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Temas de Psicología de la Religión | Preliminares
Por: Juan Manuel Otero Barrigón

Temas de Psicología de la Religión - Preliminares

La psicología de la religión es la disciplina aplicada de la psicología dedicada al estudio del fenómeno religioso, en toda su dimensión y complejidad. Se enriquece con los aportes de otras disciplinas, de las cuales incorpora conceptos, temas de interés y modelos explicativos, destacándose entre las principales la fenomenología la religión, la filosofía de la religión, la sociología de la religión, la antropología de la religión, y la neurobiología

Psicólogo de la religión es aquel profesional interesado en los fundamentos psíquicos individuales y colectivos de la dimensión religiosa/espiritual del ser humano, y en los modos particulares en los cuales dicha dimensión se ha inscripto a lo largo de la historia y en distintas culturas. 

Resulta útil distinguir entre el objeto de estudio la psicología de la religión y la disciplina propiamente dicha. El objeto de la psicología de la religión es el rol que desempeña la religión en la persona, su imbricación con las distintas estructuras psíquicas, y con el sentido global de la existencia humana. La disciplina en sí misma apunta al modo en que los estudios científicos se llevan a cabo. Esta distinción es importante a fin de reconocer, al menos, tres aspectos claves en esta disciplina: el análisis psicológico/teórico del fenómeno religioso, sus métodos de investigación y experimentación, y los valores científicos y humanos que sustentan sus postulados. 

En cierto sentido, deberíamos decir que no existe tanto una psicología de la religión sino más bien, psicologías de la religión. Cada teórico, cada estudioso interesado en los temas propios de esta disciplina, los aborda y los desarrolla partiendo de su propia subjetividad, vivencias y formación teórico/práctica, que inevitablemente conforma su inherente cosmovisión, y que incidirán en su reflexión sobre los distintos ámbitos sobre los que se pronuncie. Podríamos ilustrar esto fácilmente contrastando el enfoque de dos autores clásicos en la materia: el padre fundador del Psicoanálisis, Sigmund Freud, y su discípulo rebelde, el fundador de la psicología analítica, C.G.Jung. Ambos se interesaron por la cuestión religiosa, a la cual le dedicaron escritos completos y elaboradas reflexiones a lo largo de sus vastas obras. Sin embargo, resulta innegable la distancia existente entre uno y otro a la hora de considerar el hecho religioso, su importancia en la vida del hombre, sus psicodinamismos, y sus relaciones con la salud y con la enfermedad. Tanto Freud como Jung hicieron psicología de la religión, pero basados en fundamentos téoricos contrastantes, que los llevaron a adoptar posturas netamente divergentes sobre la dimensión religiosa en la vida del hombre. Son dos psicologías de la religión casi opuestas, pese a que muchos tópicos que los interesaron a ambos fueron los mismos.

Los orígenes contemporáneos de esta disciplina se sitúan a principios del siglo XX, con la aparición del clásico “Variedades de la experiencia religiosa”, del psicólogo norteamericano William James. Este fue, de hecho, el primer estudio sistematizado sobre la experiencia religiosa a la luz de la psicología en tanto ciencia. 

"Dios no existe", "Las personas religiosas padecen trastornos emocionales", "Lo único válido es lo que dictamina la ciencia; si el método científico no logró demostrar la existencia de Dios es porque no hay Dios que descubrir", "Dios es resultado de un mecanismo de proyección". Esta era, a grosso modo, la manera en la que concebían la religión la mayoría de los teóricos sociales de fines del siglo XIX y principios del siglo XX. En ese contexto, en 1902, James publicó su célebre trabajo, motivado por el interés que le generaban pregunta como: ¿Es posible conciliar visiones tan antagónicas como las de la religión y la ciencia? ¿Qué ocurre psicológicamente en aquellos que dicen haber experimentado una visión o que aseguran conversar con Dios? ¿Alucinan las personas religiosas? El padre del pragmatismo norteamericano partió en su análisis reconociendo que existen dos tipos de religión a saber: por un lado, la institucional, aquella dimensión que engloba a las prácticas y normas que son propias de una organización determinada; y por el otro, la personal, esa dimensión vincular sumamente íntima que se da en el encuentro entre el hombre y su Dios de referencia. James consideraba que es la dimensión personal la primera que debe ser atendida y estudiada, dado que la otra dimensión, la institucional, es secundaria y producto de un proceso de socialización.

