es posible encontrar “ateos” que se dedican a mejorar la situación de la Humanidad con actos fraternales y demostraciones de amor, adoptando una actitud claramente religiosa.

Centralizar la religión en la creencia o no en Dios limita el camino del entendimiento al problema religioso y evita el desarrollo de esa actitud humana que puede llamarse religiosa. Se han hecho intentos por conservar el símbolo de Dios dándole otro sentido al de la religión monoteísta, Spinoza es un ejemplo que utilizando terminología teológica incurrió en una definición de Dios que es muy similar a afirmar que no hay Dios, no obstante describe una atmósfera espiritual en que el símbolo de Dios es fundamental y que lo hizo no percatarse que en realidad estaba negando la existencia de Dios.

El conflicto religioso real no debería estar dado por la creencia en Dios o el ateísmo, sino entre una actitud humanista y otra idolátrica ya sea que se exprese deliberadamente o de manera inconsciente.(18)

Pero si hasta aquí vimos una concepción crítica de la religión, Fromm también profesaba un profundo respeto por los preceptos de casi todas las religiones, su cuestionamiento se centralizaba en remarcar cuando las cúpulas religiosas se aliaban al poder terrenal y se distanciaban de las creencias originales de dichas religiones.

En este marco es que las grandes religiones monoteístas impulsan objetivos humanísticos, los fines del cristianismo y el judaísmo son los de la dignidad del hombre, el amor fraternal y la supremacía de los valores espirituales por sobre los materiales. Fromm consideraba un error de los no creyentes que se centraran en atacar la idea de Dios, estimaba que por el contrario deberían exigir a los creyentes la práctica verdadera de los principios de amor, verdad y justicia, en consecuencia exigirles que fueran críticos con la sociedad presente.

No hay que discutir de Dios, hay que centrar la cuestión en denunciar las formas modernas de idolatría: la deificación del Estado en los países totalitarios o de la máquina, el lucro y el éxito en los países capitalistas. Hay que interesarse por la esencia y no por la cáscara, por la experiencia más que por las palabras, creyentes y no creyentes deberían unirse para rechazar la idolatría y encontrar valores coincidentes.

Obviamente Fromm creía que los conceptos teísticos están llamados a desaparecer en el futuro y se esperanzaba en el surgimiento de una nueva religión que se correspondiera con el desarrollo alcanzado por la Humanidad, sería universalista y comprendería las enseñanzas de Oriente y Occidente, esa doctrina no contradecirá las nociones racionales alcanzadas por los seres humanos. Esta religión creará nuevas ideas que considerarán como máximos valores reverenciar la vida y establecer la solidaridad entre los seres humanos.(19)

Las grandes religiones enseñan al hombre a lograr la unidad no mediante la eliminación de la razón. Por más diferencias que existan entre el taoísmo, el budismo, el judaísmo de los profetas y el cristianismo de los evangelios, estas religiones tienen por objetivo común no retroceder a la existencia animal sino ser cada día más humanos mediante la unión con el prójimo y con la naturaleza.(20)

Una de las cuestiones que Fromm rescataba del judeo-cristianismo es su concepción de igualdad que luego fue adoptada por todas las corrientes progresistas de la historia, implica que todos los hombres son iguales en cuanto al derecho a gozar de libertad y felicidad, y precisamente esa igualdad es la que permite el desarrollo de las diferencias y la individualidad. En cambio los sectores reaccionarios suponen que la igualdad produce la ausencia de diferencias entre las personas, pero como tales diferencias existen concluyen intencionadamente con que la igualdad no es posible.(21)

La religión humanista tiene como centro al hombre y sus potencialidades es decir que conlleva a desarrollar la razón con el fin de comprender la relación con los demás y con la naturaleza, el estado de ánimo que debe prevalecer es el de la alegría y no el de la culpa y el temor que predomina en la religión autoritaria.

Cuando la religión es teísta Dios es el símbolo de los poderes del hombre y no de la dominación sobre el hombre. Ejemplo de religiones humanistas son el budismo primitivo, el taoísmo, las enseñanzas de Isaías, Jesús, Sócrates y Spinoza, ciertas tendencias del cristianismo y el judaísmo, y la religión de la razón que nació con la Revolución Francesa.(22)

El cristianismo primitivo fue humanista y no autoritario lo cual se hace evidente en la enseñanzas de Cristo, cuando dijo que el “Reino de Dios está dentro de vosotros” pero unos siglos después el cristianismo dejó de ser la religión de los pobres y humildes, los artesanos y los esclavos para convertirse en la religión de los gobernantes del Imperio Romano, ahí la tendencia autoritaria se hizo predominante, aún así los conflictos entre autoritarios y humanistas en el seno del cristianismo nunca finalizó.

Dios es la imagen de la parte superior del hombre , un símbolo de lo que el hombre es potencialmente, en tanto que en la religión autoritaria Dios se convierte en el único poseedor del amor y la razón, cuando más perfecto se hace Dios más imperfecto es el hombre. (23)

Así como en la religión autoritaria juega un papel fundamental la culpa y el miedo, la concepción humanista con respecto al pecado podría sintetizarse en la expresión de Cristo: “El que no tenga pecado, que arroje la primera piedra”. (24)

(1) Psicoanálisis y religión, pag. 40
(2) La patología de la normalidad, pags. 32 y 34
(3) El amor a la vida, pags. 53 a 57
(4) Psicoanálisis en la sociedad contemporánea, pag. 150
(5) El humanismo como utopía real, pags. 175 y 176.
(6) Y seréis como dioses, pags. 57 y 58
(7) El lenguaje olvidado, pasg 82 y 83
(8) Psicoanálisis y religión, pags. 55, 56 y 57
(9) Ob. Cit., pags. 87 y 88
(10) Budismo zen y psicoanálisis, pags. 87 y 134
(11) El dogma de Cristo, pags. 24 y 25
(12) El humanismo como utopía real, pag. 170
(13) Sobre la desobediencia y otros ensayos, pag. 48
(14) ¿Tener o ser?, pags. 119 y 120.
(15) El miedo a la libertad, pag. 275
(16) Psicoanálisis y religión, pags. 56 y 57
(17) Ob. Cit., pags. 117 y 118
(18) Ob. Cit., pags. 150 y 151
(19) Psicoanálisis de la sociedad contemporánea, pags. 289 y 290
(20) Anatomía de la destructividad humana, pag. 238
(21) La condición humana actual, pag. 23
(22) Psicoanálisis y religión, pags. 57 y 58
(23) Ob. Cit., pags. 70, 71 y 72
(24) Ob. Cit., pag. 119