Versi贸n Movil
Ir a la versi贸n de Escritorio
Psicolog铆a Online | Ebooks | Menores y Consumo de Drogas | Intervenci贸n con menores en el consumo de drogas

Ebooks

Menores y Consumo de Drogas | Intervenci贸n con menores en el consumo de drogas
Por: Carmen Fern谩ndez

Menores y Consumo de Drogas - Intervenci贸n con menores en el consumo de drogas

5. Intervenci贸n con menores en el consumo de drogas

El nuevo perfil del consumidor adolescente requiere adecuar las estrategias y los métodos de intervención para dar las respuestas adecuadas. En España, se han realizado muchos esfuerzos para implementar programas de intervención universal, además de consolidarse una amplia red de recursos asistenciales dedicados a atender los problemas de la drogodependencia.

Sin embargo, la intervención con menores, que genéricamente podría denominarse de “Apoyo a los adolescentes con consumos problemáticos de drogas”, se propone como metas conseguir el desarrollo de su personalidad en correspondencia con su etapa evolutiva y en los diferentes ámbitos en los que está inmerso, con el fin de poder establecer un proceso saludable de autonomía integrado en la sociedad. Así pues, en función del perfil de riesgo de menores a atender y de los objetivos a cubrir, se distinguen dos niveles  de intervención: Prevención Selectiva y Prevención Indicada.

- Prevención Selectiva: bajo esta denominación están agrupados aquellos Programas que se encargan de seleccionar los colectivos de niños/adolescentes que son especialmente vulnerables y por lo tanto susceptibles de un mayor riesgo de tener problemas con las drogas. Un aspecto clave en este nivel de intervención es la detección precoz de consumos problemáticos y de menores vulnerables, con objeto de captarlos en la fase incipiente de los usos de drogas, ofreciendo alternativas y concienciándoles de los efectos y las consecuencias de los consumos (Arbex Sánchez, 2008).

- Prevención Indicada: se define como la prevención que está dirigida a menores que ya están haciendo consumos sistemáticos de drogas, que tienen importantes trastornos de conducta y autocontrol, y además presentan déficits adaptativos potenciados por su consumo problemático. En este tipo de intervención, el seguimiento del menor se personaliza, lo que no significa que la intervención sea individual, sino que también se realiza a través del trabajo grupal (Arbex Sánchez, 2008).

5.1.- Principios fundamentales de la intervención de menores con consumo de drogas en general.

Desde la Guía de Intervención con Menores de Arbex Sánchez (2008), los principios fundamentales que hay que tener en cuenta en la intervención de menores con consumo de drogas son los siguientes:

  1. Intervención flexible y dinámica

En la intervención con menores hay que evitar cualquier tipo de procedimiento terapéutico rígido. Los adolescentes son personas en plena proceso de transformación, por lo que las respuestas deben tener un carácter de provisionalidad, observando la construcción de la identidad del menor. Esto implica el esfuerzo de estar en permanente actualización y descubriendo lo que se puede hacer en cada momento, tal y como exigen los cambios constantes inherentes a la adolescencia.

  1. En clave adolescente

En una intervención de este colectivo no hay que olvidar que se trata de adolescentes, y que cualquier paso que se de hay que interpretarlo desde esa perspectiva. Por tanto, es probable que se presenten dificultades e inquietudes propias del momento evolutivo. Un buen abordaje terapéutico de la adolescencia siempre debe tener presente esta cuestión y tener en cuenta las características evolutivas de esta etapa a la hora de establecer los objetivos y criterios metodológicos, puesto que sería un error exigirles un nivel de madurez propio de la etapa adulta.

  1. Principio de no etiquetado

Una intervención dirigida al desarrollo del menor debe evitar el etiquetado y no patologizarle como drogodependiente, extraviado o conflictivo. La estigmatización o etiquetado algunas veces no tiene como objetivo recuperar al menor, sino simplemente evitar su comportamiento.

  1. El principio de la espera.

En una intervención con adolescentes hay que aprender a saber esperar por su condición evolutiva. Existen conductas de los menores que son pura provocación y muchas veces sus transgresiones son por la condición de ser adolescentes y con una evolución natural desaparecerán con el tiempo si se tiene la paciencia adecuada para no reaccionar inadecuadamente. Hay que tener cautela en los pronósticos.

  1. Enfoque desde la globalidad.

La globalidad supone no intervenir de forma focalizada sobre un conflicto en concreto, sobre todo para evitar la problematización del menor. El consumo de drogas dentro de la vida del adolescente guarda relación directa con su estilo de vida y con la adaptación en cada una de las áreas de ésta. Los comportamientos conflictivos y sus consecuencias responden a un proceso de búsqueda de identidad en el que todo está interrelacionado.

