d) Creación de una distancia con respecto al lenguaje

Un punto fundamental de cara al desarrollo de la terapia es conseguir una distancia entre la persona y sus pensamientos. Una forma de comenzar a trabajar la distancia del paciente con respecto a lo que piensa podría intentar hacerle ver que sus pensamientos muchas veces no se cumplen: "¿no te ha pasado, a veces, que estabas seguro o completamente seguro de que tu cartera (u otro objeto cualquiera) estaba en un sitio y luego te has encontrado con que no estaban donde pensabas?".En este sentido, es importante que el cliente ponga otros ejemplos en que esto le ha podido suceder. A su vez, el terapeuta debería establecer analogías entre esas diversas situaciones y los problemas que el cliente trae a consulta: "¿Y no podría ser que esto que piensas ahora fuera como aquella vez en que estabas tan seguro de que tenías las llaves en el cajón y luego no era así?". Una forma de que el cliente experimente que los pensamientos son solamente pensamientos (palabras) y no lo que dicen ser (hechos) vendría dada por el ejercicio de repetir una palabra muchas veces. Se ejemplifica en el diálogo que sigue (T: Terapeuta, C: Cliente).

T: Me gustaría que ahora dijeras una sola vez la palabra "peta-zeta".
C: Peta-zeta.
T: Bien. ¿Qué sensaciones te vienen?
C: No sé... es como cuando tomaba petazetas... me viene el sabor... y casi puedo sentir las piedras dándome en el paladar...
T: ¡Ahaaa! ¿Es casi como si tuvieras petazetas en la boca, no?
C: Sí, casi como si los estuviera comiendo.
T: Ahora, si estás dispuesto, vamos a decir los dos juntos muchas veces y muy rápido la palabra "peta-zetas"... Venga [Terapeuta y paciente repiten esta palabra durante unos minutos tan rápido como sea posible]
T: ¡Ya! ¿Qué queda de la sensación de antes? ¿Sigues notando el sabor de los petazetas en la boca? ¿Notas su impacto sobre el paladar?
C: No. Ahora ya no....
T: ¡Exacto! esa es la arrogancia de las palabras... Cuando uno dice (o piensa) una cosa una vez parece como si aquello fuera la realidad... pero luego... si repites esa palabra (o ese pensamiento) muchas veces... aparece lo que realmente es... solamente un sonido hueco. ¿No puede ocurrir lo mismo cuando tú piensas que no sirves para nada? ¿o cuando te dices que no vas a ser capaz de salir nunca de esta situación?... Son sólo palabras... sonidos... aunque, como el petazeta, nos parece vivirlos muy intensamente. A este mismo respecto es ilustrativo el ejercicio de "sacar la mente a paseo". Para comenzar se suele preguntar al cliente cuántas personas hay en ese momento en la habitación. Por lo común, los pacientes responden que dos. Ante dicha respuesta el terapeuta debería indicar que, en realidad, hay 4 personas: el cliente, el terapeuta, la mente del cliente y la mente del terapeuta. Acto seguido se propondría hacer un ejercicio de roles en el que, por un tiempo (10 minutos aproximadamente), el cliente hará de sí mismo y el terapeuta de mente del cliente; más tarde el terapeuta hará de sí mismo y el cliente de mente del terapeuta (otros 10 minutos). Por último, y durante un tiempo similar, cliente y terapeuta irán por separado notando que cada uno de ellos tiene una mente que juzga, evalúa, critica, afirma, niega, ordena, ruega, etc. La única regla durante todo el ejercicio es que la persona nunca podrá dirigir la palabra a la mente, con independencia de lo que ésta le diga.

Con este ejercicio se pretende que la persona deje de estar controlada por la mente (e intentando controlarla). Por ello, es importante que, durante la realización del ejercicio el terapeuta esté atento a la relación que establece la persona con la mente. Si, por ejemplo, la persona hace justo lo contrario de lo que el terapeuta (haciendo de mente) le dice, cabría hablar también de una suerte de control. No se trata de hacer que la persona haga lo contrario de lo que piensa, sino de que actúe con independencia de lo que su mente le dice. Para maximizar la eficacia de este ejercicio es importante que el terapeuta, cuando hace de mente del cliente, le diga aquél tipo de frases que más frecuentemente perturban a la persona (siempre es lo mismo, no eres capaz de hacer nada, vas a fracasar, etc.).

Página 31