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Menores y Consumo de Drogas | Los adolescentes: poblaci贸n diana de la intervenci贸n en el consumo de drogas
Por: Carmen Fern谩ndez

Menores y Consumo de Drogas - Los adolescentes: poblaci贸n diana de la intervenci贸n en el consumo de drogas

4. Los adolescentes: poblaci贸n diana de la intervenci贸n en el consumo de drogas

Se entiende por adolescencia el período de desarrollo humano que se inicia al finalizar la infancia con la pubertad y termina en la etapa adulta. El niño ha abandonado la niñez, pero aún no se ha desarrollado como persona adulta. Se trata de una etapa de transición llena de ambigüedades e incertidumbres. El sujeto está experimentando una serie de cambios decisivos para su vida futura, en los cuales, los valores, las actitudes ante la vida, así como los comportamientos adultos, quedan orientados y la identidad personal se va configurando, y también el desarrollo emocional, comportamental  y físico, que llevará a los adolescentes a independizarse de sus padres y hallar su identidad (Arbex Sánchez, 2008).

Según Arbex Sánchez y colaboradores (Guía de Intervención de Menores, 2008), en la etapa de la adolescencia destacan tres aspectos importantes:

  1. Además de ser transitoria, se trata de una etapa especialmente dinámica y cambiante. Es un proceso en el que hay una dinámica evolutiva, que se da en un marco social e histórico concreto. 
  2. Cada adolescente vive esta etapa de una manera particular, por tanto, no existe “el adolescente” sino “los adolescentes”, puesto que cada uno es el resultado del medio en el que se desenvuelve. En la aproximación a la problemática de los menores consumidores de drogas, se acepta como punto de partida que el sujeto se desarrolla en interacción con su medio ambiente.
  3. Los adolescentes expresan sus dificultades y conflictos generalmente en términos sociales, es decir, desembocan en conductas problemáticas en el área social: conductas de gamberrismo, actuaciones arriesgadas, afirmación mediante la transgresión de normas, demostración de la diferencia admitiendo estilos de vida poco integrados, etc…

4.1.- Características evolutivas del colectivo adolescente.

Algunas características evolutivas propias de la adolescencia, pueden incrementar la vulnerabilidad de las personas que se encuentran en este momento vital, en especial con relación al consumo de drogas, dependiendo, por supuesto, de la intensidad con que se manifiesten algunos de los rasgos adolescentes y del manejo adecuado/inadecuado que de los mismos realicen los sujetos (Arbex Sánchez, 2008). Por tanto, no es casualidad que el inicio del consumo de drogas, tanto legales como ilegales, tenga lugar en esta etapa de la vida. Se podría considerar que el periodo crítico para la experimentación inicial con una o más sustancias psicoactivas comprende desde el comienzo hasta mediados de la adolescencia (Botvin, 1996). Por otra parte, el hecho de que este consumo experimental u ocasional, sea algo transitorio o anecdótico en la vida de un adolescente o se convierta en un consumo problemático que dificulte su maduración y desarrollo personal, va a depender de cómo el menor maneje la situación, lo cual vendrá determinado por una serie de factores de riesgo y factores de protección presentes en sus recursos personales y en su realidad social, que se analizará en otro punto más adelante. Teniendo en cuenta lo anterior, las características más relevantes de la adolescencia, se concretan en las siguientes (Arbex Sánchez, 2008):

