2.4.1 Poner un mayor énfasis en la aceptación como estrategia de intervención:

Todavía hoy es habitual que los manuales y los programas de "Terapia de conducta" se estructuren, básicamente, en torno a epígrafes como "técnicas para incrementar conductas" o "técnicas para disminuir conductas"; resaltando la importancia que el cambio del comportamiento -al alza o a la baja- tiene para este enfoque. Por su parte, ACT viene a poner de manifiesto que, junto al cambio, la aceptación puede ser una estrategia y un objetivo de la terapia.

Siguiendo a Velasco y Quiroga (2004), se podría decir que la aceptación es un concepto que se refiere a la renuncia a cambiar lo que no se puede cambiar, como podrían ser los propios pensamientos o sentimientos. En este sentido ACT supone reconocer unos ciertos límites a la intervención psicológica, dejando atrás el optimismo.

En cualquier caso, habría que señalar que cuando un cliente pasa de una situación en que está "enfrentado" a ciertos síntomas a otra en que los acepta se ha producido también un cambio. Ahora bien, este cambio no es ya un cambio en el contenido -un cambio de primer orden-; sino un cambio en el contexto en que la conducta tiene lugar - un cambio de segundo orden. Así, habría ciertas situaciones en que podría ser más oportuno aplicar cambios contextuales, como la aceptación, que cambios de primer orden. Una de esas situaciones sería aquélla en que el propio proceso de cambio puede entrar en contradicción con el resultado que se pretende obtener.

Por ejemplo, parece bastante improbable que una persona llegue a conseguir "estar tranquilo" intentando deliberadamente eliminar la ansiedad o que alguien pueda conseguir eliminar ciertos pensamientos molestos tratando de "no pensar en ellos". En situaciones como las descritas la aceptación, entendida como un cambio en el contexto en que la conducta tiene lugar, podría ser una alternativa eficaz a los intentos de cambio directo. Otra situación en que la aceptación podría ser útil sería el caso de que se produjera un conflicto o, dicho en términos conductuales, cuando una misma conducta está bajo control de contingencias opuestas.

Así, por ejemplo, para una persona que hubiera sufrido un accidente grave de circulación volver a conducir un automóvil estaría bajo la influencia de dos tipos de consecuencias contradictorias. Por un lado, es probable que al subirse de nuevo al coche esa persona sienta ansiedad, temor, recuerdos desagradables, etc. Por otro lado, al conducir el automóvil esa misma persona puede realizar actividades que le son apetecibles (ver a sus familiares, llegar al trabajo en el menor tiempo posible, etc.) Parece claro, pues, que cualquier decisión que la persona tomara tendría su lado negativo. En definitiva, se podría decir que ACT propone una ponderación entre el cambio y la aceptación. Ello supone que el terapeuta se ha de situar realistamente ante las circunstancias vitales que atraviesa el cliente, reconociendo los posibles conflictos que se den, y siendo consciente de que las posibles soluciones suponen, de una manera u otra, asumir un cierto coste.

Página 21