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Contenci贸n (Descarga) Emocional
Por: Juan Ram贸n Mor谩n

Contenci贸n (Descarga) Emocional

Antecedentes

Autor: Juan Ram贸n Mor谩n

Los cambios que ha tenido la humanidad hasta llegar a la sociedad del conocimiento, del cerebro, de la nanotecnología, de la robótica, del genoma humano y de la informática no solo genera permutas en los paradigmas, sino en los comportamientos, en los pensamientos, en la estructura esquelética, cerebral, neuronal, genética, en los afectos, en las formas de percibir, sentir, expresar y vivir emociones y sentimientos.

La creciente población en el mundo, con ello la demanda de producción para alimentar a estas personas, llevo al hombre a la irracionalidad de sobrexplotar los recursos naturales que fueron contribuyendo a que el clima se sobrecalentara, generando el aludido “cambio climático” que no es otra cosa que una alteración en el clima mundial producto precisamente de la quema desaforada de hidrocarburos que ocasionaron destrucción de la capa de ozono cuyas secuelas son una alteración y calentamiento progresivo que conllevo a que el clima sufriera verdaderas alteraciones, aumentando las lluvias en determinados lugares y épocas, la sequía en otras, que contribuye a los desiertos aumenten en tamaño y aparezcan otros, el aumento de la fuerza de los huracanes y demás tempestades todo lo cual nos condujo a que nuestro planeta fuera agredido inmisericordemente, dando esta como respuesta el aumento de riesgos por fenómenos naturales.

Frente a estos panoramas queda que los estados, con ellos sus gobiernos y la población en general desarrolle una cultura de la prevención en desastres lo cual derivaría en la disminución de los impactos destructivos y de pérdidas de vidas humanas.

Estas deben concretarse en crear nuevas ordenanzas y políticas de construcción vial, de edificaciones y demás infraestructuras que sean antisísmicas, declarar las zonas no habitables, y lo más importante es crear en las personas la cultura de la prevención con lo cual disminuirán el número de muertes y los costos emocionales y la afectación en la salud mental serán menores. De hecho la concepción para la intervención en salud mental, incluye conceptos sociales, interculturales, económicos, antropológicos, psicológicos, psicopatológicos y ambientales.

En consecuencia preservar la salud emocional y psicológica ante la presencia de desastres se convierte más allá de una necesidad en una urgencias, la cual debe ser restablecida con la finalidad de prevenir la presencia de otros signos y síntomas más severos y sobre todo secuelas postraumáticas (estrés), pero también para fortalecer o desarrollar la capacidad resiliente de los sobrevivientes, en el marco de la ayuda psicosocial con contenidos profundamente humanos y solidarios.

En una situación de crisis lo más fundamental y relevante es que las personas, los grupos y la masa social, sean capaces de percibir la oportunidad que esta trae para el desarrollo y crecimiento individual y de la propia comunidad.

En estos tipos de eventos una persona puede presentar modificaciones según el grado de exposición, tipo de pérdida, percepción del soporte social, características de personalidad y situación personal previa al evento. Algunos autores mencionan que son reacciones normales ante eventos anormales; sin embargo, estas reacciones requieren una intervención en crisis de primera instancia a fin de proteger la salud psicológica de las personas afectadas y en algunos casos se requerirá la intervención de diferentes profesionales de la salud mental, ya que pueden exacerbarse condiciones clínicas preexistentes.

Aproximadamente dos tercios de las personas expuestas al trauma muestran diversas reacciones consideradas esperables, que varían de grado y disminuyen con el tiempo.

Alrededor de un tercio desarrolla síntomas que pueden resultar en un desorden agudo de estrés, trastornos afectivos, desorden de estrés postraumático y otros desórdenes de ansiedad. En el lapso de un año después del evento se estima que la prevalencia de los desórdenes alcance el máximo de casos y que disminuyan progresivamente. Cuando los síntomas no desaparecen después de aproximadamente un año es probable que persistan en intensidad (McGinn y Spindel, 2007; Gaborit, 2006).

Además, la experiencia de un trauma conlleva una inundación de información emocional: terror, dolor, incertidumbre, que desborda la capacidad de asimilar y elaborar lo sucedido, acompañada del sentimiento de pérdida de control (Villalba y Lewis, 2007). El proceso de resolución del trauma implica completar el procesamiento de dicha información (Mingote y cols. 2001, citando a Horowitz).

La mayoría de personas recupera su capacidad de afrontamiento y entre 20 y 50% pueden continuar con signos significativos de angustia, dependiendo de los recursos personales y de la magnitud de los daños sufridos. (Horowitz, 1976, cit. por Gaborit).

La tristeza y desmoralización se hacen más presentes (Carlson, 1997, cit. por Gaborit).

Generalmente se manifiesta en dos formas de actuación:

- Evitación del contacto con la realidad traumatizante, con diversas manifestaciones: Amnesia, despersonalización, insensibilidad afectiva, evitación de situaciones relacionadas, estados disociativos.

- Experimentación del evento traumático acompañado de: Pensamientos e imágenes intrusivas, ansiedad, reactividad fisiológica ante el recuerdo, hiperactividad, agresividad y pesadillas.

Algunas personas enfrentan la indefensión a través de la disociación y entonces separan o fragmentan la sobrecarga de información afectiva para disminuir en algo el dolor. En el extremo, la re-experimentación traumática intenta mantener el sentido de unidad ante el caos interno (Nov, 2004; Cohen, 2008). Algunas personas que sufren profundamente durante un desastre ocultan su sufrimiento por años, niegan sus síntomas o los atribuyen a otras condiciones; estas defensas pueden ayudar temporalmente durante la fase inmediata al desastre, pero su persistencia termina siendo perniciosa. En estas circunstancias es importante el apoyo del afectado en creencias religiosas o mitos familiares o comunitarios acerca del evento y de las pérdidas, para crear un sentido de seguridad y estabilidad para enfrentar el caos (Sullivan y Everstine, 2006).

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