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Psicología Clínica

Memoria de Prácticas
Por: Cristina Roda Rivera

Memoria de Prácticas

CAPITULO 3: MEMORIA DE PRÁCTICAS Y APLICACIÓN DE ACT EN DROGAS

3.1. Memoria de Prácticas

Las prácticas se realizaron a través del Servicio de Atención a Drogodependencias del Instituto Provincial de Bienestar Social de la Diputación de Córdoba que , a través de sus Equipos Ambulatorios Especializados en Drogodependencias y Adicciones, compuestos por médicos/as y psicólogos/as, está presente en todos y cada uno de los centros de Salud de la provincia, para atender a las personas que tengan un problema por el consumo de drogas o a las familias que tengan a uno de sus miembros afectados por este mismo motivo. El Instituto Provincial de Bienestar Social, órgano autónomo de la Diputación de Córdoba, encargado de la gestión de los Servicios Sociales Comunitarios en municipios de menos de 20.000 habitantes, es el responsable de gestionar la atención a las Drogodependencias y Adicciones en la totalidad de los Municipios de la Provincia, lo que ha permitido la integración de los recursos tanto comunitarios como especializados, en base al principio de racionalidad y unificación de la oferta y, todo ello, desde la descentralización, lo que conlleva la aproximación de los recursos a través de la red de Centros de Salud, según acuerdo entre la Delegación Provincial de Salud, la Delegación Provincial de Igualdad y Bienestar Social y el Instituto Provincial de Bienestar Social de la Diputación de Córdoba, consiguiendo una normalización en la atención, una mayor implicación de los sistemas de protección y una potenciación de lo público como un derecho individual y gratuito de todos los/as ciudadanos/as. Para que el usuario que necesite o tenga interés en ser atendido a través de esta unidad de drogodependencias, se ha establecido un protocolo rápido y organizado, que consiste fundamentalmente en que el usuario se acerque a su Centro de Salud, y su médico/a de cabecera le dirá qué hacer y le remitirá en caso necesario al resto de especialistas y dispositivos sanitarios y sociales. Se le atenderá de manera individualizada y confidencial, se hará una valoración de su estado general y, se planteará la necesidad, según se encuentre el paciente, de realizar una desintoxicación de manera ambulatoria o se le puede ingresar en un hospital para que dicha desintoxicación sea posible. También se puede decidir el ingreso en una Comunidad Terapéutica, para personas que tienen esta problemática y necesitan separarse de su medio ambiente habitual, por la influencia negativa que el mismo ejerce sobre su posible recuperación. Todo ello con carácter gratuito, financiado por la Junta de Andalucía. Igualmente hay tratamientos como los de metadona para aquellas personas que lo precisen por el problema de dependencia a heroína que tengan; tratamientos para personas que tengan un problema con el alcohol, tanto para hombres como para mujeres; tratamientos para los problemas relacionados con el consumo de cocaína, de tabaco para quien quiera dejar de fumar; para personas que llevan muchos años tomando pastillas como las de dormir o tranquilizantes y quieren dejarlos; para jóvenes que consumen porros u otro tipo de drogas; para familiares de pacientes que no saben cómo actuar, que hacer, como ayudar para que su familiar se recupere, en este caso una psicóloga las atiende, indicándole que es lo mejor que pueden hacer en su caso.

Este Instituto de Bienestar Social dispone de programas encaminados a prevenir el consumo de drogas y las conductas adictivas en nuestros jóvenes, desde el compromiso de la comunidad, en cooperación con las instituciones, de búsqueda de soluciones, incidiendo en los factores de riesgo y potenciando los factores de protección que condicionan la aparición de una adicción. También atiende a las instituciones públicas o privadas que tengan necesidad de saber sobre el problema de las drogodependencias y adicciones a través de cursos de formación o seminarios, o a aquellas que quieran que se intervenga en sus empresas para, por ejemplo, ayudar a los trabajadores a dejar de fumar. Disponen, además, de programas que facilitan que las personas que han padecido una adicción puedan incorporarse socialmente a una vida más normalizada, asumiendo responsabilidades tanto a nivel personal como de relación, así como programas que dan respuesta a problemas jurídicos derivados de los comportamientos que se asocian al consumo de las drogas, programas de asesoramiento a nivel educativo y programas de asesoramiento laboral.

De todos los programas que se realizan a través de esta institución, mi papel en las prácticas como psicóloga fue el de acompañar a la psicóloga especializada en drogodependencias María Victoria de Larriva Casares, dedicada principalmente a atender en consulta a personas que tienen problemas derivados del consumo de drogas.

Se atiende tanto al consumidor como a sus familias, amigos o compañeros de trabajo, ya que ellos también se ven afectados por este consumo y son los que acompañan al usuario en su día a día, pudiendo facilitar información relevante del caso y sirviendo como apoyo y seguimiento del caso en toda la intervención.

