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Artículos de Psicología

Las drogas psicodélicas en las fronteras del conocimiento humano
Por: Genís Oña

Psicología Online - Las drogas psicodélicas en las fronteras del conocimiento humano

La ciencia es el método que los humanos utilizamos de forma mayoritaria con la intención de conocer mejor nuestro mundo. Durante los últimos siglos de nuestra historia, el progreso de dicho conocimiento ha alcanzado niveles inimaginables, y en este proceso no solo se han logrado grandes avances científicos y tecnológicos, sino que también se ha conseguido que gran parte de la población pueda estar al corriente de los mismos.

Curiosamente, la progresión del conocimiento del mundo ha seguido un orden determinado, según el cual se han ido desvelando primero los misterios de aquellos objetos más lejanos a la conciencia que los reconocía, hasta atender a los más cercanos: primero fueron los cielos (Copérnico, Galileo) luego la Tierra (Werner, Hutton), las especies (Darwin) hasta llegar al ser humano con los avances médicos del siglo XX y al cerebro con la posterior “década del cerebro”.

Como se puede ver, la conciencia es el último objeto de estudio, es la observación del observador y no por casualidad, pues este es en realidad el auténtico reto del conocimiento humano: el conocimiento de uno mismo.

La “década del cerebro” permitió ahondar en las profundidades de nuestro órgano más complejo y desentrañar algunas de sus incógnitas, pero el estudio de la conciencia que se esconde tras la observación y la curiosidad por el mundo va mucho más allá, pues ciertamente no se encuentra limitada al cerebro, y representa la última frontera de la indagación científica.

En opinión del autor, el siglo XXI será recordado por el abordaje de esta cuestión. Y esto se debe, en parte, al renovado interés que estamos viendo por el estudio de las sustancias alucinógenas o psicodélicas.

Este proceso, denominado por algunos autores como renacimiento psicodélico1, se lleva produciendo desde la irrupción del segundo milenio aproximadamente, y lo ha hecho después de un largo vacío de varias décadas en las que no fue posible investigar con estas sustancias, principalmente debido a presiones políticas, pues la investigación nunca se prohibió de manera explícita. De hecho, el Tratado resultante de la Convención sobre Sustancias Psicotrópicas celebrado en Viena en 1971 especifica en el artículo 7 que “quedan prohibidos todos los usos de las sustancias de la Lista I (en la que se incluyen las drogas psicodélicas más consumidas como la LSD o la psilocibina) excepto el que con fines científicos y médicos hagan personas debidamente autorizadas {…} exigirán que la fabricación, el comercio y la distribución de dichas sustancias estén sometidos a un régimen especial de licencias o autorización previa”2.

Más allá del consumo recreativo, que lamentablemente resulta muchas veces nocivo, estas drogas poseen unos efectos psicoactivos únicos. Permitieron en su día la fundación de la psicofarmacología moderna3,4 y, además, representan una oportunidad única para indagar en la naturaleza de la mente humana, debido a su capacidad única para modificar su funcionamiento de diversas maneras. El mismo descubridor de la LSD, el Dr. Albert Hofmann, predijo que esta sustancia, para la psiquiatría, sería equivalente al microscopio para la biología o al telescopio para la astronomía.

Sería imposible enumerar todos los estudios que se están llevando a cabo desde hace algo más de 15 años, pues estos cubren un amplio espectro de líneas de investigación desarrolladas en varios países por profesionales de disciplinas tan variadas como la psicología, la farmacología o la química. No obstante, podemos fijarnos en algunos ejemplos que dan cuenta del crecimiento exponencial del interés por estas sustancias.

Podemos realizar una búsqueda en la página web clinicaltrials, donde se registran muchos de los ensayos clínicos que están en marcha en todo el mundo. Si buscamos los ensayos clínicos en los que se administra una droga psicodélica y los clasificamos por años, obtenemos el gráfico adjunto en la Tabla 1.


Tabla 1. Evolución del número de ensayos clínicos con drogas psicodélicas a lo largo de 17 años.

Como podemos observar, de 0 estudios registrados entre los años 2000 y 2005, encontramos 104 en los últimos dos años y medio. Cabe mencionar que sí había estudios en marcha en el primer periodo, y que en la actualidad hay muchos más que 104, pues esta solo es una medida aproximada, no todos los ensayos clínicos se registran en este portal. No obstante, podemos hacernos una idea bastante clara de la tendencia existente.

También podemos optar por buscadores de información científica más amplios como el que nos ofrece Web of Science, que recoge múltiples bases de datos en las que están registrados artículos, libros y cualquier material de todo el campo de conocimiento académico. En la Tabla 2 vemos cómo los contenidos disponibles sobre drogas psicodélicas han aumentado considerablemente en los últimos años, especialmente a partir de 2012, tras un pico importante en el año 2009.


