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Psicología Evolutiva: El desarrollo moral

EL PROBLEMA DE LAS RELACIONES ENTRE CONDUCTA Y JUICIO MORAL

En las primeras décadas del siglo xx, muchos psicólogos compartían la idea de que existe algo así como un carácter moral, es decir, un conjunto organizado de rasgos de personalidad por los que las personas actúan virtuosa o viciosamente. Creían que si alguien es honrado, tenaz, generoso o valiente lo será en distintas circunstancias e, igualmente, si es deshonesto, egoísta o cobarde.

Para poner a prueba esta idea, Hartshorne y May realizaron un ambicioso estudio con miles de niños y adolescentes, entre 1928-30, para observar cuándo surgen virtudes como la honestidad, la generosidad, el altruismo o el autocontrol y, por otro lado, si había una consistencia de la conducta en distintas situaciones. Diseñaron tareas muy diversas donde los niños podían mentir, robar, o engañar sin que aparentemente nadie los viera. Hartshorne y May suponían, además, que los niños que tuvieran conocimiento de ciertos códigos morales (como los Diez Mandamientos) actuarían de forma mas virtuosa que los que lo desconocían. En cierto sentido, se trataba de uno de los primeros estudios que pretendía comparar el conocimiento moral con la conducta moral.

Se encontró que había poca coherencia en la conducta de los niños frente a distintas situaciones.

Tampoco detectaron ninguna relación entre conocer algún código moral y la conducta moral, ni observaron que, con la edad, los niños progresaran claramente hacia formas mas virtuosas de conducta.

Entre los años 1960-70, muchos investigadores estudiaron ese problema y varios llegaron a la conclusión de que los niños pueden tener un buen nivel de juicio moral y, sin embargo, mostrar conductas no morales en situaciones determinadas.

Grinder ideó un juego con una pistola de rayos que consistía en que los niños, de 7 a 11 años, apuntaran a un blanco y, si lo alcanzaban, ganaban unos caramelos. Lo que se media era el grado de sinceridad en la información que daban al final.

Grinder encontró que casi no había relación entre los aspectos conductuales y cognitivos de la conciencia moral, concluyendo que probablemente se desarrollaban de forma independiente. Otros estudios posteriores tampoco encontraron relación entre la conducta de los niños en el juego de la pistola y otras medidas de juicio moral.

No es difícil descubrir puntos débiles en estos estudios, pero quizá el más importante sea el carácter arbitrario de las situaciones que se plantean al niño. Un experimentador extraño le pide al niño que dispare a un blanco para obtener recompensa (bastante mediocre); que éste engañe o no respecto al número de blancos alcanzados ¿tiene que ver con sus conducta y creencias morales? Muchas de las situaciones que planteaban Hartshorne y May no eran menos absurdas desde un punto de vista moral, y otras diseñadas años después resultan igualmente arbitrarias.

En general, los resultados revelan que los niños suelen transgredir la norma y que, cuando se les pregunta, suelen negarlo. El problema de la relación entre juicio y conducta moral se complica si consideramos otros hallazgos. Por una parte, las comparaciones de distintas medidas de conducta moral (honradez, sinceridad, resistencia a la tentación, conducta psicosocial, etc. Estudiadas mediante diversos procedimientos) muestran poca coherencia intraindividual: un mismo sujeto puede puntuar alto en una medida conductual de sinceridad y bajo en resistencia a la tentación. Las correlaciones resultantes suelen ser bajas o nulas. Por otra parte, cuando se comparan distintas manifestaciones de una misma conducta moral (por ejemplo, diversas medidas de honradez) tampoco se obtiene correlaciones positivas razonablemente altas: un niño que engaña en una situación puede no hacerlo en otra; o uno que ayuda a un igual en ciertos casos, puede no hacerlo en otros.

Varios autores han interpretado esta supuesta falta de coherencia en la conducta moral de los sujetos como prueba de que, en realidad, no existe nada parecido a una conciencia moral subyacente a la acción. La conclusión a la que suelen llegar los que realizan este tipo de trabajo es que no hay relación entre el juicio y la conducta moral, y que la propia conducta moral es inestable y poco coherente, por lo que la mejor manera de describirla es en términos de respuestas especificas en contextos particulares.

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