  • Necesidad de reafirmación: La formación de una identidad propia es una de las tareas evolutivas más críticas de la adolescencia y junto a ella se produce una tendencia a preocuparse en exceso de su imagen y de cómo son percibidos por los demás. Los adolescentes necesitan reafirmar su identidad y para ello han de compartir unos “ritos” específicos , que en la actualidad, están íntimamente ligados a los ritos propios de los fines de semana nocturnos, entre ellos el consumo de alcohol y otro tipo de drogas, utilizadas como sustancias generadoras de vínculos sociales (Conde F., 1997). Además de transferirle identidad frente a los adultos, también les proporciona símbolos propios, que reanudan el sentido de la pertenencia grupal e identidad frente a otros grupos de jóvenes.
  • Necesidad de transgresión: en esta necesidad se habla de la rebeldía y la transgresión. El problema de los adolescentes actuales es que no se les ha dejado espacio para la transgresión. Como señala Marina J.A. (2001), “se trata de una generación de padres que ha venido predicando la idea de libertad como el valor supremo, como la idea central del ambiente cultural, del orden de los valores…y ahora no encuentra ningún valor que justifique las limitaciones de ésta”. En este contexto, el espacio para la transgresión de los adolescentes de hoy día, se reduce a muy pocos aspectos, uno de ellos es el consumo de drogas vinculado habitualmente a sus espacios y a sus tiempos de ocio. Así pues, creen que están contraviniendo el orden social establecido y lo viven como un acto de provocación frente al mundo adulto y sus normas.
  • Necesidad de conformación intra-grupal: El grupo de iguales es un elemento de referencia fundamental para el adolescente. Sirve como un refugio del mundo adulto en el que se pueden explorar una gran variedad de papeles. El adolescente adquiere una mayor orientación social y dependencia de sus amigos del grupo y se observa una mayor tendencia a la conformidad con el mismo. Si el menor se relaciona en un grupo con actitudes positivas y proclives al consumo de drogas, le será muy difícil resistir la presión del grupo. Sin embargo, esta vulnerabilidad al grupo, está modulada en gran medida por los recursos personales del menor, tales como la autoestima, capacidad de afrontar conflictos, habilidades sociales, etc.
  • Sensación de invulnerabilidad: La conducta temeraria que pueden presentar los adolescentes, se produce por dos de las principales condiciones que se incrementan en esta edad, es decir, el egocentrismo y la búsqueda de nuevas sensaciones (Arnett, 1992). Los adolescentes tienden a pensar que sus experiencias son tan únicas e irrepetibles que nadie las ha vivido anteriormente, ni sería capaz de entenderlas, de ahí su egocentrismo (Díaz-Aguado, 1996). Esto puede alimentar la sensación de invulnerabilidad respecto a los efectos perjudiciales de las drogas, puesto que se produce una distorsión cognitiva que les hace creer que las consecuencias negativas más probables de sus conductas de riesgo no pueden sucederles a ellos, porque ellos son especiales. Por otra parte, suelen ser poco receptivos a ciertos mensajes de salud que les advierten del peligro de las drogas, puesto que se sienten envueltos en una coraza personal que les protege de todos los peligros. Se sienten en un periodo pletórico de salud, por tanto, cualquier información sobre drogas, no se tiene en consideración. Si aparte de esto, los adolescentes han tenido experiencias positivas previas con el consumo de drogas, el sentimiento de invulnerabilidad se verá aún más reforzado; “yo controlo”.
  • El rechazo a la vida del adulto: La creciente necesidad de autonomía que experimenta el adolescente, al contrario que el niño/a, le lleva a rechazar la protección de los adultos y a enfrentarse a conductas de riesgo que pueden representar una importante amenaza para su desarrollo posterior. Normalmente las advertencias sobre los riesgos que provienen de los adultos, no tienen ningún tipo de efecto en el adolescente.
  • Susceptibilidad frente a las presiones del entorno: Los adolescentes suelen ser sensibles a las campañas sofisticadas de publicidad diseñadas para asociar el consumo de drogas con una determinada imagen. “Temas relacionados con la imagen pública, la curiosidad y las ganas de experimentar nuevas sensaciones, pueden aumentar la susceptibilidad general frente a las influencias sociales que promueven el uso de sustancias” (Botvin, 1996).

4.2.- La realidad social de los adolescentes actuales.

