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La Psicología ha muerto. larga vida a la psicología.
Por: Dr. Manuel Calviño

La Psicología ha muerto. larga vida a la psicología.

Como ven, el nombre de mi trabajo es un poco más extenso que el que aparece en el Programa Científico que ustedes tienen . Pero como la American Psychological Association no admite trabajos con nombre largo, entonces solicité a los organizadores quedarme con el nombre corto. Quiero que los editores de APA evalúen mi trabajo para publicarlo en alguna de sus Revistas. Una publicación en APA da más notoriedad que en cualquiera de las Revistas latinoamericanas y europeas que conozco.Es casi imposible ser eminente sin publicar en APA. Una vez publiqué un trabajo en la Community Psychology y casi me hice famoso. Si entre los presentes hay quien tiene contactos con APA me lo dice, por favor, para conversar después de mi presentación. Espero que alguno de ustedes me sirva de aval.

Agradezco a los organizadores de este prometedor encuentro la oportunidad que me dan para hablarle a tan nutrido y notorio auditorio que me rejuvenece. Me alegro de ser el primero: los que vengan después podrán borrar la mala impresión. De los que me conocen, si están aquí, espero aplausos. De los que no me conocen, por favor, mucha tolerancia.

“Solamente puede ser científico lo que sea discutible”
Demo P.

Hace apenas unos meses, dado el actual retraso en las comunicaciones producido por interrupciones telefónicas, ciclones, lluvias moderadas, passwords olvidados, máquinas ocupadas, congestiones en la línea, “el número no esta asignado a ningún abonado”, no hay tiempo de máquina, etc.... (por cierto, que cosa esta de las comunicaciones: Las “no –line” son tildadas de viejas, huelen a protohistoria. Las online, sin embargo, aunque sean viejas, como llegan en “tiempo real” gozan del artificio alucinatorio de la inmediatez generalizada: una suerte de trasposición categorial del reloj a la historia. El aquí-ahora como sinónimo del país peterpaniano de “nuncajamas”. Lo online es por definición nuevo. Ya esto no es la protohitoria. Peor aún: la “poto-historia”... al decir chileno) decía que hace unos días, con narcicística avidez me lancé a la lectura de una publicación “online” que referenciaba a su vez otra lectura “online” (esta última en pdf = para disminuir facilidades) del Review of General Psychology Vol. 6, No. 2, 2002. Un sugerente título me prometía encontrar a los “100 psicólogos más eminentes del siglo XX”. Con total premura sin leer siquiera los nombres de los autores y muchos menos los criterios de selección, fui directamente a la lista. Fui, como pueden suponer, a buscar mi nombre. Pero.... ¿ustedes lo podrán creer?, que terrible decepción: Mi nombre no estaba. Una lista inmensa de eminentes y yo no estaba. Que falta de respeto: miren que no ponerme a mi. El trabajo, anglosajón al fin y al cabo, contiene, por mandato de lo mejor de las estadísticas tradicionales, una lista de 99 escaños (puro artificio estadístico para ponderar las posiciones). “Ah! - pensé inicialmente -, obviamente es un error de la Revista. Seguramente el nombre que falta es el mío. El 100 soy yo” (estuve a punto de decirlo a todos mis amigos). Pero no. No había error. Me dejaron fuera.

(quizás los que confeccionaron la lista no saben que según www.vidaspasadas.com en mi anterior encarnación terrenal yo era mujer. Nací en algún lugar cerca del territorio de Nueva Zelanda en el año de 1350. Fui de profesión banquero, usurero, o juez - las tres cosas son más o menos lo mismo...lo que no entiendo es como siendo mujer logré ser alguna de esas tres cosas -. Tenía talento natural para la psicologia y sabía como aprovechar las oportunidades. Era de sangre fría y calmada en muchas situaciones. Además mi vida pasada me enseñó, para la presente, a amar y comprender el universo. Ser natural para lo sentimental, lo espiritual, lo fantástico y lo oculto..... ¿para qué cambié de vida?)

Como quiera que según Deveraux el camino del científico comienza con la ansiedad para desde allí construir el método, me lancé a una relectura de la lista.

(Ya sé que no estoy. Dejo las emociones aparte. Total ya Silvio me lo había advertido: “Mi país es pobre, mi piel es mejunje, mi gobierno proscrito, mis huestes utópicas. Soy candidato al inventario de la omisión, por no ser globable” - Silvio Rodríguez. Canción “Fronteras”. CD “Expedición”).

Y sí, me disminuyó la incomodidad individual, pero me movilizó, multiplicó y exacerbó la prosocial, tanto que al cabo de un rato me contenté con cantar la ironía de Juan Formell : “Que pena, que pena: yo no soy de la gran escena...” Es más, pensé: yo creo que no vale la pena. Digo que vale la pena no estar. Es más, no quiero. Aunque me lo imploren no me dejaré poner. Mis queridos amigos, esa lista me resultó indignante y vergonzosa. ¿Por qué?. Verán.... Recuerden que estamos hablando de los 100 psicólogos más eminentes del siglo veinte.

(Eminente: alto, elevado... Fig. superior, sobresaliente. Nuevo pequeño Larousse – En el sentido etimológico y usual, superior y distinguido por esta superioridad. Eminentia per metaphoram est excellentia. Vocabulario técnico y crítico de la filosofía. Sociedad Francesa de Filosofía).

