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Psicología Evolutiva: Desarrollo del conocimiento de la sociedad y la cultura

DESARROLLO Y ADQUISICIÓN DE PATRONES CULTURALES

El concepto de cultura según D'Andrade es: "(la cultura) consiste en sistemas de significados aprendidos, comunicados por medio del lenguaje natural y de otros sistemas simbólicos y que poseen funciones representacionales, directivas y afectivas, capaces de crear entidades culturales y sentidos determinados de la realidad. A través de estos sistemas de significados los individuos se adaptan a su entorno y estructuran sus actividades interpersonales. Los sistemas culturales de significado afectan y son afectados por varios sistemas de flujo material, como el flujo de bienes y servicios y una red interpersonal de órdenes y peticiones".

Desde la perspectiva de este autor la cultura se relaciona, ante todo, con sistemas de significados que no son independientes de las condiciones materiales en que se generan. A los sistemas culturales, entendidos de este modo, se les atribuye cuatro funciones:

  • Oponiendo el acento en las dimensiones cognitivas de la cultura, esta se asocia a conjuntos de conocimientos y creencias sobre el mundo que tienen un valor adaptativo, hablamos entonces de la dimensión representacional de la cultura.
  • Los sistemas de significado no se quedan sólo en formas de conocimiento, no basta con la comprensión, sino que conducen a un compromiso en la acción. De aquí procede lo que D'Andrade considera una función constructiva de la cultura.
  • Los sistemas de significados, que conforman el conocimiento y las practicas de los individuos que comparten una cultura, tienen también una fuerza directiva experimentada por las personas en forma de obligación, tanto interna como externa, y que no es ajena a fuerzas motivacionales que impulsan la acción.
  • Finalmente, los sistemas de significados tienen además una función evocativa que se relaciona con los mecanismos psicológicos a través de los cuales se expresan las ideas, muchas veces estando presentes a través del mundo físico cuando este adquiere un carácter simbólico.
Desarrollar marcos de conocimiento

Niños y niñas adquieren los primeros patrones y hábitos de conducta desde el marco de los contextos de crianza donde se desarrollan, que, a su vez, están inmersos en sistemas culturales diferenciados.

¿Hasta qué punto dichos contextos contribuyen a configurar los esquemas representacionales desde los que los pequeños van a enfrentarse al mundo? La cuestión fue planteada en términos muchos mas amplios por Cole y sus colaboradores buscando ir mas allá de la metáfora que considera a la mente humana como un único procesador central, cuyos procesos tienen carácter de universalidad y son independientes del entorno. Estudios mas recientes asumen que la cultura proporciona estrategias cognitivas que contribuyen a organizar, interpretar y representar el mundo físico y social. El aprendizaje cultural tiene lugar en el contexto familiar a través de procesos de transmisión cultural entre los que destacan dos subprocesos: a) la enculturalización, mediante la cual los niños y las niñas adquieren valores y normas, sin que tenga lugar una enseñanza especifica, y b) la socialización, que responde a un intento deliberado de conformar la conducta infantil como algo socialmente aceptable y deseable.

¿Cuáles son esos marcos de conocimiento que los niños adquieren en esos primeros escenarios de desarrollo? Situándonos en un enfoque vygotskiano resulta imprescindible apelar a la adquisición y desarrollo de sistemas lingüísticos, estrechamente relacionados con los procesos psicológicos superiores. Al considerar las relaciones entre los procesos de socialización y adquisición del lenguaje, éste se convierte en un instrumento que contribuye a que los pequeños se integren en su grupo social si bien, a su vez, se va transformando a través del proceso.

La familia es uno de los primeros entornos de socialización donde niños y niñas adquieren marcos de conocimiento, sistemas de representación e instrumentos cognitivos desde los que se aproximan a la realidad y comienzan a interpretar el mundo, dichos marcos se van construyendo en interacción con las personas adultas mientras participan en actividades propias de su comunidad. A su vez, los marcos de conocimiento de los adultos van cambiando también como consecuencia de esos procesos de interacción.