Según Luria, el desarrollo es un proceso continuo de adaptación en el que los procesos internos interactúan con los procesos ambientales y sociohistóricos (Garbarino y Scott, 1993). Teniendo en cuenta esto, cada sociedad en un momento determinado de la historia, genera formas específicas de socialización y con lo cual, cada adolescencia se forma con unas características diferentes y propias. Hay que tener en cuenta que los adolescentes son especialmente sensibles ante la sociedad que les rodea: valores, tensiones políticas y económicas, reglas, modas, actitudes vitales, etc…(Arbex Sánchez, 2008).

Las características socioculturales de nuestra sociedad actual en las que se están socializando los adolescentes, según Arbex Sánchez y colaboradores, en la Guía de Intervención de Menores y Consumo de Drogas, son las expuestas a continuación:

  • Perspectivas de futuro negativas.

El periodo para la emancipación y la independencia se alarga sin horizontes claros, desde la incertidumbre, es decir, temor al paro, la competitividad y la tensión que ésta provoca, el escepticismo en la utilidad de los estudios que trae consigo la desmotivación hacia éstos…Todo ello conduce a la utilización de recursos alternativos que prometen la felicidad a corto plazo, permitiendo el olvido momentáneo de los problemas.

De este modo, el consumo de drogas recreativas, sobre todo, los fines de semana, en algunos casos se convierte en la válvula de escape de la mayoría de las frustraciones de los adolescentes, “ahora toca descontrolar”.

  • Tendencia al hedonismo.

El temor al aburrimiento es una de las características de la sociedad postmoderna. “La diversión en nuestro mundo se ha convertido no sólo en una necesidad individual sino en una necesidad social. El no divertirse implica una carencia personal con la consiguiente  pérdida de autoestima y es un motivo de compasión social del que se huye como de la peste. El hedonismo se hace cada vez más persistente para ellos, poniéndose en manos de la pura experiencia de la diversión, un estado de ánimo que les abstrae del mundo real y de sus complicaciones” (J. A. Marina 2000). La facilidad para aburrirse y la incapacidad para soportar el aburrimiento son actitudes de adolescentes que buscan compulsivamente la excitación y el placer inmediato. Esta característica personal en algunos menores, es la base de numerosos consumos.

  • El presentismo.

Gran parte de los adolescentes de la actualidad, están marcados por el vivir aquí y ahora; ya que el futuro es bastante incierto y no sintiéndose motivados por los estudios, junto con un panorama laboral pesimista, optan por el vivir al día.

  • La transformación química de los estados de ánimo.

El modelo social actual refuerza la idea de que existen remedios mágicos a través de la farmacología, que dan la oportunidad de solucionar y satisfacer todos los problemas y deseos que las personas podamos tener: pastillas para dormir, para espabilarse, relajarse, estimularse, abrir el apetito o inhibirlo. Del mismo modo, los menores han interiorizado que el estado de ánimo puede modularse mediante sustancias de todo tipo. Este modelo ha sido trasladado a los espacios de ocio de los adolescentes y con esta transferencia se incorporan las sustancias para sacar mayor rendimiento a la fiesta, al fin de semana y a la noche.

  • La impulsividad.

La impulsividad es una actitud vital que se está incrementando en las sociedades actuales desarrolladas. “Se potencia continuamente el sentir, el placer, el bienestar…y los sujetos se vuelven cada vez más incapaces de soportar el más mínimo malestar, sufrimiento…Los adolescentes socializados en esta cultura (la generación “mimada”), se encuentran inmersos en la búsqueda de la satisfacción y el placer inmediato, de la emoción, de aquello que estimule sus sentidos y se hallan excesivamente sometidos a las incitaciones del ambiente” (Laespada, T. y Pallares, 2001).

  • El individualismo y la desintegración social.