Hace algunos años, cuando quizás la mayoría de ustedes no pensaba estudiar psicología (algunos ni pensaban...estoy hablando de 1976, yo ya era psicólogo), uno de los más preclaros pensadores de la psicología en nuestro continente, Alberto Merani en su “Historia Crítica de la Psicología...” escribió: “Los historiadores de la Psicología representan el reinado de la arbitrariedad. Hasta hoy el historiador de la psicología ha sido hombre de una sola doctrina, se ha mostrado demasiado orgulloso de una tradición psicológica, la de su mundo cultural, y ha considerado la psicología como ciencia típicamente anglosajona, como únicamente germana, o exclusivamente gala” (Merani A. 1976.p. 11). Pues bien... no, en realidad “pues mal”: poco ha cambiado, al menos para los que hacen, piensan y escriben desde la APA (hablo de la American Psychological Association, no de la Asociación psicoanalítica Argentina... aunque ambas tienen en común una vocación segregacionista).

(Adjunto la lista, aunque no voy a leerla ahora, para que los que no conocen el artículo en cuestión o no tengan modo de acceder a el, valoren después y armen su propio juicio).

Claro que hay indiscutibles (al menos en mi opinión: Freud Sigmund, - no Ana, pero también está. Quizás por aquello de que “de tal palo tal astilla”- Piaget, Kohler, Bruner, por solo mencionar algunos). Pero es que un primer problema de la lista se relaciona justamente con “los que están”. Que quieren que les diga... La lista la encabeza Skinner (Burrus...Frederick), a quien debemos agradecer por haber llenado las facultades de Psicología de este continente de ratas y palomas y otros animales mejores alimentados que una buena parte de la población de las ciudades donde dichas facultades existen. Más aún, parece que tendríamos que agradecerle por habernos comparado con ratas y hacernos sentir que somos unos animales domesticables por sistemas de reforzamientos además de políticos. Brilla en el primer cuarto de nombres listados el de Carl Gustav Jung, quien hizo lo imposible porque entendiéramos el “verdadero sentido ariohumanoracista” de la peor enfermedad del siglo en cuestión: el nazismo. Honestamente, no se si alguno de los vivos allí listados se complace mucho con la inclusión lapidaria de su nombre junto a defensores de los más reaccionario y brutal de la humanidad. Estoy pensando, por ejemplo, en Chomsky Noam, uno de los intelectuales que más ha aportado al descubrimiento de la esencia terrorista de la política norteamericana bushiana, y también la prebushiana, política que por demás en absoluta hipocresía malsana sustenta sus gritos guerrerísticos eufóricos en los terribles sucesos del once de septiembre norteamericano, pero esta comprometida con el silencio histórico de la violencia dictatorial pinochetista de un también once de septiembre pero santiaguino.

(No importa, así como existe un Ig-Nobel o anti-Nobel para premiar los trabajos que se han considerado como más ignominiosos y que no se deberían reproducir nunca, me contento pensando que algún día haremos nuestro listado, no de ignominias, sino de reivindicaciones objetivas).

Un segundo problema se relaciona con “los que están pero no están”. No, no es una “contradicción de la contradicción”. Me refiero a los que están pero sacados de sus contextos reales, y puestos “en copias y no en originales” (como dice Silvio, el que ya cité antes en su “Resumen de noticias”. CD “Al final de este viaje”). Los rusos, por ejemplo, se podrían contentar: le permitieron entrar en la lista a Pavolv Ivan Petrovich, solo que probablemente por su condición de conductista ruso, al decir de Sahakian. Incluyeron a Luria Alexander Romanovich, en este caso gracias a Nebraska, por la batería neuropsicológica, pero no por sus aportes a la comprensión de la determinación sociohistórica de lo psíquico. Y, lógicamente, la lista contiene al mismísimo Lev Semionovich Vygotsky, pero se encargan de decirnos que no esta allí por su teorización acerca del desarrollo cultural de las funciones psíquicas, ni por su fundamentación marxista de la psicología, sino por el Test de Vygotsky. Ya nada de esto me maravilla, ni me toma de sorpresa. Pero eso sí, todavía me indigna.

El tercer problema es “los que no están” (además de yo...ya eso lo superé). No esta Politzer George, ni Henri Wallon: europeos y además marxistas... (ni aunque supieran cantar el “Aserejé” con las Ketchup.

(“Aserejé ja de jé de jebe tu de jebere seibiunouva majabi an de bugui an de buididipi” ......yo no puedo).
Quien sabe si por la misma razón dejaron afuera a Fromm y a Reich: marxistas a su manera, críticos del capitalismo , y del socialismo también que conste.
(Que podemos esperar si Wundt Wilhelm está en un discretísimo lugar 93. Kurt Lewin si está. Está porque se “americanizó”. No por su época de oro típicamente europea).

A nosotros “los indios”, no nos dieron ni la más mínima oportunidad. Imagínense en la lista no hay Bleger José, ni Pichón Riviere Enrique. No hay Alberto Merani, no hay Anibal Ponce. No hay Maturana. No hay un solo latino. Hay un Garcia, es cierto. Pero es John, no es Juan. Y su inclusión se sustenta en ser muy conocido y citado por el “efecto García”....

(mi vocación de profesor: ¿alguien me puede explicar qué es el efecto Garcia?... levanten por favor la mano los que conocen el “efecto Garcia”. Nadie. Ya veo...: o hay muchos suspensos en esta sala o el efecto no aplica para eminente).... no se preocupen. Luego vayan a indagar. Les doy una pista: the study of taste aversion conditioning – ratas, estimulos condicionados, incondicionados, paladar, descarga eléctrica, nauseas. Ya se pueden imaginar).

