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Psicología Evolutiva: El desarrollo moral

La teoría de los dominos de Turiel

Turiel y sus colaboradores, han realizado, desde la década de 1970, una gran cantidad e investigaciones sobre el conocimiento social infantil explorando aspectos como la comprensión de las normas sociales en diversos contextos (escolar, familiar, etc.); el papel que atribuyen a padres, maestros y otras figuras de autoridad en su promulgación y cumplimiento; los limites en el ejercicio de la autoridad; las ideas infantiles acerca de la obligación de obedecer normas de distinta naturaleza (desde las puramente convencionales hasta las morales) y los juicios sobre la posibilidad de cambiar o eliminar ciertas normas.

Además, han estudiado su razonamiento frente a situaciones hipotéticas muy variadas. Unas implican actos de agresión a otra persona, o de robo; otras se refieren mas bien a los usos o costumbres o a conductas relacionadas con la prudencia, o con ciertas decisiones personales. Además de evaluar esos actos, los niños deben juzgar si existe o no una norma que los regule, si (en caso afirmativo) tal norma se podría modificar o eliminar, si en todos los lugares del mundo es semejante, si la transgresión de esa norma implica un castigo, si una figura de autoridad puede eliminar esa regla o incluso obligar que se incumpla, etc.

Turiel ha encontrado que los niños pequeños razonan sobre asuntos sociales manifestando una comprensión mucho mayor de la predicha por Piaget y Kohlberg. Por lo menos desde los cuatro años, los niños son capaces de discriminar entre acontecimientos y normas sociales de diferente naturaleza y evaluar la importancia de una norma o la gravedad de su transgresión de acuerdo al ámbito al que pertenecen. En segundo lugar, el pensamiento social infantil no está dominado exclusivamente por la obediencia a la autoridad y a las reglas; mas bien, los resultados de estos estudios muestran que los niños pequeños reconocen límites en el poder de al autoridad y juzgan de forma crítica sus mandatos.

Según el, la experiencia social del niños es, desde muy pronto, extremadamente rica y variada.

Participa en interacciones sociales que difieren cualitativamente en muchos sentidos y de las que es capaz de extraer consecuencias diversas. Así, por ejemplo, hay acciones que tienen un efecto directo en el bienestar o la integridad de las personas, ya sea favoreciéndolas o perjudicándolas. Otras, sin embargo, no tienen consecuencias intrínsecas pues su significado depende del contexto. Transgredir esas normas tiene consecuencias distintas que transgredir las que implican un daño a otro o un acto de injusticia (que, por lo general, va acompañado de la queja por parte de la víctima y de respuestas sociales mas intensas).

Turiel defiende que el niño, lejos de mantener una única orientación hacia todas esas experiencias, las interpreta y organiza en tres dominios conceptuales diferenciados: el personal, el socio-organizativo (o convencional) y el moral, cada uno regido por sus propios principios. El primer dominio es, como su nombre indica, jurisdicción de cada persona, es el ámbito en el que uno tiene derecho a elegir o decidir. Desde pequeños, los niños muestran tanto inclinaciones positivas hacia las personas y hacia las normas, así como conductas de oposición y resistencia a algunos aspectos de las normas culturales que revelan su necesidad de preservar su propia autonomía en ciertas decisiones. Así empiezan a construir desde pronto el dominio o jurisdicción de lo personal.

Los dominios convencional y moral remiten a un sistema de regulación de las interacciones sociales entre las personas, pero difieren en la naturaleza de las relaciones propias de cada uno. Las convenciones son uniformidades de conducta que sirven para coordinar la vida social pero que son susceptibles de ser alteradas. Así pues, lo que define el ámbito de las convenciones son las propias normas consensuadas por un grupo social y, por eso, su variabilidad puede ser muy grande de un contexto social a otro o de una época a otra. Por el contrario, el ámbito de la moralidad no se define por el consenso del grupo social: las normas morales priven actos que violan el bienestar, la integridad y los derechos de las personas y, por ello, no son alterables de un contexto a otro ni tampoco como resultado de un acuerdo.

Los estudios llevados a cabo por Turiel y colaboradores muestran que los niños empiezan a construir muy pronto estos dominios de juicio social, evaluando de modo diferente los acontecimientos y normas morales frente a los de naturaleza socio-convencional. Los progresos mas significativos, según Turiel, se producen dentro de cada dominio de conocimiento y en la creciente capacidad para coordinarlos. En otras palabras, si el niño debe evaluar un acontecimiento en el que entran en conflicto aspectos morales u no morales no es improbable que se centre en un solo aspecto descuidando otros, y juzgue que la solución de esa historia es, por ejemplo, obedecer al padre. Sin embargo, esto no significa que el niño no sea capaz de hacer consideraciones morales (como la injusticia de la decisión del padre) y distinguirlas de otras razones (pragmáticas, como evitar el castigo; de autoridad, como obedecer; o incluso razones basadas en el afecto, como "lo hace porque quiere a su padre"). De hecho, cuando se plantean situaciones en las que no hay conflictos entre componentes morales y no morales, los pequeños son capaces de juzgar las acciones de acuerdo con el ámbito al que pertenecen. Lo que progresa con la edad, pues, es la capacidad para considerar los distintos aspectos de una situación y resolver los conflictos que se producen entre éstos.

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