La sociedad del milenio está marcada por el aislamiento y la desintegración social; es decir, el descontrol de ciertos menores, sobre todo, en los fines de semana nocturnos y el consumo de drogas asociado a estos momentos, les facilita la interacción con otras personas, dando igual que sean conocidas o no. Muchos de los nuevos patrones de consumos de drogas recreativas se utilizan como ritos de búsqueda de relaciones sociales y sociabilidad entre los propios jóvenes, es decir, el consumo de drogas es un mero instrumento para favorecer las relaciones personales. “Lo que se busca es la fusión grupal, sentirse más cerca de sus semejantes y ahuyentar la soledad” (Fundación de Ayuda a la Drogadicción. Dossier “De marcha” 2000).

  • Bajo nivel de tolerancia a la frustración.

En algunos adolescentes actuales existe mucha desconfianza en cuanto a la rentabilidad del esfuerzo. Los padres han contribuido en gran parte a la extensión de esta carencia personal al convertirse en propagandistas de la recompensa inmediata. Se está potenciando una sociedad con baja tolerancia a la frustración, de ahí la búsqueda compulsiva e inmediata de la satisfacción y la diversión durante los fines de semana.

Para sintetizar, según J. A. Marina 2001, la susceptibilidad al aburrimiento y la incapacidad de soportar la monotonía, junto a las ganas de experiencias, unido a una impulsividad creciente muy extendida entre los jóvenes actuales, conduce a que muchos de ellos se conviertan en buscadores de emociones, que ansían la estimulación y la desinhibición continua, refugiándose para ello en los largos periodos nocturnos, unido a una serie de circunstancias en las que el alcohol y el consumo de todo tipo de drogas recreativas son una manera fácil de conseguir todo esto que se busca.

4.3.- Factores de riesgo y factores de protección en los menores.

Los factores de riesgo son aquellas circunstancias socioculturales y características individuales, que en conjunción, en un momento determinado, incrementan la vulnerabilidad de los adolescentes favoreciendo que se pueda dar un consumo abusivo y problemático. A las que reducen la probabilidad de consumir y de tener problemas con las mismas se les considera factores de protección (Arbex Sánchez, 2008). El hecho de que similares factores de riesgo/protección ambientales, unos adolescentes no presentan problemas y otros sí, se debe a que los primeros suelen disponer de importantes factores protectores que amortiguan o reducen la influencia de los factores de riesgo, mientras que los segundos carecen de ellos. La clave está en la presencia o ausencia de factores de protección en el individuo y en sus entornos. Así pues, un menor se encuentra en una situación de riesgo cuando tiene múltiples e importantes características de riesgo y escasas condiciones de protección (Díaz Aguado, 1996).

Desde esta perspectiva, intentar minimizar los factores de riesgo y fortalecer los factores de protección lo más posible, resulta un objetivo fundamental a la hora de llevar a cabo cualquier tipo de intervención con menores.

Según GIG 1995, es importante considerar estos aspectos en cuanto a los factores mencionados:

  • Los factores de riesgo no pueden comprenderse de forma aislada, puesto que la relación entre ellos es recíproca y dinámica. Debe existir un equilibrio entre ellos, ya que lo que importa es un equilibrio global, no cada uno por separado. De este equilibrio depende que se de o no un consumo abusivo.
  • La conducta de consumo de drogas es el resultado de la interrelación de diversos factores personales y sociales que el sujeto experimenta desde su nacimiento hasta la edad adulta.
  • Estos factores explican las condiciones en las que se desarrolla el consumo, pero esto no quiere decir que sean el origen del consumo de drogas, son sólo condiciones favorecedoras.
  • A la diversidad de factores conocidos que pueden incidir en el consumo se une el hecho de que ninguno de ellos parece ser requisito necesario ni suficiente para dar cuenta del consumo. En cada caso se da una combinación de factores, con una evolución particular en cada consumidor.

Existen serias limitaciones para predecir un consumo problemático de drogas exclusivamente desde el punto de vista de la personalidad en formación del adolescente, sin valorar el contexto en el que se está relacionando. La mejor dimensión es aquella que reúne variables de la interacción individuo/ambiente, implicando como consecuencia los principales factores de mantenimiento y refuerzo de las prácticas de consumo (Moreno. G., 2002).

