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Monografías / Convicciones De Erich Fromm

La Naturaleza del Hombre
Por: Roberto Silva

Las convicciones de Erich Fromm

SEXTA PARTE: ¿EXISTE UNA NATURALEZA HUMANA?

Capítulo 28 - La naturaleza del hombre

En la concepción de Erich Fromm es de fundamental importancia indagar si existe una naturaleza propia de los seres humanos porque ella determinaría su forma de comportarse y los fines que establecería en su vida, la siguiente definición lleva a pensar en la necesidad de poner un especial énfasis que nos permita llegar a alguna conclusión sobre esta idea: “El bienestar es estar de acuerdo a la naturaleza del hombre”.(1)

Para introducirnos en este tema podríamos comenzar con la siguiente orientación: “La finalidad de la vida que corresponde a la naturaleza del hombre en su situación existencial es la de ser capaz de amar, ser capaz de emplear la razón y ser capaz de tener la objetividad y la humildad de estar en contacto con una realidad exterior e interior sin desfigurarla”.(2)

Cuando tratamos el tema de la agresividad vimos las dos posiciones, una que dice que la agresión forma parte de la naturaleza humana y la otra que defendía la idea que son las condiciones sociales las que determinan el comportamiento. Fromm al rechazar de manera categórica la primera de las tendencias ponía en evidencia el alto componente autoritario que implicaba esa posición, pues si el hombre sólo es capaz de generar maldad debían adoptarse estrictos controles para evitar el surgimiento de sus actitudes destructivas.

La otra tendencia en cambio tendía a creer en la bondad del hombre y que sólo las circunstancias sociales lo impulsan a la maldad, Fromm cuestionaba ambas posiciones, mientras a los primeros les mostró que hubo épocas en que existieron sociedades alejadas de esos preceptos de destrucción, a los segundos les señaló las reiteradas oportunidades en la historia en que emergió lo peor de los seres humanos con su secuela de masacres e ilimitada destrucción. 

En distintos períodos de la historia se alcanzaron niveles de crueldad mucho mayores a los que puede verse en cualquier otra especie: “…la historia humana es un documento de la inimaginable crueldad y la extraordinaria destructividad del hombre”. (3)

La idea que defendía Fromm era que la agresividad de los seres humanos se encontraba en sus cerebros pero que la misma no se manifiesta hasta tanto sea activada por circunstancias vinculadas a la conservación de la propia vida.

Si la guerra fuera producto de la agresividad intrínseca de los hombres los gobernantes no tendrían necesidad de realizar propaganda tendiente a mostrar la agresión de un pueblo vecino y hacernos creer que se encuentra en peligro nuestras vidas, nuestra libertad, propiedades, etc. Esta exaltación del belicismo dura un tiempo, luego se pasa a la amenaza directa con aquellos que se resisten a combatir, como muy bien señala Fromm, todo esto no sería necesario si la gente estuviera predispuesta a guerrear, al contrario, los gobernantes deberían apelar de manera constante a campañas pacifistas para detener el espíritu guerrero de sus pueblos. Las guerras comenzaron a generalizarse con el surgimiento de los estados-ciudades, con sus ejércitos, reyes, y la posibilidad de obtener por medio de la guerra un valioso botín.(4)

Es lógico que las personas al igual que los animales reaccionen cuando se sienten amenazados, la diferencia consiste en que a los seres humanos mediante la propaganda se los pueden convencer que su vida o su libertad corren serio riesgo, mediante estos recursos se puede despertar la agresividad que de otra forma permanecería dormida. Instalar el miedo en una sociedad siempre resulta ser un recurso muy eficiente para hacer surgir lo peor en cada uno, particularmente para que emerja de manera imparable una violencia que aplaque transitoriamente el temor que nos invade.

Con la aparición de Freud surgió una teoría sustentada en el psicoanálisis que implica un profundo cambio y un avance científico al tratar de entender racionalmente las pasiones humanas, en particular aquellas que tienen su raíz en lo irracional. Había en Freud un fin que consistía en que cada individuo puede lograr su autonomía conduciéndose a sí mismo luego de desentrañar su subconsciente, es decir mediante el uso de la razón el hombre puede liberarse de las falsas ilusiones que le impiden ser libre.(5)

Los hombres tienen dos tipos de pasiones, unas son de tipo biológico y son comunes a todos, son aquellas indispensables para la supervivencia, tales como el hambre, la sed, o la necesidad sexual. Las otras pasiones no tienen una raíz biológica y no son iguales  para todos, varían de acuerdo a la cultura de cada sociedad, entre ellas se puede nombrar al amor, la alegría, el odio, los celos, la solidaridad, la competitividad, etc. Estas pasiones forman parte del carácter de una persona.(6)