No esta Emilio Mira y López (nacido por cierto en nuestra oriental Santiago de Cuba, un 24 de Octubre de 1896). Es que “Los cuatro gigantes del Alma” nunca se tradujo al inglés. Martín Baró hubiera preferido que lo sacaran de la lista, si por equivocación de los autores hubiera figurado: su honestidad, su pensamiento social y político no tendrían cabida entre las eminencias listadas. No hay un Ortega y Gasset, no hay un Bayes. No está ni Rubén Ardila que se ha pasado la vida coqueteando con los americanos y haciéndonos creer que defiende una psicología latinoamericana (es cierto que lo hace, pero de una manera un tanto rara). Eso sí, está en la lista, quien sabe si para recordar lo que pasa cuando se hacen cosas partiendo de principios tan poco sustentables, C Kagan... perdón un lapsus: J Kagan. C o J , igual Kagan.
(Según los eminentes trabajos el eminente Kagan, yo soy un inhido.... porque padezco de ciertas alergias y tengo los ojos azules – bueno, más o menos azules... por eso seré más o menos inhibido).

Perdónenme, si es que pueden y me lo merezco, los indiscutibles que allí están: los que abrieron senderos con profunda vocación y compromiso profesional, los que nos enseñaron a ser humanos profesionales y no solo profesionales humanistas, los que aún hoy forman parte de una tradición sólida desde la que queremos alzarnos a construir un nuevo momento para la psicología, una nueva psicología: la psicología que necesita el siglo veintiuno. Una psicología que deje atrás todos esos sectorialismos prepotentes y endebles, discriminatorios y enajenantes. Una psicología “con todos y para el bien de todos”.

Pero quiero llegar ya a un “cuarto problema”. Aquello no es un listado, es una lápida sepulcral. “Ars longa, vita brevis” (el arte es largo, la vida breve). Asi también “Psicología longa, psicologos brevis”. Y con el perdón de “los muertos de mi felicidad” (otra vez Silvio Rodríguez... se habrán dado cuenta que somos amigos) quiero demostrar que no es envidia, ni resentimiento, lo que me mueve a considerar como mejor no estar en “la centena eminente del siglo pasado”. De todo lo que he dicho y diré, y que ustedes escucharán si la tolerancia y la benevolencia los asiste, sumo y subrayo lo que algunos llaman el irrespeto, otros la discriminación, el desprecio, algunos el imperialismo científico, el neoliberalismo, las politiquerías editoriales de los poderosos. Agréguese también la pedantería, el norteamericanocentrismo. Pero sobre todo la incultura y esto sí que lo digo con todas las letras “la incultura norteamericanocentrista”, esa que no permite ni saber que “el sur también existe”.

El cuarto problema es que LA PSICOLOGIA HA MUERTO. No voy a pedir un minuto de silencio. Permítanme tan solo ver un poco más de cerca esta idea.

No nos falta valor
para emprender ciertas cosas
porque son difíciles,
sino que son difíciles
porque nos falta valor
para emprenderlas.
Séneca

Creo que fue en el Manifiesto Comunista donde Karl Marx dejó bien claro que el capitalismo había generado su propio sepulturero. Ya estaban entonces enterrando a un muerto: “todo lo sólido se desvanece en el aire”. Pero el muerto aún sigue vivo, no hay dudas. Incluso en ocasiones ni se ve muy agonizante, hasta el punto que hay quienes siguen creyendo que tiene bastante buena salud y se lanzan a sus entrañas en aras del “sueño prometido”. Vade Retro Satanas! . No faltan los que piensan que el ideólogo del proletariado no debió haber dicho (aunque si vaticinado) tal cosa, porque desde entonces el de “la muerte anunciada” se dio cuenta y se puso a hacer artimañas y manipulaciones para prolongar su vida: disfrazó a los obreros de cuello y corbata para disminuir su percepción de explotados y desposeídos, extendió sus largos tentáculos fuera de sus metrópolis instituyentes, robusteció su industria armamentista, creo alucinaciones paranoicas de enemigos, descentró la mirada del problema a los problemáticos cuyo listado confecciona el propio poder hegemónico.

Pero Marx no se equivocó esencialmente en su pensar dialéctico: cada institución crea su alborada, su despegue, su disolución, y esta última nace dentro de ella como negación imprescindible que la pone en la espiral del desarrollo. La muerte de la institución viene de la mano de su necesidad de desarrollo, cambio y superación.

(El imperio romano no fue destruido por los bárbaros, sino por las barabaridades de los grandes emperadores y la desintegración ética, moral y humana que se vivía. Los bárbaros apenas fueron el instrumento. “La muerte con su implacable función de artesana del sol que hace héroes, que hace historia..” – Canta Sara González. Autor: Eduardo Ramos)

Los propios autores de la controvertida lista a la que he estado refiriéndome (por cierto son casi más que un equipo de Basket Ball: 11 en total. A lo mejor cada uno puso a sus nueve amigos) lo hacen implícitamente evidente: "The discipline of psychology underwent a remarkable transformation during the 20th century, a transformation that included a shift away from the Eurpean-influenced philosophical psychology of the late 19th century to the empirical, research-based, American-dominated psychology of today" (Steven J Haggbloom et al 2002. p.139) Les doy mi traducción aproximada: “Durante el siglo XX, la psicologia sufrió una transformación que incluyó entre otras cosas, un alejamiento de la tendencia filosófica europea del siglo XIX hacia la tendencia empírica norteamericana, basada en la investigación, que domina hasta el día de hoy a la psicologia”. Todo esta claro. El listado es de la Psicología dominante, con todo el significado que esta palabra tiene en nuestro idioma.
(de cualquier modo, no puedo dejar de hacer evidente una vez más el nivel de incultura psicológica de los in-eminentes autores: ¿de que tendencia filosófica europea hablan?, ¿del laboratorio de psicología experimental de Leipzig a donde fueron a estudiar los anglosanojes? ¿de los trabajos de Weber, Fechner, Helmholtz? ¿de las investigaciones de Wurzburgo? ¿de los estudios experimentales de Ash sobre las tendencias determinantes? ¿del fenómeno “phi”, del efecto Zeigarnik, del efecto Ovsiankina? ¿de Sechenov, Pavlov y los materialistas rusos?. Señores no solo el sur existe. Europa también, y no puede ser reducida a sus filósofos ideoreflexivos)

El problema es otro: la consideración sine quanon de ser ellos el “epicentro neurovegatativo del mundo” y su modo de hacer ciencia, el carácter de ser científico. Ellos y su modo de pensar y hacer la ciencia psicológica. El listado, los que lo han hecho, son el resultado de ese modo de pensar y hacer: “Por sus frutos conoceréis al árbol” (dice La Sagrada Biblia). Están ciegos, porque como dice Barnet: “Qué oscuridad para el que sólo se alumbra de lo que ve” (Miguel Barnet. Con pies de Gato). Entonces han creado su “propio sepulturero” y esa Psicología ha muerto, “sit tibi terra levis!”, aún cuando tenga honrosos síntomas de vida y clarividentes designios de futuro.