La adquisición de valores y formas de conducta

En cualquier caso, los procesos de socialización van mucho mas allá del dominio de un conjunto de patrones lingüísticos o de esquemas representacionales. Es necesario, tal como nos decía D'Andrade, que esos esquemas sean aceptados por las personas y que, además, lleguen a formar parte de la actividad y la dirijan.

Goodnow nos muestra como el hecho de conocer no puede entenderse con independencia de sistemas de valores que organizan la actividad. De hecho, se nos dice, existen valores culturales relacionados con lo que ha de ser aprendido y en qué momento ha de adquirirse. Lo que ahora quiero destacar es el modo en que las mismas actividades cognitivas pueden ser valoradas y medidas de acuerdo con patrones culturales. Por ejemplo, la autora se pregunta por qué unas personas consideran que unas conductas son mas inteligentes que otras. Tras esta cuestión se esconde una determinada forma de entender la inteligencia que no es ajena a las diferentes formas de socialización que están presentes en las familias y, mas concretamente, en los procesos de desarrollo infantil. La autora encontró que existían patrones de cambio que podían relacionarse con la edad, de tal manera que los niños y niñas mayores se aproximaban más al juicio del experto y sus opiniones tenían una mayor consistencia.

Lo que se pregunta Goodnow es cuáles son los mecanismos que explican estos cambios en la adquisición de valores cognitivos. A su juicio, la adquisición del conocimiento y el desarrollo de habilidades especificas han de entenderse como procesos que están en estrecha relación con los valores culturales y, desde esta perspectiva , se especifican dos mecanismos: a) los mensajes modelados, que están implícitos en organizaciones rutinarias de la vida y que se transmiten con particular fuerza y riqueza a través del discurso, aunque dichos mensajes vayan mucho mas allá de la mera expresión lingüística, y b) la identidad social, concepto con el que se alude al hecho de que el conocimiento no es independiente de los que se valora en determinadas situaciones vitales desde las que se va configurando la propia identidad.

Papeles sociales y prácticas educativas

Al revisar las dimensiones que D'Andrade incluye en la cultura podemos recordar que aludía a un conjunto de soportes a través de los cuales los sistemas representacionales adquirían identidad.

Dichos soportes pueden ser físicos o manifestarse en las prácticas sociales, formas de organización, etc. Si queremos ejemplificar cómo los sistemas de representación puede adquirir entidad a través de sistemas materiales, basta detenerse un momento en todos los elementos que durante siglos han expresado los valores religiosos, por ejemplo, templos o imágenes que tratan de hacer presentes a los ojos humanos a las mas diversas divinidades. Pero no todo son soportes físicos, pueden existir las mas diversas formas simbólicas que se manifiestan en determinadas formas de organización social.

Oloko explora un importante aspecto relacionado con la socialización de los niños y niñas en Nigeria.

Se trata del aprendizaje en la venta callejera como una forma de participación en el mantenimiento de la economía familiar. Se interpreta como una forma de inculcar el colectivismo, uno de los valores centrales que subyacen a la estructura social de las sociedades tradicionales cuyo sistema económico se apoya en la agricultura.

Muchas veces, y es lo que ocurre en Nigeria, esos valores se oponen a otros que van apareciendo en el proceso de modernización; por ejemplo, el papel concedido a las familias como agentes de socialización está siendo desplazado por el que se atribuye a la escuela considerada como una organización especializada.

En suma, lo que muestra este estudio es que los sistemas de representación, que generan valores y prácticas de crianza especificas, se hacen presentes en estructuras sociales de las que los mas pequeños han de participar.

Cultura y prácticas de socialización

Analizar cómo la cultura conforma la actividad humana exige, sin duda, ir mas allá de los procesos de conocimiento propiamente dichos y todo ello porque las personas somos algo mas que cabezas pensantes.

