Hablemos de duelo Migratorio

 

Autora: Yaneth Rubio Pinilla - Psicología Social

Introducción

La migración es definida como un proceso de desarraigo en la trama del tiempo psíquico que implica una discontinuidad en la vida de la persona. La globalización, como fenómeno iniciado a mediados del siglo XX, tiene dentro de sus características esenciales el flujo migratorio, como proceso dinámico social.  Como reacción a este evento, se crea a partir de 1951 un organismo internacional que la dirija, la Organización Internacional para las Migraciones OIM,  consagrada al principio de que la migración en forma ordenada y en condiciones humanas beneficia a los migrantes y a la sociedad.

Teniendo como telón de fondo los primeros estudios oficiales en el mundo académico sobre los migrantes, la definición de Duelo aparece debido a la relación íntima que hay entre el que viaja y lo que deja.  Su familia y amigos, su lengua, su cultura, paisajes y tierra, su estatus social, el contacto con su grupo de origen y la seguridad física, son los siete aspectos que el psiquiatra español Joseba Achotegui (2002), aborda como elementos que conforman el proceso psicológico de Duelo, para reorganizar su personalidad en el nuevo mundo al que llega.

De igual manera el presente texto está soportado en la investigación realizada por quien escribe, como trabajo de grado para optar por el grado de Psicóloga.

Contexto

Las personas han buscado mejores condiciones de vida desplazándose a otros territorios desde épocas remotas. Edipo en la tragedia griega, denuncia el dolor de la migración. El mito de Babel simboliza el deseo de llegar al cielo para alcanzar el conocimiento de otros mundos, pero es castigado con la confusión de lenguas y por tanto la imposibilidad de comunicar.  Los desplazamientos en grupos humanos, nómadas, invasiones, peregrinajes, expediciones comerciales y de colonización han constituido la historia de la migración.

Hoy  los gobiernos enfrentan el reto de  encauzar la migración conforme la conducta migratoria se hace más y más prevaleciente y globalizada, dónde su influencia ha generado un cambio en las relaciones que los migrantes mantienen con su país de origen, con contactos permanentes aprovechando los avances de la comunicación, haciendo de éstos contactos diarios que la elaboración del Duelo sea parcial, se borran las fronteras entre países, conformando una aldea global, donde la conservación de la identidad local se fusiona con otras culturas, generando incertidumbre.

Cualquier país es receptor de migrantes de algún tipo, incluso con los programas de intercambio estudiantil. Los flujos de migración son vectores importantes del cambio social, económico y cultural, desde una perspectiva dinámica, creando circunstancias para el desarrollo y la historia. Se motiva la migración con el paradigma del sueño americano, quienes lo buscan generan motivaciones tanto externas como internas, en la búsqueda del mejoramiento de su calidad de vida, evolucionado hacia sociedades multiculturales complejas.

Los factores psicosociales como el desarraigo, la añoranza, el reajuste personal y de la familia, no deben ser tratados como  síntomas de desequilibrio emocional. En la actualidad se amplía su estudio al tema específico de tratamiento e intervención de Duelo, con participación de psiquiatras, trabajadores sociales, médicos y obviamente psicólogos, visto desde la antropología, la sociología, etnografía y la historia.

La partida de una persona es un evento que marca la vida de cualquier ser humano.  El desplazamiento, el tiempo y el habitar, son los puntos claves para conocer la realidad del que cambia su forma de vivir.  “La migración es el desplazamiento de un lugar a otro, geográfica y políticamente diferente, por un lapso de tiempo lo suficientemente amplio como para que implique vivir y/o habitar en el nuevo lugar(Achotegui, s.f.).

Como evento desencadenante, este fenómeno social del nuevo momento de la historia humana, tiene como reacción natural el Duelo.  La migración genera pérdidas y separaciones, y modela al individuo en un ambiente de readaptación de su misma identidad, de su personalidad, por tanto es importante trabajar el Duelo permitiendo enfrentar nuevas realidades, generar nuevas esperanzas, replantear el proyecto de vida,  crear nuevas relaciones, transformarse.

La migración como fenómeno social

La migración es un fenómeno social propio de los países en vías de desarrollo,  aportando a las naciones fortalecidas una cuota en la conformación de su dinámica social. Es una realidad que las personas residentes en otros países viven en una constante experiencia de Duelo cada vez que viajan de su lugar natal hacia donde consideran pueden mejorar sus condiciones de vida.

