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Psicología Básica: Expresión y Regulación de las Emociones

Aspectos Histórico-Conceptuales

Con La expresión de las emociones en los animales y en el hombre (Darwin, 1872), el estudio de las emociones adquiere una dimensión científica. Para Darwin, las manifestaciones externas de las reacciones afectivas y la capacidad para reconocerlas son capacidades innatas.

Según Darwin, las leyes que explican la expresión de las emociones tienen una relación tangencial con el principio de selección natural y son las siguientes:

  • a) Hábitos útiles asociados, los hábitos que son de utilidad para satisfacer deseos, eliminar sensaciones desagradables... llegan a ser tan habituales que se producen en situaciones que no requieren semejante patrón de respuesta. Dichos hábitos adquiridos pueden ser heredados. Así, ciertos estados de ánimo conducirán a acciones motoras habituales que pudieron ser útiles al principio, pero que no tienen por qué serlo en la actualidad.
  • b) Antítesis. Si el hábito está consolidado, cuando aparece un estado de ánimo contrario al que genera semejante ese patrón conductual, se producirá la respuesta motora contraria, aunque ésta no tenga ninguna utilidad.
  • c) Acción directa del sistema nervioso. Una fuerza nerviosa, en situaciones de gran excitación, puede dar lugar a movimientos expresivos. La descarga neural puede afectar directamente a la musculatura expresiva asociada con una emoción particular, la dirección de la descarga neuronal está determinada por la estructura del sistema nervioso, independientemente del hábito, pero las acciones expresivas dependen de éste: la fuerza nerviosa se dirige especialmente por los canales que se ha solido utilizar. Esta idea supone un antecedente de las teorías de Izard y Tomkins de que existen programas subcorticales innatos para la expresión de cada una de las emociones básicas. Es una concepción hidráulica: se asume la existencia de energía que se acumula y que debe transmitirse por los canales establecidos para ello. La realización frecuente de hábitos establece canales preferentes de liberación de la fuerza nerviosa.

La expresión de las emociones deriva filogenéticamente de ciertos patrones de respuesta presentes en otros animales y tiene el valor funcional de preparar para la acción, así como de comunicar a otros individuos las posibles consecuencias de las reacciones emocionales.

Para Darwin, como para los actuales Ekman, o Izard, los patrones de respuesta expresiva emocional son innatos y existen programas genéticos que determinan la forma de la reacción de cada experiencia emocional.

El aprendizaje puede determinar que una acción motora se presente en ciertas situaciones, o no, modificando el patrón de respuesta expresiva. Algunas expresiones innatas necesitan práctica antes de que puedan ejecutarse de forma correcta.

Habitualmente lo que es innato es el programa que determina la respuesta emocional, pero ésta no puede producirse si no existe el adiestramiento o aprendizaje necesario.

Ciertos patrones expresivos pueden utilizarse con otra finalidad distinta a la de las acciones de las que provienen filogenéticamente.

Así ocurre con las "señales de comunicación", gestos utilizados en la relación con otros individuos, que no tienen significado de expresar especialmente ninguna reacción emocional, sino que se trata de ademanes que sirven para enfatizar ciertos aspectos de la comunicación.

Uno de los problemas metodológicos comunes que presentan numerosos trabajos que defienden la universalidad en el reconocimiento de la expresión facial de las emociones es el hecho de que el formato de las cuestiones que se plantean es cerrado (formato fijo de respuesta) que condiciona el tipo de respuesta que se va a dar.

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