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Psicología Clínica

Etapa de Reconceptualización
Por: Cristina Roda Rivera

Etapa de Reconceptualización

1.2.3.3. Etapa de Reconceptualización

El fuerte énfasis en lo metodológico y en lo tecnológico de la etapa anterior favoreció, sin duda, el desarrollo de nuevas técnicas de intervención. Sin embargo, los riesgos también se multiplicaron y las señales de alarma pronto empezaron a saltar. La proliferación de nuevas técnicas y ámbitos de aplicación se hacía a costa de la pérdida del rigor y de la capacidad explicativa. Tras el fuerte componente tecnológico del período anterior, se observa en esta etapa un interés renovado por la reconceptualización teórica. La idea fundamental que subyace a estas publicaciones es que si la terapia de conducta quiere continuar siendo una alternativa científica al tratamiento psicológico, debe proporcionar un contexto conceptual sólido en el que fundamentar la gran diversidad de técnicas terapéuticas de que dispone; o dicho de otro modo, el prestigio que adquirió la terapia de conducta en sus orígenes, frente a otras orientaciones clínicas, se debió a su compromiso humano y que precisamente su alejamiento de ese compromiso es lo que está haciendo peligrar su futuro y su prestigio.

La reconceptualización se ha intentado tanto desde el marco teórico de los presupuestos conductistas clásicos como desde el marco teórico de la nueva psicología cognitiva del procesamiento de la información. El estímulo se amplia para incluir no solo las variables externas observables, sino también los sucesos internos que tienen lugar dentro del organismo.

Una parte importante de los terapeutas de conducta actuales, que se denomina a sí mismos cognitivo-conductuales, se encuentra a gusto dentro de este marco teórico de referencia. Sin embargo, se trata de un intento de reconceptualización claramente continuista con los presupuestos del neoconductismo mediacional del siglo pasado, que no cesa de integrar nuevos factores en el esquema E-O-R, en la medida en que las investigaciones los van señalando como importantes, sin profundizar realmente en la O del modelo: el organismo (Carpintero Capel, 2003).

Los conductistas radicales también han hecho sus esfuerzos de reconceptualización. Un ejemplo temprano fue el modelo interconductual de Kantor,y los esfuerzos posteriores por reinterpretar la conducta verbal como conducta gobernada por reglas.(Hayes, 1989 ; Ribes , 1990)

Para Kantor, la unidad básica de análisis en psicología es la interconducta o interacción de un organismo con su ambiente. Además, introduce en su modelo conceptos nuevos, como campo psicológico, función de estímulo, función de respuesta y factores disposicionales.

No obstante, ésta forma de reconceptualización continúa rechazando cualquier mecanismo explicativo por debajo de la piel del organismo. Lo interno (por ejemplo la representación cognitiva del mundo y de nosotros mismos-queda reducido a reglas verbales y a repertorios de conducta aprendidos a lo largo de la historia del individuo. Esta nueva forma de entender la conducta como interacción y el lenguaje como conducta verbal gobernada por reglas ha permitido acercar las técnicas operantes de modificación de conducta a formas de psicoterapia alejadas de la tradición conductista, psicoanalítica y humanista. Tal es el caso por ejemplo de la denominada Psicoterapia analítico funcional.

Los términos analítica- funcional hacen referencia directa al análisis funcional del comportamiento, los términos psicoterapia y analítico hacen referencia directa al psicoanálisis. Según sus defensores, la Psicoterapia analítico funcional se apoya en la misma piedra angular sobre la que Freud construyo la psicoterapia analítica, esto es, la transferencia.

La única diferencia está en que, desde la perspectiva operante, la transferencia se define como "aquella conducta que ocurre debido a la similitud entre la situación presente y aquellas otras situaciones pasadas que ha experimentado la paciente o el paciente."