Se pueden diferenciar dos grandes líneas de investigación en las que se utilizan drogas psicodélicas. Por un lado, tenemos toda la vertiente terapéutica, que intenta estudiar el potencial terapéutico de distintas sustancias, como la MDMA para el tratamiento del Trastorno por Estrés Post-Traumático5 o la psilocibina para el tratamiento de la ansiedad asociada a estados terminales6. En estos casos las sustancias actuarían como coadyuvantes dentro de un proceso psicoterapéutico previamente establecido, aunque hay otras sustancias que no tendrían por qué ir ligadas a psicoterapia, como es el caso de la ketamina en el tratamiento de la depresión7. Por otro lado, existen otros estudios en los que se lleva a cabo investigación experimental, y los cuales intentan aprovechar el mecanismo de acción de diferentes drogas psicodélicas para avanzar en el conocimiento neurobiológico y neuroquímico del cerebro o de nuestra mente. Entre otras muchas cosas, se ha analizado la experiencia de disolución del ego y relacionado con la conectividad funcional8,9 o se han descrito los correlatos neurales del estado expandido de conciencia inducido por estas drogas10.

Pese a que estos estudios y sus respectivos descubrimientos eran impensables años atrás y por ello debemos recibirlos con entusiasmo, no debemos olvidar reservar un espacio a nuestro juicio crítico y recordar que todos estos avances se llevan a cabo bajo un paraguas conceptual constituido por un fuerte reduccionismo materialista. Las drogas psicodélicas, como herramientas de investigación, representan una oportunidad para revisar muchas de estas concepciones que han regido la ciencia neuropsicofarmacológica prácticamente desde sus inicios, pues en las dos líneas de investigación previamente mencionadas se puede observar la importancia de los factores subjetivos y experienciales en la acción de los psicodélicos, no pudiendo reducir su efecto terapéutico o fenómenos como la conciencia a simples acciones neuroquímicas.

En las ciencias biomédicas se suele utilizar este reduccionismo materialista debido a la complejidad de los fenómenos estudiados, pues de otro modo cualquier aproximación experimental sería imposible. Sin embargo, el problema aparece cuando se confunde el objeto simplificado con el objeto real.

En definitiva, parece que en los próximos años podremos presenciar efectivamente una intensificación del estudio de la mente humana y la conciencia, un viaje que no sabemos muy bien qué nos deparará pues, como la vanguardia de la física, más que problemas resueltos hay nuevos e inesperados enigmas. Parafraseando a Kierkegaard, quizá nuestro objeto de estudio no sea un problema que resolver, sino una realidad para experimentar.

1Sessa, B. (2012). Shaping the renaissance of psychedelic research. The Lancet, 380(9838), 200-201.

2ONU (1971). Convenio sobre Sustancias Psicotrópicas. (https://www.incb.org/documents/Psychotropics/conventions/convention_1971_es.pdf)

3López-Muñoz, F. & Álamo, C. (2007). Historia de la psicofarmacología, Volumen 1. Madrid, España, Editorial Médica Panamericana.

4Torres, C.B. & Escarabajal M.D. (2005). Psicofarmacología: Una aproximación histórica. Anales de psicología, 21(2), 199-212.

5Amoroso, T. & Workman, M. (2016). Treating posttraumatic stress disorder with MDMA-assisted psychotherapy: A preliminary meta-analysis and comparison to prolonged exposure therapy. J Pshychopharmacol, 30(7), 595-600.

6McCorvy, J.D., Olsen, R.H. & Roth, B.L. (2016). Psilocybin for depression and anxiety associated with life-threatening illnesses. J Psychopharmacol, 30(12), 1209-1210.

7Singh, I., Morgan, C., Curran, V., Nutt, D.J., Schlag, A. & McShane, R. (2017). Ketamine treatment for depression: opportunities for clinical innovation and ethical foresight. Lancet Psychiatry, 2215-0366(17), 30102-5.

8Lebedev, A.V., Lövdén, M., Rosenthal, G., Feilding, A., Nutt, D.J. & Carhart-Harris, R.L. (2015). Finding the self by losing the self: Neural correlates of ego-dissolution under psilocybin. Hum Brain Mapp, 36(8), 3137-53.

9Tagliazucchi, E., Roseman, L., Kaelen, M., Orban, C., Muthukumaraswamy, S.D.,… Carhart-Harris, R.L. (2016). Increased global functional connectivity correlates with LSD-induced ego dissolution. Curr Biol, 26(8), 1043-50.

10Schartner, M.M., Carhart-Harris, R.L., Barrett, A.B., Seth, A.K. & Muthukumaraswamy, S.D. (2017). Increased spontaneous MEG signal diversity for psychoactive doses of ketamine, LSD and psilocybin. Scientific Reports, 7(46421).

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