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Monografías / Convicciones De Erich Fromm

El Trabajo En La Economía Capitalista
Por: Roberto Silva

Las convicciones de Erich Fromm

CUARTA PARTE: CRÍTICA AL CAPITALISMO

Capítulo 15 - El Trabajo En La Economía Capitalista

Fromm reconoció reiteradamente que el capitalismo significó un avance de importancia en el desarrollo de la personalidad humana y que ninguna crítica podía desconocer esto, hasta el mismísimo Marx lo aceptó aún cuando fuera su más enfático cuestionador. El individuo dejó de estar sometido a un orden inmutable, suya pasó a ser la responsabilidad del desarrollo de su vida, al menos en teoría aun cuando en la práctica muchas veces no era así, pero durante el feudalismo los límites de su vida estaban firmemente establecidos desde su nacimiento. El desarrollo de la libertad concluyó en los sistemas democráticos modernos donde los ciudadanos pueden elegir a sus representantes.

Pero junto a los avances también es necesario señalar sus muchas consecuencias negativas, en estas sociedades se ha impuesto el concepto que lo que uno realiza lo hace exclusivamente para beneficio personal, esto ha llevado a construir una doctrina del más descarnado egoísmo, precisamente nos dicen que ese es el motor que motiva la producción, mientras el capital se ha convertido en el dueño de los hombres y estos han terminado como mercancía que puede ser vendida y comprada.

Atendamos los argumentos de Erich Fromm: “En el capitalismo, la actividad económica, el éxito, las ganancias materiales, se vuelven fines en sí mismos. El destino del hombre se transforma en el de contribuir al crecimiento del sistema económico, a la acumulación de capital, no ya para lograr la propia felicidad o salvación, sino como un fin último. El hombre se convierte en un engranaje de la vasta máquina económica – un engranaje importante si posee mucho capital, uno insignificante si carece de él-, pero en todos los casos continúa siendo un engranaje destinado a servir propósitos que le son extraños”. (1)

Ni bien el hombre logró liberarse del pesado yugo del feudalismo creyó encontrarse ante un futuro venturoso donde nada ni nadie podrían frenar un progreso y libertad sin límites, con la ayuda de los adelantos científicos logró un desarrollo considerable de la producción lo que reduciría la escasez e incrementaría las horas de ocio. Se crearon sistemas políticos que permitían una mayor libertad al ser humano, pero si comparamos esas esperanzas con esta actualidad nos damos cuenta que las expectativas estuvieron lejos de satisfacerse. (2)

Durante la Edad Media el artesano obtenía cierta satisfacción de su trabajo, pero al comienzo de la edad moderna especialmente en los países protestantes del norte el trabajo pasó a considerarse una obligación, que en la concepción calvinista era un medio de salvación. Pero esta versión sólo era válida para los empresarios y algunos integrantes de la clase media, el grueso de la población debía vender su fuerza de trabajo en jornadas de 15 y 16 horas, y donde los niños cumplían con 10 horas de labor, en fábricas donde las condiciones eran detestables y no para servir al Señor sino como única posibilidad de subsistencia, el suyo era un trabajo forzado.

La situación de los obreros ha evolucionado del trabajo esclavo a la jornada de 8 horas, la jornada laboral ha perdido en parte esa condición de forzada y de ser causal de grandes penalidades, al menos, las que produjo en esos años iniciales del industrialismo, pero lo que no ha cambiado para nada es que sigue sin ser placentero. Hoy uno de los mayores anhelos de la gente es el de la pereza total, la aspiración de ganar la lotería y que llegue un día en que no haga falta trabajar.(3)

La tendencia hacia una mayor libertad que surgió con el capitalismo alcanzó su culminación al menos en los países centrales en la segunda mitad del siglo XIX y comienzos del XX, pero esto tuvo un brusco freno al surgir la etapa monopolista. La concentración del capital implicó una evidente limitación para el surgimiento de iniciativas individuales, la independencia económica de muchas personas fue barrida por el capital monopólico. La clase media debió iniciar una confrontación con muy escasas posibilidades de éxito contra fuerzas evidentemente muy superiores, esta situación de inseguridad económica la llevó a altos niveles de desesperación. Un pequeño grupo de grandes capitalistas se fue apropiando paulatinamente de todo el aparato productivo, desplazando a los más débiles. (4)

