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Epidemiología del acoso laboral o mobbing
Por: Lic. Fernando Mansilla Izquierdo

Epidemiología del acoso laboral o mobbing

5.2 Epidemiología

Los sucesivos estudios sobre acoso laboral han ido aumentando el índice de las víctimas. Así, del 3,5% de la población laboral señalada por Leyman en 1996, se ha ido incrementando al 5% en 1998 y al 7% en 1999, según la Organización Internacional del Trabajo. Es decir, que las cifras han ido creciendo, en parte como consecuencia de tener conciencia del problema.

En España, el último informe de la Fundación Europea para la Mejora de las Condiciones de Trabajo (2001) estimaba que alrededor de 750.000 trabajadores estaban padeciendo acoso laboral. Estos datos se calcularon a partir de una estimación de prevalencia del 5%, que es bastante moderada si la comparamos con los datos del I Informe Cisneros que señala que en España son víctimas de acoso laboral 1,5 millones de trabajadores, lo que supone más del 15% de los trabajadores en activo. Mas tarde, Piñuel y Zabala afirma en el Informe Cisneros II sobre 'La violencia en el entorno laboral' que un 16% de la población activa (2,38 millones de trabajadores) se consideran víctimas de mobbing conforme al criterio de que las conductas ocurren al menos una vez por semana y durante 6 meses (Piñuel y Zabala, 2006). Además, uno de cada tres trabajadores manifestó haber sido víctima de acoso laboral con un frecuencia semanal, y cerca del 77% de los afectados señaló un apoyo escaso o nulo en sus organizaciones.

La V Encuesta Nacional de Condiciones de Trabajo (MTAS, 2004) cifra en un 2,8% (criterio estricto) a los trabajadores que son acosados una vez a la semana o diariamente y del 4,5% (criterio menos estricto) son acosados mensualmente, semanalmente o diariamente, siendo el sector servicios el más afectado, y la Administración con un 6,2% y la Banca con un 5,8%.

En el año 2006 se publicó un número monográfico sobre acoso laboral en España en el que se mostraba que la prevalencia de acoso laboral era del 9,2% (Moreno-Jiménez y Rodríguez-Muñoz, 2006).

La VI Encuesta Nacional de Condiciones de Trabajo (2007) señala que el 1,4% de los trabajadores manifiesta ser objeto de sistemáticas conductas de acoso laboral.

En el US Hostil Workplace Survey del 2000 se reflejó que el 36% de los casos, los superiores se volvieron en contra de los acosados, dándose entonces la doble victimización.

Ya Leymann encontró que el 14,41% había sufrido acoso laboral. Se ha señalado que la población occidental trabajadora podrían ser víctimas de acoso laboral entre el 5% y el 11%. La Fundación Europea para la Mejora de las Condiciones de Trabajo (1996) que estimaba en 12 millones la afectadas eran alrededor del 8%. La Tercera Encuesta Europea sobre Condiciones de Trabajo señala que un 9% de los trabajadores europeos (13 millones de personas) han sido víctimas de acoso laboral (Randstad, 2003). Se ha observado que el acoso laboral es más frecuente en los trabajadores de las administraciones públicas, en instituciones docentes, en la sanidad, en el transporte, en el comercio y en las organizaciones no gubernamentales.

Por otro lado, el Dictamen Económico y Social Francés (2001) concluía que el acoso laboral lo sufrían con más frecuencia las mujeres y las personas pertenecientes a grupos minoritarios (etnia, religión, política o discapacidad). Aunque puede afirmarse que el acoso laboral no viene determinado por el sexo de la víctima ni del acosador, más bien el mobbing tiene más relación con una determinada reacción del acosador frente a lo que puede considerar amenaza a su estatus en la empresa o en su entorno de trabajo. Además, se ha estimado que un 10% de los suicidios podía tener como etiología conductas relacionadas con el acoso laboral. Leymann (1986) calculó que entre el 10% y el 20% de los suicidios en Suecia tenían su origen en el mobbing.

La Cuarta Encuesta Europea sobre Condiciones de Trabajo (2007) señala unas grandes variaciones sobre la incidencia del mobbing, así en Finlandia (17%), Países Bajos (12%) e Italia (2%); y las mujeres con el 6% lo sufren más que los hombres con el 4%.
Incluso se han observado tasas muy elevadas de acoso laboral como un  53% (Rayner, 1997) o una tasa del 36% en trabajadores sanitarios (Quine, 1999).

La explicación a esta diversidad de datos estriba fundamentalmente en el punto de corte, donde se considera que comienza el mobbing, de si se preguntó por las experiencias actuales, o por todo el ciclo laboral, y de la estrategia que se siguió para medir el acoso. Cuando se proporcionó una definición de acoso y se preguntó a los participantes si habían sido víctimas de acoso, el 8,8% respondía afirmativamente. Sin embargo cuando se administró una lista de conductas de acoso como criterio discriminador, el 24,1% afirmaba haber sido acosado (Moreno-Jiménez y otros, 2008).

Por otro lado, influye qué sectores de población son muestreados y factores metodológicos, como por ejemplo, se detecta mayor incidencia en el sector público que en el privado; o en los servicios más que en la industria.
Es conveniente tener en cuenta que el acoso laboral se prodiga más en la Administración Pública, donde la estabilidad del puesto de trabajo está más protegida que en la empresa privada, en ésta el problema se puede resolver con una cantidad económica.

 
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