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Psicología de la Personalidad y Diferencial: La Creatividad, Estilos Cognitivos e Inteligencia Práctica

4.2. Ámbito emocional

Históricamente hay una laguna en cuanto al papel que juega la emoción en la dinámica personalidad-inteligencia. Quizá se deba al hecho de que las emociones se perciban como algo incompatible con un pensamiento claro y eficaz (tensión emoción-razón).

Tensión emoción-razón

Esta tensión ha estado muy presente a lo largo de la historia de la cultura occidental. Comenzó en la antigua Grecia con el movimiento estoico (la persona sabia es aquella que rechaza todo tipo de sentimiento o emoción por considerarlo algo demasiado individualista para ser considerado como guía de comportamiento).Este pensamiento impregnó después gran parte de la concepción cristiana del mundo, y ésta, a su vez, el pensamiento occidental.

El primer paso conciliador se dio a finales del siglo xviii, cuando el romanticismo europeo empezó a enfatizar cómo el pensamiento intuitivo (que incluye emociones) podía facilitar una comprensión sobre la vida que la lógica no permitía. Esta tendencia culminó en los años 60, cuando se daban los movimientos antirracionalistas y el movimiento humanista en Psicología.

Así pues, la fuerte tensión inicial ha ido diluyéndose con el tiempo.

Para Salovey y Mayer, las emociones son respuestas organizadas que impregnan el funcionamiento de muchos subsistemas psicológicos. Además, estos autores defienden que el procesamiento adaptativo de la información emocionalmente relevante es parte de la inteligencia. En este contexto, introducen su modelo de inteligencia emocional, destinado a identificar y organizar las habilidades específicas necesarias para comprender y experimentar emociones de manera adaptativa.

El término inteligencia emocional integra, por una parte, la razón y la emoción, y, por otra parte, se trata de una inteligencia que todo el mundo puede tener.

Hay dos modelos de inteligencia emocional; modelo de habilidad y modelos mixtos.

4.2.1. Modelo de habilidad

Formulado por Salovey y Mayer, este modelo equipara la inteligencia emocional con la inteligencia general. Ambas inteligencias implican una capacidad para procesar información. Concretamente, la inteligencia emocional es el resultado de la interacción de dos operaciones mentales básicas; la emoción y la cognición. En este sentido, la inteligencia emocional se refiere, en parte, a una habilidad para reconocer los significados de los patrones emocionales, así como para razonar y solucionar problemas a partir de ello.

De manera más específica, la inteligencia emocional se concibe como la habilidad para percibir y expresar emociones, asimilar (incorporar) la emoción al pensamiento, comprender y razonar con la emoción, y regular la emoción, en uno mismo y en los demás. Mediante esta definición, la inteligencia emocional se descompone en cuatro habilidades.

Habilidades que componen la inteligencia emocional
  1. Percepción, evaluación y expresión de emociones. Implica reconocer (mediante expresiones faciales, objetos de arte, etc), y recibir información del sistema emocional. La inteligencia emocional no puede existir sin esta capacidad.
  2. Asimilación en la vida mental de las experiencias emocionales básicas (facilitación emocional). Las emociones son reconocidas y etiquetadas (p.ej, me siento alegre)
  3. Comprensión y razonamiento con la emoción. Una vez reconocidas y etiquetadas, tiene lugar una comprensión de sus significado. El individuo que posee esta capacidad tiene más fácil acceso al conocimiento de sí mismo y de los demás.
  4. Manejo y regulación de la emoción en uno mismo y los demás. La más compleja, de nivel superior, resultado de todas las anteriores. Sólo si existe una buena percepción emocional en un primer momento, se pueden manejar los cambios en el estado de ánimo y comprender las emociones (p.ej, después de un estado de cólera, saber cómo calmarse, o también ser capaz de aliviar la ansiedad de otra persona).

Una característica importante de la inteligencia emocional es su flexibilidad, que permite satisfacer no sólo las exigencias de la situación, sino también de diversas esferas de la personalidad, y así hacer compatibles distintos tipos de demandas internas.

Esta cuarta habilidad, implica también comprender cómo progresan las emociones en el contexto de las relaciones con los demás.