Los migrantes transportan sus costumbres, sus hábitos, sus ideales, su idioma. Quien migra, rescata lo que le resulta esencial para conservarlo, su nuevo hábitat le generará una readaptación. No resulta fácil mantener la identidad, puesto que una vez en el nuevo sitio se generan preguntas como: qué quiero en realidad de mi vida, quién soy verdaderamente, qué me define, cuáles son mis puntos de referencia cognitivos y emocionales.

Esta población siente nostalgia por su esencia, su olfato y su gusto son los primeros en cobrarle el cambio, las costumbres no se pierden así su condición de “extranjero” se lo exijan. Las personas que por cualquier circunstancia deben cambiarse de su lugar de origen, renuncian a parte de su ser para integrarse al  nuevo ambiente al que llega. En la medida en que sus nuevos grupos sociales sean diferentes resulta más difícil acomodarse. Desprenderse de la familia, de los amigos, de los lugares comunes, de la “camita”, del “hotel mamá”, dejan un sentimiento de soledad muy alto.

Afrontar hechos como el de no ser conocidos por las personas que van encontrando, barreras del idioma, la diferencia de costumbres en la comida, hasta el clima, les piden paciencia, prudencia y un requerimiento mayor de sus energías, hasta que superen todas las situaciones, dando lugar a un verdadero crecimiento y evolución personal.

La migración es todo movimiento de población que se hace abandonando el lugar de origen para trasladarse a otro destino. Se realiza en buenas condiciones cuando les recibe un entorno agradable, cuando se tiene un proyecto, una vivienda, se cuenta con el apoyo familiar, seguridad económica y con una red social.

El Duelo es el proceso de pérdida de una persona, objeto, evento o lugar significativo. Hace cambiar de ánimo de quien lo vive, puede afectar la salud física y la salud mental. Su duración depende de cómo se han vivido otros Duelos, de cuánto dure la ansiedad, la confusión, la depresión. Es un proceso normal, dinámico y activo; y no un estado.

El Duelo por migración tiene las características de ser parcial, no se ha perdido del todo la familia, lugar, cultura, amigos, no hay una pérdida definitiva. Pauline Boss (2002) le llama pérdida ambigua.  Es también recurrente porque cada vez que hay comunicación o se vuelve de visita se reinicia el sentir del Duelo. Es múltiple porque se pierden muchas cosas a la vez. Es ambivalente porque se vive entre dos lugares, entre lo definitivo y lo transitorio. Achotegui (2008), presenta su clasificación de los Duelos por migración como Duelos múltiples, recurrentes, de tiempo y espacio, extensivo para quienes se han quedado en su lugar de origen. 

El volumen e importancia social de esta realidad es hoy por hoy uno de los factores de atención social, debido a las causas y los efectos que padecen el migrante y su familia. Los aspectos de integración, de adaptación al nuevo medio, del choque que se vive por el contraste cultural, sitúan factores de atención psicosocial y de diversos tipos de Duelo que propician su intervención. Emigrar es un proceso tan intenso, que posee unos niveles de estrés que llegan a superar la capacidad de adaptación de los seres humanos.

Migrar es en la actualidad un proceso que genera niveles de estrés de tal intensidad que pueden llegar a superar la capacidad que tienen los seres humanos para adaptarse a situaciones nuevas. El Síndrome del Migrante no solo se manifiesta en los Duelos de quien vive el proceso, sino que se extiende a su familia, a sus amigos, a los que se quedan.

Algunos autores estudiosos de los procesos de Duelo, clasifican en fases o etapas cada uno de los procesos que se van viviendo, J. Bowlby (1983), planteó cuatro fases, la primera donde se presenta la negación,  la persona no acepta la realidad del cambio o la niega. Una segunda fase, de resistencia, donde se presenta añoranza, inquietud física y pensamientos acerca de lo que se ha dejado, protesta y queja ante el esfuerzo que supone la adaptación, las dificultades y retos a los que debe enfrentarse como migrante. En la tercera fase, viene la aceptación donde la persona se va integrando a su nuevo entorno y la última etapa se corresponde con la restitución, una reconciliación afectiva donde finalmente la alegría regresa y se puede reconstruir el proyecto de vida.

