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Psicología Clínica

Etapa de Fundamentaci贸n Metodol贸gica
Por: Cristina Roda Rivera

Etapa de Fundamentaci贸n Metodol贸gica

1.2.3.2. Etapa de Fundamentación Metodológica

La causa de la ruptura entre la investigación experimental y la investigación clínica fue, sin duda, la crisis del paradigma teórico conductista dentro de la propia psicología experimental. Los inicios del paradigma experimental cognitivo coinciden con los inicios de la terapia de conducta. Los primeros trabajos en la línea cognitiva del procesamiento de la información fueron los de George Miller (1956) y coincidieron en el tiempo con Wolpe y Eysenck y sus primeros libros sobre terapia de conducta.

La crisis del conductismo dentro de la psicología experimental vino acompañada de la crisis del positivismo lógico. El positivismo lógico era una forma extrema de empirismo según el cual las teorías científicas se justifican solo en la medida en que se pueden verificar apelando a los hechos conocidos mediante la observación. La simultánea crisis del conductismo y del positivismo lógico tuvo como consecuencia un cambio de rumbo dentro de la terapia de conducta a partir de los años setenta. La terapia de conducta no supo o no quiso aproximarse a la psicología experimental cognitiva. El resultado fue un progresivo abandono de la importancia de la fundamentación metodológica. Se consideró que el progreso de la psicología clínica se debería más a la acumulación de "hechos" y "datos" sobre la eficacia de las técnicas que a la comprobación de hipótesis o teorías. La principal premisa científica de la terapia de conducta durante este período fue comprobar que las técnicas terapéuticas eran eficaces, que funcionaban, siendo menos importante saber por qué funcionaban. La explicación y la comprensión de los problemas quedaban supeditadas a la predicción y el control (Vila y Fernández- Santaella, 2004).

Es el momento en el que se van configurando formalmente, sin grandes dificultades aparentes de integración conceptual, los cuatro grandes modelos teóricos que sustentan y agrupan las diferentes técnicas de terapia y modificación de conducta: el modelo del análisis funcional aplicado o modelo conductista radical, el modelo neoconductista mediacional, el modelo del aprendizaje social y el modelo cognitivo conductual.

Llama la atención que la apertura de la terapia de conducta hacia los modelos cognitivos se haga a espaldas de la nueva psicología experimental cognitiva, la del procesamiento de la información. Las influencias cognitivas en la terapia de conducta proceden fundamentalmente de la psicología social. (Vila Castellar J, y Fernández-Santaella, 2004).

Lo cognitivo en las terapias cognitivo-conductuales es el contenido cognitivo cognitivo, es decir, los pensamientos, atribuciones y evaluaciones conscientes que hacemos de nosotros mismos y del mundo que nos rodea. No hay referencia a los procesos cognitivos no conscientes, minuciosamente estudiados por la psicología experimental cognitiva, relacionados con la atención, la percepción, los diferentes tipos de memoria o el procesamiento ling眉ístico.

En esta etapa, en la que los terapeutas de conducta dejaron de interesarse por los estudios sobre aprendizaje animal, e incluso criticaron abiertamente la relevancia de los modelos de condicionamiento para explicar la psicopatología, se descubrieron e investigaron fenómenos que han sido claves para conectar la tradición conductista con los nuevos planteamientos cognitivos del procesamiento de la información. Nos referimos a los fenómenos de bloqueo, ensombrecimiento, precondicionamiento sensorial, condicionamiento interoceptivo por mencionar algunos de los estudiados dentro del condicionamiento clásico o a los fenómenos de automoldeamiento, la conducta supersticiosa, la conducta de elección o la indefensión aprendida, estudiados en el contexto del condicionamiento instrumental.

Estos nuevos desarrollos de la psicología experimental del aprendizaje animal representaban una línea de continuidad de la tradición conductista que converge con la nueva psicología experimental del aprendizaje humano. Muchos investigadores actuales del aprendizaje animal hablan explícitamente de procesos cognitivos y representacionales en los animales, de forma análoga a como lo hace la psicología cognitiva humana.

Durante esta etapa de fundamentación metodológica la terapia de conducta fue ganando terreno en el mundo aplicado, pero también fue el centro de todas las críticas, dos de ellas han sido especialmente certeras: el empirismo metodológico y el eclecticismo.

Desde el punto de vista de la ayuda a las personas, utilizar tratamientos que no son eficaces no tiene justificación ética ni profesional. El problema está en demostrar que terapias son eficaces y para qué problemas, frente a otras que no lo son.

El tema ha levantado agrias polémicas y sigue sin dejar satisfecho a nadie, porque sigue siendo una cuestión totalmente relativa: la de elegir unos procedimientos que son más o menos eficaces que otros dependiendo de múltiples factores; por ejemplo , la propia confianza y dominio que tiene el/la terapeuta en su terapia de elección..El empirismo tecnológico lleva al eclecticismo, esto es, a utilizar técnicas que supuestamente son eficaces aunque se deriven de modelos teóricos contrapuestos (Vila y Fernández, 2004).

La versión más extrema del empirismo tecnológico y tal vez del eclecticismo dentro de la terapia de conducta sea la representada por Arnold Lazarus (1971 y 1973), quien apartándose de los postulados teóricos compartidos con Wolpe años anteriores, desarrolló en la década de los años setenta su eclecticismo técnico o eclecticismo multimodal. El eclecticismo técnico implica la aceptación de cualquier procedimiento terapéutico que empíricamente demuestre se eficaz, sin importar su origen.

Los defensores del eclecticismo alegan que en interés del paciente o de la paciente, es preferible confiar en el ensayo y error y agarrarse a todo aquello sobre lo que existe alguna razón o intuición para pensar que probablemente será útil. Lazarus urge a los terapeutas a aplicar métodos empíricamente útiles, en lugar de utilizar las teorías como predictivas a priori de aquello que tendrá o no éxito en la terapia.) (Vila Castellar J, y Fernández-Santaella, 2004).

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