4.2.2. Modelos mixtos.

Salovey y Mayer representan la concepción de la inteligencia emocional como habilidad, diferenciándola de otros atributos (persistencia, empatía, etc) considerados por estos autores como personalidad.

Así, es más fácil analizar el grado en que cada factor (habilidad y personalidad) contribuye a la conducta.

Por el contrario, otros autores decidieron que la mejor forma de considerar la inteligencia emocional era ampliando su definición para incluir todo tipo de rasgos y atributos. Algunos autores se exponen a continuación.

Goleman incluye todos los aspectos (motivación, relaciones emocionales, etc) que permiten delinear en modelo completo de cómo la persona funciona en el mundo. Afirma incluso que el conjunto de atributos que conforman la inteligencia emocional refleja el carácter de la persona. Este autor concibe todos los rasgos y atributos de personalidad incluidos como definitorios del constructo en términos de competencias, que son definidas como capacidades aprendidas, basadas en la inteligencia emocional, que resultan en un buen rendimiento en el trabajo.

Bar´On caracteriza la inteligencia emocional como una colección de capacidades, competencias y habilidades no cognitivas que influyen en la habilidad para tener éxito en el afrontamiento de las demandas y presiones ambientales.

Las medidas elaboradas a partir de los modelos de Cooper y Shutte presentan un importante solapamiento con dos medidas amplias de personalidad, afectividad positiva y negativa, y apertura a la experiencia.

Ante todos estos modelos, Salovey et al se preguntan si hay algún atributo adaptativo que no sea considerado inteligencia emocional.

4.2.3. Valoración de los modelos mixtos de inteligencia emocional

A la visa del tratamiento que ha recibido el constructo "inteligencia emocional", Mayer y asociados ( proponentes del constructo), han realizado una valoración crítica de los modelos mixtos.

Naturaleza de la inteligencia emocional. Es la personalidad la que abarca áreas amplias de la vida mental de las personas, por lo que proponer este constructo (i. emocional) para evaluar aspectos ya tratados puede producir confusión.

Los modelos mixtos pretenden englobar en una entidad (inteligencia emocional) una serie de aspectos que predicen el éxito en la vida, ignorando el hecho de que, por ejemplo, recursos personales como el optimismo no pueden denominarse inteligencia por el mero hecho de predecir ese éxito.

Mayer y asociados concluyen que la identificación de nuevas inteligencias que contribuyan a predecir el éxito en la vida, más allá de lo que hace la inteligencia abstracta, es algo necesario y deseable. La inteligencia emocional (como habilidad) identifica un área de habilidad crítica para ciertas áreas del funcionamiento humano. También consideran que la inteligencia emocional es la habilidad que se encuentra entre las emociones, por lo que un test de habilidad (mental) de inteligencia emocional es un instrumento adecuado, que incrementa además en cierto grado el poder predictivo que la inteligencia general y ciertos componentes de la personalidad han demostrado tener.

El ideal es el de construir medidas separadas de inteligencia emocional (consideradas como habilidad) y de personalidad, tratando de evitar que en ellas se mezclen de manera arbitraria toda una serie de atributos de personalidad y emocionales, como ocurre en los modelos mixtos. Ello permitirá analizar la contribución separada de cada uno de estos constructos.

Bases neurológicas de la inteligencia emocional

El funcionamiento de la amígdala (en el sistema límbico) y su interrelación con el neocórtex constituyen el núcleo de la inteligencia emocional. Por lo tanto, el sustrato biológico de las emociones se encuentra en las estructuras cerebrales más primitivas desde el punto de vista filogenético, en comparación con las estructuras sobre las que se sustenta el funcionamiento racional (neocórtex).

Las conexiones existentes entre la amígdala y el neocórtex constituyen el núcleo del intercambio dinámico entre emoción y razonamiento, lo que pone de manifiesto la importancia de los sentimientos a la hora de tomar decisiones. Las vías por las cuales estas estructuras afectan al proceso de toma de decisiones en la vida son variadas, pero en todo caso se trata de una influencia indirecta.

4.2.4. Otros conceptos asociados a la inteligencia emocional

Existen otros conceptos similares que complementan a la inteligencia emocional de alguna manera. Por ejemplo la creatividad emocional, la competencia emocional y el pensamiento constructivo.

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