La intervención efectiva debe orientarse desde una perspectiva que comprenda diversas conductas de riesgo, en lugar de centrarse exclusivamente en una de ellas. Los mejores programas son lo que orientan la intervención de forma que permitan optimizar el estilo de vida global del adolescente (Díaz Aguado, 1998). En general el consumo de drogas no debe ser el foco principal de la intervención, sino que en la mayoría de los casos los problemas por consumo hay que abordarlos desde una perspectiva indirecta, de modo que la visión del problema en sí sea más amplia.

  1. Primacía de la intervención educativa.

La perspectiva que hay que tomar en este tipo de intervenciones es de índole educativa. Se trata de una etapa en el ciclo vital en proceso de interiorización de valores, de actitudes y de aprendizaje de hábitos de comportamiento. En este sentido, es primordial estimular el proceso madurativo de los adolescentes, así como conectar oportunidades y recursos que puedan paliar las carencias que tenga y modificar los aspectos negativos de su conducta y de su personalidad.

  1. Acompañamiento del adolescente.

En la intervención, hay que acompañar al adolescente en su proceso de crecimiento y maduración y reorientar su itinerario. El acompañamiento tradicional del adolescente durante el proceso de socialización lo realizaban los padres y los profesores. Hoy en día, una de las dificultades más relevantes es que éstas figuras, en algunos casos han sido reemplazadas por dos nuevos ámbitos que tienen un peso más específico: la “calle” (el grupo de iguales) y los medios de comunicación. Por tanto, es básico recuperar los dos ámbitos de socialización primeros y reorientar los roles perdidos de estos dos imprescindibles agentes educativos.

La estrategia y el método no ha de ser directivo, sino de acompañamiento.

  1. Importancia crucial a la familia.

Todo Programa que esté dirigido a menores tiene que contemplar el apoyo a la familia como agente de socialización primordial en su desarrollo, como marco fundamental en el que se desarrolla el crecimiento del adolescente y como plataforma de seguimiento del proceso.

  1. Efecto preventivo en red.

Los menores sólo pueden ser atendidos de una forma correcta si se da un buen sistema de trabajo en red. No es viable trabajar parcialmente y de modo aislado. Para llevar esto a cabo, es necesario establecer una coordinación con las entidades y los recursos comunitarios de la zona, precisando el cómo y para qué de la misma y con una evaluación continuada de dicha coordinación.

  1. Necesidad de trabajo interdisciplinar.

La complejidad que supone el hecho de intervenir con menores implica y obliga que exista una estrecha colaboración entre distintas disciplinas, lo cual favorece la obtención de un mejor conocimiento y una mejor comprensión de la realidad del menor en cuanto su proceso evolutivo y socializador.

5.2.- La Prevención Indicada

Como se ha explicado anteriormente, este tipo de intervención es la que está dirigida a menores que presentan consumos sistemáticos de drogas y con importantes trastornos de conducta por este motivo (Arbex Sánchez, 2008).

Los nuevos perfiles de consumidores y sus problemáticas, demandan una nueva forma de intervención con relación a los abordajes terapéuticos tradicionales, en los que la perspectiva es más educativa y preventiva que terapéutica, con una atención directa para los adolescentes y sus familias.

Los adolescentes que forman parte de este proyecto, que tienen itinerarios de sustancias muy diferentes y están muy desestructurados, necesitan un modelo de atención sumamente flexible y dinámico, un programa especializado para el apoyo a este colectivo de menores (Arbex Sánchez, 2008).

5.2.1.- Fases de la intervención.

Tomando de nuevo como referencia la Guía de Intervención con Menores de  Arbex Sánchez (2008), en el proceso de intervención en el consumo de drogas con adolescentes hay que contemplar una serie de etapas. Dentro de esta propuesta, se admite la posibilidad de que existan ciertas dificultades, al igual que se proponen ciertas estrategias para poder solventarlas. Las fases son las siguientes:

  1. Fase de detección/captación.

En esta fase, las dificultades más relevantes que se suelen detectar con la falta de identificación con el estereotipo del consumidor abusivo de drogas. Los adolescentes no reconocen su problemática.

Además, es necesario tener en cuenta que el proyecto a realizar está enfocado hacia el colectivo de menores infractores, y éstos son derivados por problemas judiciales con obligatoriedad de cumplir una medida. Por ello, otra dificultad del menor será la resistencia a la comunicación, así como la impulsividad y la violencia en algunos de ellos.

Como estrategias facilitadoras para salvar estas dificultades, se suelen utilizar la estrategia de búsqueda y la estrategia de la espera. Ambas son formas de acercarse al menor intentando captar su atención y adentrarse poco a poco en su mundo.

