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Monografías / Ninfomania En La Adolescencia

Discusión
Por: María Paz Guzmán Benavente

Al articular el marco teórico y los resultados anteriormente expuestos de las variables a investigar a partir de un caso único analizado, aparecen algunos aspectos que son relevantes, puesto que varios elementos se condicen, y coinciden con lo expuesto teóricamente. Estos permitirán de cierta forma abrir la discusión sobre lo que sucede en ninfomanía, y cuáles serían sus repercusiones en el cuerpo.

Lo esperable en la adolescencia es la búsqueda de identidad sexual y la exploración del propio cuerpo, que en el caso de la ninfomanía se traduciría en una búsqueda desesperada e insaciable por tener relaciones sexuales. Más allá de una búsqueda de satisfacción sexual en sí (consciente), tendría que ver  con algo a nivel inconsciente que estaría insistiendo.

En relación a la variable cuerpo y goce, se logra desprender una preocupación excesiva en relación a su cuerpo y su imagen, algo que iría más en la línea del narcisismo, ya que las respuestas que da en la entrevista unido a las respuestas entregadas en el Rorschach tienen mucho que ver con el grado de satisfacción que le entrega su autoimagen, que va ligada a una buena alimentación y a un cuidado casi obsesivo de sí, lo que le genera más seguridad en sí misma.

Su excesiva preocupación tendría que ver más bien con un cuerpo utilizado como un objeto de goce según Lacan (1972-73), referido al Goce-Otro (goce femenino), donde el cuerpo sería un medio para llegar a un fin, el cual nunca al parecer se logra alcanzar. Se habla de que la mujer tiene un goce que va más allá del goce fálico; goce de un carácter indeterminable.

La entrevistada logra el goce a través de su propio cuerpo, porque lo libidiniza ante el goce autoerótico (narcisista). Su goce tendría que ver principalmente con este exceso de placer que irrumpe en el cuerpo a modo de síntoma. Este exceso podría conllevar a algo más destructivo, mortífero, a algo que resulta tan insaciable, que podría provocar cada vez mas angustia, llegando a un punto sumamente destructivo, en donde habría más bien un desborde de la libido sexual, lo que finalmente repercute directamente en el cuerpo, en sus ganas desesperadas de un próximo encuentro sexual.

La pulsión sexual en la adolescencia normal, haya su objeto sexual (búsqueda de un compañero sexual) en relación a nuevas fuentes de satisfacción, sin embargo, al parecer en el caso de la ninfomanía, la pulsión sería más bien autoerótica. La entrevistada libidiniza su cuerpo, que emerge a modo de síntoma, como una necesidad constante de saciar algo que resulta insaciable, de llenar un vacío por medio de lo sexual, del goce corporal, que insiste compulsivamente buscando su satisfacción, como un “más allá del principio del placer”.

Lo anteriormente expuesto se relaciona con lo que postula Assoun (1977) en relación al cuerpo,  puesto que señala que es en el cuerpo donde se proyectará el síntoma. Puede suceder que debajo de ese “verdadero cuerpo” surja algo, un resto, un dolor intempestivo sin causa aparente, un goce inabordable, que permite sospechar que ese cuerpo del sujeto también vive una vida que parece desafiar en parte a la vida orgánica. El cuerpo revela la forma más imperiosa de lo real (…) inconsciente.

Entonces, en el cuerpo, estaría insistiendo algo del orden de lo real inconsciente, que busca ser descifrado. Es precisamente ahí, en el cuerpo, donde reside el conflicto, en donde el síntoma se manifestará de manera compulsiva. Es el síntoma el que señala que algo anda mal, que hay algo que no está logrando ser representado ni simbolizado por esta mujer, donde el síntoma se refleja como una formación del inconsciente, que intenta mostrar algo, tal vez concerniente a un trauma pasado. El punto principal de esto es ver cómo el cuerpo se relaciona con el síntoma. Se busca explicar de qué manera el cuerpo actúa y repite constantemente a modo de síntoma, como formación del inconsciente, algo que es displacentero, gozoso, concerniente al comportamiento compulsivo de la actividad sexual, caracterizado como un deseo sexual insaciable, y esto bajo la luz de los conceptos freudianos de compulsión a la repetición.

