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Psicología Clínica: Trastornos relacionados con sustancias

Modelo de salud pública, de creencias de salud y de competencia

El fenómeno de las drogodependencias es complejo y se han propuesto distintas teorías y modelos para su explicación. Una de éstas es la del modelo de salud pública, a partir del cual se propusieron luego tanto el modelo de creencias de salud como el modelo de competencia.

El modelo de salud pública aplicado al campo de las drogodependencias lo que hace es ampliar el modelo utilizado en la salud pública para las enfermedades infecciosas a las drogodependencias. En este modelo, una enfermedad infecciosa es la consecuencia recíproca del huésped, el medio ambiente y el agente.

En el caso de las drogas, el huésped es el individuo; el medio ambiente, es el medio biológico, social y físico; y, el agente las drogas. Nótese que la epidemiología, una técnica de gran importancia, desarrollada fundamentalmente dentro de la medicina preventiva y salud pública, ha hecho relevantes aportaciones al campo del conocimiento de la prevalencia de las drogodependencias, lo que nos ha facilitado conocer más este fenómeno.

Cuando el modelo de salud pública se aplica como tal al campo de las drogodependencias (Bukoski,1995), lo que se pretende es aumentar la resistencia individual al agente, por ejemplo mediante el entrenamiento en resistencia frente a la presión del grupo; proteger a los individuos frente al agente, lo que se puede hacer a través de acciones como educación sobre las drogas o desarrollar modelos de abstinencia; también mediante el aislamiento del huésped frente al agente, como por ejemplo a través de escuelas libres de drogas, zonas comunitarias libres de drogas, etc.; y, finalmente, a través de la modificación del agente para disminuir su daño, como por ejemplo consiguiendo disminuir o eliminar el contenido de distintos componentes en la sustancia (ej., disminuir o eliminar el contenido de alcohol en las bebidas alcohólicas; promover la utilización de cigarrillos bajos en nicotina; utilizar una jeringuilla de cada vez para evitar compartirlas con otras personas, etc.). Muchos de los programas de reducción de daños parten de estos principios.

A pesar de que el modelo de salud pública ha sido sumamente útil para el control de las enfermedades infecciosas y la eliminación de los contagios masivos, a diferencia de otras épocas de la historia, es de escasa utilidad aplicado al campo de las drogodependencias. Esto viene motivado por el gran número de factores que se relacionan con el consumo de las distintas drogas.

El modelo de creencias de salud (Becker y Maiman, 1975) tiene como elementos fundamentales la susceptibilidad percibida, la severidad percibida, los beneficios percibidos y las barreras percibidas. La susceptibilidad percibida se refiere a las percepciones individuales de la vulnerabilidad personal a enfermedades o accidentes específicos. La naturaleza (percepción de susceptibilidad) y la intensidad (severidadpercibida) de estas percepciones pueden afectar de manera importante a la hora de adoptar o no una conducta concreta. La combinación de la susceptiblidad y severidad se conoce por amenaza percibida(Rosenstock, Strecher y Becker (1994).

El modelo de competencia, inspirado en la psicología comunitaria, encierra perspectivas francamente prometedoras para ellogro de muchos de los objetivos de la salud pública y comunitaria. La clave de este modelo es intervenir anticipándose a los problemas para evitarlos, más que tratar de ayudar a los sujetos a superar los problemas (Costa y López, 1998; Winett, King y Altman, 1991).

El modelo de competencia presenta varias ventajas con respecto al modelo de déficit, predominante hasta entonces: 1) el constructo de competencia está firmemente establecido dentro de la teoría del desarrollo onto y filogenético del ser humano; 2) los estudios longitudinales ponen de manifiesto que es la ausencia de competencias de adaptación amplias, y no la presencia de grupos de síntomas por sí mismos, lo que es más predictivo de la psicopatología a largo plazo; 3) el hacer más énfasis en sistemas terapéuticamente relevantes y menos en contextos patológicos; 4) se centra en intervenciones preventivas diseñadas para promover el desarrollo cognitivo, habilidades conductuales y socioemocionales, que conducirán a resultados adaptativos y a un sentido de control personal; y, 5) el paradigma de competencia puede servir como una fuerza unificadora dentro de la psicología, fundamentalmente dentro de la psicología comunitaria y preventiva (Masterpasqua, 1989).

El modelo de competencia tiene dos objetivos fundamentales (Costa y López, 1989): 1) promover la competencia individual; y, 2) desarrollar comunidades y organizaciones competentes. La relación salud-enfermedad y la promoción de la salud depende de la mejora del entorno y del repertorio del individuo. Elmodelo de competencia tiene sus orígenes en el modelo teórico de prevención que propuso Albee (1982),para explicar el riesgo de presentar problemas de conducta. Posteriormente, Rhodes y Janson (1988) lo adaptaron para explicar el riesgo de comenzar a consumir drogas. Según estos autores, el riesgo de empezar a consumir sustancias se podría expresar a través de una fracción en la que en el numerador se colocaría el estrés y en el denominador el apego, las habilidades de afrontamiento y los recursos disponibles.

Cuanto mayor sea el peso del numerador y/o menor el del denominador, mayor será el riesgo de iniciarse al consumo de drogas. El riesgo aumenta en la medida en que el individuo tenga niveles elevados de estrés, mientras que disminuye en función de un mayor apego, de más habilidades de afrontamiento y de mayores recursos. El primer recurso para contrarrestar el factor del numerador, el estrés, sería la de fomentar una relación estrecha entre padres e hijos. La segunda, sería dotar al joven de habilidades necesarias para afrontar con éxito las dificultades a las que pueda estar expuesta la persona (Wills y Shiffman, 1985).

Se incluirían fundamentalmente habilidades de solución de problemas, habilidades sociales, estrategias de manejo del estrés y habilidades de autocontrol. Y, la tercera, es la presencia de recursos adecuados en la comunidad. Para ello es necesario facilitar la disponibilidad de alternativas necesarias para competir con el consumo de drogas, como escuelas adecuadamente equipadas, servicios sociales, oportunidades parael ocio y el empleo, etc. (Glynn, 1984; Wills y Vaughan, 1989).

El modelo de competencia, desde la perspectiva del consumo de drogas, se centraría, principalmente, en dos clases de personas. Por un lado, los individuos que no han probado las drogas, para que no lleguen a iniciarse al consumo. Y, por otro, en los individuos vulnerables (ya bien hayan manifestado los primeros síntomas para un diagnóstico precoz o no de consumo de sustancias) para llevar a cabo las estrategias de intervención preventivas adecuadas a las necesidades de los mismos.

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