Achotegui (2000) plantea los siete Duelos de la migración, vividos en la familia y los seres queridos, la lengua, la cultura, la tierra, el estatus social, el contacto con el grupo de pertenencia y, los riesgos para la integridad física, vividos, de acuerdo con las condiciones en que se da la migración, no siempre en buenas condiciones, sino en muchas ocasiones por situaciones extremas. Estos Duelos los clasifica en: 

  1. Simples, cuando la migración se da en buenas condiciones, por ejemplo quien migra es joven, no deja hijos, sus padres son sanos, se prevén condiciones de regreso, de visita.
  2. Complicado, cuando existen dificultades para su elaboración, como cuando quien migra deja hijos pequeños, una familia, padres enfermos, pero puede darse la oportunidad de reunirlos nuevamente en el nuevo sitio de residencia.
  3. Extremo, cuando no es posible vivir el proceso de Duelo de forma adecuada y resulta casi imposible el reencuentro con los seres queridos.

Las dimensiones estresantes que los migrantes viven tienen fuerte presencia en la soledad, por la separación forzada de la familia y los seres queridos; el temor por el fracaso del proyecto migratorio, generando sentimientos de desesperanza;  la lucha por la supervivencia que incluye la alimentación, la vivienda, el miedo. Estas dimensiones tienen la característica de ser múltiples, y al potenciarse se convierten en crónicas, cuando dura mucho tiempo la soledad afectiva, las vivencias de terror y relevancia emocional, además, se caracterizan por tener una dimensión fenomenológica donde la lucha por la supervivencia prevalece.

Los síntomas que el migrante presenta con mayor frecuencia son la tristeza, el llanto, la culpa, ideas de muerte, ansiedad, tensión, nerviosismo, preocupaciones excesivas y recurrentes, irritabilidad, insomnio, presencia de somatización en cefaleas, fatiga, molestias abdominales. El síndrome de Ulises se diferencia de los trastornos depresivos porque la tristeza es un Duelo extremo, un pesar intenso, más en la línea de la desolación, el migrante mantiene sus deseos de luchar, no pierde sus intereses, mantienen la autoestima, el migrante esta caído, pero no vencido.  

De otra parte, las emociones y percepciones de los migrantes, tienen que ver con su cultura y sentido de adaptación, sus competencias cognitivas, de autoconocimiento, autoanálisis, autoexploración para reconocer e interpretar signos y síntomas, su capacidad de juicio y razonamiento como instrumentos para reflexionar y dar prioridad a su proyecto de vida. La capacidad de amoldarse al nuevo sistema, es sin lugar a dudas uno de los grandes problemas que sufren los migrantes adultos en su primera etapa como migrantes. 

Existen algunas dimensiones estresoras en la migración, correspondientes a los desencadenantes que ocasiona la aventura del viaje. Ellas son:

  • La soledad, por la separación de la familia y los seres queridos, siendo más en la noche, cuando los recuerdos, las necesidades afectivas, los miedos salen a flote. Tiene que ver con los vínculos y la fuerza del apego.
  • Sentimiento de desesperanza y fracaso, cuando son pocas las oportunidades para salir adelante con el proyecto migratorio.
  • La lucha por la supervivencia, donde se incluye la alimentación y la vivienda y la realización del proyecto que le llevó a migrar.
  • El miedo, por los peligros físicos, los abusos, la desorientación que vive el migrante.
  • Ausencia de una red de apoyo social.
  • Temporalidad, donde se incluye el espacio de estadía, las fechas conmemorativas y retorno al país de origen.  

Dentro de este proceso de adaptación del migrante a su nueva sociedad, requiere de herramientas y apoyo psicosocial que le llevan al equilibrio entre su cultura nativa y la del país que le acoge, toda vez que está sometido a situaciones con tensión emocional, dentro de un conjunto de procesos psicológicos básicos asociados a la migración, término y estado que se le llama Duelo.

El Duelo como respuesta natural ante la pérdida, y como reacción de reconstrucción de la personalidad ante su desorganización, es la expresión integral que tiene el migrante durante el proceso de partida en búsqueda de nuevas oportunidades y realizaciones. Se corresponde con un trastorno de adaptación a su nueva condición de vida, manifestado en nostalgia que presenta con tristeza, llanto, cambios de humor, sentimientos de culpa, ideas de muerte, somatización, desorden psíquico, enmarcados dentro del proceso de Duelo que no se resuelve con la simple solución de haber de pronto encontrado el trabajo de sus sueños, ser legal en el país de acogida y una situación económica estable.