Este intelectual estaba convencido de que las personas pueden vivir experiencias místico religiosas independientemente de la cultura, dado que se trata de un fenómeno universal. Distinguía entre una religiosidad sana y una religiosidad patológica. Las personas con una predisposición "saludable" hacia la religión son aquellas que tienden a ignorar la maldad en el mundo y se concentran en sus aspectos positivos y en el bien en general. Contrariamente, aquellas personas predispuestas hacia una religiosidad patológica se verían impedidas de obviar la percepción del mal y del sufrimiento, necesitando una experiencia unificadora, religiosa o de otro tipo, que les permita reconciliar ambos polos en su psiquismo. Asimismo, para James, los líderes religiosos fueron agentes de experiencias psíquicas anómalas. Presos de una ardiente sensibilidad emocional; comúnmente tuvieron además una vida interior incompatible con las exigencias del mundo material, y sufrieron accesos melancólicos durante parte de su itinerario espiritual. Fueron estas características, agrega el psicólogo norteamericano, las que contribuyeron a atribuirles autoridad y persuasión religiosa sobre los pueblos a los cuales se dirigieron. Sólo estas peculiaridades de su personalidad, clasificadas comúnmente como patológicas, pudieron dar lugar a experiencias religiosas de tan alto vuelo. Y esto debido a  que la mística es un camino que trasciende la razón y evoca a lo radicalmente Otro.

James, en tanto pragmático, exigía la necesidad de ponderar la eficacia de la religión: si una determinada persona, motivada por la fe, llevaba a cabo actividades religiosas y esas acciones redundaban en efectos positivos para su vida y su entorno, tales prácticas eran entonces la vía adecuada para sí. Si por el contrario su accionar no era eficaz, la persistencia de la práctica religiosa aparecía desprovista de racionalidad. 

Algo importante para puntualizar es que la psicología de la religión ha supuesto, para distintos autores y corrientes teóricas, una determinada concepción de la persona humana, lo que inevitablemente se cristaliza, además, en la práctica clínica.

Tanto el psicoanalista freudo-lacaniano, como el analista junguiano, el psicoterapeuta cognitivo conductual, el transpersonal, el sistémico, el logoterapeuta o el guestáltico, asumen, de manera más o menos consciente una cierta idea del hombre y de su composición.

Concepción antropológica que aún cuando permanece soterrada por debajo de la teoría o línea teórica a la que se adhiere, produce sus efectos y condiciona las modalidades de abordaje clínico. 

Concepción antropológica que es parte integrante de una Weltanschauung personal, una cosmovisión con sus valoraciones y filtros perceptivos de la realidad aprehendida.

Todos poseemos una cosmovisión que supone, explícita o ímplicitamente, una determina idea del hombre.

Hombre, que según nuestra mirada y criterio (y siguiendo la propuesta de Ismael Quiles), constituye una integración de distintos niveles o dimensiones, a saber:

Físico 

Químico 

Biológico 

Psicológico 

Social 

Ético moral y 

Espiritual

Desde esta integración se desprende con claridad el campo de acción de lo psicológico y lo religioso y de sus respectivas temporalidades. El tiempo psicológico, finito, característico de la estructura psíquica, y el tiempo espiritual, eterno de lo religioso. Espacio/tiempo que se conjugan en la Persona y que deberían ser leídos y estudiados en sus respectivos ámbitos, en una articulación jerárquica sin interferencias impropias.