¿Qué la ha matado... o la esta matando? Mi reminiscencia infantil judeocristiana me evoca para el análisis una asociación: Los Pecados.
(No olviden que los pecados capitales son siete...: siete como las maravillas del mundo, siete como las artes, siete como los sellos del cielo, siete como los días de la semana, siete como la capacidad de retención mnémica en condiciones experimentales... ¿y esto dio pie a que Miller entrara en la lista?. Porque, si es así, entonces Dios se equivocó al seleccionar doce apóstoles, como los meses del año; se equivocó al inscribir diez mandamientos... O a lo mejor tendremos que aceptar que es por eso que solo se cumplen el setenta por ciento, es decir, “siete” - ¿cuáles no cumplen ustedes?... y solo se recuerdan “siete” de los apóstoles, aunque a Judas y a Pedro (el más bueno y el más malo) no los olvida casi nadie. Con respecto a los meses del año, los jefes, por ejemplo, olvidan el mes de vacaciones, el pago del mes trece, el mes del cumpleaños del trabajador, el mes en que se comprometió a lograr los resultados y el mes en que los trabajadores se sobreesforzaron para superar una limitación organizativa: doce menos cinco son siete: Miller tenía razón. Merece estar en la lista de los eminentes).
No se preocupen, yo no voy a llegar a siete pecados de la psicología que se extingue, aunque el número no esta nada mal en comparación con otros.

(cada vez que me han hecho un “número ocho” he salido mal. El seis, a la cubana, con la natural “letrofagia” aplicada a la “s” final se me revela como el CI – cociente de inteligencia y de ese no me gusta ni hablar. El tres es un número de respeto “por eso llévatela, por el bien de los tres”. Y el uno: “El uno” en este país y para todo el mundo es “EL UNO”: mi total adhesión, mi compromiso militante y ordene!!!)

Veamos entonces “los cuatro pecadillos de la moribunda” y que conste que podríamos descubrir algunos más pero aún muchos de los archivos confidenciales no han sido desclasificados. Ya sabremos algunas cosas más.

La Psicología dominante ha pecado (ya saben porque lo digo de este modo) de “conservadurismo”. Ha defendido su superioridad con un anquilosado apego a los métodos experimentales derivados del “laboratorismo”, ha comulgado y entregado su alma al empirismo más pedestre como vía de reclutar para si los méritos de la cientificidad. En psicología las dos grandes tendencias de evidente humor conservador han sido: el apego al dato y las alucinaciones teoréticas. Un científico verdaderamente serio y de escala superlativa, un “eminente”, es aquél que ha logrado una construcción teórica medianamente coherente, preferiblemente novedosa, y que es capaz de valerse de datos empíricos obtenidos experimentalmente para acompañar sus elucubraciones conceptuales. En la psicología en extinción hoy como ayer se trata de una “construcción” cuyos pilares fundamentales son la determinación de un objeto teórico (la conciencia, la conducta, el inconciente, los metaprogramas, etc.), y un conjunto (preferiblemente sistema) de métodos que permiten un descubrimiento adecuado de las peculiaridades estructurales y funcionales del objeto definido. No hay prácticamente posibilidad de error, las diferencias empíricas que se pudieran encontrar no son más que formas variadas de expresarse un mismo concepto.

Pero hasta el mismísimo Kuhn reconoce que el conservadurismo reinante en la llamada “ciencia normal”, incluida la psicología, es, paradojalmente, la simiente de las revoluciones científicas. Cuanto mayores sean la precisión y el alcance de un paradigma, más sensible será como indicador de anomalías y consecuentemente una ocasión para el cambio de paradigma. El propio hecho de que, frecuentemente, una novedad científica significativa emerge simultáneamente en varios laboratorios es un índice de la naturaleza tradicional de la ciencia normal, así como de la forma con la que esa actividad tradicional prepara el camino para su propio cambio. (Kuhn 1971).

(pésimo momento el del mundo actual para el conservadurismo. El conservadurismo hoy nos puede llevar a la miseria: “La Comisión Europea estima que el capital intelectual se deprecia un 7% por año” (Informe del 24 de Mayo de 1991. Citado enTableau Noir – Gerard de Selys y Nico Hirtt , EPO, Bruselas 1998). En 10 años hemos perdido un 70% de nuestras potencialidades instaladas. La experiencia hoy vale por siete años, después de este tiempo pasa a ser “volumen innecesariamente ocupado en el disco duro”.

El conservadurismo, por supuesto tiene su juego malsano. El es el modo por excelencia de defender el statu quo.

Por eso, el segundo pecado clave de la Psicología que muere es “el hegemonismo”. Los que saben y los que no, los científicos y los profesionistas, los profesores y los estudiantes, los conocimientos y la experiencia, la psicología de verdad y las alternativas, los métodos cuantitativos y los cualitativos. No hay diálogo posible. Al fin y al cabo parece convincente la afirmación de Murphy: “Nunca se sabe quien tiene la razón, pero sí se sabe quien tiene el poder”.