Freud (1920), en relación a esto, da cuenta de un “Más allá del principio del placer”.  Se tiende a la repetición, ya que lo reprimido intenta retornar al presente en forma de síntoma, es decir, lo que ha permanecido incomprendido retorna. En efecto, lo que se repite son experiencias manifiestamente displacenteras que emanan del inconsciente. 

Entonces, es en el cuerpo donde se manifestará el síntoma, y es aquí precisamente donde algo del orden del Goce-Otro se pone en juego, algo del orden del exceso, de un traspaso de los límites que finalmente la llevaría posiblemente a sentirse siempre vacía, no llegando a calmar su ansiedad sexual.

El exceso preocupación por su cuerpo y su autoimagen, sumado a su necesidad excesiva de tener relaciones sexuales lo más seguido posible con cualquier persona, para intentar calmar su posible angustia, nos hablaría de un goce ilimitado, del exceso de placer que llevaría al fin y al cabo a algo más destructivo, a una tensión permanente.

El estado de excitación sexual en este caso, presenta el carácter de una tensión (goce), que conllevaría a un cierto displacer, que se transmutaría posiblemente en una sensación de angustia permanente, puesto que el estado de tensión puede llegar a tal punto, que podría generar en ella  una sensación crónica de insaciedad sexual.

Por otro lado, la diferencia entre goce y placer en relación a lo sexual se logra desprender a partir de varios elementos. La entrevistada busca fervientemente sentirse deseada, a tal punto que llega a ser desbordante esa necesidad, sin límite alguno, sin medición, sería más bien un exceso de placer, es decir, no hay control en lo absoluto frente a lo que se hace, hay una tensión permanente que busca calmarse por medio de las relaciones sexuales.   

Habría en ella un desborde de libido en relación a lo sexual, lo que predomina es la necesidad de sentir, de tocar, algo pasa con los sentidos en relación a lo sexual. Hay una temática que gira en torno a lo voraz concerniente a lo sexual, “los labios” como un doble sentido que recalca la oralidad en lo sexual; habría un vínculo entre lo oral (pre-edípico) y lo sexual.

En relación a las alas que menciona, podría estar refiriéndose a algo más fálico, alas saliendo de esta tierra femenina y fértil donde hay una energía (orgasmo) que quiere salir, es como si estuviera hablando de una relación sexual de una manera metafórica, donde vuelve a surgir el tema del goce, sobre todo referido al orgasmo femenino, a ese exceso de placer que sobrepasa los límites, generando a posteriori una sensación de querer más, de llenar un posible vacío interno sentido.

El placer se relacionaría con una tendencia del aparato psíquico de mantener la tensión al mínimo de nivel, una especie de equilibrio psíquico en relación a algo económico. En este caso, nada se pudo encontrar en relación al concepto de placer, ya que todo el material recogido dio cuenta netamente del concepto de goce, el cual aparecía reiteradas veces, sobre todo cuando se abordaba el tema referido a lo sexual. El goce, por tanto, será siempre un intento de exceder las intensidades de ese principio del placer, como un “más allá del principio del placer”.

En términos teóricos, Lacan (1972-73) plantea que la mujer tiene la posibilidad de gozar de su cuerpo, porque lo libidiniza ante la represión del goce autoerótico; por eso se habla de que la mujer tiene un goce que va más allá del goce fálico, goce de un carácter indeterminable.

El goce en esta mujer, no se localiza netamente en los genitales, como puede suceder en el caso de los hombres, si no que tendría un carácter indeterminable; auto cuidado excesivo con el cuerpo, necesidad de llegar al orgasmo, la oralidad en relación a lo sexual, etc.