Con el capitalismo liberal el hombre concluyó subordinado por completo a los fines económicos que impusieron un puñado de grandes capitalistas, de esta forma la iniciativa individual quedó reservada para esos pocos, por eso afirmaba Fromm que para revertir este proceso es indispensable que los hombres lleguen a tomar control del aparato productivo y lo redireccionen hacia el objetivo de satisfacer las necesidades de las mayorías. Sólo si se logra una activa participación en el proceso social se podrá superar la desesperación y el aislamiento que impera entre los seres humanos producto de haberse convertido en meros engranajes de una maquinaria inmensa. (5)

Para profundizar en sus argumentos utilizó una larga cita de John Stuart Mill, un liberal que no desconocía los problemas que podía ocasionar el capitalismo librado a la voluntad de la gran burguesía, precisamente por eso decía: “Confieso que no me seduce el ideal de vida que defienden aquellos que piensan que el estado normal de los seres humanos es luchar por estar adelante; y que el pisotear, el empujar, el abrirse camino a codazos y el pisarse los talones, que constituyen el tipo actual de vida social, sean el destino más deseable para el género humano, no siendo otra cosa que los síntomas desagradables de una de las fases del progreso industrial… Más conveniente, a decir verdad, es que en tanto que la riqueza sea poder y hacerse lo más rico posible el objeto universal de  la ambición, el camino para obtenerla debe estar abierto para todos, sin favoritismo ni parcialidad.

Pero el mejor estado para la naturaleza humana es aquel en que, en tanto nadie es pobre, nadie desea ser  más rico ni tiene motivo alguno para temer que lo desplacen los esfuerzos de otros por ponerse a la delantera”.(6) Muchos liberales de estas tierras deberían aprender de este pensamiento de Mill en vez de andar parloteando en temas económicos con una visión que sólo busca beneficiar a los que más tienen.

Los empresarios se han transformado en burócratas que manejan seres humanos de igual manera que si se tratara de cosas, el arte de mandar a la gente se llama relaciones humanas que carecen por lo general de toda humanidad. (7)

El ser humano dejó de ser la medida de las cosas en la esfera económica y ese lugar lo ocupan la producción y los negocios, durante el siglo XIX se produjo la explotación más despiadada de los trabajadores, rigiendo la ley de la selva en la economía, incluso la lucha entre capitalistas también podía ser salvaje.(8)

La consecuencia del trabajo alienado es la impotencia que provoca estar sometidos a fuerzas que no son manejadas por los propios seres humanos que intervienen en el proceso e incluso muchas veces  se desconoce quienes realmente tienen el poder para direccionar el aparato económico: “Así como el hombre primitivo era impotente ante las fuerzas naturales, así el hombre moderno está desamparado ante las fuerzas económicas y sociales que él mismo ha creado”.(9)

No obstante estos cuestionamientos al capitalismo, por momentos Fromm se equivocaba al depositar ciertas expectativas en el régimen estadounidense, así fue como llegó a afirmar que: “En ningún otro país del mundo ha desaparecido la explotación hasta el punto en que ha ocurrido en los Estados Unidos”. La reciente crisis financiera que estalló en los Estados Unidos durante la gestión de Bush (hijo) mostró a las claras que los trabajadores son los primeros en pagar los platos rotos de la fiesta del gran capital, miles de familias fueron desalojadas y arrojadas a las calles mientras el Estado disponía de cuantiosos fondos para salvar a las corporaciones.

En esa discutible afirmación quería expresar lo mucho que se había avanzado por la lucha de los sindicatos para limitar la codicia empresaria, especialmente si se comparaba la situación con la existente en el siglo XIX. Pero también debe recordarse que un nivel de vida aceptable de los trabajadores en los países centrales tiene su origen en el saqueo de las riquezas de los países dependientes.