El hegemonismo es fuente de discriminación, de levantamiento de muros infranqueables. Una ciencia psicológica que nace tiene que considerar que “no lado formal... o discurso...deve ser formalmente inteligível, lógico, bem sistematizado, competente em termos instrumentais; não deve levar à confusão, à indeterminação, mas à explicação, que permita aumentar o nível de compreensão da realidade; deve ser criativo e disciplinadamente voltado para a realidade.... No lado político... não se colhem resultados definitivos, a não ser nas ilusões totalitárias; não cabe o dogma; não param as ciências sociais no discurso, mas devem assomar o diálogo, ou seja, comunicação de conteúdos; não há como separar teoria e prática, a não ser para escamotear práticas escusas ou esconder interesses; o estudo dos problemas tem a ver com suas soluções; caso contrário, tornam-se ciências anti-sociais" (Demo P. 1989. pp.26-27).

Ha sido el hegemonismo el paradigma de desintegración de la psicología. Los inicios de la psicología han sido reconocidos como un campo de batalla en el que interactuaban diversas corrientes y escuelas de pensamiento. Aunque Heidbreder nos haya dejado la sensación de que las Escuelas clásicas (estructuralismo, conductismo, gestaltismo, psicoanálisis, etc.) se sucedieron una tras otra, esta no es la realidad. Ellas pugnaban en época similar y en algunos casos hasta en el mismo escenario geográfico por una primacía: la primacía de la verdad científica. Por eso en buena medida se estructuraban desde la diferenciación con sus “colegionarios de ciencia”.

(es justo decir que las llamadas Escuelas tenían una supratarea en común, un suprasentido existencial, una unidad intencional: probablemente la constitución de la ciencia psicológica como ciencia independiente, el que la psicología fuera reconocida como ciencia en el parnaso de las ciencias fuertes. Insisto que hoy podemos darnos el lujo (vaya malsano lujo) de dicotomizarnos (tricotomizarnos,cuatri, penta, etc... cotomizarnos) en ciencias psicológicas. Hoy no somos (salvando deshonrosas y absurdas excepciones) cuestionados como ciencia. La “santa inquisición” nos ha dado el privilegio de ser una ciencia... “blanda”. Que más queremos: dos psicólogos han ganado el Premio Nobel. Uno en 1978 y el otro este año. Solo que los dos han ganado Premio Nobel de Economía).

Por efecto directo del hegemonismo (y obviamente algo más), la Psicología padece de dicotomizaciones, tricotomizaciones, multicotomizaciones. Se confunde la diversidad con la desintegración. Ellas se presentan como diferenciaciones científicas, como relevantes solo al campo de la geografía conceptual de la ciencia. En la práctica ellas funcionan como estructuras de poder: Hablo del poder que se revela en el hecho indiscutible de que la historia “escrita por los cazadores y no por los leones”, al decir de Galeano, define la comprensión de los roles percibidos de cada cual: los cazadores son los buenos,los leones son los malos (los cowboys y los indios, los legionarios y los árabes, los americanos y los japoneses, etc.) Hablo del poder que Foucault M. significó como estructura total de actos aplicada a posibles actos (Foucault M. 1980), ese que “está en todas partes no porque englobe todo, sino porque proviene de todos los lugares”(idem. 1977. Cap II,2). Hablo del poder de los que pueden, que hace que los que no pueden, puedan cada vez menos. Siendo dichas “x-cotomizaciones”, diferenciaciones y disgregaciones resultado de luchas de poder, entonces otra vez: No vale la pena: “los bárbaros pasearán por Roma” o “Roma seguirá siendo un imperio”. A Rey muerto Rey puesto.

(Los latinos hablamos distinto a los norteamericanos, materializamos linguísticamente nuestro pensamiento de manera diferente a la de los anglosajones, pensasmos diferente, miramos de otra forma a la realidad, somos portadores de una lengua rica en matices y adjetivaciones. No importa, tenemos que escribir como las normas de la APA nos exige, infelizmente no solo para las revistas apistas, sino incluso para las nuestras)

El hegemonismo es un mal arraigado con mucha fuerza en las instituciones occidentales. Con desfachatez acostumbrada hace poco escuché a un político (más bien un “p-ale-olítico”) estadounidense decir: “No tenemos la culpa de ser la potencia hegemónica mundial”. Pero aún así, el mundo esta tratando de cambiar. La realidad (el realismo) más temprano que tarde se impondrá. Pero no basta con leer la preNsa para enterarnos cuando cambie. Esa es una noticia que tenemos que escribir entre todos. ¿Está la Psicología en contacto con esos cambios? Verdaderamente no. Parece ser más justo, su vículo con estos cambios es bastante superficial y poco voluminoso.

Hágase una revisión de los trabajos más significativos de los “eminentes listados” y verán la exactitud de lo que estoy diciendo. Para no pecar de extremista, me remito al siguiente hecho. Uno de los acontecimientos que más estremecio al mundo en la segunda mitad del siglo de “los eminentes” fue la segunda guerra mundial con todo lo que pueden suponer incluído. ¿Cuáles fueron las lecciones de la guerra para la psicología? ¿qué modificación esencial trajo en los modelos de desarrollo de la ciencia?. Tomo dos de los eminentes: En la primera guerra mundial Köhler se fue con los monos a Tenerife. En la segunda se fue con Lewin a los Estados Unidos. Sin embargo, Viktor Emil Frankl, que no es eminente, la pasó en un campo de concentración y desde esa experiencia se aproximó a la psicología. Corriendo el riesgo de ser excesivo, la reacción dominante de los psicólogos de la psicología dominante fue: “Al fin acabó la guerra. Ya podemos seguir haciendo lo mismo que antes”.