Lo irracional en el hombre no son sus instintos sino sus pasiones irracionales. Los animales no tienen envidia, voluntad de explotar y dominar, al menos los mamíferos. En el hombre se desarrollan no por encontrarse arraigados en los instintos sino por ciertas condiciones patológicas que producen esos rasgos. El pleno desarrollo del hombre requiere ciertas condiciones favorables, si no se cumplen quedará trunco en su crecimiento, si en vez de libertad recibe coacción, si en vez de respeto recibe sadismo, producirán condiciones negativas las cuales conforman las pasiones irracionales.  (7)

Contrariamente a lo que se cree, el hombre ha sido dotado del más profundo sentimiento de justicia e igualdad, lo cual se manifiesta en la natural reacción de la mayoría cuando se encuentra frente a un acto injusto.

Fromm consideraba que un componente inescindible de la naturaleza humana era la búsqueda constante de la libertad, así lo decía con todas las letras: “La existencia humana y la libertad son inseparables desde un principio”.

Cuando el ser humano empezó a pensar se modificó su relación con la naturaleza, dejó de tener una actitud pasiva para pasar a desarrollar una actividad creativa que se inició con la confección de herramientas que lo llevaron paulatinamente a dominar la naturaleza y a separarse de ella.

Fromm encontró una interesante y simbólica manera de explicar la libertad de los hombres, según su particular manera de ver las cosas, la libertad humana comenzó desde el momento en que el hombre desobedeció a Dios, es ese el instante en que deja el estado de inconsciencia, donde no se diferenciaba de la naturaleza, para comenzar su existencia como ser humano, actuó contra la autoridad de Dios cometiendo un pecado pero a la vez realizó su primer acto de libertad y coincidentemente también utilizó por primera vez la facultad de razonar.(8)

La defensa de la libertad en todas sus formas fue una de la obsesiones de Fromm: “En verdad, la libertad es la condición necesaria tanto para la felicidad como para la virtud; la libertad, no en el sentido de aptitud para hacer elecciones arbitrarias ni tampoco para estar libre  de necesidades; sino la libertad para darse cuenta de lo que uno es potencialmente, para dar pleno cumplimiento a la verdadera naturaleza del hombre de acuerdo con las leyes de su existencia”.(9)

El hombre no sólo tiene que satisfacer imperiosamente los requerimientos fisiológicos, también hay necesidades espirituales que deben ser atendidas y que de no serlo pueden tener graves consecuencias sobre el individuo. Una de esas necesidades es la de crecer y poder liberar todas la potencialidades propias del ser humano, estas tendencias pueden ser reprimidas, pero tarde o temprano emergerán, la orientación al crecimiento genera deseos de libertad, justicia y verdad, las cuales también corresponden a impulsos propios de la naturaleza humana.(10)

Fromm discrepaba con la concepción de Freud en el sentido que consideraba al ser humano como un ser autosuficiente que sólo necesita mantener relaciones con los demás para satisfacer sus necesidades instintivas, para Fromm el hombre era esencialmente un ser social, por eso mismo, consideraba que la psicología debía ser fundamentalmente social, las necesidades del individuo que lo vinculan con su entorno, tal como el amor y el odio, son fenómenos psicológicos fundamentales pero que en la teoría de Freud representan consecuencias secundarias de las necesidades instintivas.(11)

Los cambios y revoluciones que ocurren en la historia se producen no sólo porque nuevas condiciones económicas y sociales entran en conflicto con las viejas fuerzas productivas, sino también porque ocurre un choque entre las condiciones inhumanas que deben soportar las masas y las inalterables necesidades de los individuos, las cuales están condicionadas por la naturaleza humana.(12)

Si no existiera una naturaleza humana y el hombre fuera infinitamente maleable no hubieran sucedido revoluciones y no habría cambios permanentes, la sociedad podría someter a los individuos según su voluntad sin que se produjera algún tipo de resistencia. La protesta no surge exclusivamente por cuestiones materiales, las cuales son indudablemente indispensables, también existen otras necesidades humanas que constituyen una motivación poderosa para impulsar los cambios y revoluciones.(13)

Fromm  adoptó de Marx la idea de la existencia de una naturaleza humana en general y una expresión específica de la misma en cada cultura. Marx distinguía dos tipos de impulsos y apetitos humanos: los constantes y fijos como el hambre y el deseo sexual, los cuales son parte integrante de la naturaleza humana y que sólo puede modificarse en su forma y en la dirección que adoptan en cada cultura. También están los apetitos relativos que no son parte de la naturaleza humana y que “deben su origen a ciertas estructuras sociales y a ciertas condiciones de producción y comunicación”.(14)