Finalmente se podría vincular el concepto de goce con el de “más allá del principio de placer”, que tiene que ver con algo más patológico en este caso, algo que genera tensión en ella, y que finalmente termina siendo displacentero. Cada vez más la sensación de vacío interno podría ser mayor, lo que también ha afectado su vida en general: dejar de asistir a la universidad, dejar de visitar a su familia, y todo porque solo tiene un objetivo en mente: sexo, el que quizás un momento logra sentirse como algo placentero, pero que luego se transforma en algo completamente gozoso. Esto se logra ver en la manera en que se fue dando el Rorschach: al principio comienza dando respuestas bien estructuradas, y a medida de que iba avanzando el test, comienza en ella una especie de fragmentación mental, una especie de huida (defensa psicótica) frente a la angustia de la proyección. Esa desestructuración se daba especialmente en aquellas láminas que tenían que ver con lo sexual, o cuando ella misma las sexualizaba, donde la angustia tendría directa relación a lo fálico y a lo oral; lo fálico vivenciado como algo amenazante y lo oral se da más bien como una fijación.

La última variable utilizada en esta investigación es el síntoma en relación a la compulsión a la repetición. En este caso, la entrevistada daría cuenta de una compulsión a la repetición en relación a sus actos desesperados por llegar a tener un encuentro sexual momentáneo. El interés se centrará en los síntomas manifestados en la ninfomanía, que se revela a modo de una compulsión a la repetición, manifestada sintomáticamente en las ganas de realizar el coito, por medio de la utilización de su cuerpo como instrumento que genera deseo, de manera reiterativa y compulsiva, sin lograr la satisfacción esperada. En efecto, lo que se repite son experiencias manifiestamente displacenteras que emanan su inconsciente; aquello inconsciente denota que hay algo que no la logrado ser percibido por la consciencia, lo que llega a expresarse en las manifestaciones somáticas del síntoma.

El síntoma tendría que ver con eso que insiste, aquello que no logra ser simbolizado, y lo que insiste compulsivamente en la entrevistada es algo netamente en relación a lo sexual, a la búsqueda adicta y desesperada por intentar lograr el coito, sin importar las consecuencias, lo cual se relaciona directamente con el Goce-Otro (femenino), aquel goce de carácter indeterminable, que se ubica en el cuerpo, y que se expresa a modo de exceso.

Freud respecto de la relación que guarda el principio del placer con la compulsión a la repetición, refiere a que esta última provoca displacer al yo, puesto que saca a la luz operaciones de mociones pulsionales reprimidas. Sin embargo, esta clase de displacer no contradice al principio del placer, debido a que es displacer para un sistema, la consciencia,  y al mismo tiempo, produce satisfacción en el otro, el inconsciente (1920).

Es en el cuerpo donde reside el conflicto, en donde el síntoma se manifestará de manera compulsiva, lo que habla de una especie de búsqueda continua, un intento de buscar algo que nunca va a poder ser encontrado, algo que va más allá del mero placer. Por ende habría una clara relación entre el más allá del principio del placer y la compulsión a la repetición, en donde esta última provocaría displacer al yo, puesto que saca a la luz operaciones de mociones pulsionales reprimidas, que se manifestarán a modo de síntoma, que en este caso sería la falta de control, la adicción sexual propiamente tal, el exceso, que conlleva inevitablemente al sufrimiento, a una constante tensión que es vivenciada como displacentera.

Su síntoma gira en torno a la búsqueda desesperada de un encuentro sexual con un otro, puesto que todos sus esfuerzos (alimentación, deporte, pensamientos, etc) apuntan siempre al mismo objetivo. Sus ansias de calmar su apetito sexual, la llevan a límites que ni ella imaginaba posibles. Entonces aquí el síntoma se relaciona como se ha dicho anteriormente, a algo netamente gozoso, a algo que va más allá del principio de placer, y que se traduce en una compulsión a la repetición, a esta búsqueda sexual insaciable que no logra ser colmada, en donde el deseo cada vez al parecer, vuelve con mayor ímpetu y energía.