4.4.- S铆ntesis de los factores de riesgo y de protecci贸n respecto al consumo de drogas en los adolescentes.

  • Factores en el 谩mbito de recursos personales:
FACTORES DE RIESGO FACTORES DE PROTECCIÓN
  • Niveles bajos de autoestima.
  • Falta de autonomía en la acción.
  • Dificultad para asumir responsabilidades.
  • Ausencia de normas y límites.
  • Escasez de adultos interesados en apoyar al menor
  • Incapacidad de autocontrol emocional. (impulsividad) y control en su conducta.
  • Actitud evasiva ante los problemas/conflictos.
  • Alguna patología psíquica diagnosticable.
  • Concepto positivo de sí mismo.
  • Adecuada autoestima.
  • Autonomía acorde a su edad.
  • Capacidad de tomar decisiones.
  • Responsabilidad.
  • Interiorización de límites y normas.
  • Manejo en la resolución de problemas.
  • Autocontrol emocional y conductual.
  • Habilidades sociales.
  • Disponibilidad de adultos apoyando al menor.
  • Factores en el ámbito de ocio y tiempo libre:
FACTORES DE RIESGO FACTORES DE PROTECCIÓN
  • No estructurado.
  • Implantación del modelo consumista de ocupación del ocio (“salir de marcha/diversión y consumo de drogas).
  • Diversión asociada a “descontrol y coloque”
  • Falta de aficiones y alternativas de ocio.
  • Ausencia de ocio familiar compartido.
  • Organizado.
  • Aficiones diversas.
  • Acceso a actividades y recursos positivos para el ocio.
  • Actitud crítica ante el modelo consumista.
  • Ausencia de asociación diversión = consumo de sustancias.
  • Inquietud cultural, deportiva, asociativa.
  • Disfrute del ocio familiar compartido.
  • Factores en el ámbito de los valores:
FACTORES DE RIESGO FACTORES DE PROTECCIÓN
  • Sistema de valores poco claros.
  • Individualismo.
  • Escepticismo: falta de deseo de mejorar la realidad.
  • Imprudencia.
  • Presentismo e inmediatismo.
  • Irresponsabilidad (en sus comportamientos y con los demás).
  • Clarificación en su escala de valores.
  • Altruismo.
  • Prudencia.
  • Competitividad adecuada.
  • Normativo.
  • Proyección y planificación de futuro.
  • Responsabilidad hacia los demás y en sus actos.
  • Factores en el ámbito de las actitudes vitales:
FACTORES DE RIESGO FACTORES DE PROTECCIÓN
  • Presentismo: falta de confianza en el futuro, escepticismo y dependientes de la situación inmediata.
  • Fuerte susceptibilidad al aburrimiento: hedonismo.
  • Escape ante la realidad y actitud de evasión.
  • Tendencia a elegir respuestas de riesgo como reto a la autoridad.
  • Dificultad en valorar el esfuerzo.
  • Actitudes no normativas y antisociales.
  • Valoración del esfuerzo para conseguir metas.
  • Previsión de futuro.
  • Establecimiento y cumplimiento de límites.
  • Ausencia de comportamientos asociales.
  • Solidaridad con los demás y compromiso social.
  • Afrontamiento de la realidad cotidiana y sus problemas.
  • Actitudes pro-sociales e interiorización de normas.
  • Factores con respecto a las relaciones con la familia:
FACTORES DE RIESGO FACTORES DE PROTECCIÓN
  • Ausencia de afectividad y comunicación.
  • Actitudes y comportamientos permisivos y/o positivos ante las drogas.
  • Falta de cohesión del grupo familiar y aislamiento emocional de sus miembros.
  • Inhibición y delegación como modelos de referencia.
  • Pérdida de roles y las figuras de autoridad: ausencia de límites y normas claras.
  • Incoherencia en la supervisión: excesiva exigencia en determinados aspectos y excesiva tolerancia en otros.
  • Exceso de protección.
  • Falta de reconocimiento y aceptación del hijo.
  • Ausencia de participación y disfrute en el ocio familiar.
  • Límites y normas claras.
