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Psicología Básica: Producción del Discurso y Conversación

Procesos de Planificación y Ejecución de los Discursos y Conversaciones

El análisis de los procesos es el aspecto globalmente menos desarrollado en las teorías del discurso. Ello puede explicarse a partir de varias consideraciones. Por un puede interpretarse que los investigadores (quizá influidos por las tradiciones metodológicas de lingüistas y sociólogos; auténticos pioneros del estudio científico del discurso y las conversaciones) han tendido más a la descripción que a la explicación de esta forma de conducta.

En segundo lugar, puede ser oportuno recordar que la naturaleza intencional y contextualizada de los procesos y representaciones implicados en el discurso ha tendido a ser excluida a priori de las explicaciones psicolingüísticas, tradicionalmente formalistas y claramente interesadas en el estudio del sistema de procesamiento del lenguaje per se.

En tercer lugar, cabe señalar la gran dificultad que supone para la investigación observacional y experimental la necesidad de analizar simultáneamente un grupo amplio de variables interdependientes (como parecen ser las que influyen en la producción de los discursos) y el todavía poco extendido recurso a las técnicas de simulación en el ámbito de la investigación psicológica.

En última instancia, puede ser pertinente también hacer notar que utilización de técnicas de simulación (que en teoría permitirían resolver las dificultades metodológicas de la observación y la experimentación) posee limitaciones importantes para la caracterización on-line de los procesos psicológicos que se realizan en los discursos; en el caso de procesos de alto nivel como los que resultan pertinentes para el análisis de los discursos (vg. procesos de «arriba a abajo, que poseen un marcado carácter inferencial y de retroinformación), ello acaba por imponer definiciones de la noción misma de «proceso», son claramente más laxas que las que se aplican al estudio de otras áreas del procesamiento lingüístico (vg. la percepción y producción del habla, el léxico o los procesos de parsing).

Los intentos de explicación de los discursos en términos cognitivos son, pues, todavía escasos y, por lo general, fuertemente especulativos. No obstante, cabe ofrecer una pincelada general de lo que parecerían ser algunos de los procesos más importantes de la producción de discursos y conversaciones naturales en sus formas más comunes; la producción de monólogos orales, la producción de monólogos o textos escritos y la participación en conversaciones cara a cara y telefónicas.

a) La producción de monólogos orales.

Las características más importantes de los monólogos orales, de cara a una identificación de los procesos implicados en su planificación y elaboración, son, en nuestra opinión, fundamentalmente tres:

  • 1) el hablante debe asumir en su totalidad las decisiones de planificación del contenido informativo y de la organización secuencial del discurso (i. e. debe resolver por sí mismo el problema de la continuidad, coherencia y relevancia del discurso desde que éste se inicia hasta que finaliza);
  • 2) el hablante debe establecer sistemas de control de actuación discursiva fundamentalmente internos (aunque pueda reci­bir retroinformación no verbal de su interlocutor), y
  • 3) el hablante debe planificar y producir su discurso en una secuencia temporal en continuo avance que implica una permanencia y acceso limitados breves de los mensajes recién emitidos en la memoria.

Según Van Dijk (1980), el proceso de producción de los discursos se inicia con la elaboración de una representación general que contie­ne información tanto del acto de habla global (o intención comunicativa) como del tópico principal a desarrollar a lo largo del discurso. A esta representación general que recoge información sobre el estado actual y deseado de las cosas, Van Dijk la denomina «macrohecho» o «macroproposición».

La construcción de las macroproposiciones implica la activación de información de la memoria a largo plazo a partir de la información situacional y, eventualmente, de otros discursos.

La macroproposición se almacena, durante la planificación del discurso, en la memoria a corto plazo y operaría como una especie de representación-base desde la que se generan representaciones temáticas mas específicas (los «microhechos» o subtópicos.).

Estas representaciones más específicas constituirían el imput potencial de la codificación lingüística de los párrafos y/o de las oraciones y serían ordenadas jerárquicamente en función de su relación con el tópico central (la representación de esta jerarquía también se mantendría activada en la memoria a corto plazo).