La Psicoterapia Analítico Funcional resalta la importancia de la relación terapéutica como el lugar donde han de ocurrir las conductas clínicamente relevantes. Este tipo de reconceptualización está, en efecto, permitiendo acercar las técnicas operantes a formas de psicoterapia tradicionales de base no experimental. Sin embargo, no parece que esté propiciando el acercamiento hacia las otras formas de terapia que si comparten bases experimentales. Se han realizado esfuerzos para conectar de nuevo la terapia de conducta con la nueva psicología experimental del aprendizaje animal. La principal diferencia entre las formulaciones clásicas del aprendizaje y las cognitivas radica en la descripción de lo que se aprende en términos de predicciones con respecto al ambiente y no en términos de cambio conductual propiamente dicho. Las nuevas explicaciones asociacionistas del aprendizaje prefieren utilizar el término contingencia frente al de continuidad. Otros autores han intentado conectar las explicaciones de la eficacia de determinadas técnicas terapéuticas con las explicaciones que la psicología cognitiva del procesamiento de la información utiliza para referirse a la memoria (Foa y Kozak; P.J. Lang, étc). En concreto, se postula que la información acerca del miedo y la ansiedad se almacena en redes de memoria asociativa, existiendo tres tipos básicos de información contenida en la red: información de los estímulos, información de las respuestas (verbal, conductual y fisiológica) e información del significado de los estímulos y las respuestas. Así, La finalidad del tratamiento es la modificación de la red cognitiva de información patológica y su sustitución por una red cognitiva de información no patológica.

Para este tipo de teorías, la clave de la eficacia de la reestructuración cognitiva, según este tipo de explicación, consistiría en garantizar que durante el tratamiento se modifican correctamente los esquemas, las distorsiones y los contenidos cognitivos disfuncionales sustituyéndolos por esquemas, procesos y contenidos cognitivos funcionales.

De todo este recorrido histórico se puede pensar que la separación entre la psicología clínica y la psicología experimental fue un acuerdo que, aparentemente, beneficiaba a ambos. A la postre, ha sido un acuerdo que ha perjudicado a todos, empezando por las personas que sufren directamente los problemas. Tal vez la causa última del conflicto haya que buscarla en el desajuste entre el marco de referencia en el que se mueven los clínicos y el marco de referencia en el que se han movido los psicólogos experimentales a lo largo del siglo pasado. Los psicólogos clínicos siempre se han tenido que enfrentar a problemas de índole emocional. La psicopatología es, en sentido etimológico, la ciencia de las emociones o de las pasiones, un tema que por el contrario ha incomodado en cierta manera a los psicólogos experimentales Este panorama sombrío parece estar cambiando en los últimos años. El final de siglo y de milenio ha contemplado el resurgimiento del interés por los temas emocionales en todos los ámbitos de la psicología, incluida la psicología experimental. Tanto es así que la emoción está empezando a acaparar el interés científico. Es, además, una aproximación que no se está haciendo a espaldas de la ciencia, ya que no es una vuelta a la especulación filosófica o clínica de sillón (Carpintero Capel, 2003).

Por otra parte surgirían unas terapias que aunque centren su atención en como sienten y las emociones que experimentan las personas, no tratan de cambiarlas, y serían las llamadas terapias de tercera generación. Estas terapias tendrían en el tratamiento sus aportaciones más significativas, ya que trata de un abandono de la lucha contra los síntomas, y en su lugar se replantearía una orientación de la vida. Este principio se ha estudiado sistemáticamente, y viene a ser un retorno a las raíces contextuales de la propia terapia de conducta. Este replanteamiento contextual tendría una tarea de primer orden en la desmedicalización de los problemas psicológicos.

La emergencia de esta nueva terapia por tanto se debe tanto al desarrollo del análisis de conducta y del conductismo radical, como a las limitaciones de la terapia cognitivo conductual.

En cuanto al análisis de conducta, se relaciona con la abundante e importante investigación en conducta verbal, ya que en la primera generación de conducta, el análisis de la conducta verbal todavía no estaba presto para su aplicación en contextos clínicos, ya que se conformaba con procedimiento de exposición al amparo del condicionamiento.

Respecto al desarrollo del conductismo radical, es conveniente resaltar su diferencia con el conductismo metodológico. La diferencia fundamental del conductismo radical con respecto al resto de conductismos es que el interés de estos respecto a la conducta es meramente metodológico, como método para estudiar otra cosa (la mente, la cognición,..). Frente a este "conductismo metodológico", en el que curiosamente se podría incluir la psicología cognitiva, el conductismo radical toma la conducta como tema por derecho propio del campo psicológico, sin excluir nada (así de radical) porque fuera inobservable, como parecen serlo los asuntos privados "al conductismo metodológico". El conductismo radical no excluye los "eventos privados" por inobservables, entre otras cosas porque son observables, con la particularidad de que lo son para una única persona.

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