Resulta difícil aspirar a obtener una neutralidad conceptual absoluta en la disciplina que nos ocupa, de allí que líneas arriba habláramos de la psicología de la religión en forma plural. No obstante, se intentará brindar en esta introducción, un acercamiento personal que posibilite a los lectores un acceso a la confluencia entre lo religioso y lo psicológico en forma integrada dentro de los parámetros que fundamenten la pluridimensionalidad del ser humano.

Se trata, tal como sugiere el Dr. Jorge Garzarelli, de establecer un diálogo fecundo entre la Psicología y la Religión, experiencia que puede enriquecer nuestra profesión y nuestro modo de actuar en el mundo en el que vivimos. De este modo se pretende ofrecer un marco personal y profesional de la disciplina, partiendo de la consideración de la Ética como el camino regulador de toda nuestra actividad.

Actividad que tenga en cuenta, además, aquella condición del hombre que la antropología denomina como “homo religiousus”, en tanto gran parte de la humanidad vive la experiencia de lo sagrado, tanto a través de distintas prácticas religiosas como por haber sido sujeto individual de experiencias místico/espirituales. 

Las raíces religiosidad, en tanto expresión del hombre total, no pueden ser buscadas fuera del mismo hombre, sino que tienen que explorarse desde su misma interioridad. Es, al decir de Zunini, “un particular modo de ser, una toma de posición, una actitud, que se refleja sobre los objetos más diversos. Es pues una particular experiencia subjetiva". Por otra parte, y en su obra “Psicología y Religión”, el maestro Saúl Miguel Rodríguez Amenábar establecerá con meridiana claridad los alcances y los límites de las pretensiones de la psicología de la religión como disciplina: "La psicología puede dar su visión de lo que acaece en la persona individual que se conductualiza con una intención religiosa, pero sólo desde el punto de vista de sus procesos psíquicos, como suceder a con cualquier otra conducta. No puede dilucidar cuál es la esencia de lo religioso, ni decidir sobre la autenticidad o falsedad de la religión misma. Mucho menos le compete el juicio de existencia del objeto trascendente llámese Dios o dios. En suma, debe circunscribirse a lo que `es' evidente y no necesita demostración, es decir, al `hecho' de que alguien aparece como creyente. Su campo de estudio entonces, está dado por la personalidad, ya sea como individuo o como formando grupos o instituciones, e incluso por la institución misma, todo ello en integración con el medio histórico cultural. Pero esa visión no puede ser meramente descriptiva, sino que debe abarcar también el descubrimiento de los procesos inconscientes que subtienden al quehacer consciente. La visión de la psicología es tan valiosa como parcial".

En esta línea, la psicología de la religión nos permite formular muchas preguntas sobre los fundamentos psíquicos que mueven al hombre a establecer contacto con una dimensión trascendente: ¿Cuáles son las teorías importantes, los métodos de estudio y los problemas y conflictos en esta disciplina? ¿Cómo se origina la creencia religiosa? ¿Cómo se vivencia la religión en distintas etapas de la vida? ¿Cuál es el proceso y la experiencia de la conversión? ¿Cuáles son las consecuencias de la religión en la vida? ¿Por qué algunas personas son fanáticas y otras tolerantes en materia de religión? ¿Cuál es el proceso de la crisis de fe? ¿La religión promueve la salud humana? ¿Cómo se relacionan las creencias religiosas con las ideas supersticiosas? ¿Tiene la idea de Dios una base neurobiológica? ¿Hay un tipo particular de personalidad, saludable o patológica, que adopta la religión? 

La propuesta es la de acercarnos, de manera sintética, a algunas de estas cuestiones, explorando diversas respuestas que se han ofrecido a estos interrogantes. Otras preguntas serán objeto de desarrollos más extensos en publicaciones por venir. El universo de la psicología de la religión es amplio y diverso, como lo es el hombre. No podría serlo de otro modo, toda vez que se trata de reflexionar sobre un fenómeno que en su íntima esencia, y a la luz de la historia, se nos revela como  humano, demasiado humano.

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