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Psicología Clínica

Sujeto e historia del problema
Por: Cristina Roda Rivera

Sujeto e historia del problema

4.3. Sujeto e historia del problema

Mujer, soltera 34 años, vive con sus padres.

Esta paciente presenta un problema de adicción a diversas sustancias (cannabis, alcohol,...) desde los 13 años, pero a los 16 tuvo su primer contacto con la cocaína y, a partir de entonces, comenzó a consumir descontroladamente hasta que se cronificó y se convirtió en algo patológico en la vida de la paciente, interfiriendo en las actividades de la vida diaria, asociándose el consumo a la práctica totalidad del ocio. Esta paciente presentaba una malformación congénita en la que los brazos y piernas, y se encuentran serias dificultades para manipular objetos, lo que ya nos indica el grado de adicción que debe tener esta chica, ya que para consumir cocaína se deben manipular con precisión varios elementos, como son la papelina, mechero, carnet, billete o cartón para esnifar, etc. La paciente siente que es inferior a los demás por este hecho, y se ha pasado toda su vida intentando agradar a los demás para que no la rechacen, dejándose llevar y adoptando posturas y actitudes extremas que parecían hacerle sentir más fuerte y definir su carácter. A pesar de todo ello, y exceptuando algunos comentarios despectivos hacia ella de personas desconocidas en fiestas o lugares públicos que le han hecho sentirse muy mal, la paciente manifiesta que se siente querida por la gente, y aunque a veces se pelee con ellas, sus amigas de toda la vida la apoyan y ella misma reconoce que son un pilar fundamental en la vida. El malestar social, por tanto, está asociado a los sentimientos y sensaciones de inferioridad que asaltan el pensamiento de la paciente, y muchas veces la bloquean y provocan que no se sienta cómoda y no sepa relacionarse con naturalidad; por lo que acude a la droga para escapar de estas sensaciones y relacionarse de una forma que le gusta. Cuando se le preguntó por qué le gustaba relacionarse más socialmente cuando estaba presente el consumo de cocaína, la paciente manifestó que era porque así el resto de las personas están más pendientes de su propia reacción ante la droga que de su discapacidad y apariencia física. Una vez más nos hablaba en términos hipotéticos y esquemas mentales, ya que ella tenía la sensación en esos momentos de que su problema pasaba a un segundo plano. Se debe tener en cuenta que la paciente no solo consumía en ambientes de ocio, sino en el ambiente laboral con una compañera, por lo que el consumo estaba bastante generalizado. Otra conducta muy instalada en el día a día de la paciente es comprar de forma compulsiva ropa, complementos, accesorios para su cuarto, todo tipo de cosméticos, accesorios de belleza, cremas para el cuidado de la piel y el cuerpo, etc. La paciente es una chica joven y guapa y porque, además, se cuida y manifiestando que "le encanta verse bien". Quitando elementos algo obsesivos, este punto de autoestima positiva referente a su apariencia física puede suponer un elemento de apoyo y esperanza para el tratamiento. Una vez más se observa la evitación experiencial en la paciente, ya que ella misma relata que cuando los sentimientos de culpa por haber consumido le invaden, el irse de compras le hace "despejarse y olvidarlo".

Cuando se le pregunta de dónde saca todo el dinero para el consumo de cocaína y para comprar ropa, manifiesta que todo se lo da su madre. La relación que la paciente tiene con su familia merece una atención especial. Su madre se siente culpable por la malformación de su hija (todo esto es contado por la paciente porque a lo largo de las sesiones su madre no acude a consulta por temas laborales), pero este sentimiento no tiene ninguna explicación lógica, ya que durante el embarazo no se dió ninguna conducta de riesgo por parte de su progenitora. Aun así se siente mal y, por ello, intenta darle todo lo que tiene, le ha permitido concesiones muy beneficiosas respecto a sus otros dos hermanos, no le ha impuesto reglas claras y cuando la paciente se sentía triste y lloraba desconsoladamente quejándose de su mala suerte y de "por qué a ella le ha tenido que tocar ser así," la madre le atendía y se ponía a llorar con ella, sintiéndose muy mal. El padre es un hombre poco cariñoso y la paciente cree que en ocasiones se ha avergonzado de ella y lo justifica diciendo que "entiende que en ciertos actos le haya resultado duro ver como el resto de los niños eran normales y su hija no". Este es un hecho clave para entender la vida de la paciente, ya que en anteriores sesiones solo hablaba de su padre en términos positivos y se sentía muy feliz cuando su padre le mostraba cariño. Se le preguntó si el pensamiento de que su padre se hubiera avergonzado de ella alguna vez estaba basado en hechos concretos o si por lo contrario era una idealización suya, a lo que la paciente no supo qué contestar por más que recordaba. Puede ser que una acción concreta mal interpretada en su niñez, asociando un gesto negativo de su progenitor con su discapacidad, se hubiera hecho cada una idea cada vez más fuerte y que nunca más ha sido cuestionada, quizás por miedo o por evitar una verdad dolorosa. Una vez más lo dicho por la paciente en la consulta nos puede llevar a pensar que en lugar de enfrentarse a la realidad y llevar acciones dirigidas a cosas importantes para su vida y para entender su situación, la paciente prefiere fusionarse con sus pensamientos e ideas y actuar literalmente a lo que su mente le dicta en cada momento. En cuanto al aspecto sentimental, la paciente describe sus relaciones como un auténtico caos, y que solo le han aportado inestabilidad y sufrimiento. Dice estar obsesionada con la idea de que muchas de sus amigas tienen novio y ella no, y más que nunca relaciona el fracaso en este aspecto con su discapacidad. También manifiesta que cuando mantiene relaciones sexuales se siente muy mal cuando la ven desnuda, no le gustan las caricias y que se detengan mucho en besar su cuerpo, aunque no soporta sentirse utilizada, pero el sexo solo le puede resultar satisfactorio si es rápido y con la luz apagada. También muestra preocupación por tratamiento médico de sus dolores articulatorios y problemas intestinales (tiene diagnosticado un trastorno de colon irritable), y muchas veces pone esa excusa o que se siente mal para no mantener relaciones, aunque eso no lo expresa abiertamente por miedo a que piensen que además de tener una apariencia física que evidencia su discapacidad piensen que tiene graves problemas de salud. La paciente manifiesta que le gustaría tener pareja para estabilizarse y piensa que, con un apoyo sentimental, sus problemas no serían tan "graves"; pero por otro lado, nos dice que siempre que ha estado con alguien se ha encontrado peor. Aunque parece que la paciente intenta no centrarse demasiado en su desgracia y evita en la medida de lo posible las quejas en su ambiente social (no así con su familia), no se desahoga en el momento adecuado y cuando lo hace es a destiempo y de una forma desproporcionada.

Otro problema asociado a esta situación es la incapacidad total para concentrarse cuando tiene que hacer algo (informa que no ha podido sacarse el carnet de conducir por este motivo). Además, tiene una gran dificultad para conciliar el sueño, y cuando está nerviosa experimenta un dolor muy fuerte y acusado en el estómago que "no le deja salir de la cama."

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