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Psicología Evolutiva: El desarrollo moral

TEORÍAS COGNITIVO-EVOLUTIVAS DEL DESARROLLO MORAL

Dos son los fundamentos de las teorías cognitivo-evolutivas. Por un lado, la importancia que conceden a la capacidad de comprender y juzgar problemas morales implica que el desarrollo cognitivo es una condición (necesaria pero no suficiente) para el desarrollo del juicio moral. La conducta moral del niño va a depender (aunque no solo) de su capacidad de juicio moral y ésta 8aunque no solo) de su desarrollo intelectual. Esta compleja interdependencia entre juicio y conducta se pone de manifiesto sobre todo en situaciones complejas de oposición de intereses, y no tanto en las decisiones sencillas que tomamos cotidianamente y que no suelen generarnos conflictos.

Las teorías cognitivo-evolutivas presuponen que existe un genuino desarrollo moral, es decir, un progreso desde formas primitivas de moralidad hasta otras mas avanzadas, si bien hay diferencias entre los autores respecto a cómo caracterizar ese desarrollo.

Piaget

En 1932, Jean Piaget publicó un libro titulado "El criterio moral en el niño" que se convertiría en una de las obras mas importantes sobre el desarrollo moral en la niñez.

Piaget no se limitó a estudiar si los niños obedecen o no las normas, o si son capaces de valorar como "malas" o "buenas" ciertas conductas, sino que quiso profundizar en el modo en que interpretan y juzgan problemas morales relacionados con la justicia, la obediencia, la mentira, el robo o el castigo.

En segundo lugar, fue el primer autor en destacar al necesidad de distinguir entre dos formas cualitativamente diferentes de experiencia social en la formación de la moralidad infantil: las interacciones que tiene lugar entre iguales y las que establece el niño con las figuras de autoridad.

Según Piaget, cada tipo de relación es fuente de una tipo diferente de moralidad.

La base de la moral heterónoma y de la moral autónoma

Los adultos se esmeran en enseñar a los niños normas de distinto tipo, desde las prudenciales (evitar acciones peligrosas para el niño) hasta las normas básicas de relación con los otros (preservar el bienestar físico y psicológico, evitar la mentira, respetar la propiedad, etc.) y usan formas diversas de control para procurar que se cumplan. Aunque los padres pueden tener estilos educativos diferentes, las características intelectuales del niño pequeño hacen difícil que pueda entender el sentido de muchas de ellas. En consecuencia, en su relación con el adulto, es probable que el niño experimente una cierta coacción o presión del adulto como autoridad que da órdenes, exige obediencia e impone sanciones o premios. Según Piaget, este tipo de relación promueve necesariamente una moralidad heterónoma o de obediencia a la autoridad, basada en el respeto unilateral del niño al adulto y en el acatamiento de normas que son externas a su conciencia.

Si el niño no tuviera la oportunidad de practicar otro tipo de relaciones, se mantendría en un estado de subordinación moral. Pero afortunadamente, los niños tienen experiencias de otra índole en su interacción con compañeros de edad. La ocasión de experimentar la relación de igual-a-igual surge de estas interacciones y, a partir de ellas, el niño se involucra crecientemente en actos de cooperación y reciprocidad.

El tipo de respeto que nace de las interacciones entre iguales es muy diferente del que siente el niño por una figura de autoridad adulta. Se trata de un respeto mutuo, donde todos tienen los mismos derechos y ninguno debe subordinarse a los mandatos de otro.

Todos estos elementos son, según Piaget, fundamentales para el desarrollo de una moralidad autónoma, basada en el principio de justicia y no en el de autoridad. En la moral autónoma el niño ha hecho suyas ciertas normas, las ha interiorizado en un proceso de toma de conciencia, reflexión y reelaboración de normas que antes eran externas a la propia conciencia.

Piaget sostiene que estos dos tipos de moral se suceden evolutivamente pero sin que se trate de etapas en sentido estricto. Los niños empiezan su vida social siendo fundamentalmente heterónomos debido a su egocentrismo (dificultad para adoptar distintas perspectivas) y sólo a medida que superan estas limitaciones con el progreso intelectual es más probable que su moralidad adopte una forma mas autónoma. Pero Piaget no niega que las dos formas de moralidad puedan coexistir en distintas etapas de la vida por razones que van más allá de los aspectos puramente intelectuales.

Piaget era consciente de que la autonomía moral no era una "etapa" que se alcanzara de una vez por todas en la vida. Si al individuo no se le da la oportunidad de practicar la cooperación y el respeto mutuo, y si las propias instituciones sociales promueven el conformismo por encima de la reflexión, entonces difícilmente vencerá la autonomía moral sobre la heteronomía.