Con esta situación se hace vital e importante la elaboración sana del Duelo con su consecuente adaptación e integración, teniendo en cuenta los siete aspectos tales como: La familia y los seres queridos, la lengua, la cultura, la tierra, el estatus social, el contacto con el grupo de pertenencia y los riesgos para la integridad física.

Dado estos tipos de Duelo que vivencia el que se traslada de un punto a otro, el migrante adopta una forma de reacción o unos estilos de afrontamiento, que vive de acuerdo a su forma de manejar el estrés y la forma como elabora la reconstrucción de sus pérdidas, dónde según Achotegui (2002) se hacen notorios:

  • La negación. Visto como un todo es igual que en su país, no se siente afectado por el cambio.
  • La proyección. El migrante ve que la gente es diferente pero la de su país de origen es mejor.
  • La idealización. Tal como su ciudad de origen es más bonita, su barrio es mejor, su país es el mejor del mundo.
  • Animismo, donde la lengua, la cultura, el país son vistos con atribuciones de rangos humanos.
  • Formación reactiva,  intentando rechazar su cultura de origen.
  • Racionalización, separando el aspecto afectivo del cognitivo a fin de evitar el sufrimiento.

De otra parte, en concordancia con las dificultades que el migrante vive en su proceso, su Duelo será simple, complicado o extremo y dentro de sus características puede ser Duelo recurrente, parcial, múltiple, ambivalente o transgeneracional.

Los siete duelos de la migración

Duelo por la separación respecto de los familiares y amigos: Se dan grandes repercusiones psicológicas, debido a la afectividad del migrante con su entorno más próximo.  Es la oportunidad para reconstruir o fortalecer estas relaciones debido a la lejanía que se genera.  El migrante en algunos casos no encuentra en su nueva instancia una red de apoyo familiar y social.  Esta falta conlleva ansiedad, soledad, sentimientos de culpa, dificultades en la convivencia familiar, tendencia a sufrir disfunciones adaptativas, frustraciones acumuladas y miedo al futuro.  Esto requiere el apoyo urgente de los servicios psicosociales.

Duelo por la lengua materna: La lengua es uno de los vínculos que el niño establece con su grupo familiar, fundamentalmente con sus padres.  La adquisición de una nueva forma de expresarse comporta un gran esfuerzo por parte del migrante.  Para sus hijos y ellos mismos, se crean grandes tensiones lingüísticas al adaptarse al medio cultural del nuevo país.  Se concibe a la lengua como un vehículo de comunicación, un instrumento al servicio del intercambio de conocimientos, sentimientos e ideas.

Duelo por la cultura: Al marchar el emigrante deja atrás toda una serie de concepciones y actitudes acerca del mundo y de cómo una persona debe comportarse en él.  En el nuevo país las cosas pueden ser muy diferentes.  Cosas como la alimentación, el vestir, el sentido del tiempo, entre otros.  Cada cultura propone un o varios rasgos de personalidad específicos, como patrones de conducta.  Además se halla un aspecto común a todas las expresiones humanas: buscan aspectos de equilibrio como también de excitación y descubrimiento.  En la migración es muy fácil que sucedan choques entre estos dos enfoques de ser.

M. Rodrigo Alsina (1.999), habla de la cultura como un universo referencial, como un conjunto de valores otorgados a los diferentes aspectos de la vida, en una amalgama de significados individuales que tienen una fundamentación social, que son transmitidos por la familia y ejercidos en una transferencia de valores y creencias en cada persona desde que nace.

Duelo por la pérdida de paisajes, la tierra: La tierra simboliza a los padres, a los antepasados.  Los migrantes viven intensamente los cambios de paisaje, temperatura, humedad, luminosidad, colores, pluviosidad, olores, etc.  Esta carga emotiva ligada a la tierra conlleva sobrevaloraciones e idealizaciones acerca de ella.  Cuando se exagera mucho el valor de algo es porque no se tolera tal como es, por eso se altera, para que atienda los gustos y necesidades propias.  La tierra no ha sido siempre tan buena madre como se dice. 

