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Psicología Clínica: Trastornos de ansiedad

Modelos explicativos para la fobia social

En algún momento de nuestra vida y especialmente en la adolescencia cuando la deseabilidad social o la necesidad de afiliación o inclusión es importante para los jóvenes, ya que se definen en parte sus amigos y grupos sociales a los que desea pertenecer etc., es común presentar tartamudeo a la hora de iniciar una conversación o al hablar en público, sonrojarse, que se presente sudoración en las manos y en ocasiones hasta taquicardia, todo esto debido al temor de ser criticado, o descalificado y lo que es peor aún para el joven ser aislado, sin embargo, en la medida en que la persona se acostumbra y experimenta positivamente la interacción social, estos comportamientos y síntomas fisiológicos desaparecen.

Si por el contrario sus experiencias son negativas porque así son valoradas por el adolescente o porque realmente generaron eventos o situaciones bochornosas que son difíciles de superar para su capacidad de evaluar se puede incrementar la ansiedad social. Esta ansiedad, se manifiesta con distinta intensidad y duración en cada sujeto en función de variables biológicas y psicológicas.

Variables biológicas

Parece existir una preparación biológica evolutiva para temer expresiones faciales de ira, rechazo y crítica, facilitándose así las jerarquías que dan lugar al orden social (Bados 2001). Entre las variables sensibles a factores biológicos suelen citarse:

  • Capacidad innata para reconocer la amenaza social y responde ante ella.
  • Alta activación fisiológica, que dificulta la habituación a situaciones amenazantes o no familiares lo que propicia su evitación.
  • Inhibición conductual en la infancia (mayor miedo y timidez ante personas o situaciones desconocidas, mayor ritmo cardiaco en reposo y mayor dilatación pupilar, mayor tensión muscular y aceleración cardiaca ante situaciones nuevas o estresantes). Esta alta activación fisiológica facilita el condicionamiento del miedo, suponiendo un factor de riesgo para desarrollar trastornos de ansiedad en la vida adulta (especialmente, fobia social generalizada). Sin embargo, el ambiente juega un papel fundamental como muestra que sólo un tercio de estos niños padecen ansiedad social en la adolescencia.

Variables Psicológicas Algunos factores de la propia experiencia pueden interactuar con la vulnerabilidad biológica y provocar fobia social al originar en el sujeto la sensación de pérdida del control ante distintas situaciones.(Bados 2001). Estos factores experienciales pueden resumirse en:

  • Unos padres sobreprotectores, muy exigentes o poco afectuosos, que emplearan un estilo educativo basado en la vergüenza o rechazo de los hijos con inhibición conductual, lo que interferiría en la relación padre hijo, dificultaría la independencia, la confianza y la competencia social, y promovería una gran necesidad de aprobación, perfeccionismo y creencia en que los demás son siempre críticos y fiscalizadores.
  • Falta de experiencia y habilidades sociales.
  • La observación de experiencias sociales negativas o ansiedad social en los padres o personas significativas puede facilitar la aparición en los hijos de preocupaciones y conductas similares.
  • Un cambio de circunstancias (laborales, familiares, escolares, de residencia) puede implicar la necesidad de enfrentarse a las situaciones temidas desbordantes (relacionarse con gente nueva). Experiencias negativas en algunas situaciones sociales (burlas, castigo, marginación, etc.) pueden elevar el miedo ante otro tipo de situaciones sociales distintas.
  • Distintas circunstancias estresantes (laborales, familiares.) o factores accidentales (enfermedad, cambios hormonales.) pueden provocar que se manifieste ansiedad o algunos de sus síntomas somáticos en situaciones sociales.
  • El desarrollo excesivo de la conciencia de sí mismo en el final de la infancia inicio de la adolescencia puede acarrear timidez y autoevaluación excesivas, desarrollándose el miedo a ser objeto de evaluación y la tendencia a focalizar en exceso la atención sobre uno mismo (sobre los propios pensamientos, actos, apariencia, etc.). Infravalorarse puede agudizar la timidez, provocar una gran necesidad de aprobación, y atribuirse a uno mismo mayor responsabilidad cuando se tienen fallas, que cuando se presenten los éxitos.