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El trastorno de pánico: Manual para el paciente | Introducción
Por: Dr. Oscar Fiorio

El trastorno de pánico: Manual para el paciente - Introducción

INTRODUCCIÓN

Hoy se encuentran por centenas los libros dedicados a la autoayuda, en especial los que tienen como tema central la angustia en sus diferentes formas.

De a poco nuestro lenguaje cotidiano se ha llenado de expresiones desconocidas: Trastorno de pánico; estrés post-traumático; fobia social; trastorno obsesivo, etc.

Parece que en nuestra época se han descubierto o han aparecido enfermedades que antes no existían.

¿Pero es esto así? ¿Son nuevos trastornos que han venido a asolarnos, como el HIV? ¿Es consecuencia de nuestro estilo de vida post-moderno? ¿Tendrá algo que ver con la llamada crisis de valores; con la nueva organización de la familia; con los ideales actuales de la juventud?

Por otro lado, estas enfermedades nuevas: ¿Son graves? ¿Son curables? ¿Se pueden evitar? ¿Puedo hacer algo por mí mismo si me veo afectado por ellas?

En la siguiente exposición se tomarán estos puntos para abrir al público interesado las puertas a un tema que está latente detrás de todos estos nombres y que es la angustia como tal. La angustia en tanto punto de un dolor que es tan intolerable que estas enfermedades, paradójicamente, tratan de contener, de arrinconar, de evitar o de amurallar.

Pero esto ya es tomar partido sobre el origen de estas afecciones.

El siguiente trabajo, que presume un lector interesado (en tanto ya la angustia le ha producido inquietud), recorrerá no solo las formas en que hoy se entiende y se trata la angustia si no que intentará dejar esbozados principalmente algunos de los supuestos, alcances y limitaciones de las terapias vigentes teniendo en cuenta que, para el autor, aún no hay “la terapia ideal” que permitiera vivir sin angustia (cosa que por lo demás no sería muy buena idea)

Hablar de los tan diversos trastornos en que se manifiesta la angustia requeriría de una extensión que cansaría. Por eso, a modo de ejemplo, se tomará una de las formas de la angustia más primaria, el Trastorno de Pánico y se hará una breve referencia a las otras manifestaciones de la ansiedad.

Esta obra no pretende sustituir la necesaria relación entre el médico y el paciente, que es en definitiva la mejor base para aclarar posibles dudas y temores. Pero configura un primer paso para brindar información que en la práctica cotidiana se decanta como efectiva.

Propongo algunas ideas y ejes temáticos que espero que puedan servir de complemento y orientación tanto para el paciente como para sus allegados, basado en lo que he decantado en mi práctica profesional durante los últimos años dedicados al tratamiento de personas con ataques de pánico.

Me he permitido incluir algunos consejos y técnicas que pueden ser útiles, no para sustituir un tratamiento especializado si no para que se lo pueda complementar.

PÁNICO, UN TEMOR DIVINO.

La palabra Pánico o, mejor dicho "terror pánico", es de raíz griega y se refiere, en su mitología, al dios Pan de quien se dice que tenía por costumbre asustar a los desprevenidos pastores apareciéndose bruscamente en sus caminos.

Habitaba en los bosques y en las espesuras, correteando tras las ovejas y espantando a los hombres que penetraban en sus terrenos. Sus hábitos eran diurnos, aparecía entre el amanecer y el atardecer (Demonio del Mediodía)

También, como deidad, Pan representaba a toda la naturaleza salvaje. De esta forma, se le atribuía la generación del miedo enloquecedor. De ahí la palabra pánico que, en principio, significaba el temor masivo que sufrían manadas y rebaños ante el tronar y la caída de rayos.

Podemos ver como el mito de Pan, el que asusta, describe ya algunas características del llamado ataque de pánico: También en la crisis hay una sensación de terror brusca sin, al parecer, motivo alguno, que acontece sobre todo durante el día (aunque las hay nocturnas). Y las personas, como los viajeros de antaño, tienden luego a esquivar lugares o situaciones que se creen más o menos relacionadas con la aparición de los sobresaltos (grandes espacios; lugares donde se está solo sin ayuda; zonas desconocidas)

HISTORIA DEL TRASTORNO

Como decíamos en la introducción, el trastorno de pánico parece ser una enfermedad nueva. ¿Es así? Por paradójico que pueda parecer, la respuesta a ese interrogante es un no rotundo.

El trastorno está presente desde nuestros inicios como hombres. Solo el nombre actual es nuevo. Nombre que recubre ahora otra forma de agrupar signos y síntomas que se presentan de determinado modo, pero que juntos o aislados, están presentes aún en las descripciones médicas más antiguas.

Simplemente antes los síntomas se atribuían a otras enfermedades o afecciones del espíritu, dependiendo de las épocas o culturas.

Por ejemplo, aún hoy, los hombres quechuas dicen que el ánimo de las personas está localizado en el cráneo y puede huir por la nariz a causa del “mancharisca” (susto).

En los Valles Calchaquíes la enfermedad del susto describe también las crisis de angustia de los niños pequeños. En esa creencia popular el "susto" es la pérdida del alma por una impresión, por un acontecimiento más o menos fuerte dado por un movimiento que sorprende, un ruido imprevisto, una visión repentina.

Dicen los lugareños: “Cuando el niño se asusta el alma se le va del cuerpo. El susto puede ser causado por la caída de un caballo, haber visto una serpiente, un deslave, el viento, el rayo. Eso le produce debilidad, decaimiento, sudores, sueños sobresaltados, pega brincos y llora al dormir. El chico tiene diarreas, desarreglo de vientre y se hace asustadizo. A veces se pone delgado, no come.”