La intención y la responsabilidad objetiva y subjetiva

¿Qué razones dan los niños para juzgar una conducta como buena o mala?, ¿en qué se basan para decidir entre dos valores en conflicto como la obediencia y la justicia?, ¿qué castigos consideran que merecen distintas "faltas"? para averiguar estas cuestiones, Piaget desarrolló diversas técnicas de entrevista planteando a los niños situaciones y conflictos muy cercanos a sus intereses. Uno de sus hallazgos más interesantes tiene que ver con los cambios en las concepciones infantiles de la intención y la responsabilidad.

La intención es un aspecto central en la definición de la moralidad. La mayoría de los adultos estamos de acuerdo en que el valor moral de una acción no puede juzgarse por sus consecuencias sino por la intención del actor. Pero, ¿comparten los niños la misma perspectiva?. Para estudiar este problemas e relataba a los niños pares de historias pidiéndoles que juzgaran la conducta de cada protagonista?

Piaget encontró que, en general, los menores de 6-7 años evalúan los actos atendiendo solo a sus consecuencias materiales: la cantidad del robo, el tamaño o cantidad del desastre provocado, etc. La intención que ha movido a cada personaje no constituye ni siquiera un atenuante para la falta, a esta orientación la llamó responsabilidad objetiva y encontró que, con la edad, tiende a disminuir dando paso a una concepción diferente de la responsabilidad, basada en las intenciones de los actores y no en los resultados materiales (responsabilidad subjetiva). Así, los mayores diferencian entre la torpeza y la malevolencia o desobediencia, y juzgan injusto castigar la primera a pesar del tamaño de las consecuencias materiales. Esto no significa que los pequeños no tengan nunca en cuenta las intenciones. De hecho, sus juicios prácticos (las razones que dan cuando se encuentran directamente involucrados) pueden ser mas avanzados que sus juicios teóricos. Por ejemplo, si se les castiga por un error involuntario o una torpeza, desde pronto se defienden diciendo "lo hice sin querer" o "no lo sabía". El niño sabe bien cuales eran sus intenciones y eso facilita que las considere, a diferencia de lo que ocurre en sus juicios teóricos.

No todos los actos que juzgamos malos tienen siempre consecuencias materiales visibles. Algunas acciones se consideran malas porque violan la confianza entre las personas sin que necesariamente se produzcan lesiones físicas a personas u objetos. Piaget encontró cambios evolutivos en lo que se refiere a la comprensión infantil de la mentira y de su sentido moral, solidarios con los que se producen en cuanto a la noción de responsabilidad. En términos generales, podemos decir que hasta los 6-7 años, los niños consideran la gravedad de la mentira en relación con la inverosimilitud o, dicho de otro modo, las mentiras son tanto mas inocentes cuanto mas creíbles. Sin embargo, en los niños mayores, la percepción y comprensión de la gravedad de la mentira es opuesta. Así, para ellos, decir algo inverosímil no es una mentira, sino una exageración o un error, mientras que decir algo creíble siendo falso es mentir, puesto que se consigue engañar al otro.

La noción de justicia: de la justicia retributiva a la justicia distributiva

Piaget vincula directamente la autonomía moral (fruto de la cooperación y el respeto mutuo) con la noción de justicia. Al estudio de este problema dedica buena parte de su libro exponiendo los resultados de una gran variedad de entrevistas con niños. Empieza explorando la noción de justicia inmanente (basada en la creencia de que cualquier falta tiene un castigo automático, como si la justicia fuera perfecta) para luego entrar en las ideas de los niños sobre justicia retributiva y distributiva.

El autor suponía que los niños pequeños tenderían a creer que una mala acción produce necesariamente un castigo, es decir, entenderían la justicia como inmanente a la falta.

En niños menores de 8 años, Piaget observó una creencia mítica según la cual la justicia castiga al culpable tarde o temprano, como si las leyes morales fueran tan imperturbables como las leyes físicas.

A diferencia de la justicia inmanente, la justicia retributiva y la distributiva tienen una naturaleza racional. La primera busca devolver o retribuir a las personas con el mismo trato que ellas dan. Según esto, lo justo es castigar al culpable inflingiéndole el mismo daño que causó a su victima, así como premiar a los individuos según su esfuerzo y sus meritos. Por el contrario, en la justicia distributiva prima, por encima de todo, la igualdad de trato, es decir, la distribución del bien favoreciendo a todos por igual. En otras palabras, la justicia no puede castigar cometiendo la misma transgresión que el culpable.