Duelo por la pérdida del estatus social: La mayoría de los migrantes, aunque tengan ideas de progreso y mejora, retroceden a nivel de estatus social respecto a su sociedad de origen.  Las condiciones sociales de gran parte de los migrantes son tan precarias que dan lugar a que fracase su proyecto migratorio, siendo este tema uno de los que más demanda tiene, en lo que concierne a la ayuda psicológica.  Un reflejo de este Duelo es el pensamiento excepcional y casi extinguido del triunfo o ascenso del migrante dentro del nuevo entorno.

Duelo por la pérdida del contacto con el grupo étnico (nacional) de origen: la identidad étnica refleja la misma identidad humana: de género, generacional, religiosa, familiar, profesional, de clase social, etc.  Esto conlleva a una consciencia de un “nosotros” frente a la de un “ellos”, relacionando la pertenencia a un grupo humano con unas características comunes de cultura, historia, lengua, etc.  Estos procesos de identidad chocan fuertemente ya sea si son planteados por el autóctono o por los migrantes.

Duelo por la pérdida de la seguridad física.  La existencia de graves riesgos físicos: Los migrantes se ven amenazados por numerosos riesgos tanto para su salud como para su integridad física.  Esto comporta Duelo por todo lo que se ha perdido en el país natal: comodidades, seguridad, condiciones higiénicas adecuadas, alimentación suficiente, entre otros.   A esto se suma el alto índice de accidentes laborales y enfermedades ligadas a la explotación que padecen los migrantes o los viajes escondidos que realizan para llegar al país de sus sueños.  Por último se añade la violencia contra los extranjeros en algunos países.

Dimensiones del Duelo Migratorio

Adaptabilidad

La adaptabilidad tiene que ver con la capacidad del ser humano para integrarse a nuevos ambientes de acuerdo con su identidad. Se relaciona con los vínculos afectivos con sus seres queridos, su control emocional, asimilación, acomodación que se deben dar en el nuevo  lugar de residencia, en qué grado se ve a sí mismo como, como se siente.  Se puede afirmar que los migrantes generalmente llegan a vivir con personas conocidas, quienes dejan claro que ésta acogida es temporal, y que una vez tengan empleo deben buscarse otro lugar. Se destaca que quienes más se preocupan por conocer de las normas y las diferencias culturales son las mujeres.

Es importante conocer las leyes básicas, la cultura en general, la comida, costumbres, hábitos, sistema político, formas de identificación, uso del transporte público. Igualmente la  importancia de la socialización es relevante, puesto que enriquece la convivencia intercultural, se fomenta la comunicación y la interacción con otras personas, la formación y el desarrollo en los primeros años de la nueva vida.

Esperanza

La dimensión Esperanza tiene que ver con las oportunidades con las que el migrante cuenta para lograr sus objetivos, generando confrontación entre el presente y el futuro y entre su país de origen y el de acogida. Se tiene en cuenta su cognición, sentimientos y conductas. La migración conlleva aspectos positivos, existencia de beneficios, solución de problemas, todo se hace más llevadero si el individuo conserva latente su esencia, sus factores resilientes, su proyección, su plan de vida . El resultado será importante en cuanto a que los migrantes consideran que si  pueden cumplir con los objetivos que se propusieron a la toma de decisión de migrar, luchan por ello, se esmeran por conseguir sus metas, consideran vital su migración para la consecución de su proyecto de vida, van dominando las condiciones básicas esenciales de idioma, trabajo, convivencia, ven con mayor optimismo su futuro. Los nuevos migrantes no consideran la idea de regresar sin haber cumplido sus metas, y, una vez van logrando sus objetivos se quedan y se integran con su nueva cultura.

Realización

La realización implica una relación profunda entre los motivos que llevaron al migrante al hecho mismo de migrar, y su resultado desde el punto de vista académico, laboral y económico, midiendo el grado de cumplimiento de los objetivos propuestos. El migrante tiende a distorsionar su realidad para sentir menos nivel de frustración y mayor gratificación. Hace referencia al logro de nuevos estudios, las actividades de capacitación suministradas en el campo laboral en el que se están desempeñando, los migrantes con niveles educativos bajos son los que encuentran dificultades mayores para ocuparse de forma satisfactoria. Es importante resaltar que dentro del cumplimiento de los propósitos del  migrante está incluido el nivel académico y económico que van logrando, la no consecución de los logros propuestas lleva al individuo a vivir efectos contraproducentes en su autoestima.

