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Psicología Evolutiva: Desarrollo de la identidad personal y la identidad de género

Los modelos cognitivo-evolutivos

Los modelos cognitivo-evolutivos tratan de investigar y explicar cómo se produce la adquisición de los roles de género y, por tanto, la identidad de género. Sus objetivos fundamentales son el conocimiento de cómo se adquiere y desarrolla la identidad de género y cuál es la relación entre la comprensión del género y las conductas tipificadas de género o conductas que se consideran propias de cada grupo de asignación social. dado que las aproximaciones cognitivo-evolutivas tienen como eje explicativo del desarrollo cognitivo la progresión en la capacidad para comprender la realidad por parte de los sujetos, en lo que se refiere al desarrollo de la identidad de género y de los roles de género, estas teoría señalan que, con carácter general, esta depende de la capacidad del niño para comprender los conceptos de varón y mujer, así como de identificarse con los rasgos y características socialmente asumidas para cada uno de estos grupos. A su vez, la comprensión del género es un aspecto del desarrollo cognitivo general y emerge como consecuencia del mismo (Kolhberg; Kolhberg y Ullian).

Según estos modelos, es necesario atender a tres procesos evolutivos para entender tanto el desarrollo de la identidad de género como la adquisición de los estereotipos de género que corresponden a cada uno de los sexos:

  • a) incremento en la capacidad para comprender los conceptos de varón y hembra.
  • b) Incremento en la capacidad para identificarse con el propio sexo.
  • c) Incremento en el conocimiento del género y de los estereotipos de género. Este conocimiento hace aparecer la conducta sexualmente tipificada.

Como vemos, la percepción adecuada del género y la autopercepción del mismo, son elementos previos a la conducta sexualmente tipificada. Pero ya que la adquisición de estas capacidades se realiza de forma gradual y evolutiva, la adquisición de la identidad de género se produce, también, a lo largo de una serie de estadios (Kolhberg) que son los siguientes:

Identidad /etiquetado de género:

En los años preescolares, los niños distinguen como categorías distinta a las mujeres y a los varones.

Es decir, son capaces de etiquetarse correctamente a sí mismo y los otros, dentro de un grupo (chico, chica; niño, niña; hombre, mujer). Así mismo, son capaces de establecer todo un conjunto de elementos que serian "propios" o que "definirían" a los varones y alas mujeres.

No obstante, ya que etiquetan dependiendo de rasgos externos "propios" de uno u otro sexo, tienden a pensar que el sexo de un sujeto puede variar si introducimos elementos externos del otro.

Estabilidad de género:

Las dificultades y comprensión parcial basada en rasgos externos se van modificando lentamente.

Aunque se produce un avance en cuanto a que los niños muestran ya una comprensión de que a lo largo del desarrollo el género permanece estable, siguen pensado que el hecho de modificar rasgos que se consideran apropiados de género (BerK) conlleva un cambio de sexo.

Consistencia de género:

Entre los cinco y los siete años, los niños muestran una clara y consistente comprensión de que el sexo es una característica permanente, no alterable con elementos externos y superficiales como la ropa, el comportamiento, etc. Por tanto, existe una comprensión de que ser hombre o mujer es un rasgo estable de identidad.

A través de la evolución de estos tres estadios se alcanza lo que se denomina la constancia de género y supone la capacidad para comprender que los individuos son varones o mujeres de forma permanente. Que el sexo está determinado biológicamente y que éste no cambia atendiendo a elementos externos (Bem).

Para Kolhberg, la adquisición de esta constancia de género hacen que los niños se sientan motivados a aprender los roles y los comportamientos apropiados de cada género y supone la base para la adquisición de las conductas sexualmente tipificadas.

Sin embargo, aunque la investigación ha aportado pruebas que avalan que la adquisición de la constancia de género es un elemento esencial que promueve el interés por aprender los estereotipos de género (Kolhberg y Ullian), no ocurre lo mismo en lo relativo a la adquisición y el comportamiento sexualmente tipificado. No se ha podido confirmar que la constancia de género sea un requisito para el conocimiento y la ejecución de conductas sexualmente tipificadas (Stassen y Thompson). De hecho, muchas investigaciones han puesto de manifiesto que los niños tienen, desde relativamente pronto, una comprensión bastante sofisticada de los roles de cada género y se comportan atendiendo a estos roles mucho antes que lo propuesto por Kolhberg (Fagot, Huston, Martín, Martín y Little).

Así mismo, desde las teorías del aprendizaje sabemos que mucho antes de este momento los niños se fijan e imitan las conductas propias de los modelos de su mismo sexo (Bussey y Bandura).

Para algunos autores como Martín y Little, únicamente seria necesario adquirir unas nociones mínimas sobre género (las propias de la primera fase de etiquetado) para que el niño asocie de forma muy aceptable rasgos, características y actividades o comportamientos asociados con el género.

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