2. Características clínicas del Síndrome de Asperger

 

2.1 Habilidades deficitarias

2.1.1 Lenguaje

La adquisición y desarrollo del lenguaje juega un papel principal en los TEA. Como se ha descrito anteriormente, el elemento que permite al profesional marcar la diferencia entre un trastorno autista o un SA lo marca el desarrollo del lenguaje (APA, 1994). Según este criterio, cabría esperar, que ni la adquisición ni el desarrollo del lenguaje estuvieran afectados dentro del trastorno objeto de estudio, pero este hecho ha creado controversia entre los investigadores (Martín-Borreguero, 2005).

En primer lugar, se hace necesaria una definición operativa de lo que se entiende por "ausencia de retraso en el lenguaje". Según la autora Martín-Borreguero (2005) un retraso en el lenguaje se evidencia por "la producción de palabras únicas antes de los dos años y combinación de dos o tres palabras en frases comunicativas antes o en el momento de alcanzar el tercer año de vida".

La importancia de este criterio diferencial en el diagnostico no ha provocado una mejora en las medidas de evaluación del mismo, que en la mayoría de las ocasiones se basan en las impresiones clínicas de los profesionales. Partiendo de esta base, parece lógico esperar que exista poco consenso en el ámbito científico en relación a la especificidad y validez del criterio lingüístico como característica diferenciadora del SA.

Sin embargo, diferentes estudios que se han llevado a cabo con individuos que padecen SA y han utilizado medidas estandarizadas para la evaluación del lenguaje, han mostrado resultados significativos, demostrando que el lenguaje si es una de las áreas afectadas en el síndrome objeto de estudio (Martín-Borreguero, 2005). En este sentido, la Federación de Asperger de España (F.A.E.), desde su comienzo, incluyó como parte afectada en los niños que sufrían SA el lenguaje. Concretamente define su lenguaje como "pedante, formalmente excesivo, inexpresivo, con alteraciones prosódicas y características extrañas del tono, ritmo, modulación, etc"

Además de reconocer que existe un retraso en su adquisición, afirma que lo hacen de forma anómala. Martín-Borreguero (2005), en una revisión exhaustiva sobre los diferentes trabajos realizados sobre el funcionamiento del lenguaje de los individuos con SA, desarrolla un perfil lingüístico que se resume a continuación:

Basándose en los tres aspectos del lenguaje (sintaxis, semántica y pragmática), establece en que áreas aparecen los déficits y en cuales el desarrollo se considera normal.

Sintaxis (relaciones formales entre las palabras): a pesar de haberse encontrado evidencia sobre la existencia de un retraso inicial leve en el desarrollo del lenguaje, la mayoría de individuos afectados por SA alcanzan un nivel adecuado de funcionamiento en este área (sintaxis y gramática).

Pragmática (capacidad de un individuo para evaluar globalmente un acto comunicativo y comprender las variables contextuales influyentes, además de su competencia a la hora de elegir unas formas lingüísticas con respecto a otras para expresar una intención). Este es, sin duda el ámbito más relevante en relación con el trastorno, ya que está directamente relacionado con los síntomas nucleares del mismo. En la revisión realizada, se pone de manifiesto que aunque no todos los aspectos del lenguaje pragmático están afectados, si lo están en su inmensa mayoría provocando así grandes problemas en el ámbito social del niño. Basándose en el modelo de Twachtman-Cullen (1998), realiza un perfil del individuo con SA en función de los diferentes componentes del lenguaje pragmático:

  1. Capacidad de expresión y comunicación de la intencionalidad para alcanzar unas metas u objetivos establecidos de antemano. En el individuo con SA aparece una forma de expresión de intencionalidad idiosincrásica, mayoritariamente de naturaleza instrumental y principalmente dirigidas a expresar sus propias necesidades. En este sentido, la expresión de intencionalidad de carácter social (ej. Iniciar una conversación), son actos, si no ausentes, bastante infrecuentes. Además, el hecho de que dispongan de su propia manera de expresar sus intenciones conlleva la incomprensión por parte de estos de las intenciones comunicativas desarrolladas por los otros (especialmente ante situaciones donde el interlocutor emplea la ironía o el sarcasmo).
  2. Conocimiento y nivel de comprensión social adecuados para realizar juicios sociales correctos y elaborar sus opiniones acerca de las necesidades y los estados emocionales de otros. Como cabría esperar, también existe un déficit en este área en las personas afectadas por SA, por lo que son incapaces de adoptar diferentes estilos lingüísticos en diferentes contextos basándose en los roles o estados emocionales constantemente cambiantes de los interlocutores.
  3. Capacidad por parte del individuo para comprender y aplicar las reglas del discurso y garantizar de esta forma la ejecución con éxito de intercambios conversacionales recíprocos. Los déficits en este ámbito se manifiestan principalmente a través de la especificidad y extensión con la que expresan sus eventos de interés, la aportación de cantidades excesivas de información sobre términos de relevancia mínima, y la centralización de la conversación en torno a sus propios intereses, gustos o necesidades. En este sentido, la conversación llega a ser incoherente, desconectada y descontextualizada.
  4. Habilidad adecuada para comprender y utilizar espontáneamente los aspectos no verbales de la comunicación o elementos paralingüísticos con el fin de facilitar la comunicación social. Aquí existen serias dificultades en la comprensión y expresión de la comunicación no verbal en general, básicamente en relación al contacto ocular, la coordinación gestual, el desarrollo de una expresión facial congruente con la información expresada en la conversación, en la postura corporal y en la prosodia y ritmo del habla.