Fromm parecía prestar más atención al tema de la alienación del trabajo que al de la explotación, por eso escribió: “Creamos máquinas que obran como hombres y producimos hombres que obran como máquinas. El peligro del siglo XIX era que nos convirtiéramos en esclavos; el peligro del siglo XX no es que nos convirtamos en esclavos sino en robots”. (10)

Existe un evidente riesgo al acotar el  significado de progreso al mero desarrollo de la producción, sólo aquellas cualidades humanas que están al servicio del crecimiento económico se consideran virtuosas, en tanto las que no sirven a ese fin se las evalúa como negativas. De hecho a la compasión no se la considera que ayude al progreso, puede obstruir desde el momento que implica reducir la explotación de los trabajadores o evitar la liquidación de un competidor.

El significado de la palabra compasión es “padecer con”, lo cual indica que se siente lo mismo que el otro, esto implica que no se visualiza a la otra persona desde afuera como si se tratara de un objeto, por el contrario se experimenta lo mismo que el semejante.(11)

En la sociedad moderna se reemplazan los actos compasivos por la filantropía que es una manera enajenada y burocrática de satisfacer la conciencia social, muchas veces la justicia social no es producto de la compasión sino de la necesidad del mercado o una concesión con el único objetivo de evitar una rebelión de los pobres.(12)

El carácter sagrado que se le asigna a la propiedad en el capitalismo adquiere niveles de paradoja y hasta de absurdo, en razón que son muy pocas las personas dueñas de los medios de producción y que muy raramente se puso en duda la propiedad privada sobre los medios de consumo. Pero la irracionalidad llega al punto que a la institución de la propiedad privada se le otorga una condición lindante con lo religioso. De hecho mucha gente se opondría a la nacionalización de los medios de producción a pesar de carecer en su inmensa mayoría de participación en ellos, por lo que la expropiación legal chocaría con la violenta resistencia que haría imposible recurrir a esa medida al menos que se lo haga por medio de una revolución. (13)

Fromm se refería principalmente a la situación en los Estados Unidos y Europa, en América Latina esto no ha sido así por lo menos de parte de las mayorías, pero se hace evidente en ciertos sectores de clase media que han convertido en sagrada la propiedad privada de otros, cuando esos otros son poderosos señores que manipulan deliberadamente a la denominada opinión pública.

Aún cuando en las sociedades capitalistas una inmensa mayoría de las personas no posee propiedad privada de los medios de producción sino exclusivamente propiedad personal, la burguesía estableció normas para hacer invulnerable la propiedad sobre esos  medios y un control ideológico en ese tema al punto que gente que no tiene ningún dominio sobre los medios de producción se conviertan en fanáticos defensores de la propiedad de la elite económica y se hace ver como representantes de la barbarie a quienes ponen en duda los derechos de la burguesía, muchas veces se expresa ese odio hacia quienes indican que la propiedad debe cumplir un rol social con fórmulas descalificadoras que los hacen aparecer como gente peligrosa.(14)

En Argentina recientemente la Confederación General del Trabajo abogó por el reparto entre los trabajadores de un modesto porcentaje de las ganancias en las empresas generando una exaltada respuesta de los empresarios que instantáneamente levantaron el fantasma del casi inexistente comunismo al señalar que la medida era propia de un régimen como el de Fidel Castro. Anteriormente presenciamos a irritados integrantes de la pequeña burguesía defender los intereses de acaudalados terratenientes que se resistían a un incremento de los derechos de exportación.

En Marx el trabajo es una expresión genuina del hombre, una manifestación de sus facultades mentales y físicas, no lo consideraba únicamente un medio para obtener un fin, es un fin en sí mismo pues es la expresión de su energía. Su crítica sustancial al capitalismo no se limitaba a requerir una mayor justicia en la redistribución de la riqueza sino que levantó la voz por la perversión que implicaba el trabajo forzado y enajenado que convierte a los seres humanos en “monstruos tullidos”. (15)

Para Marx el proceso de la enajenación del hombre se expresa en la misma actividad y en la división del trabajo,  en su concepción el trabajo es la relación activa entre los seres humanos y la naturaleza y en ese proceso se crea un mundo nuevo y también el hombre se crea a sí mismo. Pero a medida que la propiedad privada y la división del trabajo se desarrollaron, dejó de ser la expresión de la manifestación de las facultades del hombre, tanto el trabajo como el producto de él empezaron a tener una existencia al margen del hombre y de su voluntad, el producto pasó a tener independencia de su productor.(16)