La Psicología dominante ha pecado (ya me asocié a esta figura retórica y dudo que sea bueno cambiarla) de “ensimismamiento”. Las instituciones científicas de la Psicología en extinción viven con prominencia una suerte de “autarquía”: lo que producen constituye su principal alimento. Los destinatarios de los conocimientos científicos parecen ser los propios científicos. Mecanismo endógeno bien particular. El “grupo objetivo” o “target” de los conocimientos científicos producidos por un investigador son sus propios compañeros, los otros investigadores. Es común entonces entre los “científicos” separarse de la realidad para hacer más científica la ciencia. Animas en pena que circulan por los viejos laberintos de las prescripciones positivistas. Con esto la psicología dominante pierde de su camino la realidad para vivir una “realidad construida” y no en el mejor sentido de las conceptualizaciones constructivistas, sino más cercano a la idea del demiurgo platoniano. Entonces le sucede a esta psicología en extinción como al socialismo soviético: “se volvió obsoleto porque la distancia entre su retórica y su realidad no podía salvar ya su legitimidad, ni permitir su funcionamiento...” ( Blanco J.A 1998. p.128).

Interesante que los ausentes en el listado del Review of General Psychology han llamado la atención durante años acerca de estos “sepultureros”, pero sus voces no fueron escuchadas. No dejaré nunca de recordar aquella sentencia de Bleger: “La Psicología clásica nos ofrece, en lugar de vida humana, procesos que no son nuestras acciones cotidianas” (Bleger J.1967.p.41). Aparece la Psicología como víctima de una posesión medieval inexsorcizable: demostrar la veracidad del dogma, para nada cuestionarlo. Se arriba así a la “escolástica de las nominalizaciones” y se pone en juego el mismo carácter científico de la disciplina, porque se enarbola una extraña “dialéctica nominalista” que olvida que “la adhesión inmediata a un objeto concreto, captado como un bien, utilizado como un valor, ata demasiado fuertemente al ser sensible..” considerando de aquí que lo que concede veracidad “es la satisfacción íntima; no la evidencia racional” (Bachelard G. 1983.p.282). La adhesión a una categoría, a un concepto, a un sistema teórico evaluado como autosuficiente y único, al declarar la falta de racionalidad del otro se hace así mismo carente de racionalidad. Se olvida que la verdad es siempre una relación, nunca un absoluto.

Por demás, el laboratorismo, el experimentalismo, no nos salvan de la vida real, ni porque seamos psicólogos. Así como un oncólogo puede morir de cáncer y un cardiólogo de un infarto masivo, así como un pacifista puede morir por un acto terrorista, un psicólogo separado de la realidad muere en la realidad y por la realidad.

ORINDA , October 16, 2002 -- A 70-year-old psychologist is dead and his wife was in custody, apparently after a domestic dispute ended in violence inside their secluded home in the exclusive Country Club area. The victim was professor on the School of Psychology faculty at Argosy University's Point Richmond campus.
Mi traducción: ORINDA, Octubre 16, 2002—Un psicólogo de 70 años esta muerto y su esposa está bajo custodia, aparentemente después de una disputa doméstica que terminó violentamente dentro de su apartada casa en el área exclusiva del Country Club. La víctima era Profesor de la Facultad de Psicología en el Campus Richmond de la Universidad de Argosy.
Rogers (a quién también hubiera concedido mi voto para incluirlo en la lista de los que han dejado huellas movilizadoras y de crecimiento) nos vaticinó algo con “La revolución que viene”. Se trata de la muerte de una psicología y la vida de otra.

Los conceptos y nociones con los que esencialmente opera “la extinguiéndose” en su geometría psíquica están claramente delimitados (dentro de lo que cabe para un conjunto de disciplinas que se instituyen desde la noción de subjetividad). Pero, de alguna manera, su inscripción distancia su discurso del discurso de su usuario y por ende del sentido cotidiano de las prácticas que deberían derivarse. Se es demasiado clásico. Mientras, los usuarios, llamados con frecuencia en pertinente metáfora “los pacientes”, pacientemente, esperan la traducción de los metalenguajes. Más aún, esperan el arribo de sus representaciones cotidianas a la geografía conceptual de nuestros mapas cognitivos. Necesitamos entonces la construcción de un descentramiento del pensamiento psicológico que anule la dicotomía esencialista entre lo real y lo imaginario y desplace las fronteras de cada uno al interior de un universo único: el espacio de la realidad. Entonces, para que quede bien claro, repito con Alfredo (amigo argentino y psicoanalista.... nadie lo creería): “De lo que estoy seguro es que la supervivencia – de la psicología, estoy agregando yo - está ligada al respeto insobornable por la realidad y el análisis científico y socio-político que ésta exige” (Grande A. 1996. p.93).

Me atrae la idea de la pecaminosidad de la ciencia. Pero no son esos los pecados que me atraen. No es eso lo que esperamos, lo que queremos, lo que demandamos para una ciencia psicológica. La Psicología ha muerto. Larga vida a la psicología. Pero no a la misma psicología, sino a otra psicología. Ingenuos aquellos que creen que los modelos de la difunta (o en vías de defunción) serán las alternativas para el futuro con algunas correcciones. No será la síntesis experimental del comportamiento la alternativa adecuada para la integración de la psicología. No será el psicoanálisis. Tampoco las invenciones pseudocientíficas de sabor a literatura para semianalfabetos. Todo eso es fantasmagórico, ya no es más que una mueca, de mal gusto por cierto y grotesca. Me quedo con Silo: “...humanizar es salir de la objetivación para afirmar la intencionalidad de todo ser humano y el primado del futuro sobre la situación actual. Es la imagen y representación de un futuro posible y mejor lo que permite la modificación del presente y lo que posibilita toda revolución y todo cambio...el cambio es posible y depende de la acción humana” (Silo 1994. p.81)

(Me acerco al final. Me gustaría tener un poco de música de fondo: Vangelius “Carretas de Fuego”. Eso sería un final “supercool” y con este parecido que tiene Brad Pitt conmigo pues hasta pudiéramos pensar en autógrafos. No se desesperen. Tendrán en esta semana excelentes conferencistas. No me extrañarán.... demasiado).

