3. Cómo comunicar la separación parental a los hijos

 

El proceso de comunicación de la separación conyugal a los hijos no es un paso nada fácil. En primer lugar, nunca hay que dudar en tomar esta decisión y de poner a los pequeños al corriente del cambio evidente que va a sufrir la situación familiar. Eso sí, es muy importante para los padres que hagan adaptaciones de su discurso teniendo en cuenta la edad de sus hijos: la información debe de ser verídica pero nunca agresiva para ellos. Es un gran error considerar que el ocultar la realidad de la separación a los pequeños los beneficiará en algún caso, ya que por lo general no hace más que exacerbar la confusión, inseguridad y la desconfianza con respecto a los padres. Lo ideal sería comunicar a los niños la decisión del divorcio con un tiempo de margen antes de que el padre no custodio abandone el hogar (unas dos o tres semanas), pero tampoco se debe de alargar la convivencia juntos mucho más tiempo, ya que sino los niños pueden interpretar la situación como de reconciliación o vuelta atrás.

El clima ideal para proceder al proceso de comunicación sería una situación de calma y en la que todos los miembros estén presentes: el delegar la responsabilidad de la comunicación de la situación en uno de los progenitores no hará más que aumentar el grado de incertidumbre y confusión en los pequeños, ya que en raras ocasiones suelen coincidir al cien por cien las versiones de la pareja rota. Es imprescindible hacer ver a los niños que la decisión se ha tomado de forma conjunta y mostrar ante ellos una comunicación fluida evitando tensiones, enfrentamientos y, sobre todo, descalificaciones al otro. También resulta imprescindible que los pequeños tengan claro que no está en sus manos el cambio de esta situación; poner en relieve que la decisión está consensuada y que no hay vuelta atrás. No se deben dejar esperanzas albergadas ni puertas abiertas, los pequeños tienen que empezar desde el minuto cero a asumir la nueva situación y a enfrentarse a ella de una forma óptima.

Jamás se debe involucrar a los niños en los detalles de la ruptura, sobre todo si hablamos niños de corta edad. Con dar una explicación general será suficiente, ya que sino causaríamos una implicación más alta en los pequeños con respecto a las causas de la separación y, por tanto, un mayor daño emocional. Además, es necesario dejar claro el tipo de relaciones que se van a romper (amor, compromiso conyugal) y que el vínculo paterno filial y fraternal siempre va a existir pase lo que pase con el matrimonio.

Una vez dada la noticia, es primordial dejar a los niños un tiempo para expresar lo que sienten y para responder a sus dudas o preguntas de la forma más asequible posible. Debemos ser comprensivos con las reacciones que puedan tener y, sobre todo, que ellos perciban calidez y apoyo para poder expresar sus miedos e incertidumbres con la nueva situación. De aquí en adelante, el trabajo de ambos progenitores no va a ser fácil, ya que deben encontrar de algún modo un equilibrio a la hora de educar a los hijos en la nueva realidad: jamás deben de mostrar una actitud victimista ante ellos ni sobreprotegerlos en exceso, aunque bien es cierto que un desarraigo y aislamiento excesivos tampoco serán beneficiosos.