Decía Marx en los “Manuscritos económicos-filosóficos”: “El trabajador se vuelve más pobre a medida que produce más riqueza y a medida que su producción crece en poder y cantidad. El trabajador se convierte en una mercancía aún más barata cuantos más bienes crea. La devaluación del mundo humano aumenta en relación directa con el incremento de valor del mundo de las cosas. El trabajo no sólo crea bienes, también se produce a sí mismo y al trabajador como una mercancía y en la misma proporción en que produce bienes”.(17)

Marx en su señalamiento de la función que terminaban cumpliendo los trabajadores en el capitalismo utilizaba frases por demás contundentes y demostrativas, veamos sino el siguiente párrafo: “Llegamos al resultado de que el hombre (el trabajador) se siente libremente activo sólo en sus funciones animales –comer, beber y procrear o, cuando más, en su vivienda y en el adorno personal- mientras que en sus funciones humanas se ve reducido a la condición animal. Lo animal se vuelve humano y lo humano se vuelve animal”.(18)

Este sistema económico produce individuos con una determinada personalidad donde el egoísmo se encuentra omnipresente, es precisamente esa disposición que nos impulsa a querer cada día más cosas, que el poseer nos causa placer y no así el compartir, que nos transformamos en personas avaras, donde lo importante es tener porque cuando más tengo más soy, a mis semejantes los veo como antagonistas que pueden quitarme parte de lo que tengo. Se considera absolutamente normal que muestre envidia por aquellos que tienen más que yo, pero también debo desconfiar de quienes tienen menos. Esa pasión por tener más, sin dudas produce una confrontación de clases, aún cuando siempre se culpe a los que menos tienen de querer el enfrentamiento e intencionadamente se muestre a los privilegiados como los pacificadores. (19)

En los inicios del capitalismo había escasez y se necesitaba reglamentar la manera de distribuir, este reparto estaba determinado por la fuerza y las clases con más poder se quedaban con la mejor parte. Por lo general la fuerza era acompañada por la tradición social y religiosa que daba un sustento ideológico a esa distribución desigual, incluso a veces ni siquiera era necesario recurrir a la fuerza.

Actualmente nos dicen que es el mercado el que reglamenta la distribución y hace innecesario el uso de la fuerza, pero esto es sólo aparente, el obrero acepta su salario porque de otra forma no sobreviviría. (20)

Al atribuir al mercado la facultad de fijar las reglas, si se despiden miles de obreros es producto de la mala suerte, a sus propias incapacidades o simplemente a una ley natural, la explotación será justificada por las leyes del mercado no por la avaricia de un individuo o a la incapacidad del propio empresario, en definitiva cuando el culpable es el mercado no existen responsables al menos de parte de los empresarios.

En la jerarquía de valores del capitalismo, el capital ocupa un lugar más elevado que el del trabajo, la persona que es poseedora del capital es más importante que aquella que proporciona su trabajo, esto produce una escala de valores que ubica a las “cosas” por encima de las personas.(21)

Durante la segunda mitad del siglo XIX y comienzos del XX hubo movimientos tendientes a  abolir la explotación de los trabajadores, es más Fromm llegó a presagiar erróneamente que en un par de generaciones no existirían pobres en los Estados Unidos a raíz de la disminución de la explotación de los trabajadores y una mejor distribución de la riqueza.

Pero a pesar de todos los avances no se lograron los resultados esperados, aún con  prosperidad material y con libertades políticas y sexuales, el mundo se encuentra mentalmente tan o más enfermo que en el siglo XIX, citando a Adlai Stevenson decía que ahora los seres humanos no corren el riesgo de ser esclavos sino de convertirse en autómatas, al estar dirigidos por la autoridad anónima del conformismo, careciendo de convicciones propias y sin una identidad definida. (22)

