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Factores protectores del comportamiento suicida
Por: Prof. Dr. Andrés Pérez Barrero

Factores protectores del comportamiento suicida

Entre los factores protectores del suicidio se encuentran los siguientes:

  1. Poseer habilidades sociales que le permitan integrarse a los grupos propios de la adolescencia en la escuela y la comunidad de forma positiva
  2. Poseer confianza en sí mismo, para lo cual debe ser educado destacando sus éxitos, sacando experiencias positivas de los fracasos, no humillarlos ni crearles sentimientos de inseguridad.
  3. Tener habilidades para enfrentar situaciones de acuerdo a sus posibilidades, lo cual les evitará someterse a eventos y contingencias ambientales en las que probablemente fracasará, reservando las energías para abordar aquellas empresas en las que salga triunfador.
  4. Tener capacidad de autocontrol sobre su propio 'des-tino', como dijera el poeta chileno Pablo Neruda, cuando expresó: 'Tú eres el resultado de ti mismo'.
  5. Poseer y desarrollar una buena adaptabilidad, responsabilidad, persistencia, perseverancia, razonable calidad de ánimo y de los niveles de actividad.
  6. Aprender a perseverar cuando la ocasión lo requiera y a renunciar cuando sea necesario.
  7. Tener buena autoestima, autoimagen y suficiencia.
  8. Desarrollar inteligencia y habilidades para resolver problemas.
  9. Saber buscar ayuda en momentos de dificultades, acercándose a la madre, el padre, los abuelos, otros familiares, un buen amigo, los maestros, el médico, el sacerdote o el pastor.
  10. Saber pedir consejos ante decisiones relevantes y saber elegir la persona más adecuada para brindarlos.
  11. Ser receptivo a las experiencias ajenas y sus soluciones, principalmente aquellas que han tenido exitoso desenvolvimiento.
  12. Ser receptivo ante las nuevas evidencias y conocimientos para incorporarlos a su repertorio.
  13. Estar integrado socialmente y tener criterio de pertenencia.
  14. Mantener buenas relaciones interpersonales con compañeros de estudio o trabajo, amigos, maestros y otras figuras significativas.
  15. Tener apoyo de los familiares y sentir que se le ama, se le acepta y apoya.
  16. Lograr una auténtica identidad cultural.
  17. Poseer habilidades para emplear adecuada y sanamente el tiempo libre.
  18. Evitar el consumo de sustancias adictivas (café, alcohol, drogas, tabaco, fármacos, etc.)
  19. Aprender a posponer las gratificaciones inmediatas por aquellas a largo plazo que arrojen resultados duraderos.
  20. Desarrollar una variedad de intereses extrahogareños que le permitan equilibrar las dificultades en el hogar si las tuviera.
  21. Saber expresar a personas confiables aquellos pensamientos dolorosos, desagradables y muy molestos, incluyendo las ideas suicidas u otras, por muy descabelladas que pudieran parecer.

A estos factores habría que añadir la capacidad para hacer utilización de las fuentes que brindan salud mental, como las consultas de consejería, de psicología o psiquiatría, las unidades de intervención en crisis, los servicios médicos de urgencia, los médicos de la familia, agencias de voluntarios en la prevención del suicidio, etc. Se debe educar a los adolescentes en el aprovechamiento de la fuentes de salud mental existentes en la comunidad, cuándo hacer uso de ellas, qué beneficios se pueden obtener, qué servicios o posibilidades terapéuticas se les puede brindar y favorecer con ello que se haga un uso racional de las mismas.

En esta propia vertiente se debe comenzar un sistemático esfuerzo para educar a los adolescentes en la tolerancia hacia los enfermos mentales y la aceptación de la enfermedad mental como un tipo de trastorno similar a otras afecciones crónicas no transmisibles, evitando la estigmatización y las actitudes de rechazo hacia quienes las padecen, lo cual incrementará las probabilidades futuras de aceptarlas en caso de padecerlas y buscar ayuda para recibir tratamiento especializado, disminuyendo las posibilidades de cometer suicidio si se tiene en consideración que padecer una enfermedad mental es un factor de riesgo suicida comprobado, y si no se la trata, peor aún.

Se puede contribuir a modificar las actitudes peyorativas hacia los enfermos mentales evitando utilizar calificativos tales como 'anormales', 'tarados', 'locos', y modificando las interpretaciones del sufrimiento emocional al considerarlo como una 'cobardía', 'una incapacidad', 'una blandenguería' y otras calificaciones que inhiben las posibilidades de buscar apoyo en quienes las padezcan.

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