Psicología Online PIR Psicología Evolutiva Los inicios del estudio del autoconcepto

Psicología Evolutiva: Desarrollo de la identidad personal y la identidad de género

LOS INICIOS DEL ESTUDIO DEL AUTOCONCEPTO

Nuestro actual conocimiento acerca del autoconcepto y la autoestima, así como los modelos teóricos en los que se enmarcan, tiene como precursores a los postulados propuestos a finales del siglo XIX por Williams James y Baldwin, y a principios del siglo XX por Mead y Cooley.

Una primera visión sobre el autoconcepto: Williams James

La importancia del legado de Williams james en lo referente al autoconcepto radica en su distinción entre dos conceptos fundamentales del Self o del "sí mismo": el Yo (también denominado Yo Existencial), y el Mí (también denominado Yo Empírico). Estas dos partes del Self tienen características y contenidos distintos dentro del sistema de autoconocimiento. El Yo tendría la misión de conocer, de saber, sería un agente encargado de construir el conocimiento que cada uno tiene sobre sí mismo. Este Yo representa también nuestra conciencia de que somos seres y sujetos independientes de los otros.

Pero, ¿con qué construye el Yo su conocimiento de nosotros mismos? ¿En que se basa ese conocimiento? Este es, precisamente el papel del Mí.

Según James, el Mí supone todo aquello que vamos conociendo de forma empírica y objetiva de nosotros mismos y que da lugar a lo que en la actualidad denominamos autoconcepto. Este autoconcepto, a su vez, se encuentra compuesto de muchos elementos que se encuentran jerarquizados. Así, el lugar preeminente estaría ocupado por nuestro conocimiento acerca de cómo pensamos, cuales son nuestros juicios morales, nuestras normas de comportamiento y conducta, etc. en un escalón siguiente encontraríamos el conocimiento que de nosotros mismos nos aportan otras personas, para terminar con un cúmulo de rasgos físicos y materiales que conforman nuestra visión y definición sobre lo que somos y quienes somos.

Estos aspectos, Yo y Mí, se encuentran íntimamente relacionados y se influyen mutuamente a lo largo de la vida de cada sujeto. El autor señala la importancia de tener en cuenta la distancia entre lo que el individuo cree de sí mismo y lo que realmente es o entre las aspiraciones y las capacidades.

Otro aspecto esencial apuntado por James es que tiene en cuenta a los "otros" como sujetos que contribuyen a la construcción de la imagen que cada individuo tiene de sí mismo.

Estos postulados de corte social van a ser retomados como elementos explicativos de la construcción del autoconcepto por otros autores también pioneros en este ámbito de estudio a partir de principios del siglo XX.

Los otros como fuente de autoconocimiento

Para algunos teóricos e investigadores como Cooley y Mead, el autoconcepto es una construcción de índole y origen social. A través de las interacciones con los otros, nos vamos dando cuenta de que éstos tienen una imagen, ideas y opiniones acerca de cómo somos. Dichas opiniones e imágenes son transmitidas habitualmente por medio del lenguaje y generalmente son consideradas como una información valiosa acerca de nosotros mismos, fundamentalmente cuando provienen de personas que consideramos importantes para nosotros, personas que Cooley denomina "otros significativos".

Podemos decir que parte de nuestro concepto sobre nosotros mismos, según Cooley, se fundamenta en lo que creemos que los otros piensan de nosotros.

Para Mead la interacción social nos provee de información para formas nuestro autoconocimiento ya que lo otros exhiben actitudes o conductas como reacción a nuestra forma de ser o de comportarnos en determinados momentos. Dichas reacciones son tenidas en cuenta a la hora de construir la idea de nosotros mismos. Por otra parte, Mead señala que, a través de la interacción social, el sujeto descubre en los otros modelos o pautas tanto de comportamiento como actitudinales que le resultan deseables y tiende a imitarlos y a internalizarlos.

Baldwin propone un modelo de emergencia del autoconcepto a partir de la imitación y la internalización de los comportamientos de los otros. Este proceso se produce ya desde las figuras cercanas al bebé en los primeros años y se va afianzando a través de los años con los otros significativos para el sujeto. Sin embargo, Baldwin apunta un elemento muy interesante en su propuesta y es la idea de lo que podríamos llamar "reciprocidad en la construcción de la identidad".

Para el autor, los niños van absorbiendo e internalizando "copias" de acciones, actitudes, etc. de los seres cercanos, pero, al mismo tiempo estas informaciones no solo constituyen claves para su autoconocimiento sino también para el conocimiento de quiénes y cómo son los otros.

Lo interesante de este modelo es que establece una relación intima entre el sentido de sí mismo y el sentido del otro que adquiere el sujeto desde la interacción, a través de las herramientas de la imitación e internalización. Esta conciencia de los otros como seres con ideas, emociones, etc. con una cualidad idéntica a las propias, podría entenderse ya como los cimientos de una teoría de la mente.

Lo dicho hasta ahora podría identificarse como las raíces del actual campo de estudio acerca del conocimiento del sí mismo.

Los modelos actuales asumen que el autoconocimiento es un sistema compuesto por diversas áreas que se encuentran relacionadas entre sí, que se influyen mutuamente y que, a su vez, deben entenderse como parte del sistema general de conocimiento, de emoción y de actuación del individuo. Dentro de este marco, el principal interés de los investigadores ha sido conocer cómo evoluciona, qué funciones tiene y desarrolla cada uno de estos sistemas y cómo interaccionan. Así mismo, la mayoría de los modelos actuales recogen la importancia de la relación con los otros como fuente de autoconocimiento y autoevaluación.

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