Mi labor en principio se limitaba a ser una mera oyente de lo que pasaba en consulta, para progresivamente pasar a tener un papel mucho más activo dentro de la intervención, llegando a atender en solitario casos nuevos que llegaban a servicio y que , normalmente tenían que ver con tabaquismo, por ser este problema menos complejo en algunos casos y por tener un protocolo de actuación más claro en las primeras sesiones( información del tipo de terapia psicológica y médica, objetivos a alcanzar, entrega de auto registros, explicación de cómo deben hacerse bien los autoregistros, étc.).

En los demás casos, ya tratados anteriormente por ella y que presentaban una mayor complejidad, participé activamente en explicaciones y pautas a seguir para conseguir resultados, concediéndome en todo momento la psicóloga libertad y confianza para hacerlo.

Los centros de Salud en los que se da esa atención para las personas que presentan algún tipo de adicción a una sustancia son los centros de salud de la Fuensanta, Levante Sur y Santa Rosa. Cada Centro de Salud presenta un perfil de paciente y una problemática asociada al consumo algo distinta en ciertos matices, principalmente a lo que se refiere a nivel de estudios, ambiente familiar, relación con los iguales, economía familiar, ambiente e infraestructura del barrio, etc.

Por ejemplo en los barrios obreros como el de La Fuensanta, dónde el negocio de la construcción ha estado durante mucho tiempo en auge y con todo su tiempo libre concentrado en el fin de semana, no hubo ningún tipo de dificultad económica para adquirir la droga. Que se diera este hecho junto a una red social consumidora, a una falta de motivación en su trabajo o problemas interpersonales, desembocaron en un consumo cada vez más habitual y normalizado. La diversión pasaba a estar asociada a la droga, y posteriormente se asoció a otro tipo de circunstancias no tan lúdicas, por lo que el consumo se generalizó a otro tipo de ambientes.

En otros barrios como Levante los usuarios presentaban también ese perfil de clase media pero existe una mayor variabilidad en cuanto las profesiones, algo más estables, y con redes sociales más versátiles, con familias más estructuradas; aunque es en el Centro de Salud de Santa Rosa en el que observamos un nivel sociocultural bastante más alto, con profesiones más especializadas, los usuarios han alcanzado como grado formativo mínimo el graduado escolar ,y como norma general se encuentran dentro de redes sociales más estructuradas y lejos al menos físicamente de lugares marginales. Este tipo de peculiaridades pueden marcar diferencias significativas o no en el proceso de desintoxicación de los usuarios, en la medida que estas diferencias estén muy acusadas o no entre los usuarios. Por ejemplo, un usuario que viva en un bloque donde diariamente se trafique con hachís, tendrá una dificultad añadida en su proceso de desintoxicación frente a un usuario que viva en un barrio en el que esas actividades no se den, con un ambiente muy tranquilo y residencial. Estas diferencias se dan en un conjunto que puede ir desde las más radicales y extremas a diferencias mínimas que no tienen por qué afectar a su recuperación. Al servicio de atención de drogodependencias se llega normalmente por derivación del médico de familia, el motivo principal de consulta es el tabaco (la población que consume esta sustancia es bastante mayor que otras) para iniciar un tratamiento combinado (medico y psicológico). El segundo motivo de consulta suele ser la adicción al hachís y a la cocaína, aunque parece existir un auge de la heroína. Este cambio de tendencia puede estar asociada a los tiempos de crisis económica y el cambio en estilos de vida causados por ella. La cocaína se ha erigido en los últimos tiempos como la droga del éxito, del poder, del dinero, consumirla parecía ser algo snop, y su alto precia exigía un alto poder adquisitivo para conseguirla. Tras la crisis económica la heroína vuelve a estar de moda, además, muchos cocainómanos habituales con poder adquisitivo actualmente la consumen también por el hecho de experimentar con nuevas drogas y así nuevas sensaciones. Todas estas consultas acerca de adicciones llevan consigo un trasfondo mucho mayor de problemáticas asociadas a ellas (problemas de pareja, familiares, de autoestima, falta de motivaciones, etc.); por lo que nos podemos encontrar con una patología dual en el paciente, que exigiría un análisis funcional para poder deducir que aspectos del consumo de drogas y de un problema psicológico, estarían relacionados. En los casos tratados en las prácticas vimos como muchos de los pacientes acusan a la medicación de cambios en sus percepciones, déficits de memoria, señalan también sentirse algo aturdidos, y con una dependencia al medicamento muy superior de lo que ellos creían en un principio. En otros casos más extremos, el propio uso del fármaco propició una serie de síntomas que fueron catalogados como propios de un cuadro sintomático de una posible enfermedad mental. Los casos seleccionados aparecieron como claros candidatos para aplicar terapias de tercera generación, ya bien sea porque se observa un abuso de medicación, una falta de flexibilidad psicológica, un excesivo control de pensamientos y emociones, una clara evitación experiencial en varios ámbitos de la vida, etc.

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