En muchos estados capitalistas se ha avanzado en el plano social al punto de haber reconocido cierta legislación para el desempleo o la vejez, pero es notorio el rechazo de casi todos los empresarios y muchos políticos que hablan despectivamente del “estado benefactor”, en general estos ataques se realizan en nombre de la libertad, pero si uno le pregunta  a esos empresarios coincidirán en que la seguridad  económica debe ser uno de los objetivos centrales de la vida, seguridad que niegan a sus trabajadores.(23)

La inmensa mayoría de la población tiene empleos que requieren poca pericia y donde carecen de la posibilidad de desarrollar algún talento especial y efectuar alguna tarea que las distinga, mientras que los directivos, algunos profesionales  y los gerentes pueden tener algún interés al realizar actividades acordes a sus conocimientos, la inmensa mayoría vende su fuerza de trabajo a un patrón para que obtenga una ganancia que no será repartida, y donde realiza una actividad con el sólo objetivo de ganarse la vida y satisfacer el anhelo de consumo.

Disgusto, hastío, falta de alegría, enfermedades físicas y psíquicas adquiridas en el trabajo, una sensación de inutilidad, además de un vago sentimiento que la vida carece de orientación son las consecuencias inevitables, conformando un síndrome que muchas veces no logra ser percibido por quienes lo padecen y que tratan de ser ocultado mediante actividades evasivas o por las ansias por obtener más dinero y prestigio. (24)

Fromm planteó opciones para que los trabajadores pudieran tener alternativas para salir de esta situación al que los condenaba el capitalismo, según sus opinión la primera cuestión que debía plantearse era que el trabajador estuviera informado sobre todo lo atinente a su trabajo como aquello que hacía al funcionamiento de la empresa. Estimaba conveniente que el trabajador concurriera de forma más o menos continua a cursos de capacitación técnica y científica los cuales deberían ser considerados como integrando  la jornada laboral. Pero iba aún más allá, la información también debía considerar la función económica de la empresa y sus relaciones con la comunidad.(25)

Norman Thomas quién llegó a estar al frente del Partido Socialista Norteamericano, partido que de ninguna manera puede identificarse por posiciones extremas, decía lo siguiente: “Esta persistencia en identificar la libertad con el derecho de los fuertes o los afortunados a obtener grandes beneficios de la propiedad en la que no se invierte el esfuerzo personal, o de la administración y explotación del trabajo ajeno, forma parte de la enfermedad de nuestra época”. (26)

Fromm insistió sobre este gran problema al cual no se le suele brindar la debida atención, incluso por parte de los sindicatos quienes deberían mostrar un especial interés por el tema, el trabajo aún con las conquistas obtenidas en las últimas décadas se ha convertido en un lugar que no es atractivo para la inmensa mayoría de los trabajadores, transformar esa situación se constituye en una de las reivindicaciones más inmediatas y necesarias, alertar sobre el tema y discutir las soluciones adquieren una absoluta prioridad.

(1) El miedo a la libertad, pags. 130 a 135
(2) La condición humana actual, pag 7
(3) La patología de la normalidad, pags. 43, 44 y 45
(4) El miedo a la libertad, pags. 147 y 148
(5) Ob. Cit., pag. 301
(6) La revolución de la esperanza, pag. 38
(7) La condición humana actual, pag. 11
(8) Psicoanálisis en la sociedad contemporánea, pag. 77
(9) La condición humana actual, pag. 16.
(10) Ob. Cit., pag. 91 y 92
(11) La revolución de la esperanza  pags. 34, 35 y 36
(12) Ob. Cit., pag. 86
(13) Ob. Cit., pags. 153 y 154
(14) Las cadenas de la ilusión, pags. 128 y 129
(15) Marx y su concepto del hombre, pag. 52
(16) Ob. Cit., pag. 58
(17) Ob. Cit., pags. 104 y 105
(18) Ob. Cit., pags. 108 y 109
(19) ¿Tener o ser?, pag. 25
(20) Psicoanálisis en la sociedad contempor,  pags. 78 y 79
(21) Ob. Cit., pags. 82, 83 y 84
(22) Ob. Cit., pags. 88, 89 y 90
(23) Ob. Cit., pags. 164 y 165
(24) Ob. Cit., pags. 244 y 245
(25) Ob. Cit. Pag. 266
(26) Humanismo socialista, pag. 382

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