La naturaleza humana está arraigada en el interés del hombre de expresar sus facultades ante el mundo, antes que en su tendencia a utilizar al mundo como medio para satisfacer sus necesidades fisiológicas. Marx decía que como tengo ojos necesito ver, como tengo oídos necesito oír, como tengo cerebro necesito pensar y como tengo corazón necesito sentir. Los impulsos del hombre responden a la necesidad humana de relacionarse con otras personas y con la naturaleza. (15)

Aquí tal vez podamos entender un poco mejor por qué es importante en el pensamiento frommiano la determinación de la existencia de una naturaleza propia de los seres humanos, de ella misma se desprende el principio por el cual el poder para actuar crea la necesidad de usar ese poder y que su no utilización genera trastornos e infelicidad. El hombre tiene el poder de pensar y hablar, si se bloquean tales capacidades la persona sufrirá daños, el hombre tiene el poder de amar si no hace uso de esa capacidad sufrirá, aún cuando pretenda ignorar su sufrimiento con toda clase de racionalizaciones o usando vías de escape para evitar el dolor del fracaso.(16)

Fromm quería dejar clara la posición de Marx en cuanto a que su entusiasmo por las posibilidades de los hombres a crearse un futuro no debía confundirse con una posición voluntarista: “Aunque Marx subrayó el hecho de que el hombre se modificaba en gran medida a sí mismo y a la naturaleza durante el proceso histórico, siempre destacó que tales cambios tenían relación con las condiciones naturales existentes. Precisamente eso es lo que distingue su punto de vista de ciertas posiciones idealistas que asignan un poder ilimitado a la voluntad humana”.(17)

El hombre es dependiente, está sometido a la muerte, a la vejez, la enfermedad, incluso aún cuando llegara a controlar la naturaleza y ponerla a su servicio, nunca dejaría de ser un punto en el Universo, pero una cosa es reconocer la dependencia y la limitación, y otra muy diferente¸ es entregarse a esas fuerzas y venerarlas, comprender lo limitado de nuestro poder es una parte esencial de nuestra sabiduría y madurez.(18)

No obstante, tampoco debía caerse en planteos que excluyen la posibilidad que los hombres modifiquen la realidad, aunque el ser humano sea el objeto de las fuerzas naturales y sociales que lo gobiernan de ninguna manera es un pasivo objeto manejado por las circunstancias: “Tiene voluntad, capacidad y libertad para transformar y cambiar el mundo, dentro de ciertos límites” El hombre no puede tolerar la pasividad absoluta: “Se siente impulsado a dejar su huella en el mundo, a transformar y cambiar, y no sólo a ser transformado y cambiado”. (19)

En cada situación que la vida le presenta el hombre se encuentra ante una serie de posibilidades reales que están determinadas porque son el resultado de las circunstancias concretas que lo rodean. Podrá optar entre las alternativas en la medida que tenga conciencia de ellas y de las consecuencias de su decisión. La libertad es actuar con el conocimiento que se tenga de las verdaderas posibilidades y consecuencias, en contraste con las opciones ficticias o irreales que juegan un papel adormecedor y por lo tanto impiden el uso pleno de la libertad de elección.(20)

Ni Freud ni Marx fueron deterministas, ambos creyeron que era posible modificar un rumbo ya trazado, ambos reconocieron la capacidad del hombre para conocer las fuerzas que provocan los acontecimientos individuales y sociales, permitiéndole recuperar su libertad.

El hombre se encuentra condicionado por leyes de causa y efecto pero con conocimiento y adoptando la acción correcta puede crear y ampliar su esfera de libertad. Para Freud el conocimiento del inconsciente y para Marx el de las condiciones socio-económicas y los intereses de clase, eran las condiciones para su liberación, para lo cual eran imprescindibles la voluntad y la lucha activa.(21)

La posibilidad de libertad está en saber cuáles son las opciones reales entre las que podemos elegir y reconocer aquellas alternativas irreales que son meras ilusiones, muchas veces ante una elección desechamos las posibilidades reales porque implican esfuerzos o riesgos y vivimos bajo una falsa ilusión de que una alternativa irreal alguna vez se concrete, ni bien se avizora el fracaso concluimos buscando un culpable fuera de nosotros.(22)

La concepción de Freud sobre la naturaleza humana es definida como esencialmente competitiva, en este aspecto no se diferencia con aquellos autores que creen que las características del hombre en el capitalismo corresponde a sus inclinaciones naturales.

