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Psicología de la Personalidad y Diferencial: Autoeficacia y procesos de atribución

AUTOEFICACIA

PERCEPCIÓN DE AUTOEFICACIA

La percepción de Autoeficacia es la percepción y valoración que de sí mismo hace el individuo como poseedor de la capacidad y recursos personales necesarios para hacer frente a las diversas situaciones a que se enfrenta en su vida diaria.

CONCEPTUALIZACIÓN Y MEDIDA.

El que el individuo esté dotado de un conjunto de habilidades y competencias, desde las que se relaciona con su entorno y puede dirigir su conducta, es condición necesaria, pero no suficiente, para explicar la conducta. Entre los factores que modulan el modo en que estas competencias se traducen en conductas específicas, ocupa una posición central la percepción de autoeficacia.

Conceptualización.

La percepción de autoeficacia supone el juicio acerca de la capacidad que uno cree tener para realizar algo. En este sentido, no es una cualidad estructural del individuo, sino la percepción de uno mismo como con recursos suficientes para hacer frente a la situación específica a la que uno se enfrenta.

Esta creencia tiene un carácter multidimensional y contextual; la percepción de capacidad depende del tipo de problema al que uno se enfrenta y del contexto en que el afrontamiento se produce.

Desde esta perspectiva, cabe esperar que el individuo evite aquellas situaciones ante las que duda de su propia capacidad para hacerles frente con éxito. La iniciación y persistencia en la conducta van a venir esencialmente condicionadas por la confianza que la persona tenga en su propia competencia. Más aún, la confianza o dudas en la propia competencia determinan en gran medida el tipo de situaciones y escenarios de conducta a los que uno se acerca o evita.

Relación con otros conceptos.

Las expectativas de resultados hacen referencia a la creencia que uno puede tener acerca de la probabilidad de que determinados resultados, consecuencias específicas, sigan a una conducta.

Las expectativas de control sobre los refuerzos hacen referencia a la creencia sobre la propia responsabilidad sobre las consecuencias que siguen a nuestros actos. Se habla de expectativas de control interno, cuando se estima que los resultados obtenidos se deben directamente a la conducta, mientras que si se cree que los resultados, aun siguiendo a la conducta, no se deben esencialmente a la conducta sino a otros factores ajenos a la misma, hablaremos de expectativas de control externo.

Son conceptos bastante próximos, aunque se refieren con claridad a fenómenos distintos:

Autoeficacia: la confianza en la propia capacidad para afrontar situaciones.

Expectativa de resultados: la percepción de asociación entre la conducta y las consecuencias que le siguen.

Expectativa de control sobre los resultados: la ubicación de responsabilidad sobre esos resultados

Diferencias individuales y evaluación.

Las personas difieren a lo largo de las 3 dimensiones que caracterizan a la expectativa de Autoeficacia:

  • a) Nivel: El volumen de demandas situacionales a las que uno cree poder dar respuesta eficazmente. Si deseamos evaluar percepción de autoeficacia, debemos emplear un instrumento que permita valorar hasta qué nivel de demandas uno se siente con capacidad para afrontar la situación.
  • b) Generalidad: El carácter generalizado o específico de la imagen que uno tiene de sí mismo como competente. Las personas se diferencian, no sólo en el nivel general de confianza que tienen en su capacidad para hacer frente a las demandas, sino en el tipo de situaciones ante las que se sienten más o menos competentes. La relevancia explicativa del carácter específico o generalizado de las expectativas vendrá condicionada por el grado de ajuste existente entre estas expectativas y las características y requerimientos de la situación en que se va a desarrollar la conducta.
  • c) Intensidad: Las personas pueden diferir en la intensidad y seguridad con que mantienen la convicción en la propia capacidad para hacer frente a las diversas situaciones. El efecto más estrechamente asociado a la intensidad es la persistencia de la conducta. Cabe esperar que una persona mantendrá más firmemente la conducta dirigida al logro de los objetivos proyectados, mientras más sólida sea la seguridad que tenga en que posee los recursos suficientes y apropiados para su consecución. Ante experiencias frustrantes, las personas con expectativas de autoeficacia poco sólidas tenderán a abandonar la tarea.

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