5. Intervención

OBJETIVO: exponer vías de intervención educativa y familiar para fomentar en las niñas con alta capacidad  el desarrollo de  su potencial.

Una primera necesidad de intervención estaría relacionada con un reconocimiento tardío del problema y con la aplicación de métodos ligeros; hablaríamos de un modelo “demasiado tarde, demasiado poco”  (reconocimiento tardío del problema, junto al pensamiento de que las intervenciones han de suaves y que hay dejar pasar el tiempo) que debe ser sustituido por un modelo de intervención a nivel primario y, como indica Domínguez (2002), basado en perspectivas múltiples.

5.1.-ORIENTACIONES PARA PADRES Y EDUCADORES

Es en la familia donde principalmente se desarrolla el afecto, se moldean las emociones y se aprende a valorar la propia capacidad. También debe potenciarse la autoeficacia en la escuela, ámbito donde de manera principal conviven en igualdad de dificultad en las tareas niños y niñas, y desde esa convivencia es desde donde se construye la conceptualización del sexo contrario en términos de colaboración y no de enfrentamiento (Domínguez, 2002).

Silverman (1989) habla de la gran responsabilidad que tienen familia y educadores a la hora de evitar la invisibilidad de las niñas con alta capacidad. En este sentido, nos encontramos con diversas orientaciones y pautas de actuación para llevar a cabo con estas niñas.

Varios autores (Silverman, 1986,1989,1993; Pérez, 1995,1998) proponen los siguientes enfoques generales.

  1. Identificación como superdotadas en edades tempranas, antes de que las chicas con alta capacidad aprendan a desarrollar pautas de conducta de camuflaje y ocultación de su talento.
  2. Búsqueda de otras niñas superdotadas para identificarse.
  3. Reconocimiento de la alta capacidad de la niña por parte de la madre.
  4. Involucrar al padre en su vida.
  5. Evitar lenguaje  y estereotipos sexistas o burlas relativas a su capacidad.
  6. Asignar a todos los hermanos el mismo tipo de tareas.
  7. Trato equitativo a todos los hermanos, evitando estereotipos de rol.
  8. Hablar de programas televisivos que muestran estereotipos.
  9. Permitir que tanto las hijas como los hijos puedan disfrutar de tiempo libre en las mismas condiciones.
  10. Apoyar y ayudar a las hijas con alta capacidad en cualquier tarea que propongan.
  11. Animar y fomentar relaciones con mujeres profesionales con buena percepción de sí mismas. Introducir modelos femeninos con profesiones no estereotipadas.
  12. Desarrollar su capacidad crítica y de toma de decisiones.
  13. Involucrar a las hijas en las decisiones familiares.
  14. Evitar la sobreprotección. Fomentar la independencia.
  15. Colocarlas en programas especiales.
  16. Tratar de impedir su aversión por las matemáticas.
  17. Mantener altas expectativas de ellas.

Garrison (1989)  además también ofrece las siguientes orientaciones:

  1. Reconocer el derecho de la hija a tener su propia opinión.
  2. Buscar modelos naturales de comunicación, compartir ideas, aficiones, etc.
  3. Interesarse por sus gustos y aficiones.
  4. Evitar inmiscuirse en sus actividades, respetar su intimidad.

Para Meckstroth (1989) la familia debe tener presentes varios aspectos:

  1. Permitir que la hija disfrute de su tiempo, leer, pensar, soñar…
  2. Animarle a desarrollar una buena relación con mujeres con alta percepción de sí mismas y de sus trabajos.
  3. Fomentar que trabaje de forma autónoma y entusiasta.
  4. Necesidad de que la propia madre desarrolle adecuadamente sus propias capacidades para obtener metas, de modo que sirva de ejemplo para la hija.

Noble (1987) enfatiza la necesidad de trabajar, además sus capacidades intelectuales, los valores tradicionales femeninos como sensibilidad, cooperación, etc., para que no se perciban como algo negativo. Es fundamental desarrollar todo su potencial mediante el reforzamiento de la seguridad afectiva, independencia, autoaceptación, confianza y expectativas de éxito (Higham y Navarre, 1984; Fox, 1981).

5.2.-INTERVENCIÓN EN LA ESCUELA

Debido a la gran importancia que tiene para las chicas con alta capacidad sus relaciones sociales, los cursos de aceleración son poco elegidos por ellas. Esta opción de intervención podría ser utilizada siempre que no rompiese de forma dramática las redes sociales de las niñas con alta capacidad.

Fox y Zimmerman (1985) plantean la necesidad de desarrollar cursos de enriquecimiento más que de aceleración o asignación a clases diferentes. Lo ideal es que estos cursos tengan un elevado número de chicas.

Silverman (1986,1993) recomienda el uso de grupos de apoyo para mujeres superdotadas. La orientación y asesoramiento en estos grupos proporciona un fuerte sentido de identidad a las más jóvenes, y a las adultas les ofrece la comprensión y asimilación de sus propias dificultades a lo largo de su vida.

Cabe hacer mención a un colectivo que está expuesto a aún más dificultades, si cabe, a la hora de beneficiarse de programas de  intervención, estoy haciendo referencia a las niñas con alta capacidad que provienen de minorías étnicas y/o culturales y a las que provienen de ambientes socioeconómicamente desfavorables. Cualquier vía de intervención educativa debe encauzarse en la dirección en que cualquier niña, pertenezca al colectivo que pertenezca, pueda explorar sus opciones y  realizar tomas de decisiones de acuerdo con sus intereses y talentos.

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