El síntoma entonces tendría que ver con eso que insiste, aquello que no logra ser simbolizado por ella, relacionándose directamente con el Goce-Otro, aquel goce indeterminable, que se ubica en el cuerpo, y que se expresa a modo de exceso,  como desborde de libido sexual.

El síntoma por tanto, habla de algo patológico que se manifiesta a partir de algo vicenciado por ella (real o fantaseado), es un sustituto de su satisfacción pulsional; es resultado del proceso represivo, en donde el yo consigue prohibir el devenir consciente de la representación que es la responsable de la moción desagradable.

 

A medida de que avanzaba el Rorschach, la entrevistada se iba desestructurando psíquicamente cada vez más, lo que hablaría de un funcionamiento o una defensa más psicótica frente a lo afectivo-sexual, no logrando integrar, por lo que tiene que fragmentar, pasando por una oscilación constante entre dos tipos de funcionamiento; uno adaptado (intentando constantemente evitar la vivencia de fragmentación) y uno desintegrado.

A partir de ciertos contenidos del Rorchach, se podría decir que existirían posibles impulsos y necesidades inconscientes que tienden a sobrepasar los controles yoicos, en donde existiría una incapacidad para postergar aquellos impulsos, lo cual genera conflictos de ansiedades inconscientes. Habría en este caso una irrupción de fuerzas internas que amenazan la organización e integración de la personalidad.

A modo de conclusión, este es un tema que ha estado en boga desde el siglo XVIII, y todavía se sabe muy poco de él,  debido que existen muy pocos estudios e investigaciones en relación a este tipo de trastorno sexual, llamado ninfomanía, menos aún referida a la etapa de la adolescencia vinculada al género femenino, puesto que se trata de un trastorno que se sufre de manera silenciosa, donde una minoría confiesa padecerla, lo que se traduce en un vacío teórico y clínico acerca de lo que sucede en relación a dicho trastorno, y como se relaciona este en la adolescencia, preguntándonos que pasa con el cuerpo en relación al goce, y con el síntoma que ahí insiste.

Lo que se pudo afinar a partir de esta investigación es que en la ninfomanía, el cuerpo se involucra a modo de goce (y no de placer), de un exceso que irrumpe en el cuerpo, señalando a su vez de que ahí hay un síntoma que busca ser descifrado, simbolizado. Su síntoma principal, es la búsqueda desesperada y angustiante por colmar su extremo apetito sexual, que en conceptos freudianos, se traduciría como una compulsión a la repetición. Esta búsqueda, al parecer, sería vivenciada a modo de angustia.

Algo interesante que surgió a partir del material analizado, es la aparición de un posible rasgo perverso como una defensa frente a una angustia más psicótica, como una manera de enfrentar aquellas vivencias que resultan intolerables para el yo, relacionado a la constante vivencia de fragmentación y desintegración.

A mi parecer, en la ninfomanía, se producirían ciertos intentos sexualizados por evitar experiencias de muerte o fragmentación psíquica. La sexualidad sería un medio estructurante y reparatorio frente a la angustia o  a ciertas heridas narcisistas.

A partir de esta investigación surgen varias preguntas, tales como, ¿Hasta qué punto se vincula ninfomanía y perversión, a partir de postulados psicoanalíticos? ¿Podría ser posible que a la base de la mayoría de los casos de  ninfomanía, se encontrase una posible experiencia de abuso sexual en la infancia, que en la adolescencia se traduciría en una búsqueda desesperada de saciar su deseo sexual con hombres diferentes, de volver constantemente al momento del abuso, repitiendo a modo de síntoma, algo vivido como displacentero y que no ha podido ser procesado?

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