La enfermedad también se describe en los adultos.

Juan M. que había sufrido el mal, lo describe así: “Me había agarrado el desánimo y estaba como desvanecido, sin fuerzas. Sentía el cuerpo vacío, parece que le han robado el espíritu a uno, está que no vale nada. Se sufre mucho, se está fundido, reventado y no se mejora hasta que no le hace un buen trabajo la curandera

En los niños las crisis de angustia tienden a ser descriptas como la “caída de la paletilla”.

Cuando tiene caída la paletilla al nene se le hunde el esternón un poquito, se le cae el estómago y los pies se le desigualan. Por eso los chicos tienen un poco de diarrea, vómito y lloran mucho por cualquier cosa. La paletilla puede venir de un susto, pero no se les va el alma como a los asustados

Otro ejemplo de la forma en que se describía este trastorno lo tenemos en la historia del naturalista Charles Darwin quien en su época sufría de una extraña enfermedad.

En el año 1831, días antes de que zarpara a bordo del Beagle con el que recorrería también las costas de nuestra Patagonia, ya padecía de frecuentes episodios de palpitaciones y dolores en el pecho. En sus anotaciones, Darwin comentó: “No consulté a ningún doctor, porque no quería arriesgarme a que me bajaran del viaje”.

En alta mar las cosas se pusieron peor. Sufrió crisis recurrentes de nauseas y vómitos que lo mantuvieron incapacitado durante días. La enfermedad continúo luego de su regreso a Inglaterra en 1836 con síntomas crónicos y recurrentes de dolor abdominal, debilidad, palpitaciones y dolores de cabeza que lo confinaban por el lapso de algunos días a un sofá.

Durante años, los médicos le diagnosticaron problemas nerviosos, enfermedad de Chagas, envenenamiento con arsénico, agotamiento intelectual y otras enfermedades, pero nunca dieron con la palabra correcta. Una de las hipótesis actuales sobre tan extraña enfermedad es la de que muy probablemente su padecer hubiera sido simplemente “Trastorno de Pánico con Agorafobia”.

Tal vez, de ser así, no hubiera sido tratado con baños de agua helada (sin ningún resultado) como lo sugería uno de los más de veinte médicos que había consultado.

Avanzando en la historia, una descripción de las crisis de angustia muy similar a la actual es la que hace Freud en un trabajo de 1894 llamado "La neurastenia y la neurosis de angustia". Incluso separa, como ahora, la agorafobia propiamente dicha de las crisis de angustia pura.

Posteriormente aparecen nuevas re-categorizaciones del trastorno. En el “síndrome del corazón del soldado” descrito por Da Costa en 1871 en Veteranos de la Guerra de Secesión Norteamericana, se describen síntomas que solapan el estrés post traumático con los síntomas de pánico. Este también se llamaba, de acuerdo a las manifestaciones que predominaban, astenia neurocirculatoria; síndrome de esfuerzo; corazón de soldado; corazón irritable; estado circulatorio hipodinámico adrenérgico; neurosis de guerra; astenia vasoregulatoria; neurosis cardiaca; choque de la explosión (“Shell shock”); fatiga de combate o fatiga operacional.

Da Costa en los soldados observó que presentaban, durante el combate o tras éste, una serie de síntomas, principalmente cardíacos (opresión precordial, palpitaciones, sensación de ahogo), de naturaleza no orgánica.

Otro término de reciente aparición (y que aún hoy en día suelen utilizar los clínicos) es el de “Distonía Neurovegetativa”. En realidad es una forma de describir síntomas a los que no se los pueden encasillar en ningún otro diagnóstico clínico, pero que aparecen como una respuesta del sistema nervioso vegetativo, del que se supone, reaccionaría en forma inadecuada ante alteraciones del equilibrio (o tono) por causas internas o por causas psíquicas.

Habitualmente eran diagnosticadas así las personas que presentaban dolores generalizados inespecíficos, insomnio, mareos, vértigo, frialdad de las extremidades, frío corporal parcial o total, irritabilidad, agotamiento, trastornos circulatorios periféricos, digestivos, urinarios, sexuales, miedo, intranquilidad, palpitaciones, espasmo bronquial, hipersensibilidad a cambios climáticos, dificultad de concentración, etc. Síntomas que son atribuibles hoy a las manifestaciones somáticas de las crisis de pánico.

Lo importante a rescatar en todo esto es, como decíamos, que el trastorno de pánico ha existido desde los albores de la humanidad, bajo otros nombres.

Lo nuevo es la significación que ahora se le da a estos síntomas.

No es lo mismo tratar la paletilla o el susto estirando las piernas o buscando el espíritu perdido que usar técnicas como las que hoy tenemos a nuestra disposición. Tampoco es igual diagnosticar distonía neurovegetativa e indicar no hacerse problemas y tomarse unas vacaciones (tratamientos ineficaces para tratar el pánico) que hacer un tratamiento específico con resultados comprobados estadísticamente.

Este reordenamiento sintomático, bajo el nombre de “Trastorno de Pánico”, no solo permite "descubrir" la inmensa cantidad de personas aquejadas a escala mundial, ya que se unifican las estadísticas, También permiten evaluar las pruebas diagnósticas, los ensayos clínicos y la eficacia de los tratamientos basándose en un lenguaje común, compartido por todos los especialistas.

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