Por lo tanto, pese a que uno de los criterios diferenciadores del SA reside en la ausencia de un retraso en el desarrollo del lenguaje, como se ha podido observar, los estudios concluyen que existen alteraciones en el lenguaje. Probablemente no sean tan clínicamente significativas ni tan incapacitantes como las que presentan aquellos niños que sufren trastorno autista, pero es una evidencia más de la necesidad de establecer una metodología dimensional a la hora de llevar a cabo el diagnóstico de un TEA.

2.1.2 Habilidades Sociales

Estrechamente relacionado con el lenguaje, elemento fundamental de la comunicación, se encuentran las habilidades sociales del niño. Partiendo de la existencia de serios déficits en el lenguaje en los sujetos que sufren SA, no es sorprendente encontrar anomalías en el desarrollo de las capacidades comunicativas de éstos. Las habilidades sociales se entienden como "ese conjunto de conductas emitidas por un individuo en un contexto interpersonal que expresa sentimientos, actitudes, deseos, opiniones o derechos de ese individuo de un modo adecuado a la situación, respetando esas conductas en los demás, y que generalmente resuelve los problemas inmediatos de la situación mientras minimiza la probabilidad de futuros problemas" (Caballo, 1986).

A pesar de no sufrir un retraso en la función cognitiva, los niños afectados por SA presentan alteraciones en el desarrollo de sus habilidades sociales, viéndose comprometidas áreas como la académica, la emocional o la socialización del niño (Rao et al. 2008). En este sentido, según los autores, los déficits en niños con SA se encuentran en las siguientes áreas: falta de orientación hacia los estímulos sociales, inadecuado uso del contacto ocular, problemas iniciando interacciones sociales, dificultades en la interpretación de las señales sociales tanto verbales como no verbales, inapropiada respuesta emocional y falta de empatía (Rao et al. 2008). Según Llaneza et al. (2010), las numerosas dificultades que presentan los individuos que sufren algún TEA, son debidas a la falta de lo que se denomina "Atención conjunta".

Esta atención comprendería un esfuerzo por compartir la atención de forma activa en lugar de pasiva, observando aquello a lo que los otros están prestando atención. Como dicen los autores, el punto crítico reside en "compartir conocimiento" o "compartir una actitud hacia una cosa o evento". Este hecho, sin duda, es uno de los comportamientos más deficitarios en los individuos que padecen SA.

La atención conjunta implica la consideración de nosotros mismos y de los demás, los pensamientos, necesidades, emociones, creencias, experiencias previas, motivos e intenciones; además de reconocer cuales son las diferencias existentes entre el yo y los otros. Por lo tanto, alteraciones en este tipo de atención conllevará serios problemas en la interacción social, ya que implica dificultades a la hora de comprender y darse cuenta de los pensamientos, sentimientos e intenciones de los demás, además de la incapacidad de verificación de cómo las propias acciones están influyendo en estos.

Entre las teorías que desarrollan una explicación a los déficits en la atención conjunta de las personas que padecen TEA, encontramos aquellas que hacen referencia a las neuronas espejo y la Teoría de la Mente (Villalobos et al. 2005; Williams et al. 2005 citados por Llaneza et al. 2010).

De esta forma, se hace comprensible que los niños que sufren SA sean incapaces de iniciar interacciones sociales con los iguales, empleen menos tiempo interactuando con ellos, tengan menos interacciones sociales de calidad y desarrollen principalmente capacidades para el juego no social. Este hecho limita seriamente la oportunidad del desarrollo y puesta en practica de todas aquellas habilidades sociales vitales para la independencia social del niño, además de las consecuencias que este hecho conlleva a nivel escolar, familiar o laboral (Owens et al. 2008; Granizo et al. 2006).

Por lo tanto, se hace evidente la necesidad alarmante de desarrollar programas de intervención que, de alguna manera, instauren y desarrollen estrategias de comunicación social a edades tempranas en aquellos niños que han sido diagnosticados de SA, con el objetivo de prevenir las posibles consecuencias de una mala ejecución social por parte de estos individuos.