Piaget obtuvo que, cuando entran en conflicto la justicia retributiva y la distributiva, los pequeños de 9 años defienden la sanción, mientras que los mayores de 10-11 años, defienden la igualdad.

No obstante, ¿qué piensan los niños cuando un trato estrictamente igualitario termina por ser injusto porque no atienden a las necesidades de cada persona? Piaget diseñó situaciones en las que el niño podía optar por ser estrictamente igualitario o ser equitativo. A partir de 9 años, los argumentos de igualdad pura van dejando paso a los de equidad y la idea de que la justicia no debe ser ciega a las diferentes necesidades de las personas se convierte en la perspectiva dominante de los chicos de 13-14 años.

Estas tendencias evolutivas se expresan igualmente en las ideas de los niños en lo que se refiere a la justicia en relación con otra noción: la obediencia. Por lo general, los pequeños no distinguen entre la una y la otra, pues para ellos lo justo es respetar u obedecer los mandatos, y no entran a analizar la naturaleza de estos. Un poco después, discriminaran ya entre ordenes justas e injustas, pero defendiendo que la regla de la obediencia está por encima de la de la justicia (una forma de obediencia debida). A partir de los 7-8 años, la mayoría de los niños no solo analiza si las ordenes son o no justas, sino que considera que el principio de justicia debe primar sobre el de obediencia. Es decir, si un adulto manda algo injusto para uno mismo, no es obligatorio obedecer y, en todo caso, si se acata la orden es para complacerlo o evitar la discusión, pero no porque eso sea lo justo.

Piaget encontró que las ideas infantiles acerca de la justicia sufren cambios notables con el desarrollo y lo explicó como resultado de diversos factores, tanto intelectuales como sociales.

Teoría de Kohlberg

La teoría de Kohlberg se inspira en la concepción de Piaget sobre el juicio moral y, como él, se interesa por el razonamiento frente a problemas morales y por los cambios evolutivos en el modo de concebir estos problemas. Como Piaget y otros autores de enfoque cognitivo que defienden la necesidad de estudiar el juicio moral, Kohlberg sostiene que existe un genuino progreso moral desde formas primitivas de moralidad hasta otras mas avanzadas, y que el avance moral se traduce en una creciente coherencia entre la conducta y el juicio. Es decir, la tendencia del desarrollo es progresiva y mejorante y no una simple adquisición de nuevos contenidos o de conductas mas adaptadas a las normas sociales aunque el que esto sea así no significa que todos los individuos alcancen necesariamente las formas mas avanzadas de moralidad.

Kohlberg propone que el desarrollo moral sigue una secuencia de estadios que es universal, es decir, común a distintas sociedades. Lo que varia de una cultura a otra son los contenidos de la moral, las normas y practicas sociales especificas y ciertos valores, pero hay un orden invariante en el desarrollo de su forma.

Los dilemas hipotéticos

Kohlberg entrevistó a numerosos niños, adolescentes y adultos planteándoles situaciones hipotéticos que implican un dilema moral en el que entran en conflicto normas y valores de distinta naturaleza (legales, morales, etc.). así, algunos de sus dilemas para jóvenes y adultos exigen elegir entre el valor de la vida y el de la ley y el dilema surge cuando debe optarse por el interés de otro o el interés personal inmediato.

Para niños y preadolescentes, Kohlberg diseñó historias en las que el conflicto surge en relación con la obediencia a la autoridad, la mentira, la confianza mutua (padres-hijos) y la importancia de cumplir las promesas, la justicia de las decisiones de la autoridad, etc.

Los dilemas que el autor presentaba a los jóvenes y adultos eran de una cualidad distinta, ya que en ellos se exponían conflictos poco frecuentes en la vida cotidiana de las personas como la eutanasia o la urgencia de salvar la vida de otra persona transgrediendo la ley, la necesidad de decidir entre la propia vida y la ajena, etc.

Los niveles de juicio moral

Kohlberg identificó tres niveles cualitativamente diferentes de razonamiento moral estrechamente relacionados con la edad y a los que denominó preconvencional, convencional y postconvencional. El término "convencional" sirve para destacar las diferencias entre los niveles en cuanto al modo en que los individuos consideran las normas, convenciones y expectativas de la sociedad. Dentro de cada nivel define dos estadios sucesivos, siendo el segundo una forma mas avanzada de pensamiento aunque dentro d la misma orientación moral global.

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