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Psicología Evolutiva: Desarrollo de la identidad personal y la identidad de género

Los modelos del procesamiento de la información: el esquema de género

Dentro de las teorías cognitivo-evolutivas y en respuesta a algunas de las limitaciones que presentan, los modelos del procesamiento de la información combinan elementos de este enfoque con otros del aprendizaje social a la hora de ofrecer una explicación de la adquisición de los roles de género y, por tanto, de la adquisición de la identidad de género. Su objetivo es mostrar cómo el origen y desarrollo de tales adquisiciones se fundamenta en el carácter social del hombre y en las funciones cognoscitivas del mismo. Así, los estereotipos de género son representaciones cognitivas que tienen su origen y se desarrollan desde las interacciones con otros individuos. Estas interacciones proporcionan a los sujetos información acerca del acontecimiento objeto de interacción (por ejemplo, un juguete como propio para un niño o para una niña, o un determinado comportamiento).

De esta forma, la presión social y la representación social y cognitiva de los sujetos acerca de ese acontecimiento se arraiga profundamente en su estructura psíquica, en su sistema de creencias, generando nuevas ideas y representaciones en la línea de la información social recibida y asentando las que ya se poseen. No obstante, estas representaciones no son estáticas sino que evolucionan y se modifican con la edad (Carter y Levy).

Este marco teórico propone la existencia de esquemas de género. La formación de esquemas de género se basa en varios elementos: la influencia del entorno social, el desarrollo cognitivo y los procesos motivacionales.

Respecto al primer factor, resulta obvio que la sociedad, la cultura en la que nacen y crecen los niños y las niñas, son una de las fuentes mas importantes de información acerca de cómo se organiza el mundo. Desde el comienzo de su vida, el niño se encuentra sumido en un entorno social y cultural que le proporciona abundantes modelos e información sobre diferencias de género que son transmitidos de forma directa o indirecta. Estas diferencias se pueden observar en muy diversos ordenes: las clasificaciones por rasgos perceptivos (diferenciación en la ropa, adornos, colores que identifican a los niños y alas niñas); los valores atribuidos a uno y otro sexo (los niños han de ser fuertes y sufrido) o las creencias y conceptos sobre ellos (las niñas son mas listas).

El establecimiento y conocimiento de esta diferenciación entre lo que significa ser un niño o una niña contribuye a que éstos aprendan y desarrollen su esquema de género.

Otro de los elementos esenciales en la formación del esquema de género son los cambios cognitivos a lo largo del proceso evolutivo del sujeto. Uno de los cambios mas relevantes respecto a la posesión de esquemas de género es la adquisición de la capacidad para categorizarse respecto a un género, es decir, para reconocerse como niño o niña. Esta adquisición (que surge de forma muy precoz) promovería en los niños y niñas la motivación necesaria para promover aspectos y detalles en los roles de género, es decir, de los comportamientos que se consideran apropiados a su sexo y al de los otros.

Ahora el niño comienza a evaluar la conducta de los demás y la suya propia en función de su ajuste al esquema adquirido. Con la edad, la autoevaluación y la autoaprobación del comportamiento respecto al esquema de género del sujeto serán elementos mas potentes de socialización que las reacciones de los demás ante estas conductas (Stassen y Thompson). Para otros autores, esta adquisición de identidad de género supondría el comienzo del interés por realizar inferencias acerca de lo que tienen en común los sujetos pertenecientes a un sexo y, en contraposición, lo que les diferencia del otro, en cuanto a su categoría sexual.

Por lo que respecta a la motivación, para los teóricos del procesamiento de la información, dicha motivación tiene como base la adquisición de esquemas de género. Los niños adquieren de forma precoz un esquema (Martín y Halverson), una representación general de las categorías correspondientes a los dos sexos y en relación con dichas categorías organizan su conocimiento de género. Así, la identidad de género no se supedita a la constancia de género sino que puede, incluso, aparecer previamente a ésta.

Por último, hay que señalar que la adquisición de los esquemas de género se produce de una forma progresiva y selectiva. Así, cuando los niños adquieren esquemas de género, prestan mayor atención y recuerdan mejor la información relevante acerca de su género y que resulta ajustada al esquema de género que se ha formado (Liben y Signorella; Welch-Ross y Schmidt): es lo que se denomina consistencia esquemática o cognitiva (Martín y Halverson). Sin embargo, se ha comprobado que, si bien es cierto que a lo largo de la infancia los niños adquieren, desarrollan y cristalizan sus esquemas de género, en determinados ámbitos como los estereotipos ocupacionales (los hombres son médicos y las mujeres enfermeras) estos decrecen durante la adolescencia, sobre todo cuando los jóvenes han de tomar decisiones laborales o se les pregunta acerca de la relación entre capacidad y sexo (Bigler y Liben).

Los esquemas de género son fruto de la interacción entre el entorno y el propio sujeto, es decir, existe cierta elaboración personal de los esquemas que se expresa en las diferencias individuales, tanto en los valores como en la propia conducta de los sujetos. En los últimos años, algunos autores (Luzt y Ruble; Martín) sostienen que la teoría del esquema de género supone un camino para la modificación de los estereotipos y roles sobre los sexos.

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