El cuarto pecadillo, que no es lo mismo que “el pecadillo del cuarto”, se asocia al para qué. A la intencionalidad de la ciencia.

Ellos, los eminentes quisieron hacer una ciencia psicológica absoluta, siempre vuelvo a la misma imagen: “un líquido que lo disuelva todo”. Estaban de cara al laboratorio y de espalda a la realidad. A la psicología de la personalidad malamente la consideraban psicología. La clínica era una herencia psiquiátrica de importancia relativa. El nucleo de la psicología se construye en la investigación fundamental básica y desde el emana el saber que en el mejor de los casos se aplica en situaciones concretas y por ende reales. La realidad observada, considerada, tratada es la que el “ojo de la ciencia” dictamina. La psicología de los eminentes se ha construído de lo abstracto a lo concreto, paso mediado por el referente empírico de la investigación. La misión de la Psicología es construir la Psicología. Esto es “suicidio intelectual” en el mundo de hoy. Esto es extinción.

Hace poco, en una reunión algo similar a esta, pero con un promedio de edad menos favorable para mi gusto, intentaba desentrañar en pocas palabras el destino que nos convoca en la naciente psicología. Me tomo el atrevimiento, uno más que mas da, de citarme a mi mismo.

Hay un suprasentido que sustenta la unidad real, la misión aglutinante de la psicología como ciencia y como conjunto alternativo de praxis profesionales. Podemos (y debemos) construir una hipótesis, que al menos nos refuerce la energía positiva (tan necesaria en estos tiempos difíciles). Entonces ¿cuál es la misión de nuestra ciencia? ¿cuál es la unidad de los que aquí nos congregamos y que andamos esparcidos por el mundo sembrando bienestar: Nuestra misión desde y para siempre es la felicidad. Sin saberlo incluso, nos unimos todos en un espacio en que somos luchadores por la felicidad. Más allá de la o las psicologías, de sus modelos teóricos, de lo que sabemos y de lo que no, todo lo que hagamos, todo lo que instrumentemos en nuestras praxis profesionales se supedita a nuestra misión: la gestión de la felicidad humana. Hablo de la felicidad como el ansia de vivir plenamente y obtener de la vida bienestar. No hablo de la felicidad del tener, sino de la verdadera felicidad del ser.

No estoy para nada hablando de ser participes de la construcción de Campos Elíseos, paraísos prehelénicos de paz y felicidad plenas en las representaciones mitológicas, residencia de los bienaventurados, donde las almas viven en total felicidad, rodeadas de hierba, árboles y suaves brisas, y envueltas en una luz rosada perpetua (en cualquier caso, me gusta la idea). Nuestra unidad “psi” no nos hace psi-cóticos, sino psi-cólogos. Estoy hablando de la construcción de la plenitud de la vida, de la felicidad como encrucijada de deseo y conocimiento: Sentir el deseo de vivir y saber como llevarlo a su destino en las condiciones reales de la vida. Y precisamente entre el sentir y el saber están nuestras prácticas, tendiendo puentes, develando resistencias, legitimizando historias.

En su último Informe del siglo pasado sobre Desarrollo Humano y que el PNUD publicó en el mes de julio de 1999, se demuestra la forma en que se ha polarizado el mundo: la quinta parte más rica de la humanidad posee el 85% del PNB y la quinta parte más pobre sólo tiene el 1%. Es tan apabullante la diferencia que hay tres personas que poseen juntos un capital de $156 billones, mayor al total producido por los 43 países menos desarrollados del mundo, en donde viven 600 millones de personas. En los últimos cuatro años las doscientas personas más ricas del mundo han más que duplicado su riqueza (más de un trillón : mil billones!), mientras que quienes viven con menos de un dólar al día permaneció igual. La felicidad esta en seria depauperación. Nosotros los latinoamericanos lo sabemos muy bien. Estamos llenos de pobreza, de desnutrición, de analfabetismo. No hay mal social que no nos aqueje. No hay camino a la felicidad que no intenten entorpecérnoslo. A muchos hablarles de felicidad puede parecerles una malsana ironía. La realidad que vive la inmensa mayoría de las personas que habitan este continente es sencillamente inmerecida. Nuestros pueblos no se merecen esa vida. Nos merecemos la felicidad.

¿Se puede ser un luchador por la felicidad y dar la espalda a esta realidad? Los psicólogos de la lista “eminencial” vivieron en el siglo que nos dejó estos apenas superficiales datos de la realidad del mundo. Desde las ventanas de sus laboratorios este paisaje probablemente no se divisaba. No los culpo, aunque como dicen los abogados “el desconocimiento de la ley no exime de su cumplimiento”. Algunos abrieron sus ventanas e incluso se lanzaron a la calle. Pero lo cierto es que en los textos de psicología “de eso no se habla”. Una nueva psicología esta gravitando en el escenario actual. La necesitamos. La queremos. La tenemos que hacer. No para engrosar la lista de “los 100 del siglo XXI”
(a decir verdad, digo con Antonio Porchia: “aunque obtuviese el bien que no merezco, no podría vivirlo; el bien que merezco, sin embargo, puedo vivirlo, aunque no lo obtuviese”) sino para llegado el momento, poder decir con la frente en alto: “he sido psicólogo, que es decir aliado de la esperanza y constructor del bienestar humano”.

Muchas Gracias.