La derivación de subtópicos a partir de la macroproposición general se entiende, en el modelo de Van Dijk, como resultado de la aplicación de una macrorregla (la llamada macrorregla de «construcción»), pero la realización efectiva de este proceso se vería restringida por condiciones pragmáticas (que determinarían la selección de subtópicos relevantes), por condiciones semánticas (que determinarían cuál es la información mínima requerida para que el contenido de los mensajes pueda ser considerado como «nuevo») y por condiciones derivadas de la influencia «desde arriba» de la macroproposición y de la superestruc­tura (que determinarían la linealización general de los subtópicos).

La macroproposición y la jerarquía de subtópicos generada a partir de ella, como hemos dicho, se almacenarían en la memoria a corto plazo.

Desde ahí, suministrarían la información necesaria y controlarían la ejecución efectiva del plan discursivo. El sistema de control, imprescindible para asegurar la relevancia y la coherencia de cada nueva oración respecto al plan de discurso global, implica el mantenimiento en el retén de la memoria a corto plazo de representa­ciones correspondientes a las oraciones que sucesivamente van verba­lizándose, así como una contrastación de cada una de ellas respecto a su intención y tópico iniciales.

Aunque, como se ve, la eficacia del discurso depende básicamente, según este autor, de la posibilidad de realizar adecuadamente las operaciones de control, a lo largo de todo el proceso no se descarta la activación continua de conocimiento almacenado en la memoria a largo plazo que se utilizaría para la revisión y, en su caso, reformulación del plan macroproposicional.

En una línea igualmente especulativa, De Beaugrande (1980b) ha publicado también algunas sugerencias en torno a la producción de discursos orales, si bien su interés se ha centrado sobre todo en el proceso de composición escrita. De sus comentarios destacaremos solamente dos ideas.

En primer lugar, la idea (recogida de Petöfi, una de las figuras claves de la lingüística textual de los años setenta) de que toda producción de discurso presupone la elaboración, por parte del hablante, de una representación inicial global (llamada aquí "modelo de texto») que sintetiza el conocimiento transportado y activado, por el discurso (cfr. Albadalejo, 1987).

El modelo de texto se interpreta como insertado en un «modelo de la situación» que recoge, entre otras, la representación de los planes y objetivos de los participantes en la situación comunicativa (sin que se especifiquen las funcionales entre uno y otro o sus respectivos mecanismos de generación).

Como única pista al respecto, De Beaugrande señala que interpreta la elaboración del modelo de texto como un proceso desarrollado por un sistema cognitivo al que se identifica, como los teóricos I.A., con un «solucionador de problemas que genera planes».

Una segunda idea a destacar de las propuestas de De Beaugrande es la de que, según este autor, toda producción textual hace necesaria la definición, por el propio sistema, de un «umbral de terminación»: la función atribuida a dicho umbral, como se desprende fácilmente de su propia denominación, es la de permitir establecer cuándo están realizadas las intenciones comunicativas y cuándo, por tanto, debe concluirse el proceso.

Ni las propuestas de Van Dijk ni las De Beaugrande han dado pie al desarrollo de programas de investigación empírica sistemáticos.

No obstante, la observación de algunas patologías del lenguaje (fundamentalmente las de sujetos como los esquizofrénicos, con problemas de control cognitivo y con problemas también en la producción de discursos coherentes y relevantes Rochester y Martin, 1979, Belinchón, 1988a y b; Chaika, 1990 parecen avalar, siquiera indirectamente, algunas de sus intuiciones al respecto.

d) La producción de textos escritos.

En comparación con el discurso oral, la producción de textos escritos ha recibido una gran atención por parte de los psicólogos del lenguaje, pudiendo decirse que, hoy por hoy, el estudio de los procesos implicados en la escritura constituye un dominio de investigacion psicolingüística importante (por la cantidad y calidad de los estudios realizados) y bastante diferenciado respecto al de otras formas de discurso.

Desde el punto de vista cognitivo, la composición escrita presenta importantes diferencias respecto a la producción oral, siendo quizá su rasgo más importante el de que es un proceso sujeto a un mayor grado de control por el hablante ya que éste dispone de mucho más tiempo para organizar y corregir su mensaje.

Como ha señalado, por ejemplo, Akinasso (1982), durante la escritura, el hablante suele realizar la tarea en soledad, no en un contexto de actividad social compartida, de forma que la retroinformación social es inexistente o está sujeta a una demora relativamente grande.

En esta modalidad de discurso, por otra parte, el texto construido está físicamente presente y es totalmente accesible al sujeto (lo que le permite a este introducir cuantas correcciones estime conveniente).