Darwin definió la lucha por la supervivencia, David Ricardo lo trasladó a la economía y Freud a los deseos sexuales, la conclusión a la que llegaba Fromm era que: “Tanto el hombre económico como el sexual son creaciones útiles cuya supuesta naturaleza -aislada, asocial, insaciable y competidora- hace que el capitalismo parezca el régimen que corresponde perfectamente a la naturaleza humana y lo pone fuera del alcance de la crítica”.(23)

En la sociedad capitalista moderna se supone que existen ciertas conductas que están enraizadas en la naturaleza humana y por eso son inmutables, al menos eso intentan hacernos creer, por ejemplo el deseo de consumir. En la misma línea de pensamiento algunos sostienen que el hombre es perezoso y pasivo por naturaleza, que no desea trabajar, ni hacer ningún esfuerzo si no es por la ganancia material, el hambre o el temor al castigo.

Fromm de ninguna manera coincidía con que hubiese una tendencia a la pereza, nos decía que había investigaciones que mostraban que si los estudiantes parecían perezosos era porque el material de aprendizaje era de difícil lectura o porque no lograba despertar el interés, si se eliminan la presión y el aburrimiento, y el material se presenta de manera interesante, el estudiante se mostrará atraído y con iniciativa. De igual manera un trabajo aburrido se volverá interesante si los trabajadores advierten que están participando y son tomados en cuenta.(24)

En 1974 escribió un artículo donde realizaba la pregunta si el hombre era perezoso por naturaleza, muchas veces se adopta esto como un axioma, de igual manera que se dice que es malo por naturaleza, ambos razonamientos concluyen por lo general remarcando que para eso necesitan de la iglesia o de algún poder político para extirpar el mal. Si el hombre es de lo peor entonces necesita de jefes que lo encarrilen. Fromm astutamente daba vuelta el concepto, si al hombre se le quieren imponer jefes e instituciones que lo dominen el arma ideológica más eficaz que utilizarán esos poderes  será tratar de convencerlo que no puede confiar en su propia voluntad y conocimiento pues quedará a merced del demonio que lleva adentro. Nietszche comprendió perfectamente esto cuando señaló que si se logra llenar al hombre de pecado y culpa se volverá incapaz de ser libre. (25)

No coincidía con la idea que las personas  no están dispuestas a hacer sacrificios, y citaba a Churchill cuando le solicitó al pueblo británico “sangre, sudor y lágrimas”. La reacción de ingleses, rusos y alemanes a los bombardeos indiscriminados durante la Segunda Guerra Mundial demostró que su espíritu no fue quebrantado, contrariamente fortaleció su resistencia.

Lamentablemente parece ser la guerra y no la paz la que puede estimular la voluntad humana a realizar sacrificios, la paz parece alentar el egoísmo. Pero hay situaciones en la paz en que emerge el espíritu solidario, las huelgas son un ejemplo en que los trabajadores se arriesgan para defender su dignidad y la de sus compañeros.(26)

La intensidad del deseo de compartir, de dar, de sacrificarse no es tan sorprendente si se considera la existencia de la especie, lo realmente extraño es que esa necesidad se haya reprimido hasta tal punto que el egoísmo se ha vuelto regla en la sociedad y la solidaridad la excepción. (27)

Fromm tampoco coincidía en lo relativo a hacer hincapié que en la naturaleza humana  las características egoístas e individualistas eran las predominantes como sostenían Freud y otros pensadores: “… una de las características de la naturaleza humana es que el hombre encuentra su felicidad y la realización plena de sus facultades únicamente en relación y solidaridad con sus semejantes. No obstante, amar al prójimo no es un fenómeno que trasciende el hombre, sino que es algo inherente y que irradia de él”.(28)

Es la sociedad la que modela al hombre, pero éste de ninguna manera es una hoja en blanco donde se pueda escribir cualquier texto, si se le intenta imponer condiciones que van contra su naturaleza de alguna manera habrá una reacción. Fromm sostiene que el hombre tiene un objetivo y que es esa naturaleza la que le indica cuales son las normas apropiadas para encarar su vida.

Si en la sociedad existen condiciones ambientales adecuadas podrá desarrollar plenamente sus potencialidades y lograr su objetivo, de lo contrario se encontrará sin rumbo.

