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Psicopatología infantil: Trastornos de la ingesta

Trastorno de la ingestión alimentaria de la infancia y la niñez

Criterios para el diagnóstico del Trastorno de la ingestión alimentaria de la infancia o la niñez

A. Alteración de la alimentación manifestada por una dificultad persistente para comer adecuadamente, con incapacidad significativa para aumentar de peso o con pérdidas significativas de peso durante por lo menos 1 mes.

B. La alteración no se debe a una enfermedad gastrointestinal ni a otra enfermedad médica asociada (p. ej., reflujo esofágico).

C. El trastorno no se explica mejor por la presencia de otro trastorno mental (p. ej., trastorno de rumiación) o por la no disponibilidad de alimentos.

D. El inicio es anterior a los 6 años de edad.

La característica esencial del trastorno de la ingestión alimentaría de la infancia o la niñez es la incapacidad persistente para comer adecuadamente, lo que se pone de manifiesto por una incapacidad significativa para ganar peso o por una pérdida de peso significativa durante por lo menos 1 mes (Criterio A). No se acompaña de enfermedad digestiva ni de otra enfermedad médica (p. ej., reflujo esofágico) suficientemente grave para explicar el trastorno de la ingestión alimentaria (Criterio B). El trastorno alimentario no se explica mejor por la presencia de otro trastorno mental (p. ej., trastorno de rumiación) o por simple no disponibilidad de alimentos (Criterio C). El inicio del trastorno ha de ser anterior a los 6 años de edad (Criterio D).

Síntomas y trastornos asociados

Características descriptivas y trastornos mentales asociados. Los niños con trastorno alimentario suelen ser especialmente irritables y difíciles de consolar durante las comidas. Pueden parecer apáticos y retraídos, y también pueden experimentar retrasos del desarrollo. En algunos casos, los problemas de la interacción padres-niño contribuyen al problema alimentario del niño o a exacerbarlo (p. ej., presentar inadecuadamente el alimento o responder al rechazo que el niño hace del alimento como si se tratara de una agresión). La ingestión calórica inadecuada puede exacerbar las características asociadas (p. ej., irritabilidad, detenciones del desarrollo) y además contribuir a las dificultades alimentarias. Ciertos factores propios del niño se asocian a veces al trastorno, entre los que se incluyen algunas deficiencias de la neurorregulación (p. ej., dificultades en el sueño-vigilia, regurgitación frecuente, períodos de vigilancia impredicibles) y alteraciones preexistentes del desarrollo que hacen al niño menos susceptible a responder correctamente. Otros factores que pueden asociarse al trastorno son la psicopatología de los padres y el maltrato o abandono del niño.

Hallazgos de laboratorio. En el trastorno de la ingestión alimentaria de la infancia pueden detectarse ciertos hechos no específicos asociados a la malnutrición (p. ej., anemia y albúmina plasmática y proteínas totales bajas).

Hallazgos de la exploración física y enfermedades médicas asociadas. Puede haber malnutrición que, en los casos graves, amenace la vida del sujeto afecto del trastorno de la ingestión alimentaria de la infancia o de la niñez.

Síntomas dependientes de la edad y el sexo

Cuanto más tardío es el inicio (p. ej., a los 2 o 3 años de edad más bien que en la infancia), tanto menos importantes son los retrasos del desarrollo y la malnutrición, aunque cabe observar retraso del crecimiento.

El trastorno de la ingestión alimentaria de la infancia o la niñez es tan frecuente en niños como en niñas.

Prevalencia

De todas las admisiones en hospitales pediátricos, el 1-5 % lo son por incapacidad para ganar el peso adecuado, y alrededor de la mitad de estos casos manifiestan alteraciones alimentarias sin ninguna enfermedad médica predisponente.

Curso

El trastorno de la ingestión alimentaria de la infancia o de la niñez suele iniciarse durante el primer año de vida, pero también puede hacerla a los 2 o 3 años de edad. La mayoría de los niños experimentan mejoras del crecimiento tras períodos de tiempo de longitud variable.

Diagnóstico diferencial

Durante la infancia son frecuentes problemas menores relacionados con la alimentación. El diagnóstico de trastorno de la ingestión alimentaria de la infancia o la niñez debe establecerse únicamente si el problema ingestivo provoca una incapacidad significativa para aumentar peso o se produce pérdida de peso.

Este trastorno no se diagnostica si las alteraciones alimentarias quedan mejor explicadas por una enfermedad gastrointestinal endocrinológica o neurológica. Los niños que sufren una enfermedad médica subyacente pueden ser más difíciles de alimentar, y en tales casos no debe establecerse el diagnóstico de trastorno de la ingestión alimentaria de la infancia o la niñez a menos que la alteración sea mucho más grave de lo esperado en función de la enfermedad médica únicamente. El diagnóstico queda confirmado si se producen mejoras de la alimentación y se gana peso en respuesta a un cambio de cuidadores.

Relación con los Criterios Diagnósticos de Investigación de la CIE-lO

La definición de este trastorno que propone la CIE-lO combina la conducta de rumiación con el fracaso persistente de la capacidad para comer de forma adecuada.