Seguridad

Se presenta la lucha del migrante por su supervivencia, por la satisfacción de sus necesidades básicas, alimentación, vivienda, condiciones higiénicas, peligros físicos, el grado de aceptación por su nuevo entorno, los recursos internos y externos de apoyo emocional. (A. Maslow, 1943).

Resulta más difícil para el migrante conocer cuáles son sus posibilidades, el acceso a los servicios de salud refiere que debe considerarse según el origen, estilo de vida, cultura, códigos de salud, alimentación, entorno, idioma; igualmente se puede afirmar que el migrante llega a sentir algún tipo de exclusión en el comienzo del proceso, una vez establecido se integra a su  nuevo grupo social, llegando a sentir apoyo y comprensión incluso de sus jefes laborales.

Sociabilidad

La dimensión Sociabilidad reúne los aspectos de identidad, vínculos sociales nuevos, grupos de ayuda, fusión de tradiciones del lugar de origen y del nuevo lugar de residencia; se tiene en cuenta por tanto la percepción del migrante en cuanto a discriminación y exclusión social, sentimientos de seguridad y de apoyo. El migrante tiene a sentirse inseguro y abrumado, adoptando actitudes regresivas que conllevan conductas de dependencia, siendo sumisos por ejemplo ante figuras de autoridad, presenta quejas por frustración y dolor, sobrevalora a quienes considera líderes con una tendencia a jerarquizar. 

Este aspecto tiene mucho que ver con el desapego por sus congéneres del país de origen. Según Arango (2011) los seres humanos realizados asimilan la cultura del lugar de acogida con mayor facilidad, aunque generalmente en algún momento llegan a experimentar un cierto punto de discriminación.

Comentarios Finales

La investigación que sirve de base al presente documento demostró que en la medida en que el paso del tiempo se va dando, los migrantes van siendo parte integral de la nueva cultura. Factores importantes como la edad, el nivel académico, manejo del idioma, no tener hijos, son vitales dentro del proceso para que sea exitoso, además de mostrar que una vez cumplidas las fases que presenta el Duelo, el proceso de reestructuración de la personalidad tiene lugar de forma exitosa.

Se hace vital la socialización, la interacción interpersonal con el entorno en todo su contexto, los valores culturales que moldean en el migrante su tejido social, sus valores, su sentido de pertenencia a una clase social específica, sus motivaciones para migrar, para adaptarse progresivamente a su nueva vida.  Los seres humanos presentan una alta versatilidad, construyéndose permanentemente, manejando sus propios mundos internos y externos.

El Duelo Migratorio no puede verse como síntoma patológico que requiera una denominación específica de salud mental, toda vez que los procesos de aculturación, adaptación y asimilación son manejables en la medida en que el migrante reciba la debida información. La proactividad de los migrantes a la par de su capacidad de resiliencia, son factores que facilitan su proceso de adaptación y por ende, de la elaboración del Duelo migratorio en todo su contexto.

La migración puede llegar a beneficiar a la comunidad receptora, fomentando sus contextos solidarios y de convivencia, además de la ayuda en la mejora del clima social, la autoestima, la estabilidad emocional y la prosperidad del migrante.

Conocer acerca de los procesos de Duelo que conlleva la migración, permite el reconocimiento de emociones vivenciales, cada paso presenta un sentido para crecer.

Recomendaciones

Se hace indispensable que el migrante dentro de su proceso de preparación se documente frente a los aspectos legales, culturales, costumbres, restricciones, del lugar a donde va, además de conocer de los procesos emocionales a los que va a estar sometido. Es conveniente que el migrante organice un plan detallado paso a paso, con tiempos y pautas definidas.

Debe tenerse en cuenta los diferentes ámbitos de la realidad sociocultural que puede encontrar el migrante, como son el sistema político de gobierno, su estatus tecnológico, económico, social, familiar, cultural, personal en cuanto a valores y conductas, y las creencias y costumbres religiosas.

El apoyo de los grupos sociales de compatriotas ayuda durante el proceso de asimilación, se hace importante la participación del migrante y el apoyo del país receptor. Igualmente, la socialización con otros migrantes propende por el reconocimiento de la diversidad cultural, buscando complementarse con los integrantes del grupo, buscando acuerdos y consenso, articulando recursos, rompiendo barreras idiomáticas, institucionales, de la misma organización, facilitando el recorrido de los migrantes dentro del conocimiento de su nuevo entorno, generando colaboración y aportación de quienes están viviendo la misma situación.

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