  • Estrategia de espera: consiste en contactar con los menores ante demandas, sobre todo de sus familias o educadores.
  • Estrategia de búsqueda: se trata de aterrizar en la realidad de los menores y explorar desde ahí su situación personal en cuanto al consumo.
  1. Fase de acogida

La acogida es un momento clave en el proceso con los menores. Hay que tratar de captar la atención del menor y motivar la implicación del mismo en el programa. Se deben tener en cuenta los siguientes puntos:

  • Contar con un espacio de acogida y atención para dar una respuesta flexible y adaptada.
  • Contar con una figura de referencia en el centro que les acompañe.
  • La relación del educador hacia el menor para que posibilite la intervención ha de ser educativa/afectiva.
  • Es muy importante la escucha hacia el adolescente, por ello no se debe focalizar el problema en las drogas, normalmente prefiere hablar sobre asuntos que le están complicando la vida.
  • El profesional tiene que intentar prescindir de formalismos en las conversaciones con el adolescente.
  • Flexibilizar posturas.
  1. Fase de motivación

El punto de partida clave en esta fase es la primera entrevista con el menor. La “Entrevista Motivacional” (Miller, 1983)  forma parte de la intervención con los adolescentes, sobre todo para la intervención en consumo de drogas, y está basada en cinco principios básicos (Rogers, 1959):

  • Espacio adecuado para crear un clima agradable que estimule la confianza.
  • Expresar empatía, con una actitud de escucha reflexiva, paciente y crítica al mismo tiempo.
  • Crear discrepancia. El menor tiene que tomar conciencia de las consecuencias de sus actos, creando una discrepancia entre la conducta actual y los objetivos que se pretenden cambiar.
  • Evitar la discrepancia. Las discrepancias son contraproducentes.
  • Giro a la resistencia, haciendo preguntas abiertas que ayuden a pensar, evitando dar consejos o juicios de valor.

Cuando un menor llega a un recurso asistencial es informado de cuál es su situación actual y el porqué de la intervención. En este sentido, es muy importante conseguir motivarle e implicarlo en el proceso, haciendo hincapié en los aspectos positivos que todo ello supondrá para su realización personal. Por todo esto, será de vital importancia poder seguir desarrollando el resto de fases.

  1. Fase de diagnóstico

En esta fase de la intervención se detectan las carencias y las problemáticas, así como los recursos personales que los menores presentan. Se trata de analizar los distintos aspectos que dirigen y condicionan su vida con relación al propio menor, su entorno familiar, escolar y social. El objetivo es evaluar la situación actual del adolescente, sus factores de riesgo/protección, así como los recursos existentes en su entorno.

El diagnóstico, debe contemplar la exposición del menor a la sustancia y la relación del sujeto con la misma, hasta que se pueda establecer un diagnóstico de drogodependencia. Esto consiste en diferenciar entre: abuso de sustancias/trastornos producidos por el consumo y dependencia. Es importante y necesaria esta concreción cuando hay que informar a un juez o a un fiscal.

En menores con problemas penales, como es el colectivo que se va a trabajar en el proyecto, el diagnóstico por trastorno de dependencia resulta definitorio, pues supone la implantación de un tratamiento propiamente dicho, con un objetivo paliativo y por tanto susceptible de ser una medida sancionadora alternativa, tal y como se contempla en la nueva Ley orgánica del menor 5/2000 que regula la responsabilidad Penal de los Menores, reformada por las Leyes Orgánicas 7/2000 y 9/2000 de 22 de Diciembre.

  1. Fase de acciones socioeducativas de apoyo a los menores

En esta fase, se diferencian dos medios de intervención, aunque también se realizan intervenciones en un medio intermedio, es decir, en un medio semiabierto.

  • Actuaciones en medio abierto: es una intervención con menores en la que éstos no se separan de su medio habitual. El objetivo es ayudarles a superar sus dificultades con la ayuda de profesionales y servicios de atención en un recurso ambulatorio urbano.
  • Actuaciones en medio semiabierto: el objetivo de esta intervención es proporcionar al menor un ambiente estructurado la mayor parte del día, en el que lleven a cabo actividades socioeducativas que puedan compensar las carencias familiares y de su entorno social inmediato. Son una serie de recursos que funcionan como centros de día.
  • Actuaciones en medio cerrado: este tipo de intervención le supone al menor un alejamiento temporal de su medio habitual de vida. La convivencia en espacios residenciales, permite a los adolescentes relacionarse en un entorno integrador, alejado de ambientes nocivos para su proceso de socialización y posibilita poder centrarse en sus problemáticas y en encontrar soluciones a éstas. Uno de los contextos de actuación en medio cerrado es la comunidad terapéutica. También están los centros de reforma, pero en ellos el tratamiento no está exclusivamente enfocado a trabajar el consumo de drogas. La comunidad terapéutica, sin embargo, sí es el lugar idóneo para desarrollar esta idea anterior.
Pol铆tica de Privacidad | Condiciones de Uso | Pol铆tica de Cookies
2017 © Psicolog铆a Online. Todos los Derechos Reservados.
Cl铆nica Psicol贸gica V. Mars - Sueca (Valencia, Espa帽a- Tlf. (+34) 96 170 15 53
Esta Web utiliza cookies propias y de terceros, para realizar el an谩lisis de la navegaci贸n de los usuarios. Click para . Puedes cambiar la configuraci贸n u obtener m谩s informaci贸n AQU脥