Bibliografía

  1. Bachelard G. (1983)La formación del espíritu científico. Undécima edición. México. Siglo XXI.
  2. Blanco J.A (1998) Tercer Milenio. Una visión alternativa de la posmodernidad. Edición del Centro Felix Varela. La Habana.
  3. Bleger J. (1967) Psicoanálisis y dialéctica materialista. Buenos Aires. Paidos.
  4. Demo P. (1989) Metodologia científica em ciências sociais. São Paulo: Ed. Atlas 2a edição revista e ampliada.
  5. Foucault M. (1980) Power / Knowledge: Selected Interviews and Other Wrintings 1972-1977. Brighton, Sussex: Ther Harvester Press.
  6. Grande A. (1996) “El Edipo después del Edipo. Del psicoanálisis aplicado al psicoanálisis implicado”. Editorial Topía. Colección Psicoanálisis y Cultura. Argentina.
  7. Kuhn, T. S. (1971) La estructura de las revoluciones científicas.Fondo de Cultura Económica. México.
  8. Merani A (1976) Historia crítica de la psicología. De la antigüedad griega a nuestros dias”. Grijalbo. México DF.
  9. Silo (1994) Cartas a mis amigos.Santiago de Chile. Virtual ediciones.
  10. Steven J. Haggbloom, Renee Warnick, Jason E. Warnick, Vinessa K. Jones, Gary L. Yarbrough, Tenea M. Russell, Chris M. Borecky, Reagan McGahhey, John L. Powell III, Jamie Beavers, and Emmanuelle Monte (2002) The 100 Most Eminent Psychologists of the 20th Century. Review of General Psychology Vol. 6, No. 2. pp. 139-152.


LISTA DE LOS “100 PSICOLOGOS MAS EMINENTES DEL SIGLO XX”


1. Skinner, B. F.
2. Piaget, Jean
3. Freud, Sigmund
4. Bandura, Albert. (Teoría del aprendizaje social)
5. Festinger, Leon. (Teoría de la disonancia cognitiva)
6. Rogers, Carl R. (Terapia Rogeriana)
7. Schachter, Stanley.
8. Miller, Neal E.
9. Thorndike, Edward.
10. Maslow, A. H.
11. Allport, Gordon W. (Estudio de los tiempos de reacción)
12. Erikson, Erik H.
13. Eysenck, H. J. (Inventario de personalidad de Eysenck)
14. James, William . (Teoría de la emoción de James–Lange)
15. McClelland, David
16. Cattell, Raymond B.
17. Watson, John B. (Conductismo Watsoniano)
18. Lewin, Kurt .
19. Hebb, D. O.
20. Miller, George A.
21. Hull, Clark L.
22. Kagan, Jerome
23. Jung, C. G.
24. Pavlov, Ivan P.
25. Mischel, Walter
26. Harlow, Harry F.
27. Guilford, J. P. (Inventario de la personalidad de Guilford–Martin)
28. Bruner, Jerome S.
29. Hilgard, Ernest R.
30. Kohlberg, Lawrence . (Estadios del desarrollo moral de Kohlberg)
31. Seligman, Martin E. P.
32. Neisser, Ulric
33. Campbell, Donald T.
34. Brown, Roger
35. Zajonc, R. B.
36. Tulving, Endel
37. Simon, Herbert A.
38. Chomsky, Noam
39. Jones, Edward E.
40. Osgood, Charles E.
41. Asch, Solomon E.
42. Bower, Gordon H.
43. Kelley, Harold H. (Teoria de la atribución de Kelley)
44. Sperry, Roger W.
45. Tolman, Edward C.
46. Milgram, Stanley. (Estudios de obediencia de Milgram)
47. Jensen, Arthur R.
48. Cronbach, Lee J. (Coeficiente alpha de Cronbach)
49. Bowlby, John.
50. Kohler, Wolfgang. Kohler’s
51. Wechsler, David. (Escala de inteligencia de Wechsler)
52. Stevens, S. S.
53. Wolpe, Joseph
54. Broadbent, D. E.
55. Shepard, Roger N. (Escala Kruskel–Shepard)
56. Posner, Michael I.
57. Newcomb, Theodore M.
58. Loftus, Elizabeth F.
59. Ekman, Paul
60. Sternberg, Robert J.
61. Lashley, Karl S.
62. Spence, Kenneth
63. Deutsch, Morton. (Ilusion Deutsch)
64. Rotter, Julian B. (Escala de Locus de control de Rotter)
65. Lorenz, Konrad
66. Underwood, Benton J.
67. Adler, Alfred.
68. Rutter, Michael
69. Luria, Alexander R. (Batería Neuropsicológica de Luria–Nebraska.)
70. Maccoby, Eleanor E.
71. Plomin, Robert
72.. Hall, G. Stanley.
72. Terman, Lewis M. (Test de habilidad mental de Terman–McNemar)
74. Gibson, Eleanor J.
74. Meehl, Paul E.
76. Berkowitz, Leonard
77. Estes, William K.
78. Aronson, Eliot.
79. Janis, Irving L.
80. Lazarus, Richard S.
81. Cannon, W. Gary. (Teoria de la emocion de Cannon–Bard)
82. Edwards, A. L. (Escala de preferencias personales de Edwards’s)
83. Vygotsky, Lev Semenovich. (Test de Vygotsky)
84. Rosenthal, Robert. (Efecto Rosenthal)
85. Rokeach, Milton.
88. Garcia, John. (Efecto Garcia)
88. Gibson, James J. (Teoría de la percepción espacial de Gibson)
88. Rumelhart, David.
88. Thurston, L. L. (Escala de actitud de Thurston)
88. Washburn, Margarete.
88. Woodworth, Robert.
93. Boring, Edwin G.
93. Dewey, John
93. Tversky, Amos
93. Wundt, Wilhelm.
96 Witkin, Herman A.
97 Ainsworth, Mary D.
98 Mowrer, O. Hobart
99 Freud, An

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