El concepto de participación guiada es nuclear en los trabajos de Rogoff cuando se trata de explicar los procesos de desarrollo y aprendizaje humanos. El objetivo del estudio, centrado en las prácticas de socialización familiar, es examinar las variaciones culturales en las metas del desarrollo y en los medios disponibles para los niños y las niñas. El desarrollo infantil se entiende como un proceso que tiene lugar en una comunidad específica, considerando a ésta como un grupo de personas que tienen una organización local común, los mismos valores y prácticas. En principio se establece una distinción entre aquellas comunidades que permiten y promueven la observación de las actividades de las personas adultas por parte de las niñas y los niño, de forma que los pequeños participan de ellas cada vez mas activamente, y aquellas otras comunidades que limitan su acceso a las actividades de los adultos, y todo ello justificando una separación en función de la edad. Lo que le interesa es analizar cómo lo niños llegan a participar cada vez mas activamente en las actividades que ocurren en torno a ellos, considerando que "el desarrollo infantil es un proceso creativo de participación en la comunicación y en empresas compartidas, ambos derivan y revisan las tradiciones y prácticas de la comunidad". (Rogoff)

Estos investigadores, en un intento de establecer relaciones entre la dimensión individual y universal del desarrollo, suponen que existen procesos básicos similares en la participación guiada a través de diferentes culturas. Dichos procesos suponen construir puentes entre las interpretaciones que los participantes dan a las situaciones cuando llevan a cabo una estructuración conjunta del entorno; todo ello se hace evidente a través de un mutuo compromiso entre los cuidadores y los pequeños cuando, conjuntamente, construyen sus actividades. Por su parte, las variaciones tienen relación con las metas especificas del desarrollo del niño, propias de cada comunidad. Desde esta perspectiva, es posible distinguir entre aquellas comunidades donde son los adultos quienes estructuran las situaciones de aprendizaje, dirigiendo la atención, motivación y compromiso de los pequeños, y aquellas otras en las que son los niños y las niñas quienes tienen una responsabilidad mayor en la estructuración de las situaciones.

En el estudio que llevan a cabo Rogoff y sus colaboradores participan cuatro comunidades que varían, en principio, en el modo en que los niños están presentes en las actividades de los adultos.

Especialmente interesantes resultan dos de las dimensiones de análisis desde la que los investigadores observan las situaciones: a) modo en que se establecen puentes entre la comprensión de los niños y las niñas con sus cuidadores y b) formas de estructurar las actividades donde los niños y niñas participan, por ejemplo, el modo en que las cuidadoras simplifican la actividad, diferencias en la responsabilidad ante la tarea, etc.

Los resultados del trabajo, en términos generales, apoyaron la idea de que existen importantes semejanzas y diferencias entre las culturas analizadas. Los aspectos comunes se relacionan con las formas de colaboración entre los niños y sus cuidadoras cuando se trata de establecer puentes para lograr la mutua comprensión. También existen formas tácitas y explicitas de comunicación entre los participantes que facilitan el proceso de socialización y, además, formas de organizar las actividades infantiles que favorecen el desarrollo de forma implícita. Pero existen también diferencias entre las comunidades que se observan en relación con los siguientes aspectos: a) no siempre se concede la misma importancia a la instrucción directa, b) otra diferencia se refiere al modo en que quienes participan en las situaciones comparten el foco de atención. Es decir, mientras que en algunas comunidades es prioritaria y explicita la instrucción verbal, en otras, los niños y las niñas pasan gran parte del tiempo observando las actividades de las personas adultas.

En síntesis, este trabajo muestra cómo los patrones culturales están presentes en procesos de socialización y, más concretamente, en las practicas que contribuyen a que los niños y niñas lleguen a formar parte de su comunidad como miembros de pleno derecho. Dichos patrones, sin embargo, no excluyen aspectos comunes a diversas culturas.