En la medida en que el hablante y su interlocutor están en situaciones físicas distintas, aquel se ve obligado a construir cuidadosamente las referencias: ello es así porque, al carecer de un contexto físico compartido, el hablante debe proveer a su interlocutor no sólo de la información que le permita a éste identificar los referentes del discurso sino también del contexto, que necesita el interlocutor para poder proceder a tal información.

Por último, el hablante, en esta modalidad, dispone de un único canal para su discurso (la escritura), lo que hace que no disponga de apoyos prosódicos ni gestuales durante la producción (como los que tienen lugar en las conversaciones cara a cara y telefónicas) y, por ello deba apoyarse en la utilización de formas lingüísticas mismo, que más convencionales y/o más elaboradas (i.e. mejor «gramaticalizadas») que las que pueden usarse en un discurso oral.

Las fases generales en las que, según la mayoría de los investigadores, se desarrolla el proceso de composición escrita suelen ser cuatro.

Son las denominadas a) planificación del objetivo y el formato general del texto; b) ideación, o selección de un tema presumiblemente informativo y relevante; c) desarrollo o definición detallada de los contenidos específicos que desarrollarán el tema general y de su orden en el texto, y d) expresión, que implica el desarrollo secuencial de las oraciones del texto en un modo coherente tanto local como globalmente (cfr. De Beaugrande, 1980b).

Estas etapas, frente a lo que pudiera pensarse, no proceden de forma lineal; por el contrario, como demuestra la más simple introspección y algunos datos experimentales (vg. Matsuhashi, 1982), el sujeto, mientras escribe, está a la vez planificando e ideando la continuidad del texto, a la vez que también revisa y modifica la expresión de los segmentos previos.

Además de la identificación de las grandes etapas del proceso de composición, los investigadores de la escritura han desarrollado una enorme variedad de modelos que identifican los procesos cognitivos que subyacen a las distintas etapas y/o al proceso en su conjunto (cfr. Gil, 1984, 1985, y Gil y Santana, 1985, para una revisión en castellano, o Nystrand, 1982, y Fredericksen y Dominic, 1982, en inglés.

Como se ve, este modelo identifica tres grandes grupos de procesos: los de planificación, traducción y revisión (o relectura), que pueden darse en cualquier etapa o fase de la escritura.

En la medida en que la escritura se interpreta globalmente también como una actividad dirigida a una meta, los procesos de escritura se consideran jerarquizados e interrelacionados, de forma que cada uno de ellos genera la necesidad de usar de otro.

En este sentido, como ha observado muy adecuadamente Gil (1984), el proceso de la escritura debe considerarse como un proceso de carácter básicamente recursivo que descansa en un activo sistema de control.

Los procesos de planificación se ocupan de establecer las metas y planificar el contenido de la actividad de la escritura en sus distintos momentos e implican tres subprocesos que, respectivamente, se identifican con la generación de ideas (o recuperación de información relevante desde la memoria), la organización, que implica la selección de material y de posibles formas de viene controlado por las decisiones retóricas y los planes respecto a la audiencia, y, por último, el establecimiento de objetivos a partir de lo generado, desarrollado y revisado anteriormente (cfr. también Drop,1987).

Los procesos de traducción, que están controlados por los planes, implican la elaboración de representaciones proposicionales, estructuradas en torno a palabras-clave, y la conversión a secuencias de oraciones gramaticalmente aceptables mediante los procesos.

Finalmente, la relectura constituye un proceso consciente que evalúa el producto resultante o en progreso respecto a los planes iniciales y que puede tener lugar en cualquier momento de la actividad de composición textual.

Como han observado Ellis y Beattie (1986), aunque los procesos descritos por Flower y Hayes son procesos de carácter general que permiten establecer el sustrato cognitivo de la actividad de composición textual en todos los sujetos, existen numerosas diferencias individuales en el modo efectivo de realizar esta actividad.

Así, por ejemplo, algunas personas establecen planes detallados del contenido y forma de sus textos antes de iniciar la redacción propiamente dicha; otros, por el contrario, comienzan a redactar sin un plan global muy bien desarrollado y establecen saltos continuos hacia atrás para revisar y corregir lo ya escrito en función de los nuevos planes que van surgiendo durante el proceso.