  • Reconocimiento y aceptación del hijo.
  • Experiencias de refuerzos positivos ante el esfuerzo y valoración del rendimiento y motivación de la eficacia; apoyo a superar los fracasos.
  • Ambiente familiar afectivo y comunicación positiva.
  • Cohesión del grupo familiar.
  • Actitudes y comportamientos contrarios al consumo de drogas; rechazo a las conductas de riesgo.
  • Modelos de referencia de conducta positiva en los padres.
  • Roles ajustados y figuras de autoridad de referencia.
  • Supervisión y procedimientos del control adecuados sobre sus conductas.
  • Participación y disfrute en el ocio familiar.
  • Factores con respecto a las relaciones con la escuela:
FACTORES DE RIESGO FACTORES DE PROTECCIÓN
  • Dificultades de adaptación.
  • Sensación de inutilidad y desmotivación.
  • Absentismo escolar y pasividad.
  • Poco rendimiento académico unido a autoconcepto bajo.
  • Ausencia de modelos de referencia en los profesores/tutores.
  • Poca integración en el grupo de compañeros.
  • Desinterés hacia lo escolar entre sus iguales.
  • Problemas de integración de normas.
  • Experiencia de incompetencia y fracaso escolar y abandono temprano de los estudios.
  • Falta de preparación y de oportunidades; intereses y niveles de preparación bajos.
  • Integración en la dinámica escolar.
  • Motivación escolar: puntualidad, asistencia, cumplimiento de horarios…
  • Hábitos de estudio.
  • Adecuado rendimiento y autoconcepto positivo.
  • Modelos positivos de referencia en el profesorado.
  • Integración en el grupo/clase.
  • Interés hacia lo escolar entre sus iguales.
  • Interiorización de normas escolares.
  • Experiencias de refuerzos positivos ante el esfuerzo y valoración del rendimiento y motivación de la eficacia: apoyo a superar los fracasos.
  • Factores con respecto al ámbito de las relaciones con el grupo de iguales:
FACTORES DE RIESGO FACTORES DE PROTECCIÓN
  • Excesiva dependencia del grupo.
  • Inclusión en grupos favorables a la transgresión y con actitudes positivas hacia el consumo de drogas.
  • Oportunidades para incurrir en conductas problemáticas.
  • Exposición a modelos que manifiestan conductas de riesgo (amigos consumidores).
  • Ineptitud para establecer relaciones personales.
  • Dificultad para identificarse con otros grupos no relacionados con el consumo.
  • Escaso desarrollo de habilidades sociales.
  • Capacidad crítica y desarrollo del criterio propio.
  • Toma de decisiones personales.
  • Inclusión en grupos con ausencia de conductas desadaptativas.
  • Modelos de amigos no consumidores.
  • Participación en grupos de carácter positivo (asociaciones, club deportivo…).
  • Red amplia de amigos.
  • Competencia social para las relaciones personales.
  • Desarrollo adecuado de habilidades sociales.
  • Factores en relación al entorno del barrio/municipio:
FACTORES DE RIESGO FACTORES DE PROTECCIÓN
  • Situación socioeconómica precaria.
  • Problemas de integración e inclusión social (colectivos inmigrantes y minorías étnicas).
  • Desestructuración social.
  • Poca cohesión social.
  • Ausencia de apoyo social: escasos recursos comunitarios.
  • Degradación de la zona (barrios conflictivos).
  • Accesibilidad a las sustancias.
  • Organización social adecuada.
  • Cohesión social en el barrio.
  • Relaciones positivas de vecindad.
  • Apoyo social y protección al menor.
  • Recursos comunitarios suficientes para el menor, conocimiento y accesibilidad a los mismos.
  • Dificultades de acceso a las sustancias.
  • Integración e inclusión social.
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