Fromm hablaba de estímulos activantes se refería a la presencia de libertad, la ausencia de explotación y la existencia de modos de producción centrados en el hombre, todo esto indicaba que las condiciones eran favorables al desarrollo, su ausencia implicaba serias dificultades para que las personas puedan canalizar sus inquietudes. No se trata de que estén presentes dos o tres condiciones, sino de todo un sistema de factores. Las circunstancias apropiadas para el desarrollo total sólo son posibles en un sistema social en que se combinen distintas condiciones favorables.(29)

La teoría de Marx según la cuál las ideas están determinadas por la estructura social y económica no implica que las ideas carezcan de importancia, ni que sean meros “reflejos” de las necesidades económicas. El ideal de libertad está profundamente arraigado en la naturaleza humana, por eso es que constituyó un ideal para los hebreos en Egipto, los esclavos en Roma, los trabajadores en Alemania Oriental, etc. Pero debe tenerse en cuenta que el principio de orden y autoridad también se encuentra arraigada en la existencia del hombre.(30)

Obviamente una consideración imprescindible sobre la naturaleza humana corresponde al principio de igualdad por el cual todos los seres humanos son iguales, ese es el precepto fundamental del humanismo que con tanta vehemencia defendió Fromm a lo largo de toda su vida con una coherencia inobjetable. A la manera de una oración laica, en su credo humanista Fromm decía: “Creo que la igualdad se siente cuando, al descubrirse uno mismo por completo, se reconoce igual a otros y se identifica con ellos. Todo individuo lleva la humanidad en su interior. La ‘condición humana’ es única e igual en todos los hombres, a pesar de las inevitables diferencias de inteligencia, talento, estatura, color, etc.”.(31)

Concluyamos este capítulo con una nueva cita que sintetiza muchas de las cuestiones que venimos analizando hasta aquí: “Creo que sólo excepcionalmente un hombre nace santo o criminal. Casi todos nosotros tenemos inclinaciones hacia el bien y hacia el mal, aunque el peso de cada una de esas tendencias varía de acuerdo con los individuos. De ahí que nuestro sino esté en gran medida determinado por aquellas influencias que moldean y configuran unas tendencias específicas. La familia es la influencia más importante. Pero la familia en sí es ante todo un agente social, es la correa de transmisión a través de la cual discurren los valores y normas que la sociedad desea inculcar a sus miembros. En consecuencia, los factores más importantes para la evolución del individuo son la estructura y los valores de la sociedad en que ha nacido”.(32)

Libertad e igualdad surgen como necesidades de las personas más que como ideologías, también existen poderosos intereses tendientes a evitar que podamos vivir de acuerdo a esos preceptos que requieren que no haya tutelajes de ninguna especie. Pensar que las cuestiones espirituales tienen importancia casi tanto como las necesidades que surgen de la lucha por la supervivencia, han llevado a algunos críticos de Fromm a calificarlo de “idealista”, su lucha en parte ha consistido en mostrarnos que conceptos como igualdad y libertad son tan importantes y reales como satisfacer cualquier necesidad fisiológica.

(1) Budismo zen y psicoanálisis, pag. 95
(2) La patología de la normalidad, pag. 35
(3) El amor a la vida, pags. 75 y 76
(4) Ob. Cit., pags. 86 y 87
(5) Ob. Cit., pags. 123 y 124
(6) Ob. Cit., pags. 224 y 225
(7) El arte de escuchar, pags. 75 y 76
(8) El miedo a la libertad, pags. 54, 55 y 56
(9) Etica y psicoanálisis, pag. 266   
(10) El miedo a la libertad, pags. 314 y 315
(11) Ob. Cit., pags. 316 y 317
(12) Sobre la desobediencia y otros ensayos, pag. 29
(13) La revolución de la esperanza, pag. 69
(14) Marx y su concepto del hombre, pag. 37
(15) La crisis del psicoanálisis, pags. 80 y 81
(16) Etica y psicoanálisis, pags. 236 y 237
(17) La crisis del psicoanálisis, pags. 188 y 189
(18) Psicoanálisis y religión, pag. 76
(19) El corazón del hombre, pag. 48
(20) Sobre la desobediencia y otros ensayos, pags. 42 y 43
(21) El corazón del hombre, pags. 148 y 149
(22) Ob. Cit., pags. 169
(23) Psicoanálisis en la sociedad contemporánea, pags. 69 y 70
(24) ¿Tener o ser?, pags. 102 y 103
(25) Patología de la normalidad, pag. 131
(26) ¿Tener o ser?, pags. 103 y 104
(27) Ob. Cit., pags. 107 y 108
(28) Etica y psicoanálisis, pag. 26
(29) Anatomía de la destructividad  humana, pags. 263 y 264
(30) Las cadenas de la ilusión, pags. 130 y 131
(31) El humanismo como utopía real, pag. 134
(32) Las cadenas de la ilusión, pag. 257

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