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Psicología Evolutiva: Desarrollo de la identidad personal y la identidad de género

El aprendizaje como base de la adquisición de los estereotipos y roles de género

Los teóricos del aprendizaje opinan que el factor crucial de las diferencias entre hombres y mujeres es de origen social y que el mecanismo por el que el individuo adquiere los roles de género es el aprendizaje. Para ellos, el aprendizaje de los roles de género se rige por los mismos principios y leyes que el de las conductas en los demás ámbitos.

Según este modelo, la aprobación social, proveniente tanto de los adultos como de los iguales, es un elemento esencial para el aprendizaje y desarrollo de los roles de género. Así, los adultos tienden a reforzar las conductas que son ajustadas al género o, como señalan algunos autores (Fagot y cols; Fagot y Hagan; Huston), a recompensarlas más que cuando el niño o niña exhibe un comportamiento que no se considera ajustado. Un aspecto importante es que existe un tratamiento diferencial de los adultos hacia los niños y las niñas en lo que se refiere al refuerzo o no de los comportamientos tipificados sexualmente.

Por otra parte, se ha observado esta misma conducta diferencial por parte de los padres respecto a la importancia que se atribuye al juego y los juguetes tipificados si estos son utilizados por niños o por niñas. No obstante, hay que señalar que algunos autores (Maccoby y Jacklin) no encuentran realmente un trato diferencial el las prácticas de crianza respecto a cuestiones relevantes. De lo que no cabe duda es que juguetes y juegos constituyen un ámbito de aprendizaje y desarrollo de suma importancia.

Otro de los principios en los que se basa el aprendizaje de los papeles de género es la observación de modelos del entorno. La sociedad en su conjunto y, en particular los adultos que rodean al niño desde el momento de su nacimiento, muestran un amplio repertorio de conductas sexualmente tipificadas.

Algunos de esos adultos son especialmente relevantes para el niño. Estos se convierten muy pronto en modelos a seguir por el niño y cuya conducta tienden a imitar al tratarse de personas cercanas afectiva y emocionalmente (Bandura; Sears y cols).

Esta adquisición de conocimientos sobre lo apropiado a cada sexo mediante la observación de modelos y el refuerzo correspondiente, se realiza de forma gradual y se completa con la exhibición de una conducta de género apropiada. El niño va aprendiendo, mediante los mismos mecanismos, a anticiparse a las reacciones de los demás ante conductas consideradas ajustadas o no. De esta forma, aprende a prever los resultados y los efectos de su comportamiento, y actúa en consecuencia (Bussey y Bandura). Los teóricos del aprendizaje social también dejan la puerta abierta a la modificación de los estereotipos de género a través del cambio de los modelos transmitidos, siendo conscientes de las dificultades del proceso en una sociedad en la que dichos estereotipos tienen un papel relevante.

La teoría del aprendizaje social sostiene que alguno de los contextos esenciales de transmisión y aprendizaje temprano de los roles de género son la familia y la escuela.

¿tratan los padres de igual manera a los niños que a las niñas?

Ya en sus primeros momentos de vida, los padres tienen una percepción diferente de ellos, según se trate de un niño o una niña. Los padres tienden a atribuir a sus bebes características físicas y cognitivas distintas según se trate de un niño o una niña. Por ejemplo, suelen percibir a los varones como poseedores de una mejor coordinación, fortaleza, altura o peso. A las niñas les asignan características relacionadas con la calidez, delicadeza, mayor torpeza y menor atención (Rubin, Provenzano y Luria).

Estos rasgos son atribuidos por los adultos, tanto si los bebés son, realmente, varones o mujeres como si "creen" que lo son. Así, cuando se les presenta a un bebé vestido con ropas típicas de niño le atribuyen estereotipos masculinos aunque se trate de una niña (Bell y Carver; Dalk).

Otro ámbito de atribución diferencial es el de los comportamientos. Por ejemplo, Stern y Karraker llevaron a cabo un estudio en 1989 en el que adultos oían pero no veían a un bebé. Cuando este lloraba y el investigador lo etiquetaba como niño, el llanto se interpretaba como enfado, mientras que si se decía que era una niña se atribuía a miedo. Todas estas percepciones tamizan, a buen seguro, las expectativas de los padres acerca de sus hijos según sean estos niños o niñas y, por tanto, el comportamiento y pautas de crianza que tenderán a desplegar con unos y otras.

Algunas diferencias en el trato comienzan en los primeros meses. Por ejemplo, a los varones se les suele estimular mas a que realicen actividades físicas como movimiento, gateo, caminar, etc. mientras que a las niñas se les estimula mucho más en lo que se refiere a aspectos de comunicación e intercambio oral (McDonald y Parke; Wasserman y Lewis).

Otro ámbito en el que las pautas de crianza son claramente distintas es en el terreno de los juguetes y los juegos. Desde el comienzo, los padres tienden a comprar juguetes "consistentes" con el género del niño, o considerados como neutros, mucho mas que juguetes típicos del sexo opuesto. Sin embargo, también sabemos que es más probable sea mayor cuando es un niño el que pide juguetes típicamente femeninos que al revés. En lo que a los juegos se refiere, se observa esta misma tendencia.

En lo que se refiere al ámbito emocional los padres tienden a la cercanía, al contacto físico y a proporcionar soporte operativo en las actividades de juego cuando intercalan con niñas, mientras fomentan la exploración con el entorno, los aspectos motores y la independencia cuando se trata de niños y sus juegos (Kuebli y Fivush). En este sentido, cuando los niños piden ayuda, los padres tienden a ignorarlos con mucha mas probabilidad que si la petición es realizada por una niña. Mientras a los niños se les presenta el juego como una tarea, como un reto, resaltando los aspectos relevantes para alcanzar la meta, los padres tienden a transmitir a las niñas la idea de que lo importante es la actividad en sí.

Algunos estudios han mostrado también que el padre y la madre no intercalan de la misma manera con su hijo que con su hija, fundamentalmente durante los 3 primeros años. Este comportamiento va igualándose a lo largo de los tres años siguientes. En términos generales, mientras que las madres tienden a dar un trato mas igualitario a niños y niñas, los padres suelen acentuar, reforzar y motivar mas los comportamientos apropiados al género de los niños que de las niñas.

En los últimos años se ha tratado de dar algunas explicaciones posibles para esta conducta diferencial entre padres y madres. Algunos autores basan dichas diferencias en los objetivos de crianza de unos y otras y señalan que, mientras que la madre tendería a proporcionar bienestar y protección en tiempo presente, el padre estaría más atento al futuro desempeño social de los niños. Otras explicaciones atienden a la posibilidad de que los padres tengan estereotipos mas rígidos que la madre debido a su propia socialización.

Según algunos estudios (Fagot, Leinbach y O´Boyle; McHale) cuando los niños tienen padres con estereotipos de género rígidos, los aprenden a edades mas tempranas y exhiben comportamientos de género también mas rígidos.

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